jueves, 21 de octubre de 2010

ANGELINES (VI): EL OCASO

Todo lo bueno tiene su fin, y lo mío con Angelines llevaba tiempo sentenciado. Cari, te quiero mucho pero llevarnos bien es muy complicado y tú me pides demasiado. Así pensaba yo. Aunque volvimos alguna vez más con breves períodos vacacionales. 

Y fue en uno de estos períodos vacacionales cuando me decidí a buscar a alguien por el chat, alguien masculino, por que llevaba tiempo con ganas de volver a probar aquellas cosas que había probado antes de empezar mi relación con Angelines. Y aunque tuve un par de cositas breves, o también llamadas "si te he visto no me acuerdo", llegó un día que encontré en el chat a un nadador, uno de esos nicks que de vez en cuando hacen que se te caiga un poco la babilla. Detrás de él se encontraba Billy, mi Billy Sive. Quedamos sin pensarlo demasiado, ambos con muchas ganas y con una sola intención, tener sexo rápido y sin complicaciones. Pues menos mal que era algo rápido y sin complicaciones, y que había poca luz. El caso es que después de aquella cita en la que sucumbimos a un largo rato de placer en su coche, en un lugar muy romántico (el mismo donde había yo perdido la virginidad con mi Angelines y sin remordimientos de conciencia por mi parte), decidimos volver a quedar un par de días después, esta vez en un piso picadero que tenía. 

Aunque ya conté esta parte cuando hablé de Billy, seguía teniendo el pica pica de mi Angelines, y la seguía queriendo con locura. Me resistía a que aquello terminase, por que cuando quieres a alguien, aunque sepas que está todo casi terminado, intentas pelear por ello (si, admito los comentarios al respecto de mis noches de lujuria sin ella). Volví con mi Angelines y compaginaba aquello con cafés a escondidas con Billy, al que le había pedido que no se le pasase por la mente enamorarse, que yo no estaba para ese  tipo de relaciones. Y otra crisis con Angelines, definitiva. Y fue aquí cuando conocí más íntimamente a Billy, cuando él comenzó a sentir algo por mi, y cuando le volví a dar la puñalada con una nueva y última recaída con Angelines. Ese verano yo me había roto un brazo con una caída en bicicleta pero Angelines no respondió como debía, no estaba ya enamorada y pronto se desencadenó el final. El final definitivo, a dos días de una boda, donde compartiríamos mesa. Un recuerdo funesto, una noche para olvidar donde corrieron por mis mejillas más lágrimas amargas de las que pensaba. Pero una cosa sola en la mente, salir adelante como fuese.

Y con calma, pasados los días, comprendí que había vida mucho más allá de mi Angelines, que estar en pareja no era una obligación, y que me había pasado más tiempo de mi vida solo que emparejado. La pena duró unos meses, meses duros de escaso apetito, llegar a casa y meterme en cama horas y horas a llorar. Mi madre estaba muy preocupada por mi, y yo muy mosqueado con ella, a raíz del día que le comenté que lo habíamos dejado y ella insinuó "pues algo le habrás hecho a la chica, que estaba loca por ti y si lo dejais te lo tienes merecido". Tiempo después, un par de años después, le conté un par de verdades a mi madre, y con un inaudito abrazo me comentó "eso me lo podías haber dicho mucho antes y me habría ahorrado aquel comentario".

2 comentarios:

  1. Pero cari, cómo no le ibas a tener mucho cariño a Angelines, si ya se lo tengo hasta yo? jaja Eres un sin-conciencia: irte a follar con un tio, en el mismo sitio donde te beneficiaste por primera vez a mi Angelines no sé si te lo perdonaremos ella y yo, jajaj que hay que tener un poco de dignidad, hombre, jaajaj

    Pero cari, llorabas de verdada allí en la boda, en la mesa, delante de todo el mundo? Ay que pobre...


    Bezos

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  2. Coño, uno es totalmente "dino" y lógicamente, en la boda mantuve la compostura y mi buen humor característico, pese a lo tenso del ambiente. Las lágrimas fueron aquella noche al irme para cama.

    ¿Me perdonas, cari?

    Bicos Ricos

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