domingo, 26 de junio de 2011

Recordando a Darío (II)

Esta semana he quedado con Darío, para tomar unas cañas por ahí por eso he querido acelerar esto y terminar con esta pequeña saga de posts basados en Darío, la próxima semana comenzaré ya con un capítulo nuevo, hasta el momento, este era el último post publicado sobre él, os lo dejo aquí a modo de recordatorio:

"D.F. al que a partir de ahora llamaremos Darío (que significa "activo") se convirtió en poco tiempo en una obsesión al punto de no saber distinguir bien si aquello era admiración o algo ya más enfermizo.

No había vez que no fuese a un local con cualquier pretexto con tal de verlo a lo lejos, pero había en su círculo cercano otras posibilidades también muy interesantes. Una familia con muchos primos y casi todos en edades próximas a la nuestra. Darío no me era un extraño del todo. Uno de sus primos era amigo mío, otro, con el que hacían de Zipi y Zape, rubio y muy guapo había sido coleguilla de infancia y nuestros padres amigos de mili. Quedaba por ahí alguien que con el tiempo se ha convertido en una persona importantísima para mi, su hermano, Xenxo y por ahí comencé una ofensiva que terminó dando sus frutos.

Xenxo es una persona muy conocida también en el pueblo, tres años mayor que yo, moreno también y bajito, cosa de familia, con unos hombros caídos pero cuello fuerte, también cuestión de genética. Xenxo es un chico muy masculino, tremendamente masculino, es algo en lo que coincido en comentarios de mis amigos gay cuando me hablan sobre él, y por último es un protestón, llegará a viejo siendo un cascarrabias, más que yo si cabe. A través de una amiga común, precisamente la que se casó hace unos días, quedamos con él algunas veces para salir de juerga. Algunos sábados comenzamos a ponernos de acuerdo para salir juntos por el pueblo de mi Billy (cuando yo no sabía todavía de su existencia). Xenxo compartía conmigo algo más, mi Angelines había salido con él aproximadamente tres meses, así que, algo me conocía ya a esas alturas.

Así es como fui ganando terreno, conociendo a Xenxo que inevitablemente me llevó a Darío antes de lo que yo pensaba. Que tu grupo de amigos sea tan próximo al suyo hace que coincidas en alguna fiesta, y que, llegado el día, como así ocurrió, celebrásemos el cumpleaños Xenxo y yo de forma conjunta, y es que da la casualidad de que cumplimos el mismo día. Y en momentos así uno se va quedando con los detalles, cualquier información que te llega sobre Darío es de vital importancia y llegas a casa ilusionado, por que cada día lo ves más cerca. Pero Darío se mostraba como joven inquieto que era, inalcanzable. Si, por aquel entonces ya me conocía, y bastante bien, supongo que como "el amigo de Xenxo".

Llegó un fin de año y a Darío lo operaron de una hernia. Fuimos a visitarlo, daba algo de penilla verlo sin su alegría de siempre. Yo me mostraba feliz de la vida, en su habitación con el bocata de chorizo que le llevamos ¿alguien ha alcanzado tal dicha de un amor platónico? Conseguimos que saliese, muy a su pesar, recuerdo todavía con nostalgia las fotos que sacamos aquel día y como me acompañó parte de la noche agarrado a mi brazo. No quería que amaneciese. Terminé llevándolo a casa.

En mayo de ese año habíamos formado ya un amplio grupo de amigos que nos fuimos de acampada una noche al monte, suele ser tradición por esas fechas, allí coincidimos con todos sus primos, y amigos. Mi sueño era dormir en su tienda de campaña, no lo conseguí, me quedé en la de su hermano. Pero en mitad de la noche, mientras alguien tocaba con su guitarra y bebíamos al calor de la lumbre de una hoguera que preparamos durante la tarde, ocurrió lo inesperado. Estando yo sentado con las piernas cruzadas, él se tumbó delante de mi, apoyando su cabeza en mis piernas. No pude evitar tocarle el pelo toda la noche, así como él no pudo evitar una erección durante mucho rato. Yo temblaba, apenas sentía las piernas de lo dormidas que las tenía, de los nervios de tenerlo tan cerca, de su miembro al que había conocido tímidamente pero que despertaba ante mi o por causa mía y de ser lo suficientemente fuerte para que aquella visión no me provocase una erección a mi. El sobeteo terminó cuando la hoguera comenzó a extinguirse, y tal fue el calentón que buscó a una chica para esa noche y consumó con ella.

Se había abierto un frente con el que no contaba. Siempre supuse que Darío era hetero, rematadamente mujeriego, pero no le había conocido nunca novia oficial, ninguna le duraba más allá de una noche, a lo sumo dos. ¿y aquella erección? ¿qué significaba? ¿por qué elegir mis piernas para recostarse? ¿y si Darío tuviese algo de ramalazo?"

5 comentarios:

  1. ojala se te haga y pase algo con él, que solo de pensarlo me da hasta envidia.
    no se porque eh estado tan lleno de envidia este día :(

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  2. Ya iremos conociendo el resto de la historia ¿no? porque lo que no soporto es que me dejen a medias... por cierto en mi blog te he dejado uno de mis especiales homenajes blogueros, concretamente, para qué te recicles, jejejeje, que ya estás añejo, jejejejeje...

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  3. Damian, bueno, es uno de mis amigos, y de los que tengo cerquita.

    Observatorio, si, de hecho si hice esta recopilación fue para terminar con la historia y acabar con los borradores que habían sobre el tema.

    Bicos Ricos

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  4. Me has recordado a mi único amor platónico. Por suerte tú todavía mantienes el contacto con él, porque yo ya lo perdí y ahora aunque por fin saliese del armario, yo ni me enteraría.

    Ya nos contarás si al final Darío te da la sorpresa y algún día ese amor deja de ser platónico.

    Un beso!!

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  5. Me ha encantado. He imaginado la escena en mi cabeza y he podido sentir lo que habría sido que yo hubiese vivido una sensación así. El querer y no poder. El mirar y tocar... pero poco. Con la fogata ahí es una escena muy cinematográfica.

    Un beso (acalorado)

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