sábado, 6 de noviembre de 2010

RISA INOPORTUNA

Si hay algo que va unido de una forma muy extraña a las risas, es la muerte, y es que hay ahí un hilo que te puede hacer pasar del llanto por una pérdida a soltar una ilustre carcajada.

Mi madre nos cuenta que antes, cuando los velatorios se realizaban en las propias casas de los fallecidos, había dos zonas diferenciadas, la propia estancia donde el cadaver era velado, y la cocina, donde normalmente la gente se acercaba a tomar un reconfortante café, o alguna infusión para sobrellevar mejor el disgusto y la larga noche de rezos y recuerdos. Era en las cocinas donde además del café, la gente pasaba el rato contando chistes o anécdotas graciosas, llegando en ocasiones las carcajadas a la misma sala del velatorio.

Pero mi mente se remonta a 1996, cuando falleció un hermano de un abuelo mío. Por esta época en mi pueblo todavía no había un tanatorio, y los veltatorios se hacían en las casas. Al ser un familiar lejano, pues, pensé que con acudir al entierro sería suficiente, y allá me fui con una prima y una amiga. El entierro con mucha gente, pues el fallecido era conocido vecino del centro, y allí, desconsolados se encontraban sus nietos, familiares lejanos míos con los que yo mantenía una buena relación, mantenía y mantengo. Y con los nietos una chica, amiga de los nietos. Esta chica no paraba de llorar, más incluso que los nietos, más que nadie. Que se habría pensado que en lugar de ser amiga de los nietos, mantenía una relación con el fallecido, pero, no era el caso. Y justo en el momento más crítico, cuando se hace un silencio sepulcral, el momento en que el ataud es arrastrado al fondo del nicho y ese sonido se te clava en el alma... en ese momento se escucha de fondo un "ja, ja ja". Mi prima, riéndose, e intentando aguantar la risa, yo le doy un codazo y suelto una ligera tos. "Jaja, jajaja" a su lado, mi amiga, también riéndose. Pongo una cara de mala uva, y me dicen "mira, que parece que es la viuda, y no le es nada", me llevo el dedo a los labios, pidiéndoles silencio y respeto y acto seguido se me escapa mi primer "ja, jajaja". Inmediatamente me llevo las manos a los bolsillos, saco un pañuelo y me cubro la cara, se me escapa un "ay!" Y seguidos varios "ja jaja jaja" que no eran ni de mi prima ni de mi amiga, era de un señor que se encontraba próximo, mezclados con los de mi amiga. La gente comienza a girarse hacia nosotros, y yo ya, aguantando la fuerza entre reir y disimular, comencé a llorar. 

La risa floja que te entra en esos momentos clave, cuando tienes que aguantar y mantener el tipo. Suele ocurrir a muchos presentadores en televisión, a políticos a veces en actos públicos, a cualquier persona en alguna que otra misa. Pero en un entierro, creedme, es una auténtica tensión 

5 comentarios:

  1. Jajaja típico, yo tengo fobia a que me pase algo como lo que relatas, de hecho, hasta intento mentalizarme para que no suceda, pero siempre que lo hago viene a mí una imagen que vi en televisión, de un programa juvenil que repasaba esas anécdotas chistosas que suelen ocurrir. Ahí estaban todos sus integrantes charlando muy tranquilos sentados en uno de estos juegos de parque, un disco giratorio y una de las chicas estornuda y se da un fuerte golpe en la cabeza jajajajaja, que hasta ahora me saca carcajadas... pero bueno, tendría más gracias si lo vieras, cariños Pimpf.

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  2. como para no tener tensión en esos momentos, normal, es un sitio donde no se puede dejar que esas cosas pasen y hay que intentar controlarse. Al menos a mi me parece que si no puedes, es mejor marchase y no molestar, pues no son muy comprensibles, y con razón, esos instantes de risa incontrolada.

    Un beso cielo

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  3. Desde luego, sois unos irreverentes jajajajaja. Nunca he visto a nadie reirse en un velatorio pero sí que es cierto que cuando la gente se pone tan dramática (sobreactuando en muchos casos) uno no sabe si reir o llorar.

    Biquiños con mel.

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  4. jajaja reirse en un velatorio, es asi como reirse en MISA jajaja dios santo!!

    bso grandE!!!

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  5. jesúúuus; a mí me pasó en una tienda. Era pues... cerca de Navidad, porque entré a una tienda y en la entrada, en el mostrador vi una bola enorme con un muñeco de nieve en su interior; el muñeco hacía un ruido mientras expulsaba unos ciscos blancos que debía de ser nieve.... y en esto que lo estoy mirand cuando la dependienta, a quien no he mirado me dice hola, si me puede ayudar en nada. ¡¡¡Llevaba un gorrito con trenzas blancas, acrílicas!, y qué cara, como de Virginia Woolf ojerosa en plena crisis.... y ná, ladee la cabeza y cerré los ojos y me entró la risa; no esa escandalosa sino la que no te deja hablar :P.... al final uno no sabe por qué llora, o ríe,

    besos

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