domingo, 1 de junio de 2014

El Crimen de la Calle Fuencarral

Mis queridos y morbosos amigos/chuchis de los domingos, hoy vuelvo con uno de estos crímenes de la España negra que tanto os gustan, porque a vosotros os ponen un delito de sangre y os volvéis locos, lo sé. Tras comprobar las últimas semanas que las madres o los padres pueden asesinar a sus vástagos, en esta ocasión traigo un crimen que inicialmente se presenta al revés, uno de los acusados es el hijo de la víctima. Vuelvo, por cierto a ese Madrid misterioso que tanto me gusta.
 
Nos remontamos al verano de 1888, concretamente al día dos de julio. En la calle Fuencarral, en pleno centro de Madrid, un poco más arriba de la Glorieta de Bilbao, dónde ahora se ubica el número 95 de la calle, que anteriormente era el 109, a las dos y media de la madrugada se da aviso a la policía y a los bomberos, alertados los vecinos por el olor a quemado que salía del cuarto piso de dicho edificio y del humo que se percibía. Cuando acudió la policía se encontró el cuerpo semiquemado de Luciana Borcino, viuda de Vázquez Varela (un vigués adinerado) afincada en Madrid y conocida en muchos círculos por sus obras de caridad, tenía cincuenta años y vivía estrechamente. Una señora agarrada y malhumorada que ponía dinero para obras sociales para ser bien vista por la sociedad. En la habitación de al lado dormía plácidamente y drogada con narcóticos la criada de la casa, Higinia Balaguer Ostalé.
 
De la investigación se dedujo que la señora había sido asesinada de tres cuchilladas que le alcanzaron el corazón y que el robo no había sido el móvil del crimen. Al momento la criada fue llevada a las dependencias policiales, y ésta, declaró que el autor del crimen había sido José Vázquez Varela, el hijo de la señora, un señorito madrileño de tomo y lomo, de vida un tanto desordenada y bohemia que había coaccionado a la sirvienta para que colaborase para comprar el petróleo con el que quemar a la dueña de la casa y para que limpiase la estancia. Sin embargo, José Vázquez de 23 años, conocido popularmente como "el pollo Varela" tenía coartada la noche en que se cometió el crimen, se encontraba en la prisión Modelo de Madrid acusado del robo de una capa. La policía sospechó entonces que la autora del crimen podía ser Higinia, tras varias declaraciones que la criada hizo un tanto contradictorias.
 
La opinión pública comenzó a desbordar Madrid. Los principales periódicos dedicaban grandes titulares a la investigación del mismo, haciendose desde aquel entonces muy popular la sección de sucesos. El debate sobre si Higinia o si el Pollo Varela eran el asesino copaba las tertulias de aquel Madrid tan refinado de finales del siglo XIX. Había entonces los Higinistas, defensores a ultranza de la sirvienta y que acusaban al hijo de la señora, y por otro lado, los Varelistas, que defendían al hijo. Tras terminarse las diligencias del mismo, se celebró el juicio en marzo de 1889, el proceso sería largo y terminaría en mayo de es mismo año, siendo acusada de asesinato la sirvienta Higinia Balaguer, una joven de Borja, provincia de Zaragoza, de 28 años y que tampoco era considerada trigo limpio. A sus años había vivido amancebada con un señor cojo, Evaristo Abad Mayoral que regentaba un puesto de bebidas frente a la prisión modelo de Madrid, lugar dónde conoció a José Varela. y conocía al hijo de la señora Luciana por frecuentar dicho puesto. La investigación se complicó un poco más cuándo aparecieron en la investigación los nombres de Lola la Billetera, antigua novia de José Varela a la que este había apuñalado en una ocasión, y que era amiga íntima de la sirvienta; y por otro lado, la presencia de José Millán Astray, director interino de La Modelo que no había dudado en dar ciertos permisos al joven José Varela, que era la tercera vez que pisaba la prisión.
 
Higinia en el garrote, interpretado por Carmen Maura
Y dicho esto, se montó un jurado popular. A José Varela lo defendía Nicolás Salmerón, el que fuera presidente de la Primera República Española. Y yo creo que el debate debió encender al jurado, o que la investigación no se llevó todo al fondo como se debiera. El caso es que Higinia, la sirvienta fue condenada a la pena capital en el garrote vil, el hijo de Luciana absuelto de los cargos imputados aunque entraría en prisión tiempo después por la caída de una prostituta de un piso de la calle Montera, cayéndole 14 años, pero del crimen de su madre quedaría totalmente libre. También fue declarado inocente José Millán Astray, y a Lola la Billetera le caerían 18 años de prisión.
 
El 19 de junio de 1890, se ajusticiaría a Higinia Balaguer, en presencia de público, siendo esta la última pena de muerte pública en España, si no estoy equivocado. El vergudo sería Gregorio Mayoral, y la penada, antes de subir al patíbulo gritaría: "Dolores, catorce mil duros", algo que dejaría a todo el mundo pensando en qué habría querido decir con aquello. Yo creo que el crimen fue mucho más complejo que lo que se dirimió en la sentencia. Hay mucha coincidencia entre los acusados y creo que al final se fue a lo más sencillo, que era, como en todas las novelas policiacas, acusar al mayordomo. Las entradas y salidas del Pollo Varela de prisión con el consentimiento de Millán Astray, la relación entre Lola la Billetera y el director interino de la prisión, la amistad entre la criada y este personaje que cumplió sus 18 años de cárcel, y la relación del pollo Varela con todos ellos, la entrada de la sirvienta a trabajar solamente seis días antes del crimen, toda una serie de incógnitas que hoy, a la Guardia Civil no se le habría escapado.

2 comentarios:

  1. Caray! Digno de una película!! En estos tiempos el crimen se había resuelto en dos trazos!!!

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    1. Pues sí que es digno de una película, no de una, de dos, de hecho se ha rodado El Crimen de la Calle Fuencarral para la serie La Huella del Crimen, en los ochenta, y muchos años antes, se habían basado en esta historia para grabar El Crimen de la Calle Bordadores.

      bicos Ricos

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