domingo, 16 de febrero de 2014

Crónicas Borbónicas. La reina loca

Me llevé una sorpresa hace una semana haciendo el post sobre la abdicación de Felipe V en favor de su hijo Luis I, en todas las biografías del monarca cuyo reinado fue el más corto de España mencionaban a su esposa, la que fuera reina consorte, Luisa Isabel; y yo que soy un gafapasta multicultural, apasionado de la historia y siempre con ganas de iluminaros, hoy os traigo algo más sobre esta reina española, que desde luego no fue una reina al uso, eso si, borbónica por todos los poros.

Luisa Isabel de Orleans nació en el palacio de Versalles en 1709, nieta del rey francés Luis XIV, el conocido como Rey Sol. Sus abuelos eran hermanos, y sus padres primos hermanos, con lo cual llevaba muchos papeletas para sufrir todas las consecuencias genéticas que pueden derivar de la endogamia. Y a ello se suma que Luisa Isabel nace débil, pensando sus padres que fallecería al poco de nacer por lo que la tuvieron sin nombre durante muchos años, hasta que se habló de desposarla con el príncipe de Asturias, el joven Luis. Fruto del desapego que sus padres sintieron hacia su hija, su abandono en general, tampoco se preocuparon por darle educación. Y ya para colmo, la princesa francesa sufría un transtorno límite de la personalidad. Un cóctel molotov que diríamos ahora, al que solo le faltaba una mecha, y esta se prendía cada vez que Luisa Isabel se sentía sola.
En 1721 se casó por poderes, desde Francia, y no fue hasta 1722 en que hicieron una ceremonia oficial y pudieron consumar el matrimonio. Sin embargo, la acogida de la futura reina en España fue fría, incluso la madrastra del príncipe de Asturias, Isabel de Farnesio la tenía ya cruzada, eso tampoco la ayudó. Pronto comenzó a dar muestras de sus desarreglos mentales; desde eructar y ventosearse en público, correr por los pasillos, trepar por los árboles, pasearse sin ropa a ir sucia y maloliente por la corte. Su mal carácter, su tozudez, y el desapego hacia su esposo hizo temblar al mismísimo Felipe V y a su esposa, convencida de haber heho una "mala adquisición".
Gustaba de no utilizar ropa interior o de pasearse sin ropa por los jardines o el palacio. Al principio pensaron que eran actitudes típicas de Francia, algún tipo de moda que en España no llegábamos a comprender, y Luis empezó a temerse lo peor. Fue por ello que escribió a su padre una carta dónde decía "no veo otro remedio que encerrarla lo más pronto posible, pues su desarreglo va en aumento". Continuó sin saber leer ni escribir, algo impropio de una reina europea en aquella época y con su marido eran constantes las peleas. Sin embargo, tan pronto cometía alguna de sus excentricidades, al momento también se arrepentía, claro que era un arrepentimiento como el que se lleva los millones del banco y no los devuelve.
También tenía un transtorno alimenticio, era bulímica, no tocaba alimento ninguno en mesa, sin embargo, robaba comida que después comía a escondidas, eso cuándo no se zampaba todo lo que tenía delante, hasta casi reventar, pero no reventaba, no y aún por encima se pasaba el tiempo bebiendo vino, cerveza o aguardiente. Provocaba al personal de palacio enseñándoles sus partes pudendas, lo más suave el trasero, pero el coño de la reina era conocido en todo palacio. Siendo ya reina tenía obsesión por lavar ropa y la limpieza en general, que no la suya, limpiaba pañuelos, cristales, baldosas y azulejos y todo ello levantándose su vestido, incluso hizo comprar una bañera en la que lavar prendas con manchas inexistentes.
En cierta ocasión fue sorprendida jugando con tres de sus camaristas al "Broche en cul" que viene a ser "palo en el culo" un juego consistente en dar palos en el culo a alguien hasta que pierde el equilibrio. Incluso se comentó que mantenía una relación amorosa con una de sus doncellas, si aquello fue cierto o solo un rumor no lo sabremos, pero el rey tomó nota y buscó consuelo en numerosas correrías por Madrid. Se ve que esto del adulterio no es cosa nueva. Llegó a escribir el rey "preferiría estar en galeras a vivir con una criatura que no observa ninguna conveniencia, que no se complace en nada, que no piensa en más que comer y en mostrarse desnuda a sus criados. No conviene a una reina de España llevar una vida de la que no puede su marido apartarla, pues aunque le he hablado en más de cuarenta veces, no ha hecho más que burlarse de mis observaciones".
Luis I decidió encerrar a la reina en el alcázar  madrileño. La reina en esta situación no hizo más que suplicar al rey su perdón y mostrar su arrepentimiento. Se ve que el pobre Luis, presionado por tener una reina encerrada o por compasión hacia la que era su esposa decidió liberarla. Sin embargo, Luis I no tardó en enfermar de viruela, unas manchas rojijas le salieron en la cara y su agonía duró cerca de diez días, moriría un 31 de agosto de 1724. La reina, durante la enfermedad de su esposo no se separó de él, a riesgo de enfermar. Como así sucedió, sin embargo la virulencia no fue la misma y tras varios meses en cama se recuperó. Felipe V, a la muerte de su hijo retomó el reinado, e Isabel de Farnesio decidió que lo mejor para la reina viuda sería que se volviese a Francia, dónde estuvo encerrada en un convento, vida que no le gustó demasiado y salió pronto de allí. Moriría en 1742 por hidropesia en el palacio en el que vivía en París, donde fue enterrada, siendo una excepción a los entierros de reyes y reinas españoles del Monasterio de El Escorial.

3 comentarios:

  1. Gracias por contarnos sobre esta reina de la que en realidad se sabe muy poco o poco interés inspira, además del fugaz reinado de su marido. Esta reina si que era Borbónica por todos lados. Interesantes datos e historias nos tiene la monarquía española, gracias por compartir.

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    1. Jajaja, gracias a ti que has sido el único en comentar este post tan currado y de historia, como me gusta a mi, jeje.

      bicos ricos

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    2. La historia me encanta no sabes cuanto y los datos que puede ofrecer la monarquía española son espectaculares

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