sábado, 21 de agosto de 2010

MUSTANG DEL 66 (II)

Continua el segundo capítulo de Mustang del 66, con algo ya en mi mente sobre esta historia basada en unos jóvenes americanos en los años sesenta, en Illinois, podeis leer la primera parte aquí.

Tres meses antes....

Danny Spark corría como no había hecho nunca, parecía una gacela escapando de una manada de leones, se jugaban el final de la liga pre universitaria en aquella jugada de beisbol, la vida le iba en ello, y a Carlton Fisk, su entrenador por aquel entonces le recordó a la mejor jugada de todos los tiempos de Willie Mays en 1954, era también el octavo tramo del primer juego con empate a dos y dos corredores en bases, su oponente conectó un batazo y Danny Spark se lanzó así que sintió el contacto, mostró el 24 al plato y realizó una de las mejores jugadas defensivas de todos los tiempos: atrapó la bola frente a la marca de los 460 pies y en un movimiento giró y lanzó de vuelta al cuadro, Larry Doby pudo correr hasta la tercera almohadilla, pero Rosen permaneció en primera. Finalmente obtuvieron la victoria por 5 a 2 al cierre de la décima entrada.

En las gradas jaleaban Cathy Connery y su grupo de amigas cursis a la nueva estrella del equipo del instituto, Danny Spark se había ganado a la aficción que no paraban de voltearlo celebrando la jugada que les había dado la liga. Simona Carter agarraba con fuerza en su mano un papel estrujado mientras esbozaba una sonrisa, en él un poema copiado de un clásico norteamericano y un teléfono, el teléfono de Danny. Cathy intentaba ocultar los celos que le comían por dentro, había soñado con ir a la fiesta de graduación con Danny, pero éste parecía tener ojos solamente para Simona, la hija del aspirante a Senador por Illinois. Catherine pasó su brazo por la espalda de Simona, dándole a entender su enhorabuena, pero por la mente de Cathy solo pasaban los deseos de frustrar la cita que su amiga tendría inminentemente la próxima semana.


En el instituto se respiraba el ambiente tenso de la época de exámenes, muchos esperaban no volver a repetir y abandonar el Marlins Institute con tal de no volver a las clases de la Señorita Sullivan, la repelente profesora de gafas de pasta y labios pintados de rojo carmesí, aquella que castigaba a las chicas que se pasaban papelillos por debajo de los pupitres entre las risas del resto de alumnos. Pero más nervios por los exámenes se notaban por la fiesta de graduación. Quién más y quien menos tenía ya una invitación formal para acudir a aquel baile. Las más ilusas soñaban con ser ese año consideradas como la pareja del año. En la mente de Cathy estaba su amiga Simona con Danny Spark, sería insuperable para cualquier pareja aspirante, y encima, ella no tenía todavía con quien ir, y había rechazado ya varias proposiciones, algunas deshonestas y otras inocentes. Había rechazado a Benjamin Still el hijo de la dueña de la gasolinera, el joven no era agraciado ni tenía conversación, también a Sack Fillmore, el estudiante, tímido, tartamudo y con gafas y con su ropa de postguerra todavía encima, en su vida había estado con una chica. Por otra parte Alec Wildford no podría asistir al baile, por no estar inscrito en el instituto, por aquello de sus obligaciones económicas con su familia, y Benny O'Bryan había conseguido hacer sonreir a la infeliz hija de Thomson, el mayor granjero del estado, una chica seria, y dura, pero que por unas horas pensaba reir y disfrutar del simpático Benny.

Cathy volvía aquella tarde a su casa, con su carpeta con las fotos de los Beach Boys, se había despedido de Simona, que no había parado de contarle todos los detalles sobre su vestido de graduación, y lo maravilloso que era Danny Spark. Infeliz y malhumorada se contentó pensando que, sería aquella la única ocasión en que podría disfrutar de Danny, a fin de cuentas, el joven para el próximo curso se iría a la ciudad a estudiar, y tampoco repetía nunca con ninguna chica en ningún baile. Y de repente, se cruzó ante ella, muy despacio el Mustang del 66 rojo. Se abrió la ventanilla y sonriente asomó la cabeza de Johnny Malone, con su cigarrillo encima de la oreja y apoyando su mano sobre la puerta del coche.

- Rubia, ¿te vienes a dar un paseo conmigo en mi maquina? - con su duro tono imitando a James Dean, eso que hacía tan bien Johnny.
- Yo no soy de esas que se montan en un coche con un desconocido, y menos con un chulo de feria.
- Pues, Catherine, por que te llamas así ¿verdad? Te quedas sin una invitación formal de un chico que te admira en silencio para la fiesta de graduación.
- Para pedirme eso, como mínimo, te bajas del coche y te pones de rodillas - se mostró inflexible y muy segura de si misma Cathy esquivando el coche y continuando su camino a casa.

Se escuchó justo detrás de ella un portazo, y un par de segundos después Johnny dió un par de golpecitos en el hombro a Catherine. Se arrodilló, tomó una de las manos de Cathy y puso una la otra sobre su corazón.

- ¿Aceptas mi invitación para el baile de graduación? 

Catherine apartó la mano de Johnny y siguió caminando, aleteando su falda blanca ante la cara de estúpido con que le veía Johnny. De repente ella se giró, abrazando su carpeta y le contestó:

- Se lo preguntaré al Señor Connery, a ver que opina.

2 comentarios:

  1. jaj qué pasó en este post con los comentaristas habituales...¿dónde estábamos? o es que lo americano les queda lejano o es que no lo han visto.... Y tú pq describes tan bien el mundo estudiantil americano?

    Bezos.

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  2. Cari, por que yo crecí viendo sensación de vivir... jajajaj que no es moco de pavo... weno, los comentaristas habituales están de vacaciones y esto lo subí el sábado de madrugada.... es todo comprensible...

    Bicos Ricos

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