jueves, 8 de diciembre de 2011

Miguel (III): Un duro invierno

Aquel invierno en el que estábamos había sido duro, un invierno frío y lluvioso, de cuando los inviernos todavía eran inviernos de verdad. Miguel caía enfermo cada dos por tres, y Pimpf iba como buen amigo que era todas las tardes a visitar a su amigo convaleciente. Su casa, una casa silenciosa y con su madre pendiente de él todo el día, que si una cucharada de jarabe, que si una cáscara de limón para limpiar la lengua, que si un poco de enjuague ahora para las anginas, ahora toca ponerse el termómetro y ahora la merienda. Yo me aburría soberanemente, ya os lo digo, porque, a ver de qué podíamos hablar él y yo en su casa con su madre por allí. ¿Qué habían pillado fumando a fulanito? ¿Qué la madre de Guillerme se había enterado de que este fumaba porros? ¿Qué le gustaba Susanita? ¿o de Moli su amor platónico de toda la vida a la que le comenzaban a asomar un par de marcas importantes en los pechos? Eran temas secretos que solo podíamos tratar en la más estricta intimidad, sin supervisión paterna.

La madre de Miguel nos preparaba unos bocatas y eran estos momentos cuando aprovechábamos para hablar, y sí que los tratábamos, temas de vital importancia, e incluso estrategias para ver qué podíamos hacer con lo de Guillerme. Muchas veces pasábamos el tiempo cotilleando. Si, cotilleos puros y duros y en ocasiones no dedicábamos directamente a criticar, sin piedad. Nos habíamos vuelto unos pijoteros elitistas que no nos comíamos una rosca, pero nos creíamos un punto o dos por encima de mucha gente que nos rodeaba. Del grupo aunque nos llevábamos bien entre todos, los encuentros eran esporádicos y nunca todos juntos, bien Zipi y Zape por un lado, o Guillerme, pero ya nunca juntos. ¿Qué había sido de Marcos? Se lo había tragado la tierra. Así que el invierno pasó sin más pena ni gloria y llegó por fin la primavera, y con ella el buen tiempo, y con el buen tiempo nuestros primeros intentos de triunfar con las chicas.

No sé que tenía Miguel que no triunfaba nada con las chicas, timidez excesiva quizá, su extraña forma de mirar, claro que a mi eso me la traía un poco al fresco, a mi me preocupaba mi escaso éxito con las mujeres, escaso o nulo. No me había llegado la hora, sin embargo lo que si poseía era la labia necesaria para atraer a cualquiera de ellas hacia nosotros. Así fue como en aquel año de continuas huelgas de profesores aprovechábamos cualquier ocasión para escapar del colegio cuando no había clase y nos íbamos a fumar. Aquel colegio que se había quedado sin su mayor estrella, Guillerme, ahora estudiando en un colegio privado para niños bien, Miguel y yo conseguimos formar un grupo para irnos de excursión al monte, un monte cercano, la intención, ver algún zorro, la verdadera intención, fumar tranquilos, y disfrutar de la compañía de las dos chicas que venían con nosotros, Susanita y Branca. La tarde genial, soleada y tranquila hasta que se nos unieron un grupo mucho más amplio, y hasta que los profesores salieron en nuestra búsqueda. Corriendo por el bosque, escapando y colándonos por una verja del colegio para disimular. A algunos los cogieron y les llamaron por teléfono a casa. Lógicamente, de Miguel y de mi nunca pensarían que haríamos algo así.

6 comentarios:

  1. ¡Hola! Soy Víctor, acabo de inaugurar un nuevo blog sobre sexología/psicología masculina llamado “Libreta Rosa” (http://www.libretarosa.blogspot.com). Espero que te interese, pasate y dime tu opinión!

    Muchas gracias, estamos en contacto.

    >Víctor.

    ResponderEliminar
  2. Demasiada gente junta llama la atención y os aplicaron la ley de prohibición de reunión en la que más de dos ya era una manifestación jajaja

    Deberíais haberos metido en el colegio en lugar de ir a ese monte tan superpoblado de compañeros y profesores. Habríais tenido más intimidad :)

    Un beso (grupal)

    ResponderEliminar
  3. Lo primero: me gusta cuando no escribes de tu vida privada. Me encanta.

    Segundo: no tenías que haber perdido el tiempo ligando con chicas. Que no. Que lo que a ti te molan son los tíos. Te lo tenías que haber follado. Si es que...cuánto tiempo perdeis los que decis que sois bichechuales encontrándoos a vosotros mismos. Qué pesadicos. Al Miguel te le tenías que haber follado y te habrías ahorrado muchos disgustos y comeduras de tarro.

    Besos y agur

    ResponderEliminar
  4. Desde la lejanía, me doy cuenta leyéndote, aunque el cuento me lo puedo aplicar a mí mismo, que nos ofrece el tiempo, uno se da cuenta de que esas experiencias adolescentes, que ahora recordamos con una sonrisa en la cara y con cariño, entonces nos suponían todo un mundo... ¿verdad?

    ResponderEliminar
  5. Eso se hubiera resuelto con un colegio de curas... o del Opus... jajajajaj! ¡saltando tapias!... lo que me queda por ver! jajajaj!
    En fin! tu por las chicas no te preocupes... que tienen la raja muy fea... aquí estamos nosotros para darte todo el calor que necesites... jajajajaja!

    Besos, guapetón!

    ResponderEliminar
  6. Victor, nos pasaremos.

    PArmenio, quizá no he sabido plasmar aquel día, pero fue uno de esos tan bonitos que te quedan medio grabados..., olor a primavera.

    Zowi, claro, tú como no te has leído los capítulos de Angelines (el personaje preferido de Thiago) pues... sigues con esa teoría peregrina de que solo me gsutan los hombretones...

    Observatorio, si, y eso ocurre a medida que perdemos la inocencia, por que... ¿éramos inocentes?

    Angelillo, yo a colegios de pago nunca... ya lo sabe usted, creo en eso de la enseñanza laica y mixta, como los sandwiches.

    Bicos Rcios

    ResponderEliminar