domingo, 25 de julio de 2010

Xacobeo 2004. CP. (V y final) Teo- Santiago

Era noche todavía cuando nos había despertado el ruido de Tía Josefina y compañía al levantarse, quedaban pocos kilómetros para Santiago y no podíamos permitir que nos ganasen. Nos levantamos y desayunamos en un bar que había a kilómetro y pico del albergue, en una zona ya más habitada. Estaba oscuro pero en aquel bar de carretera nos cargaron las pilas con un desayuno de campeones.

Nos encontramos con más peregrinos que no sabíamos bien de donde habían salido, y el día comenzaba a clarear, y continúas unos kilómetros de subida hasta Milladoiro, y ahí ya sabes que estás prácticamente en Santiago, de hecho, es desde allí desde donde se vislumbran por primera vez las torres de la catedral, y en ese momento te emocionas, te sube algo por la espalda, o es el sudor que se te seca, pero te recorre un escalofrío que te eriza los pelos de los brazos, y no es cuestión de fe, es cuestión de supervivencia, te planteas los sufrimientos que has pasado hasta llegar ahí, y de repente te das cuenta que te faltan todavía kilómetros para llegar, las ganas muchas pero las fuerzas cada vez más escasas.


Y se baja Milladoiro por pequeñas cuestas, y calles viejas, que no antiguas, lugares verdes hasta los primeros síntomas de que has entrado en la ciudad. Por fin Santiago. Los peregrinos del Camiño Portugués no pasan antes por el Monte do Gozo, que es la entrada natural de los que vienen por el Camino Francés, y la entrada se te hace eterna, hasta que llegas a la Alameda, que es de los lugares que todo el mundo conoce de la capital gallega, y te alegras de encontrarte una vez más con Las Dos Marías o Las Dos en Punto, que una escultura de dos hermanas que tuvieron mucha fama en Santiago y a las que se les quiso hacer homenaje. Y a partir de aquí, entras ya en el casco histórico de Santiago, escuchando las campanadas de la catedral, y ante nosotros la Rúa dos Francos, calle que lleva directamente a la Plaza del Obradoiro, y entre risas y la alegría de casi haber llegado, nos encontramos unos metros por delante a Tía Josefina con su sobrina y su marido. No nos podíamos creer que nos adelantasen, así que apuramos el paso, solo por pura competición, y en la Rúa de Fonseca, a unos metros tan solo de la Plaza da Quintana por donde se entra en la catedral si eres peregrino, los adelantamos definitivamente. No nos lo podíamos creer.


Ante nosotros la puerta santa, cuyo impresionante portalón han hecho no hace muchos años, por el mismo autor que ha hecho las de la catedral de la Almudena en Madrid. Y entramos en la catedral, como peregrinos, por la puerta y una vez dentro nos indican que para conseguir la Compostela tenemos que ir a la Oficina del Peregrino, situada en unas dependencias cuatro calles detrás de la catedral. ¿Cuál no sería nuestra sorpresa al no encontrarnos a nuestros competidores? Por fin les habíamos ganado. Conseguimos nuestra credencial de peregrino no sin antes hacer una cola de impresión, y eso contando lo cansado que está uno tras cuatro días caminando. Un desastre.

Pero lo peor no fue eso. Ese día había misa del peregrino, y decidimos ir, yo en calidad de católico, otras por las promesas que se habían hecho a si mismas si terminaban el camino. Claro que lo que no contabamos es que ese día, en esa misma misa se celebrase un Concilio Ecuménico de la Conferencia Episcopal Española, ahí es nada, misa celebrada por Rouco Varela con la asistencia de todos los obispos españoles y las familias de más rancio abolengo. Claro, la mayoría de los sitios reservados. En el resto, las familias bien, no solo de la sociedad gallega, de media España, ellas con sus mantillas ellos con su gomina. Nosotros y otros cuantos, unos simples peregrinos, que no debíamos oler muy bien y de aspecto lamentable. Independientemente de nuestra fe, nadie debió considerar básico el dejar sitio a un peregrino para que se sentase, supongo que en esos casos tiene preferencia el que llega a la catedral en un Mercedes que el que ha recorrido 100 kilómetros caminando. Cosas de la vida.

La misa duró cerca de hora y media, pero vimos lo que queríamos, el botafumeiros funcionando que hasta la fecha no nos había coincidido a ninguno. Y de ahí a comprar lotería de navidad y a la estación de tren, camino a casa.


Terminamos una experiencia irrepetible, algo que va más allá de cuestiones de fe y cuestiones turísticas. Es un viaje donde conoces mucho mejor a los demás, pero sobre todo donde se conoce mejor a uno mismo, con o sin compañía. El tiempo que pasas caminando te inspira sosiego y paz y tiempo suficiente para pensar en ti mismo, para charlas con tus acompañantes, para ver que una vez fijada la meta, todo es proponérselo para conseguirla. Yo desde luego lo recomiendo a todo el mundo, y es a día de hoy, que todavía busco compañía para hacer el camino, pero esta vez el francés, aunque sea desde León.

10 comentarios:

  1. Cuantos caminos son?...Pues muchas gracias por compartir tamaña aventura con tus lectores, algunos que incluso jamás podamos hacer ese recorrido!...Hartos cariños Pimpf!

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  2. ¡Al fin oigo lo que quería! el mensaje final del viaje el encuentro contigo mismo y la fraternidad con los demás.
    Pimpf, no se como te llamas, pero hoy quiero felicitarte como gallego y como amigo por el día del Santo, por ser tan simpático y adorable conmigo, un abrazo y un beso con todo mi cariño. M

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  3. G-boy, hay muchísimos caminos, casi tantos como lugares de partida. Pero desde Chile se puede hacer, así que algún año de estos no tienes excusa.... obviamente la gente que cruza el charco, acostumbra a cogerse un barco...

    Bell, hombre, eso del encuentro con uno mismo quizá ha quedado muy poético, pero si, te pasas gran parte del camino pensando en tus propias cosas, y la conclusión es que quizá aclares un montón de dudas con las que llegas al camino.

    Bicos Ricos

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  4. Que emoción tiene que dar llegar a Santiago y ver el final del camino, ufff, tuviste que emocionarte mucho y sentirte lleno por dentro.

    Un beso cielo

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  5. Al fin!!! Me alegro mucho de que lograseis completarlo, quizás me anime un año pero ya será cuando eche raices en la capital.

    Biquiños con mel desde el sur.

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  6. Alex, la verdad es que si, es muy emocionante, y eso que solo fueron 5 días de camino, pero no veas la felicidad sobre todo cuando ves por primera vez las torres a lo lejos de la catedral.

    Christian, por fin, no daba llegao no? jajajaja lo del camino es proponérselo y tener tiempo, y se hace, claro que se hace.

    Bicos Ricos

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  7. creo qn osoportaria tanto, es q soy flojo

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  8. Cari, yo no lo entiendo, jaja Y es que si vas por cualquier camino tu solo unos cuantos quilometros puedes ponerte a pensar lo mismo y te conoces a ti igualmente lo mismo... y ademas tiene la ventaja de no encontrarte a la Tia Josefina...

    a ver, no niego que sea ameno, que Galicia es muy bonita y que Santiago es precioso.... pero esa mistica de llegar todos renovados y el tonto del rey pidiendo a Santiago que acabe la crisis, es que me revuelve las tripas..

    que lástima de intoxicación (ya que la muerte no se la deseo a nadie) con toda la Conferencia Episcolpal que seguro que luego se fueron a comer percebes los muy chorizos...., jaja

    Bezos.

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  9. Chuchi, no te voy a negar parte de razón, yo si decido dar al día 40 vueltas a toda la Casa de Campo puedo pensar en todo lo que quiera y más, además de tragarme todo el aire irrespirable de Madrid, y si eso conocer más a las señoritas de vida "alegre" que por allí merodean, y volvería renovado, pero para peor. Lo bonito del Camino está en ese misticismo que probablemente le da el ser una de las principales rutas del medievo, y que desde aquella fuese recorrido por miles de personas, cada una con su ilusión sus alegrías o sus penas. No es por la mística del Apostol en si, es como aquel que ve un Barcelona-Real Madrid y no es de ningún equipo, termina empapándose del ambiente futbolero del estadio, y en el palco, tomando jamón, los de siempre.

    Bicos Ricos

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  10. Me ha encantado el relato, y es que has despertado al viajero que llevo dentro. He disfrutado con cada kilómetro e incluso con la Tia Josefina jajaja

    En la Expo del 92 en Sevilla recuerdo ver un documental sobre el camino de Santiago en el siglo XV. Relataba muy bien lo que eran las penurias del día a día y el placer que sentían los peregrinos al ver la catedral. Terminaba el documental con un viaje a Finisterre para ver donde acababa el mundo... y entonces te decían la fecha: 12 de Octubre de 1492. El mundo ya no acaba allí. No me importaría volver a verlo.

    Un beso (retrospectivo)

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