domingo, 19 de diciembre de 2010

UN MUNDO PERFECTO (III)

Angelita fue la única hija de Servando el panadero y Rosita, la joven sirvienta de los Mendoza, los padres de Don Camilo. Angelita nació cuando ya había estallado la Guerra Civil y no tiene recuerdos de aquella época, más que del año 1941, el año del hambre, cuando ella tenía solamente cuatro años. Pero los años siguientes fueron muy duros también.

Sin su padre, fusilado cuando estalló el Golpe de Estado, su madre, viuda intentó sacarla adelante como pudo. No pudo ofrecerle estudios y tampoco nos engañemos, en aquella época las mujeres apenas estudiaban, pero se dedicó desde muy pronto a conseguirle un buen ajuar para cuando llegase el día de vestirla de negro, que era como se casaban en aquel entonces las chicas del pueblo. El sueldo de Rosita no era excesivo que se dijera, más bien austero, pero se conformaba con que le dejasen tener en la casa de los señoritos a su niña, a quien echaba un vistazo de vez en cuando y con hacer las tres comidas al día a costa de los Mendoza. Rosita, se había vuelto desconfiada con sus señores, temerosa, con miedo a hablar sobre su difunto Servando, el padre de Don Camilo había sido el delator de su marido, al que había acusado de pertenecer al sindicato de panaderos de Valladolid, un lío de faldas más bien, donde Rosita no había accedido a complacer sexualmente a su señor, y éste, celoso y enfadado cargó contra Servando, el panadero.

Angelita empezó a trabajar muy pronto, en la recolecta del trigo y también el la harinera que funcionaba en el pueblo desde antes de que ella naciese, y que había permitido que muchos habitantes de aquel perdido pueblo vallisoletano no muriesen de hambre en la posguerra. Conoció a Genaro, el chico más guapo del pueblo y quedó encinta, repudiando al poco el padre del chiquillo tanto a la madre como a la criatura. Ernesto fue el nombre que le puso, en honor a un abuelo suyo. Crió prácticamente ella sola a Ernesto, sin darle ningún lujo más allá que algunas galletitas de chocolate muy de vez en cuando, de aquellas que vendían en la fábrica de harina a los empleados. Años después, Angelita conoció a José, un joven tres años menor que ella, que había estado trabajando en Alemania, donde se había hecho un hombre de provecho. Se enamoró de José y con él se casó, teniendo a tres hijos, todos varones. El salario de ambos permitió a la familia vivir bien y tranquilos, sin lujos aparentes, sin colegios de pago, y pasando los jerseys y camisas de unos hermanos a otros con tan solo ponerle unas coderas que vendían en el zapatero.

Cuando Ernesto quiso estudiar en Madrid, a su madre se le partió el alma, no podía pagar su estancia en Madrid, ni lo cara que era la matrícula entonces. Con algunos pequeños ahorros que tuvieron y pidiéndole dinero al Señor Mendoza consiguió pagarle una carrera universitaria en Valladolid, economía, su hijo trabajaría en un banco.

En las revueltas universitarias de mediados de los 70 apresaron a Ernesto, por vandalismo y oposición al régimen. Ernesto llamó a su madre, y esta, rápidamente acudió nuevamente al Señor Mendoza, que por aquellos años estaba ya muy enfermo, y poco pudo hacer por su hijo más que decirle que llamase a su hijo Camilo que estaba "muy bien posicionado con los de arriba". Camilo no tuvo más que hacer un par de llamadas y al momento soltaron a Ernesto, sin abrirle expediente alguno, sin que llegasen a ponerle la mano encima, algo que era muy común en la policía de aquellos años. Angelita agradeció enormemente a Camilo aquel gesto, que le honraba, le honraba y que a su vez mantenía aquella cultura por la que ella había luchado toda su vida, la de los señores caciques. Angelita era así de resuelta y de falsa, por sus hijos, lo que hiciese falta, hasta bajarse los pantalones ante aquella gente de rancio abolengo, a los que por supuesto, había tenido bajo un diente toda su vida, no en vano, habían sido los causantes de que ella creciese sin padre. Pero por su hijo, y más por su Ernesto, lo que hiciese falta.

En el entierro de Don Camilo, muchos años después, esta habló con su hijo, el actual alcalde de aquella perdida villa vallisoletana, le dijo aquellas palabras que le salieron del alma "no te sientas culpable, no has hecho nada que no debieras hacer, ten mucho tino con tu gestión y lograrás ser querido por todos como alcalde honrado y no como alcalde temido. Y tranquilo, que el Camilito podrá estar a gusto en su ataud con asas de bronce, ha sido feliz en vida, ha muerto feliz y convencido de todo el bien que hizo siempre, incluso ahora se juntará con su padre, a saber donde, otro que estará contento por haber purgado a España de indeseables rojos". Claro que no le dijo a su hijo que siempre estaría en deuda con Don Camilo, y es que por supuesto, ella no entendía por qué el Camilito, como lo llamaban en casa, era el que les había tenido que sacar las castañas del fuego, cuando ella había hecho siempre lo posible por sacar a su familia adelante, pero sentía que había partido en esta vida con desventaja.

4 comentarios:

  1. Como sigas así te van a coger de guionista en Amar en tiempos revueltos o Cuéntame.

    Biquiños con mel.

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  2. Esto empieza a parecer un fresco de las sociedad rural gallega al estilo de La Colmena, con infinidad de personajes que se mezclan y entrecruzan. Eres el Altman gallego.

    Un beso (sin pedir favores)

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  3. Me pregunto cuánto de personal tendrán estos escritos, me parecen tan creíbles que tiene que haber algo en que te hayas inspirado, ¿o no Pimpf?. Cariños.

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  4. Christian, eso pienso yo cada vez que publico uno de estos, en los guionistas de Amar en Tiempos Revueltos, ya no en Cuéntame.

    Parmenio, jajaja, algo compartiré con Cela, jajajaja, psss, bueno, es por ver si logro unir algunas cosillas.

    G-boy, uhmm, realmente no me he inspirado en nada, no hay casos concretos, pero si muchas cosas similares a las que pudieron ocurrir en mi pueblo cuando yo todavía no era ni un proyecto.

    Bicos Ricos

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