miércoles, 21 de diciembre de 2011

Miguel (V y final): Bye, Miguel, Bye

Yo veía venir cada vez más que era un amigo de transición de Miguel, en sus planes estratégicos de futuro con los amigos más guapos, más famosos y más geniales del mundo, con las mejores chicas, más guapas y más famosas del mundo, bueno, del mundo que nos rodeaba, del pueblo, que para nosotros era todo un mundo. Lo veía venir e imaginaba los siguientes meses, con el verano ya a las puertas tirado, un verano horrible, pero yo tenía mi propia estrategia, porque siempre es bueno tener un plan B, y aunque yo no lo sabía, me había enamorado o autofascinado con un nuevo personaje que poco a poco comenzó a aparecer en escena. Pero, vayamos con calma.

Aquellos últimos días de mayo, y principios de junio, con el curso escolar casi terminando en medio de huelgas que a los estudiantes nos encantaban, yo ya solo tenía en mente la excursión de final de curso, mientras, en los recreos del colegio estaba con Miguel, o preparando la excursión. Una semana fuera de casa, todo un logro por aquel entonces, alejado de padres y de cualquier problema mundano, solamente disfrutar con los compañeros de clase, algunos muy buenos amigos como el pequeño Martín que era un incondicional mío del colegio desde hacía años, una amistad que perdí con el tiempo y si os soy sincero, de la que hace años que no sé nada. Se iba a quedar Miguel solo, en el pueblo, esperando mi larga ausencia, sin compañero para hacer los bocatas más extraños en su casa, bocadillos de sardinas con membrillo, nocilla con chorizo y demás variantes que hacíamos por pasar el rato y de los que la tripa jamás se resintió. Me pidió Miguel que a la vuelta de la excursión le trajese un pequeño souvenir de Barcelona. Me olvidé completamente y como críos que éramos, así se lo tomó a la vuelta, como una niñería, pero que pasó factura.

Cosas de críos que empiezan a enfriar una amistad. Con el paso de los días dejó de llamarme por teléfono, y sin colegio apenas coincidíamos. Yo tenía el subidón en el cuerpo de aquellos días, los lazos muy reforzados con mis compañeros de clase y a todas horas en nuestra mente fluían aquellas aventuras de esa semana sin padres que habíamos pasado. Quedé un par de veces más con Miguel, pero se había enfriado todo. Yo no podía imaginar que se pudiera perder una amistad por un simple souvenir en una excursión, aunque tampoco me importaba demasiado, supuse que se le pasaría. No se le pasó, dejamos pasar todo y en lo que restó del verano apenas coincidimos un par de veces. Es curioso como en un pueblo tan pequeño puede una persona casi desaparecer, en verano, con la afluencia de miles de veraneantes no es tan difícil.

Los primeros días de playa los comencé acompañado de Martín. Y en aquella misma playa estaba él, aquel chico que hacía que me faltase el aliento cada vez que lo veía, el rubio de ojos verdes que cada domingo acompañaba a su madre a misa, siempre muy bien vestido, el chico bueno con cara de ángel que iba siempre con las manos en los bolsillos, el joven atlético cuyo vientre plano y pectorales que tan nervioso me ponían. Y solo me faltaba que Miguel apareciese en escena. Y así fue, un par de días después volvimos a coincidir en la playa, entre juegos, de palas, pelota y chapuzones, Miguel dijo que me iba a presentar a un amigo suyo, me temí lo peor, una nueva estrategia de Miguel, un nuevo objetivo...

- Te presento a Santi... no es que sea nuevo aquí, ha estudiado en otro colegio pero lo veremos muy a menudo.

Sus ojos verdes intensos se clavaron en mi rostro, su mano tendida hacia la mía y mis nervios, casi incapaz de articular palabra. Alcancé a darle la mano, su mano sudada, siempre sudada, la mano de un ángel al que por fin había conocido y todo gracias a mi amigo Miguel.

- Encantado, yo soy Pimpf

4 comentarios:

  1. Vamos, que Miguel te quería tener bien amarrado. Yo siempre he huído de las amistades absorbentes porque de siempre he sido más de tener varios grupitos pequeños.

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  2. Y así terminó un capítulo y comenzó otro. Lo describes todo como un eslabón en la vida, una transición ilusionante que daba luz al horizonte personal y a las nuevas cosas por venir... Me reconozco en ese retrato. Un besote ¿Has llegado bien??? Ciao.

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  3. No quiero estropear el momento de tus recuerdos adolescentes, magistralmente narrados, por otra parte, que nos parece estar allí... ¡Qué niños éramos! pero... ¡¡¡Sardinas con carne de membrillo!!! Menos mal que mi novio no lee vuestros posts, que yo se los comento, pero si lo hubiese hecho, vomita fijo, con lo aprensivo que es... yo la merienda más rara que he hecho y comido, en mi vida, fue de donut al micrrondas con tranchete derretido por encima (sugerencia del asqueroso, lo digo por sus experimentos culinarios, de mi hermano, jejejeje)

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  4. Christian, el resumen es que era... raro...

    Melvin, efectivamente, lo importante es el final, la nueva saga de capítulos que tienen muchísima más miga en todos los aspectos, una nueva etapa de mi vida mucho más interesante.

    Observatorio, puaj! eso no se me había ocurrido, más que nada porque en aquella época no existían los microondas, jajaja

    Bicos Ricos

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