jueves, 17 de abril de 2014

Historias de Chueca. Más.

Estoy hecho un gafapasta, me duran nada los libros en mis manos, excepto Danza de Dragones, así os lo digo, que no es que se me haya atragantado, es que siempre me pillan mil cosas de por medio antes de terminarlo, entre otras cosas este pequeño libro de Abel Arana, que a Celso no le gusta nada, y a mi, ya os lo digo, tampoco.

Y sin embargo, pese a mi crítica de la primera parte de esta trilogía, me he zampado en cero coma la segunda, y ya veréis lo que tardo en leerme la tercera. y es que cuándo un libro no es un gran libro, se agradece la brevedad (y no estoy hablando de mi blog), motivo por el cual me lo he leído enseguida y sin esperar muchos días, advirtiendo que ya me he empezado la tercera y final. Y lo peor de todo, engancha.

En Más, Arana vuelve a contarnos las aventuras y desventuras de Alejandro, un gay de provincias que se viene a Madrid a vivir, claro que, en esta ocasión ya tiene una familia postiza montada, sus amigos en la capital. Así es que vuelve con él su mejor amigo, Miguel, esa marica 10 que conseguía el título al final de la primera parte, con su novio Felipe y el hijo de éste, Stephan. No pueden faltar en las historias de maricas, las mariliendres, Matilde, la que había sido su mejor amiga y que ahora está felizmente casada con Juanjo, un bombero y que ha tenido gemelas; y la mariliendre Celeste, una chica un tanto particular que vive con las dudas del lesbianismo o la heterosexualidad. Se suma a este elenco de locas, JuanGa, el vecino locaza y maquillador de Ale, Pablo un nuevo compañero del gimnasio cuya mayor habilidad es meter objetos por el culo a la gente, y entre tanta locura de historia aparecen los hombretones Joserra e Iker, dos vascos que se mudan al mismo edificio en el que vive Ale. y ya están todos los ingredientes para la nueva novela.
 
Más continúa en el punto dónde termina Historias de Chueca, aproximadamente, y vuelve con una trama que a mi en esta ocasión debo decir que incluso me ha intrigado, sobre todo en lo relacionado a Joserra, el hombretón del que cae rendido Ale. Si, hasta casi la mitad del libro no me he imaginado cuál o cuáles eran los misterios que rodeaban a tal personaje, pero, no voy a hablar más del tema que es mucho adelantar.
 
Una vez más, Arana vuelve a meternos a sus divas de la música, como no, de las que ya hizo gala y campaña en la anterior novela. Chuchi, sigo sin entender lo de Marta Sánchez y esa fijación por ella, a fin de cuentas es Muerta Sánchez, que incluso las maricas en Chueca no le tienen ni en consideración, así te lo digo. Pero él erre que erre con la Sánchez, la Naranjo, la Spears, la Madonna (si, en esta ocasión aparece mucho más, recordando la importancia que la reina del pop tiene entre las maricas mundiales), y otra de sus musas, Kylie Minogue. Reparte para todas, eso si, pero no deja como de metérnoslas con calzador. Más sigue la misma tónica, en el lenguaje de Alejandro, en el que no para de meter ese humor telecinquero en el que todos los personajes casposos de la pantalla aparecen una y otra vez, amén de las menciones a La Divina y La Más Grande. Deja de lado un poco a las musculocas del libro anterior.
 
Sí, siguen apareciendo, no lo dudéis, pero menos. Vuelven historias delirantes, casi surrealistas, como no podía faltar en un libro sobre Chueca, y lo más curioso es que probablemente a ti nunca te pasen, pero no dudes de que tu vecino seguro que ha vivido alguna similar, si vives en dicho barrio, claro, porque si algo es Chueca, es un barrio monotemático de lo LGTB, y un parque de atracciones, allí dónde los sueños de las maricas provincianas se hacen realidad, y en ocasiones, se convierten en pesadillas.
 
Coincido con el autor (o con el protagonista, según se vea) en algunas cosas, léase el poco cariño hacia Celine Dion, es que caris, no puedo con ella. Y somos polos diametralmente opuestos con el tema osos a los que Arana se ve tiene cero cariño, o las bollos, con las que Arana sí comparte más y yo las veo, con miedo, mucho miedo, así os lo digo. Y pese a todo, pese a que no me ha gustado tampoco, ahí estoy esperando leerme Telón, el desenlace final y terminar así con estos demonios internos que no hacen más que llevarme la mente a preguntarme qué les habrá ocurrido a los protagonistas del libro.

3 comentarios:

  1. Yo estoy como tú pero con Festín de Cuervos, que me lo compré recién publicado en España, es decir, hará como cuatro o cinco años, después de haber devorado los tres anteriores cuando eran libros que conocíamos cuatro frikis y desde entonces no he podido nunca acabarlo y mira que lo he retomado veces, pero nada de nada, qué le pasó señor Martin?, cuando perdió usted el talento?
    Sobre el libro que comentas no me pone demasiado pero si me vale como idea de regalo para algunos amigos muy chuecadictos

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  2. Ushhh que recuerdos de Chuca nene, te podría contar un par de Historias, como mi última noche ahí conociendo a Javier Gurruchaga, o a un chico bellísimo mestro de inglés de Bostón, a un Canario amable bello y dulce que trabajaba de estilista.

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  3. ¿No le gustan los osos? ¡No sabe lo que se pierde!

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