domingo, 29 de junio de 2014

El Crimen de Don Nilo Aurelio

D. Manuel Ferrero y familia
Volvemos a nuestra sección semanal más morbosa y que tanto os gusta, con esos crímenes que fueron tema de muchas portadas de la prensa nacional en una época en la que nos escandalizábamos por estas cosas, no como ocurre hoy en día, que pareciera que hemos sacado callo.
 
Corría el mes de junio de 1916 cuándo D. Manuel Ferrero Gallego, un hombre acaudalado de Pozuelo de Tábara en la provincia de Zamora, decidió comprarse un molino, las gestiones de dicha compra las realizaría en Madrid, y así fue como se hospedó un 3 de junio en un hostal de la Cava Baja de Madrid, el León de Oro (que todavía funciona). Para la compra del molino había llevado una gran cantidad de dinero en metálico. El día 6 de junio se levantó temprano para tratar esos negocios que tenía pendientes, dejó ordenada su habitación y cerrada, no se volvió a saber nada de D. Manuel en la pensión.
 
D. Nilo Aurelio
D. Manuel Ferrero tenía unos familiares en la Calle Mira El Sol que esperaban su visita, pero éste no llegó a aparecer, y los familiares se pusieron en contacto con su familia en Zamora, al no tener noticias, se presentó su cuñado en la pensión, y allí le dijeron que hacía días que no se pasaba por el local, pero que lo habían visto en compañía de un hombre de poblada barba que tenía cojera hacía un par de días. A su vez, ese mismo día, aparecía ante la autoridad judicial un tal Nilo Aurelio, vecino de la calle de Preciados, que era el administrador de D. Manuel Ferrero, denunciaba haber perdido el contacto con su cliente, con el que había quedado para cerrar un negocio, declaró haber llamado a su mujer y que esta no tenía noticias de su marido, que la última vez que lo había visto había sido dos días antes en el Café Oriental en la Puerta del Sol quedando para el día siguiente, D. Manuel Ferrero llevaría consigo 10.000 pesetas de la época para la compra del molino pero que no había aparecido. Solicitó D. Nilo Aurelio permiso para ausentarse en el Balneario de Arnedillo.
 
Vivienda en Calle Lanuza 18
Pasaron los días, y D. Manuel Ferrero seguía sin aparecer, pero una tarde del mes de agosto, un guardia encontró un paquete en la Plaza Mayor, éste contenía una llave, y la llave pertenecía a una habitación de la Pensión El León de Oro. La noticia saltó a la prensa, y fue así como Federico García, un joven policía del cuerpo de vigilantes decidió investigar por su cuenta y riesgo, entre otras cosas porque él solía ir por el Café Oriental, y porque conocía a D. Nilo Aurelio. Pero había algo que a Federico García no le cuadraba, en la declaración de Don Nilo, éste decía que había visto al desaparecido por última vez en el tren, pero Federico recordaba haber visto ese mismo día a un hombre junto a D. Nilo y el hijo de éste en el tranvía Sol-Ventas, después de la hora que había indicado el administrador. Buscó pistas en el barrio de Ventas, buscando a un señor con barba y cojera, hasta que dio con alguien que le informó de que alguien que se correspondía con esa descripción había alquilado una vivienda en ese barrio, y que no había vuelto por allí desde aquel día, en la calle Lanuza número 18. No dudó en aparecer por allí Federico García, armado con una linterna y su pistola, hasta que se encontró en el interior de la vivienda dónde se encontró el suelo de una de las habitaciones removido, con zonas todavía húmedas, encontró también en las paredes manchas sospechosas y en medio de una chimenea, restos de un hacha y trapos con sangre. Enseguida llamó a sus superiores.
 

D. Nilo Aurelio en sus últimos días
 En la fosa de no mucha profundidad se encontró el cadáver de D. Manuel Ferrero, que según la autópsia fue asesinado por diez hachazos en la cabeza para lo que se utilizó un hacha de manga corta que tenían el filo por un lado y un pico en la parte posterior, se le enterró boca abajo y se concluyó que los autores del crimen tuvieron que ser al menos dos personas. Inmediatamente fue detenido D. Nilo Aurelio en Logroño, así como su hijo. D. Nilo declaró ser el culpable de la muerte de D. Manuel, según él, por una discusión por una deuda pendiente. Se le impuso la pena de muerte, mientras que a su hijo de 17 años se le condenó a cadena perpetua como ayudante del crimen. Don Nilo Aurelio jamás pasaría por el garrote vil, pues falleció años después en la prisión, entre alucinaciones y totalmente enajenado antes de ser ajusticiado.

1 comentario:

  1. Clásico crimen castizo de deudas y ajustes de cuentas... En una época de necesidad acuciante... Cuántas historias guardas en la mochila Pimpfito?..Besotes.

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