sábado, 23 de octubre de 2010

UN MUNDO PERFECTO

Camilo era un hombre feliz, a sus sesenta y cinco años se sentía colmado de tranquilidad, alegría y útil para la sociedad a la que había servido durante gran parte de su vida.

Camilo había nacido en el seno de una familia adinerada de un pueblecito de Valladolid, de cuyo nombre no quiero acordarme, su casa con un gran patio interior tenía también un balcón inmenso justo en la plaza mayor de aquella localidad agrícola. Fue a mediados de los años cuarenta cuando Doña Francisca lo trajo al mundo, era el menor de nueve hermanos. Su familia no había pasado penurias en la Guerra Civil, a su padre, un reconocido falangista se le conocía y respetaba en gran parte de la provincia, sus hermanos mayores estaban en el ejército sirviendo a la patria y dos de sus hermanas, casadas ya, la primera con el alcalde del pueblo y la segunda con un empresario dedicado a la harina.

Pasó el tiempo, y de su paso por el colegio de los hermanos maristas le quedó una disciplina católica como mandaban los cánones de la época, y Dios siempre bajo palio, y a poder ser la misa en latín, como a él le gustaba. Se fué a Valladolid a estudiar secundaria y terminó en la Complutense estudiando derecho. A su término volvió al pueblo, donde casó con Esmeraldita, la hija del farmacéutico, y juntos comenzaron a crear una familia dichosa. Cuando falleció el caudillo, Camilo se llevó un disgusto, no sabía que harían ahora los falangistas, ¿a quién atemorizarían? ¿Qué cantarían ahora los niños en el colegio? Comenzó a trabajar en el ayuntamiento, primero como asesor jurídico del todavía alcalde, su cuñado y el día en que un juez decretó su inhabilitación, Camilo pasó a ser el candidato de aquel partido de nueva creación, Alianza Popular, presidida por aquel entonces por el ex ministro de turismo, Manuel Fraga Iribarne. Ser el candidato para las elecciones municipales de 1983 le fue sencillo, era suficiente con ser hijo de Don Armando y Doña Francisca, cuñado del ex alcalde y estar casado con la farmacéutica. Pese a ello Camilo era un hombre preparado, y católico.

Ganó de calle sus primeras elecciones municipales y se mantuvo en el cargo hasta 2007. Año en que, por recomendación de lo más alto de su partido tuvo que abandonar el puesto, y que pasó a su yerno. En política siempre había sido honrado. Honrado siempre y cuando no tuviésemos en cuenta que consiguió vivienda para sus tres hijas en aquella urbanización a la que le dió permisos sabiendo que los informes del arquitecto no eran favorables, y lo de aquella campaña suya que se la había pagado otro promotor.

El día de su retirada, una banda de músicos acudió a acompañarle a su casa tocando pasodobles varios. Sonaba la música por todo el pueblo y pareciera como si guirnaldas colgasen de todos los balcones, y a su paso, cayesen del cielo miles de serpentinas y virutillas. Sus hijas, las tres licenciadas habían casado con prometedores jóvenes del pueblo, licenciados ellos, excepto su ahíjado el mayor, el hijo de un empresario de ladrillos de la localidad.

Se había ganado a sus 63 años una jubilación anticipada, unos recursos suficientes para envejecer junto a su Esmeraldita. Su nieto el mayor tenía algo de maneras, y Camilo sabía que pronto lo curarían de todas esas pamplinas de las que le habían llenado la cabeza. Era su mayor disgusto, pero él había enviado desde el pueblo varias mociones al Gobierno de España para que retirase la ley de matrimonio homosexual. Había prsentado también varias mociones contra el aborto, pese a que había llevado a su hija a una famosa clínica barcelonesa el día que se enteró de que estaba embarazada de un joven progre que recorriendo España se había parado unos días en su tranquilo pueblo. Su nieto, el segundo había dejado el instituto muy pronto, no tenía ganas de estudiar, pero lo había colocado en la empresa de uno de sus yernos, en un puesto de dirección.

Al año siguiente a su retirada, cuando había entrado aquel alcalde socialista a gobernar en su pueblo, fue cuando comenzaron los problemas, y es que el nuevo alcalde no esperó ni medio año para denunciar las cuentas del ayuntamiento, y sobre todo, aquella denuncia por prevaricación en la construcción de aquella urbanización. Pronto llegaron las notificaciones, las citaciones con el juzgado, pero él estaba tranquilo, lo había hecho bien siempre, por el bien de España, y el de su familia, nada de que escandalizarse, y más después de todo aquello que había robado el tal Roldán aquel, o el Juan Guerra.

Y si bien, era todo perfecto, pero un par de años después, tras llegar de misa con su querida Esmeralda se encontró indispuesto, le dolía el corazón y pensó en acudir al médico. No hizo falta, no llegó a tiempo al hospital. Y con sesenta y cinco años dejó este mundo, con más dicha que gloria por todo lo feliz que había sido. Y es que nacer bajo determinadas circunstancias puede marcar tu vida definitivamente, y tú, hasta te puedes creer que eres el más afortunado del mundo y que siempre has actuado conforme a unos principios, sólidos principios y a fin de cuentas, solidarios.

5 comentarios:

  1. Que historia más profunda y a la vez costumbrista. Nietzsche decía que "las convicciones son prisiones" pero yo soy muy feliz en mi jaula de oro.

    Biquiños con mel.

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  2. Y esto es verídico o invensión de Pimpf? de todos modos buenísimo relato, me dado qué pensar, porque bueno, no sé si todo me ha salido como he querido, pero hasta ahora llevo una vida bien vivida :D. Ey, ahora comenté el post de la bici y ya capté todo, aunque MUUUY TARDE U_________U. Cariños Pimpf.

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  3. y cuentas todo esto porq historia de algun familiar tuyo es una invención o que. no lo pillo.

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  4. Y posiblemente el lo creyó, y como tal actuó en la vida.

    Un beso cielo

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  5. Christian, la historia es parte de una serie de historias, muy costumbristas si, y con muchos elementos que vemos todos a diario, pese a parecer parte de Amar en Tiempos Revueltos.

    G-boy, es invención de Pimpfito, claro que, quizá muchas de las ideas han sido reales, en mi pueblo hay algún caso parecido.

    Doomsday, jejeje, invención puramente, mi familia no tiene nada que ver con la de Camilo, jajaja

    Alex, si, es la lectura que le hice yo al escribirlo, a fin de cuentas, el mundo en el que había vivido y crecido le llevaron por esa senda, y él la vió correcta.

    Bicos Ricos

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