viernes, 27 de enero de 2012

Santi IV: Un robo

Dejando atrás mis años de vida muy golfa con aquellos semi delincuentes que fumaban a escondidas, tonteaban con drogas y se pillaban pedos de anís, con Santi fue todo una regresión hacia el lado bueno de la vida, un volver a empezar de cero, un cigarro muy a escondidas, algún licor, pero todo muy inocente cuando yo ya venía de media vuelta.

Los primeros meses de clase y de amistad con Santi; y nuestro nuevo grupo incluía tímidos acercamientos con los compañeros del instituto. Un viernes nos reuníamos para ver al alguno de ellos jugar al fútbol, otro día íbamos a tomar una cocacola con otros, pero los inseparables, Santi y yo teníamos ganas de explorar el mundo, de conocer bien el entorno en el que nos íbamos a mover. Así, después de una semana de clase más clases particulares, de comentar desde una telenovela a discutir por fútbol, de coincidir plenamente en ilusos planteamientos políticos, de comentar las últimas novedades musicales y demás tonterías, teníamos ganas de más. Los primeros objetivos fueron, como era de esperar mis amigas. Santi se hizo novio de alguna de ellas. Este tipo de noviazgos que te pueden durar tres semanas y que traen problemas inherentes a este tipo de relaciones infantiles. El siguiente objetivo, impresionar a las chicas a la par que explorar el planeta. Nuestro objetivo, Vigo.

Éramos tan cándidos e inocentes que las tardes de algunos sábados nos acercábamos a la ciudad, a unos kilómetros del pueblo en un autobús de una vieja compañía de transportes para ver los grandes estrenos mundiales del cine más interesante que puede haber, tipo Hot Shots, Jamón Jamón, Solo en Casa 2, Alien 3, o la que fue durante mucho tiempo nuestra película preferida, Terminator 2 (léase con ironía). Esos sábados intentábamos quedar con alguna chica a la que sus padres acercaban al cine mientras nosotros íbamos por la ciudad viendo hacia lo alto de los edificios cargados con litros y litros de colonia, y un aftershave totalmente innecesario. Y nuestra cara de panolis nos delató. Tres jóvenes, Santi, Gorka y yo, con el acné en su mayor apogeo y con pinta de pueblerinos dentro de una ciudad de provincias. Se nos acercó un grupo de tres chicos, mucho mayores que nosotros, kinkis de ciudad al más fiel estilo Navajeros en una callejuela de Vigo, pidiéndonos 20 duros para el autobús, lo que hoy, para los más jóvenes serían 60 céntimos de euro. Contestamos que no teníamos nada, pero no coló, y volvieron a insistir, repetimos que no teníamos nada, y fue aquí cuando viendo su superioridad comenzaron a amenazarnos. Primero que nos iban a golpear, pero nuestra táctica fue permanecer en silencio y seguir caminando. Vuelta a insistir, y nueva amenaza, esta vez con algo tan sencillo como meternos un navajazo. Caminábamos deprisa y nos fuimos hasta una de las calles principales, con los tres matones pegados a nuestras espaldas, y cuando vieron que estábamos ya muy asustados sacaron finalmente la navaja. Apuntando al riñón izquierdo de Pimpf y sujetándole por un hombro. Cincuenta metros de recorrido y pánico.

Yo que siempre había sido muy moreno palidecí al momento y viendo que no había muchas soluciones, y que la gente veía algo extraño en nosotros pero nadie se acercaba a ayudar decidí poner fin a todo aquello, opciones:

a- Gritar
b- Correr
c- Enfrentarse a ellos

De las tres opciones Pimpf escogió la C, pero de una forma tímida, primero me separé de la navaja, me puse frente a él y con un tono de voz lo suficientemente fuerte y de muy mal humor le dije "No tenemos un puto duro, dejadnos en paz ya, hostia". Y definitivamente, aprovechando la confusión y que ellos tenían pinta ya de retirarse, correr, correr un montón hasta dejarlos atrás. Desde esa ocasión me he vuelto muy desconfiado. Siempre que estoy en una ciudad desconocida me gusta tener todo controlado, especialmente la retaguardia (léase o no con ironía), la zona, la gente, las pintas de la gente que en ocasiones dicen mucho. Soy un acojonado pero apenas me ha vuelto a ocurrir. Con una excepción. Años después salía de trabajar una mañana de verano, con un sobre que contenía mi salario en metálico, muerto de sueño pero dispuesto a arrasar en las rebajas. Se me acercó el mismo chico, mucho más mayor y cascado, y me pidió un cigarrillo. Por aquel entonces aún regalaba algún pitillo, se lo di. Acto seguido me pidió un eurillo para el autobús, y le dije que no tenía, y empezó a ponerse pesado. Esta vez no le dije que no tenía un puto duro (porque estamos ya con los euros), como si yo fuese El Increíble Hulk le contesté "Mira, si quieres un euro, trabájatelo, vengo de trabajar, pasándome la noche sin dormir, tengo que trabajar para pagarme la carrera, lo poco que tengo me lo voy a gastar en una tienda, es un capricho, y si quieres tener tus caprichos ya sabes, deja de dar por culo y trabaja, gilipollas". Se giró para irse y comentó un "como se pone la gente por que les pidas unos eurillos". Y volví a gritarle "Que trabajes, tocapelotas".

10 comentarios:

  1. Joder, pues sacaste un par para enfrentarte y decirles lo que les dijiste y luego pues lo que cualquier ser racional, pies para que os quiero XD

    la verdad es que hoy en día no preguntan, te pegan el navajazo y te roban después u.u

    Besos

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    1. Estaba muy asustado y corrí cuanto no está escrito, ya no recuerdo, pero me temblaba todo.

      Bicos Ricos

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  2. ¡¡ Joder que huevos le echaste !!... está bien enfrentarse a ese tipo de gente porque si cedes más adelante te pueden hacer la misma jugada.

    Un abrazo chico !!.

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    1. Hoy lo pienso y probablemente no hubiera hecho lo mismo, no lo sé. Ahora tengo más cuerpo, y más cara de malo.

      Bicos Ricos

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  3. que conchudo el tipo! todo un HDP!!!

    WOW confieso que me estrese cuando te leia, yo he sido asaltado dos veces en toda mi vida, la primera cuando tenia 11 años y luego hace dos años con secuestro incluido!! uuuf una historia que ya contare!!

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    1. Un secuestro. Ya lo estás contando en breve, estoy ansioso por leerlo. ¿En el trabajo?

      Bicos Ricos

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  4. A mí ya me atracaron dos veces, hace un par de años, lo divertido es que fue el jueves y el lunes siguiente (eso es batir la estadística, o nada o todo)... Pero claro, el del lunes, habiendo ya sido atracado el jueves, me sacó la navaja y me la puso en un costado, y yo le dije: "¡Mira, no tengo nada, porque gracias a tu colega del jueves, no llevo ni alianza, ni cadenita, ni reloj, ni cartera, ni móvil, ni nada... pero como has sido tan gilipollas de sacar la navaja antes de preguntar... ¿Ahora qué hacemos? ¡O m pegas un navajazo y echas a correr, o te quitas del medio que vengo reventado de trabajar!" El otro, todo sorprendido, por mi arranque, se fue desconcertado...¡pero a mí aún me temblaban las piernas!

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    1. Si, esta ya la habías contado en alguna ocasión, y la verdad es que le has hechado huevos. Pero a veces creo que compensa dar la contestación porque si alguien te piensa dar un navajazo te lo va a dar igual, al menos dejarte decir algo.

      Bicos Ricos

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  5. Yo, de mayor, quiero ser como tú y como Gorka... ya! Lo de bisexual me va a ser difícil... jajajaj! pero....
    ¡Ay!... ¡pero qué argumentador eres con la delincuencia! jajaj!

    Besos!!!

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  6. Pues sí, desde que me asaltaron la primera vez yo trato de ni dar ni la hora cuando me lo piden, que no me fío de nadie. Y no doy el peso en el supermercado, menos darle dinero a alguien en la calle jajaja. Cariños.

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