domingo, 3 de octubre de 2010

VIOLETA

Violeta se llamaba Eduardo García, tenía ya cincuenta y tres años y seguía cada tarde haciendo su viejo ritual de marcar sus pestañas con rímel y colocarse aquella peluca pelirroja, la lisa que le llegaba más allá de los hombros. Pero eso era casi lo último que hacía, porque antes, previamente se había embutido en una faja, y es que los años no perdonan a un santo varón en la cincuentena, se ponía normalmente un tanga y luego unas medias, normalmente de rejilla y unos zapatos de tacón, preferentemente altos y si le combinan con el vestido, rojos. Normalmente no llevaba sujetador, en ese sentido se siente tranquilo, su pecho no sufre con la edad. Recuerda el éxito que tuvo en 1987 cuando consiguió operarse y colocarse unos implantes de silicona. ¡Esto no siente la ley de la gravedad! se decía a si mismo.

Continuaba yendo a hacer la calle a Desengaño y Ballesta, donde en otros tiempos había muchísimo movimiento. La zona siempre había sido peligrosa, "aunque ahora apenas quedan yonkis" recordaba, y él nunca había tenido necesidad de ningún chulo. Hacía repaso, mientras se maquillaba de aquellos años de dura nostalgia.

Eduardo había vivido toda su vida en Zamora, en un pueblecito apartado de apenas 700 habitantes. Sabía que era homosexual desde pequeño y aquello se le quedaba pequeño. Practicar sexo oral con el señor Julián, aquel jubilado homosexual no le llenaba, y decidió que una vez terminada la dictadura, sería buen momento para irse a vivir a la capital. Madrid le ofrecía un escaparate del sexo. Había mucho señor Julián, pero habían también muchos jovencitos de melenas y barba con pantalones ajustados de campana, como le gustaban a él. Buscaba un porvenir y el amor de su vida.

Pronto comenzó a trabajar, primero como chico de los recados para un supermercado familiar, después de camarero en un bar en Chamberí, y finalmente de cajero en un pequeño banco de provincias. Gracias a eso había subsistido hasta no hace muchos años, y esperaba que le llegase la hora de jubilarse. Se divertía por las noches en la Vía Láctea, y por Malasaña comenzó a salir de casa con las faldas cortas y sus pelucas, con el maquillaje exagerado y sus tacones imposibles. Seguía esperando al amor de su vida, algún apuesto ejecutivo, o algún viajante que lo llevase a recorrer el mundo. Pero lejos de eso, comenzó a prostituirse en la Calle del Barco, junto a Daphne y Estella, de su misma edad. Los tres habían sido detenidos en más de alguna ocasión por la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social o la Ley de Escándalo Público. Juntos habían ido al juzgado muchas veces, juntos se habían prostituido más veces para pagar las multas. Se protegían entre los tres. Daphne falleció en 1993 en el Hospital de la Princesa, víctima del Sida, que probablemente le infectado algún drogadicto en los años 80 en Chueca. Estella se había ido en 1989, un ajuste de cuentas y una discusión con el chulo de unas compañeras de la Calle Valverde terminó con un navajazo en el pecho que le hirió de muerte.

Eran otros años, pensaba, ¡cuanto hemos vivido las tres! y qué perras érais, os gustaban más las pollas que a un tonto un lápiz. A mi, por golfa no me lleva Dios con vosotras, que seguro terminaríamos haciendo perrerías en el infierno. Violeta estaba ya otra vez en Desengaño, ahora los travestis se habían mudado a Fuencarral, y todo sudamericanos. No es lo que era. Pero Violeta seguía soñando con el amor de su vida, ese hombre que no había llegado todavía. Ahora, sus clientes seguían siendo señores Julianes, los jovencitos, aquellos que le gustaban ahora tan solo le increpaban cuando ella les decía alguna obscenidad para ponerlos colorados. ¡Que vida más dura, Violeta! Ni los principes azules venían a por ella, ni los jovencitos le daban opciones. ¡Que vida más dura!

El pasado 1 de octubre se ha celebrado el día de la tercera edad, Eduardo, este personaje ficticio no está todavía en edad de jubilación, pero se siente ya mayor, se siente invisible y poco respetado en el mundo homosexual por el que tanto ha luchado a lo largo de la vida. “Nos han robado la juventud pero queremos vivir una vejez felices sin problemas” dicen muchos ancianos y maduritos. Este año, para este día, Colegas ha sacado el Slogan "Los Gays y Lesbianas también nos hacemos mayores".

9 comentarios:

  1. Y envejecemos, y todos aquellos que se piensan que jamás van a estar en esas circunstancias y se ríen y cachondean de los más mayores, un día lo sufrirán en sus carnes y llorarán de todas las miradas, las burlas y malos modos que hicieron.

    Un beso cielo

    ResponderEliminar
  2. Hermoso relato y "moraleja"...porque muchos lo olvidan. Yo deseo llegar hasta los cincuenta y lo que venga después será tiempo extra jejeje. Atila es un lector de mi blog muy mayor y me sorprende con sus historias de tiempos mucho más sombríos que ahora y como vive a travez de mis relatos con M. Espero yo también sorprenderme de mayor con los avances logrados y no dejar este mundo hasta que nuestros derechos sean universalmente reconocidos. Y por último, por eso es importante fijarse en el interior de las personas, porque el envase se va arrugando y los encantos desaparecen jejeje. Cariños Pimpf.

    ResponderEliminar
  3. Pues si, es terrible.... Si a nadie le gusta envejecer para un gay es un castigo, una maldición claro. Pq el ambiente homosexual no perdona los años, es inmisericorde con la fealdad y la vejez. Sin que nos demos cuentas que el envejecimiento es el único proceso que hay democrático y envejecer envejencemos todos, por mucho botox que te pongas....

    bezos.

    ResponderEliminar
  4. Alex, pero como en casi todo, lo que se hace es ignorar los problemas, tirar para adelante, divertirse ahora... y preocupaciones las justas. Pero a todos nos llega, queramos o no. Aunque seguro que se aplican aquello de "que me quiten lo bailao".

    G-boy, claro, los posts así deben ir con una morajela, si no... para que inventar historias anónimas. Creo que todos avanzamos, yo mismo me sorprendo a mi mismo con lo que hago ahora y lo que hacía hace unos años, aunque, muchos piensen que ya soy "maduro" otros me siguen viendo como un yogurín. Me niego a crecer más.

    Thiago, jajaja terrible para un gayer envejecer, pero a todos nos toca, a veces D. y yo imaginamos, al ver a viejas glorias de Chueca, como seremos con el paso del tiempo... "yo seré ese y tu ese otro". Todos envejecen, menos Cher.

    Bicos Ricos

    ResponderEliminar
  5. Quizá porque yo ya he llegado a este mundo "madurito" y no he disfrutado de una juventud homosexual este post me ha llegado dentro. No me considero mayor (o al menos muy mayor) y cuando veo en las páginas de perfiles cosas como "awuelos no" y luego ponen el límite en 35 años se me encoge un poco el corazón

    Un beso (violetero)

    ResponderEliminar
  6. Hombre, que conste que no hice el texto pensando en ti, sabía que era el día de la tercera edad y a ti todavía no te incluyo en el grupo de "maduritos", por que a narices, no puedo considerar "mayor de 35" como madurito, que me quedaría entonces poco tiempo....

    Bicos Ricos

    ResponderEliminar
  7. Tranquilo, que no me lo he tomado como algo personal. Sé cual era la intención. Es simplemente que me ha hecho pensar, porque como he dicho antes, hay otros que si me consideran "viejo"... aunque yo no lo haga :(

    Un beso (de un yogurín que se niega a caducar)

    ResponderEliminar
  8. Parmenio, cuando te rechacen por la edad, tienes que hacer lo que haría Estela Reinolds la de LA que se Avecina... abrir la toalla y enseñar tus encantos y decir aquello de "pues esto es lo que te pierdes".

    Bicos Ricos

    ResponderEliminar
  9. jajajaja me lo apunto... ya contaré mis experiencias exhibicionistas ante pipiolos imberbes XD

    Un beso (sin toalla)

    ResponderEliminar