jueves, 22 de julio de 2010

DARIO, EL LEGIONARIO

No recuerda Aulio Antonino una fiesta similar en la villa de su amigo Rupinio Anio, ni en las laderas de todo el monte Aventino. Rupinio no acostumbraba a celebrar bacanales con los más bellos efebos de Roma, aquellas celebraciones en honor a Baco y a Júpiter solían ser conocidas por las grandes ingestas de vino provenzano con miel y los famosos puls con huevos, queso y miel y también las carnes más sabrosas traídas desde Iliria, pero no por aquellos jóvenes todavía imberbes.

Y no fue lo que llamó la atención de Aulio Antonino ninguno de los efebos que había llevado en aquella ocasión Rupinio, su viejo amigo general de la III Gálica, Aulio había clavado la mirada en el joven legatus que estaba tumbado frente a él, apoyado en el hombro de aquel hastati, de los más jóvenes de la infantería pesada. El legatus en el que se había fijado tampoco disimulaba a la hora de ver a Aulio mientras se llevaba un racimo de uvas a la boca, su cara pícara hizo a Aulio imaginarse mil cosas al terminar el secundae mensae, en el repostorium que aquella noche duraría más de lo previsto.

Y fue terminado el postre, mientras los efectos del vino comenzaron a hacer estragos cuando aquellas Delicatae traídas de los más conocidos lupanares de la ciudad de las siete colinas pasaron de mano en mano de los invitados desfilando y contoneando la cintura con sus pechos al aire. El joven legatus se acercó a Aulio, que besándole en el cuello se lo llevó a un cubiculum, dejando a aquella gente embriagada en el triclinio.

Tumbados en aquel diván ligeramente inclinado, frente a la fuente, entre besos y juegos de lengua comenzaron a charlar, el bello legatus se llamaba Darío y provenía de la zona del Quirinal, en la misma Roma, hijo de un centurión caído en combate en la campaña hispanica. A Darío no le gustaba hablar demasiado, pero a cambio ofrecía su mejor sonrisa, una sonrisa que lucía con sus blancas perlas y su fina barba de aproximadamente dos centímetros. Sobre su desnudo torso lucía un collar de plata, y sus ojos negros, su cabeza rapada y la piel morena le daban un aspecto de gladiador bético, y sobre sus dedos, ocho sortijas también plateadas, a cada cual más grande. Ante la atenta mirada de Aulio, Darío sonreía, a cada piropo de nuestro protagonista, el joven se ponía colorado.

Y no tardó Aulio en dar la espalda a Darío, sin dejar de besarle en ningún instante, manoseando cuanto podía el miembro viril del joven legionario, un falo duro y curvo sediento de penetrar las carnes de Aulio. Pero ambos quisieron entretenerse más tiempo, con más besos, y fellatios mutuas entre gemidos de placer. No era la mayor de las habilidades del joven soldado comer el miembro de Aulio, inicialmente, aunque fue entrando por el aro y aprendiendo, con suavidad. Aulio tampoco pudo reprimir por más tiempo sus ganas de penetrar al soldado y eso hicieron ante la pasividad del joven y la dureza del gran pene de nuestro médico militar, Aulio, a punto de estallar en más de una ocasión. Sirvió ello para que Darío colocase a Aulio de espaldas y le ensartase su Glaudius, el glaudius de su entrepierna, en una inicial y poco acompasada penetración, que al poco se convirtió en un juego de posturas y lujuria con más tino que en los primeros compases. Y tras un par de horas de juegos eróticos y pornográficos ambos se vinieron entre jadeos poco discretos y espasmos de placer orgásmico, el viscoso elemento los había bañado y comenzaba a amanecer.

Con más besos, Darío se despidió de Aulio, que no dejaba de pasarle la mano por las mejillas. Darío partiría esa misma mañana en campaña a Hispania, el lugar donde había perdido a su padre. No volverían a verse nunca más.

P.D.: A Darío

8 comentarios:

  1. Bueno bueno bueno, menudas bacanales se montaban los romanos eh? Aunque que quieres que te diga, prefiero los tiempos actuales, donde el más potente afrodisiaco es la imaginación de los amantes.

    Biquiños con mel.

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  2. Perdón ¿no estábamos haciendo el camino de Santiago? Creí que me había equivocado de blog.

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  3. Cari, se lo dedicas a Dario? pero tú cuantas reencarnaciones llevas? No sé, te ha quedado genial, aunque a mi me da que estos latinos al hacerlo todo tan en plan culto, en vez de follar amatorum follatum sum jajaja Creo que me he perdido con tanta palabra culta, cari, pa ser un relato tan erótico, casi pornográfico, jaaja.

    Pero claro, si se lo dedicas a Darí, igual es que tu eres Aulio, y entonces la cosa cambia, jajaaj

    Bezos, cari.

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  4. A Darío ? que Darío? jajaj, estos romanos se lo montaban muy bien.. Creo que en Roma yo hubiera disfrutado mucho, que allí no se andaban con tantas tonterías y chorradas varias...

    Un beso cielo

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  5. Estan locos estos romanos! ahora se usa la excusa de ir a por tabaco y ya no hace falta marcharse a una batalla legendaria de esas... total, pasarte diez años luchando por culpa de un polvo no es plan... beso

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  6. Christian, claro que son mejores los tiempos de ahora, el vicio es el mismo, que a fin de cuentas, es lo importante.

    Bell, el camino por la mañana, por la noche hoy ha tocao sexo.

    Thiago, pues a lo mejor me ha faltao la muletilla al final de "basado en hechos reales", pero algo de eso de Aulio hay.

    Alex, en Roma te lo habrías pasado de vicio, to lleno de efebos solo preparados para eso...

    Sergio, o se van y sin más, no os volveis a ver, por que Roma queda lejos de las colonias, y total...

    Bicos Ricos

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  7. Esto es lo que se llama un post histórico... desde los tiempos de Catulo no se recordaban unos relatos eroticos al modo clásico.

    Dario seguro que volvió a Hispania a buscar su falcata que los gladius romanos, aunque inspirados, no cumplían igual.

    Y Aulio, aunque perdió a Dario, quedó como dominador del mundo y abierto a conocer gentes de todo el imperio.

    Un beso (u osculo)

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  8. ¡MARAVILLOSO PIMPF!...Genial relato, me sumergido en ese mundo tan desenfrenado...¡Buen trabajo!, saludos.

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