domingo, 10 de febrero de 2013

Jarabo (I)

Hace 54 años, un 10 de febrero de 1959, se dictaban cuatro penas de muerte contra José Manuel Jarabo, por el asesinato de cuatro personas en julio de 1958. La pena de muerte por garrote vil fue ejecutada el 4 de julio de 1960, siendo la suya la última ejecución por delito penal que se realizó en España.
 
José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo y Pérez Moris nació en uno de los barrios ricos de Madrid, en una familia acaudalada que después de la Guerra Civil emigraría a Puerto Rico. Pese a mostrar una enorme inteligencia, Jarabo demostraría que lo suyo sería dedicarse a una vida de crápula, criado bajo un violento padre y con una madre sobreprotectora que le pasaba enormes cantidades de dinero, fijándose en un tío suyo materno alcohólico que sería en quién se reflejase él tiempo después. Vivió para sus aficciones, las mujeres, el alcohol, las drogas y la velocidad. Amante de la buena vida, vestía trajes caros de la más de una veintena de los que tenía en su armario y le gustaba conducir coches caros.
 
En Puerto Rico comenzó su vida de mujeriego y relación con el hampa. Desde el tráfico de mujeres con destinos impropios, tráfico de cocaína y otras sustancias ilegales, se dedicaba entre otras cosas a drogar a mujeres y fotografiarlas desnudas. Casi todas las mujeres se rendían a los encantos de este Don Juan español con cierto aspecto de galán mexicano de la época alto, que pesaba 105 kilos, muy fuerte y elegante. Su facilidad de palabra y educación en colegios caros junto a su galantería le sirvieron para conquistar a casi todas las mujeres que se lo proponían. Se casó siendo muy joven en Puerto Rico, pero su adicción a las mujeres, drogas y alcohol, junto con comportamientos extraños hicieron que se divorciase dos años después. Pasaría un tiempo en la carcel en los Estados Unidos por tráfico de droga y poco después decidió volverse a España, a vivir una nueva etapa de su vida. El nivel de vida de Jarabo en España los primeros años fue espectacular, se gastó cerca de 15 millones de pesetas de la época en ropa, coches caros, drogas, mujeres y alcohol. Jarabo era todo un juerguista, un mujeriego que se metía cada dos por tres en cualquier pelea con tal de defender el honor de los más débiles, o por problemas de faldas en un Madrid de los años cincuenta, una capital todavía pueblerina.
 
Ya en 1957 se enamoró de una inglesa que residía en Lyon, casada pero pasando por una mala racha en su matrimonio. Entre ellos surgió una apasionante historia de amor. A ella le llegaban rumores sobre él, que no le había dado su auténtico nombre, pero la relación duró varios meses entre grandes lujos. Sin embargo, y pese a que Jarabo se dedicaba a introducir cocaína en España, las cuentas a Jarabo no le salían, necesitaba dinero para mantener su tren de vida, y junto con su chica decidieron acudir a una casa de empeños llamada Jusfer, unos prestamistas sin escrúpulos y timadores para dejar allí una sortija con una piedra propiedad de la inglesa, valorada en 50.000 pesetas y por la que les darían 4.000. Su novia enfermó y volvió a Lyon, no se volverían a ver. Jarabo, que era todo un caballero español seguía manteniendo contacto epistolar con la chica, quién le pidió que le devolviese la sortija. Jarabo, cumplidor decidió volver a la casa de empeños para pagar la deuda y recuperar el anillo.
 
Era el 19 de julio, día después de la fiesta del alzamiento nacional en España, Jarabo había quedado con el prestamista, le pedía 12.000 pesetas para recuperar la sortija y una carta a modo de poder para recoger el anillo. Eso era mucho más de lo que habían hablado en un principio pero Jarabo iba a recuperar esa sortija sí o si. No acudió a la cita con el prestamista, pero decidió ir directamente a casa de Emilio Fernández. Jarabo tenía el plan en mente para recuperar carta y sortija, el asesinato. Para ello llevó consigo un arma que había conseguido haciéndose pasar por mando militar en la reserva, coleccionista de armas que un sereno le había vendido. Esperó para entrar en el edificio cuándo no había sereno, y subió en el ascensor sin dejar ninguna huella, sin utilizar los dedos para llamarlo.

7 comentarios:

  1. wow! a mi este tipo de casos me vacila!
    me explico, no es que me guste que lo mataran (pues estoy en contra de la pena de muerte) pero estos individuos tienen una vida que siempre provoca curiosidad y morbo!!

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    1. Son historias negras de España, sería un buen ciclo de posts... a lo mejor les dedico un día a la semana.

      Bicos Ricos

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    2. Lamento lo que pasó, por las dos mujeres y por Jarabo, pero los estafadores merecian lo que les pasó.

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    3. Exactamente igual pienso yo, lo lamento por las muchachas y por Jose María Jarabo, pero el par de usureros se lo merecian.

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  2. Todavía recuerdo el capítulo de la serie de " la huella del crimen" con el particular Jarabo interpretado por Sancho Gracia... Se me eriza la piel sólo de pensarlo... Besotes.

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    1. Quería hacer un solo post, pero vi el caso este de Jarabo lleno de cosas para contar... claro, en el último capítulo tocaba mencionar que Sancho Gracia ha hecho un genial Jarabo.

      Bicos ricos

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  3. Nunca se me olvidará cuando, viviendo en MADRID, en plan "cateto de provincias" visité el MUSEO DE CERA y me impresionó la sala esa de la serie negra de crímenes y criminales españoles... aunque ahora no caigo si JARABO estaría en ella...

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