sábado, 30 de octubre de 2010

UN MUNDO PERFECTO (II)

Ernesto era el mayor de cuatro hermanos, y había nacido a finales de los años cincuenta, en concreto en 1957, el mayor de cuatro hermanos en plena España del Baby Boom. Su madre, Angelita había sido campesina toda su vida, y a la harina se dedicaba, desde la recogida de trigo en su época a la obtención del blancuzco polvo con el que se hacía el pan. Su padre, Servando,  había sido panadero, fusilado al principio de la Guerra Civil por acusación directa de Don Manuel, cacique y falangista de la época, todo por una historia de faldas al estar casado Servando con una joven sirvienta llamada Rosita y que era pretendida por el señor cacique. Rosita tuvo a Angelita en 1936, y Angelita a Ernesto, nuestro protagonista de Un Mundo Perfecto de hoy y a quien seguirían Servando, Jaime y Ramón, sus hermanos pequeños.

Su abuela y su madre lo intentaron sacar adelante en la vida como pudieron, pasando al principio muchas penurias. El padre de Ernesto era un un joven venido a menos con el paso del tiempo, pasó de ser el chico guapo de aquel pueblo vallisoletano a convertirse al poco en el borrachín del pueblo. En cuanto se enteró de que Angelita había quedado encinta, éste le dejó claro a Angelita que no se iba a hacer cargo de nada, que el niño que llevaba en sus entrañas podría haber sido de cualquiera. Ernesto conocía a su padre, era muy conocido en el pueblo, pero él no dejaba de sonrojarse cada vez que lo veía tirado en el suelo, alcoholizado en la puerta de cualquier bar.

Jamás pasó hambre en su infancia, España no era ya lo que había sido años atrás, se vivía bien, y los niños apenas tenían preocupaciones más que jugar, ir a misa todos los domingos y estudiar. Ernesto estudió en el colegio de las monjitas del pueblo, el único que había, privado pero para el que todas las madres guardaban algo de dinero para darle lo mejor a sus hijos. Luego, lo enviaban a diario a Valladolid, a estudiar el bachillerato, y todos los días se hacía un recorrido de 45 minutos para volver a casa. Cuando terminó, decidió que él quería estudiar ingeniería industrial, en Madrid. Angelita, que había ahorrado toda su vida para pagarle la carrera universitaria tuvo que decirle que no, que era imposible tal gasto y optó por estudiar Económicas, aunque no sabía a ciencia cierta para qué le serviría aquello, pero esperaba trabajar en un banco algún día. Empezó a estudiar y pronto se vió inmerso en aquellas huelgas, conciertos y protestas de la universidad de Valladolid en 1974 y 1975. Los grises lo detuvieron y se pasó varios días en el calabozo, ni que decir tiene la somanta de palos que aquel día se llevó. Cuando murió el caudillo, salió a la calle a celebrarlo.

Terminó su carrera y se fue a probar suerte a Madrid, consiguió trabajo en un banco, y todo parecía irle bien, allí se casó con Teresa, su actual esposa, y creó una familia. Había militado en el Partido Socialista en la clandestinidad, por que se sentía comunista moderado, su sentimiento siempre de izquierdas. Cuando el Partido Socialista abandonó el Marxismo, Ernesto no estaba nada convencido, aún así apostó por aquel joven de la chaqueta de pana. Tardó varios años en volver a su pueblo, y en el año 1995, con sus hijos ya criados se instaló allí montando una asesoría con cinco empleados. No le iba mal el negocio, y pronto lo reclamaron para ser candidato a la alcaldía. Perdió las elecciones de 2003, pero en 2007, cuando Don Camilo, el alcalde de toda la vida dejó la política, ese año consiguió hacerse con la alcaldía. Sus dotes como economista le permitieron darse cuenta enseguida de las necesidades del pueblo, y de ponerse manos a la obra para sanear las arcas y demandar a Don Camilo por las denuncias de un vecino que se había visto perjudicado por un asunto de prevaricación.

Cuando enjuiciaron a Don Camilo, Ernesto se sintió mal, pero el pueblo era lo más importante para él. Cuando se enteró del fallecimiento de Don Camilo, Ernesto se sintió peor, se creía el culpable de haberlo metido en aquella espiral de justicia que ahora se cernía sobre él. Habló con su madre aquel día, en el entierro del anterior alcalde, Doña Angelita, ya muy mayor le dijo "no te sientas culpable, no has hecho nada que no debieras hacer, ten mucho tino con tu gestión y lograrás ser querido por todos como alcalde honrado y no como alcalde temido. Y tranquilo, que el Camilito podrá estar a gusto en su ataud con asas de bronce, ha sido feliz en vida, ha muerto feliz y convencido de todo el bien que hizo siempre, incluso ahora se juntará con su padre, a saber donde, otro que estará contento por haber purgado a España de indeseables rojos".

Ernesto se fue a casa orgulloso de si mismo, contento por lo que le había comentado su madre, contento por lo que había hecho hasta ese momento, y esperanzado por que los fantasmas del pasado, habían terminado definitivamente. Iluso.

4 comentarios:

  1. Huy huy, eso de iluso me ha hecho levantar, a ver que desgracias le pueden caer a Ernesto, aunque viendo el panorama actual lo mismo es que era el Julián Muñoz (pero sin folklórica, aunque todo puede darse no?) de Castilla la vieja.

    Biquiños con mel.

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  2. ummmm ciertamente pudo ser un iluso pensando que alguien le dejaría cerrar heridas del pasado.

    Un beso cielo

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  3. Esta historia está vinculada con la de hace unos días Pimpf, vamos, una aclaración no estaría mal, sobre todo para los despistados como yo. Cariños.

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  4. Christian, pues no se todavía que le podrá pasar a Ernesto... mi mente no lo tiene claro todavía, pero seguro que en el poco tiempo que lleva como alcalde no le ha dado tiempo a meterse en líos.

    Alex, uhmm, cierto, aunque él no clamó ni por cerrarlas ni reabrirlas, seguramente no se lo pusieron fácil.

    G-boy, efectivamente, me gusta ver las historias desde los distintos puntos de vista de los protagonistas, según les va en la vida, según de donde vengan, hasta donde pueden llegar y como pueden ser sus convicciones, lo que pueden creerse según su situación.... (parece el comentario de un director de cine).

    Bicos Ricos

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