domingo, 19 de junio de 2011

Redordando a Darío

Os voy a ser totalmente sincero, hoy tenía pensado estar todo el día fuera y por ello no tenía ganas de escribir nada en especial. Sin embargo, a la hora de buscar entre los borradores, por si había alguno digno de ser publicado esta mañana, no encontré nada a mi gusto, pero si me di cuenta que faltaban dos capítulos de esa saga "Platonic Love" donde relato la historia del que siempre ha sido y será mi amor platónico. Lo sé, lo reconozco, el título es un poco cursi, lo siento, pero tengo que terminar la saga de Darío, y para ello, estos domingos voy a publicar los capítulos atrasados, para refrescaros un poco la mente, luego, cuando tengais a mi Darío en mente, terminaré con los dos capítulos que faltan. Ya no os entretengo más y os dejo con aquel primer post titulado "Platonic Love I (Amor Quinceañero).


"¿Quién no ha tenido nunca un amor quinceañero? No me refiero a estar enamorado de un quinceañero a estas alturas de la vida, la pregunta que hago es ¿Quién siendo quinceañero no se ha enamorado perdidamente? A mi me ocurrió, y todavía me dura.

He comentado una vez que uno de mis mejores amigos, D.F. (no confundir con D.) es para mi algo más que eso, él ha sido y será, en silencio, mi amor platónico. A mi llegada a Madrid él fue uno de mis principales apoyos, ese amigo que te llama y se preocupa por ti, que te entretiene, con el que puedes tomar una caña, que te presenta a su novia y que además, te tiene embobado.

D.F. es un chico bajito, no llega apenas al 1,70, y su piel, muy morena, como la sombra. Es al igual que yo, un fan del sol, un chico excesivamente maniático, aunque eso lo fui descubriendo con el tiempo. Mujeriego e infantil, seductor a base de sonrisas y blancos dientes. Cuerpo atlético, con un pectoral que quita el hipo sin apenas bello. Un placer para la vista y una delicia en todos los sentidos.

Ambos estamos en Madrid por trabajo y somos de ese pueblo pontevedrés de cuyo nombre no quiero acordarme donde lo conocí una semana santa, cuando yo tenía quince años y él todavía catorce. Verlo aquella primera vez fue para mi una confirmación homosexual y desde ese día me enamoré perdidamente.

Como quinceañero debería llevar una carpeta llena de fotos de mis ídolos musicales del momento, pero mi deseo era tenerla llena de fotos suyas y pintarrajeada con su nombre por doquier, D.F.. Pero la fijación (obsesión) no había sido recíproca, obviamente. Me mantuve durante años como un conocido del pueblo, pero de vista. Sin apenas ningún saludo, contentándome con coincidir alguna que otra vez en pubs y discotecas, rezando para que llegase un sábado para volverlo a ver, buscando el mínimo roce, fuese en la barra, en los aseos o a la salida, solo por el simple placer de alegrar la vista."

7 comentarios:

  1. Si no fuera por la aclaración casi me haces creer que tenía un déjà vu o no sé que rayos, porque sentía que ya había leído esto Pimpf, bueno, veremos entonces cada domingo cómo avanza esto. Cariños.

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  2. oohh ya quiero saber mas XD
    subi yo la 2da part d Camilo y Laura xD jajaja creo q m odiaran u.u jajaja

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  3. G-boy, aunque muchos de vosotros ya lo habíais leído, siempre hay lectores nuevos, y además, por refrescaros un poco la mente.

    Brekiaz, eso te pasa por no pasarte siempre por aquí, que el post es viejo... jejeje

    Bicos ricos

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  4. Yo creo que los amores platónicos causan más sufrimientos que los verdaderos, por ese componente de "inalcanzables y no correspondidos" que tienen...

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  5. Ufff, no sé que decirte... uno también asume la realidad, pero en el caso de los verdaderos, los sufrimientos son de otro tipo, cuando hay sufrimientos, claro.

    bicos Ricos

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  6. Que mono. La verdad es que el amor de adolescente es de los más bonitos que se pueden tener, pena que no los disfrutamos, o no los disfrute.

    Un beso

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  7. Me pasó como a Kotei. Nunca tuve un amor adolescente... de hecho nunca tuve una amor... por eso cuando veo ahora uno se me saltan las lágrimas de lo bonito que me parecen. Sensiblero que es uno.

    ¿D.F? ¡Distrito Federal! jejeje

    Un beso (de un quinceañero retrasado)

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