domingo, 29 de agosto de 2010

75 AÑOS DE RABIA CONTENIDA

"Carmen, "Mucha a do Fedello" que es como era conocida aquella mujer en el pueblo, llevaba años haciendo lo mismo cada 15 de octubre, asearse, vestir su ropa negra azabache de luto riguroso, desayunar su taza de café, encender una vela a la Virgen de los Desamparados, colocarse su pañoleta también negra, presignarse nada más salir de casa y llevar aquel ramo con nueve rosas rojas a la cuneta en la que había terminado su vida y comenzado su agonía y soledad en este mundo.

Efectivamente, Mucha se había pasado la mayoría de sus días recordando y llorando por los trágicos acontecimientos que terminaron con el fusilamiento de su marido Juan en las afueras del pueblo, junto a ocho marineros más, víctimas del fuego fascista de aquellos convulsos años donde las rencillas personales costaban muy caro.

A sus 92 años mantenía la figura delgada que tenía cuando a los dieciocho años le dió el "si quiero" a Juan, también con su traje negro como mandaban los cánones de la época para las novias, y seguía guardándole el amor que le profesó aquel día, solo incumpliendo una de las premisas matrimoniales "hasta que la muerte nos separe", Mucha seguía enamorada de Juan, aquel Juan que le había sido arrebatado de su lado y con el que pronto, esperaba ella, se reuniría.

Aquel fatídico 10 de octubre del 36, la embarcación llegaba a tierra firme, las gaviotas seguían revoloteando a "Muchita" la barcaza que Juan había comprado un año antes y con la que se ganaban la vida. Una patrulla de la Guardia Civil los estaba esperando, y aquel cacique del pueblo a su lado, con su habano en la mano señalando "ahí está el rojo ese". Efectivamente, Juan pertenecía al Partido Comunista, fue apresado por ello, y juzgado de urgencia. Su condena, la pena de muerte por conspirar contra la república.

Cinco días más tarde, y pese a los ruegos de Mucha ante el puesto de la Guardia Civil, de rogar y ofrecerse en cuerpo y alma al señor cacique del pueblo para que intermediase ante la benemérita, Juan fue conducido con otros ocho, entre ellos anarquistas, sindicalistas o militantes de la izquierda a las afueras del pueblo, a aquella fría cuneta donde a escasos metros el mar rompía con fuerza.

Y al alba, como manda la miserable tradición, fueron bajados de la camioneta y entre insultos, escupitajos y gritos de "muerte a los rojos", ante las lágrimas de los condenados, ante las súplicas de clemencia, nueve disparos sonaron en toda la comarca. Nueve disparos que hicieron a los pájaros salir de sus nidos, nueve disparos que estremecieron a aquella villa, nueve disparos que segaron la vida de nueve personas que a su vez dejaban atrás nueve familias y nueve historias inconclusas.

Sus cuerpos fueron llevados a la morgue del pueblo, y supuestamente, habían sido enterrados en una fosa común en el cementerio. Mucha todos los años llevaba nueve rosas al lugar donde habían matado a su joven marido, allí donde cada 15 de octubre amanecía con las marcas de nueve cruces pintadas en rojo.

Los años fueron pasando, y Mucha, envejeciendo, cada vez con más dificultad llevaba las rosas, algunos años la acercaban a aquel lugar. Y llegaron tiempos mejores, donde el régimen fascista llegó a su fin, donde llegaron distintos tipos de gobiernos y democracias, y donde finalmente se creó una "Ley de la Memoria Histórica" por la cual a Mucha le reconocían su derecho a recibir indemnizaciones por la pronta muerte de Juan, pese a que nadie se lo iba a devolver, pero con la esperanza de ayudarle a identificar los restos de su esposo en aquella fosa común donde no aparecía ningún nombre.

Y Mucha, asistió a la exhumación de los restos que en aquella fosa habían, ningún rastro de disparos, apenas algún resto humano. Las pruebas fueron negativas, y entre los esqueletos que allí habían, ninguno de su querido Juan, ni de los otros ocho. Mucha hundida solo pensaba en reencontrarse en otra vida con Juan.
El año pasado, intentaron hacer un homenaje a los fusilados, en el cementerio, y con las nuevas generaciones fueron a topar. No les permitieron realizar aquel homenaje alegando que "no hay cadáveres, no hay razón para un homenaje".

Y Mucha, como cada 15 de octubre, realizó su ritual de aniversario, se aseó, se vistió su ropa negra azabache, desayunó, puso la vela a la Virgen de los Desamparados, se colocó su pañoleta, y al salir de su casa se presignó. Fue con dificultad hacia aquella cuneta donde se habían cargado a su marido, depositó las nueve rosas rojas, rezó por cada uno de los fusilados, y acto seguido, se tiró a aquellas rocas donde el mar rompía con fuerza.

Y por fin, mezclada con la espuma del mar, con el ruido de las rompientes, arrastrada por la fuerza del oleaje, desapareció para siempre, como un 15 de octubre había desaparecido su Juan. Y casi setenta y cinco años después se volverían a reunir Mucha y Juan.

Al año siguiente, aparecieron dibujadas en las rocas, diez cruces rojas, en recuerdo de Mucha."
Este texto es totalmente ficticio, aunque basado en algunos hechos que tristemente acontecieron allá por 1936 en una villa marinera, de cuyo nombre no quiero acordarme.

6 comentarios:

  1. Que fuerte Pimpf...bueh, por estos lados también podrían escribirse algunas historias similares :( ...horrible.... cariños, sigo esperando la imagen, no seas vanidoso, cualquiera me sirve.

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  2. vaya relato niño... tengo los pelos de punta. Cuantas historias así en las que la realidad supera la ficción se habrán visto a lo largo y ancho del planeta y del que no existe justicia posible... a veces es desesperante
    Un beso

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  3. Genial, cari... aún hay quién discute el derecho de estas personas a ser enterradas dignamente y a sus parientes a saber donde están los restos de sus seres queridos... Hasta la elección del nombre, tan gallego de Mucha, evoca un plural de "mucha" gente que todavía no ha logrado el descanso. Una cosa que no entiendo es que no creo que fueran fusilados por "consiprar contra la República", ¿no? Sería contra el Estado del 18 de julio o algo así, o contra lo que algunos llaman pomposamente PATRIA, puesto que el alzamiento fue precisamente contra la República.

    Pero eso si, te advierto que no disculpo ni a unos ni a otros, al PP por estar en contra y al PSOE por no echarle cojones a la Ley a la defensa de Garzón.

    Lo jodido es que tantos años después, no se dignifique la memoria de justo aquellos que defendieron la Legalidad.

    Bueno, cari, un texto muy serio, en el mejor sentido de la palabra...

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  4. Si, bueno, se me habrá ido la pinza al escribirlo, claro que no conspiraban contra la república... aunque si le das vueltas de tuerca... si, pq los azules no luchaban contra la república con la que terminaron, lo hacían contra los desmanes de los partidos de izquierdas... o acaso crees que los partidos de derechas republicanos sufrieron después de la Guerra Civil?? A buen seguro fueron los que luego consiguieron los altos cargos... pues no se nutrió el franquismo de militares alcistas...

    Bicos Ricos

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  5. Temblando. Me has dejado temblando. Me he creído que era totalmente real. Si no lo llegas a decir me lo creo.

    Un beso (y una cruz)

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  6. Es casi real, Mucha no existe, los fusilados si, de hecho ahí están las cruces... cosas que han pasado en Galicia, en mi pueblo.

    Bicos Ricos

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