domingo, 8 de junio de 2014

El Crimen de Ricardito

Cuándo Madrid todavía tenía murallas, se construyó afuera de estas, en una zona entre el parque del Retiro y el río Manzanares, una estación de tren para unir la capital con Aranjuez, de dónde partía un tren hacia Murcia y Alicante, a la estación le llamaron la Estación del Mediodía, que actualmente conocemos como Estación de Atocha y que vivió su momento más triste el 11 de marzo de 2004 con el atentado terrorista que provocó 192 víctimas mortales y 1858 heridos. Sin embargo, y hasta esa fecha, la estación había vivido también uno de los sucesos negros que sacudieron la capital, y no solo la capital, también la ciudad condal, el conocido crimen de Ricardito o del cadáver descuartizado.
 
Unos meses antes del crack del 29, cuándo la ciudad de Madrid se preparaba para celebrar el 2 de Mayo, Pedro Vicente, un mozo que trabajaba en la estación se dispuso a abrir aquellos paquetes cuyos destinatarios, pasado algún tiempo, no habían pasado a recogerlos, el siguiente paso sería la subasta pública. Y fue así como le llegó el turno a una caja de un metro de alto por sesenta centímetros de ancho, que según las etiquetas decían, portaba maquinaria. El envío databa del 10 de diciembre de 1928, a portes debidos por valor de 24,81 pesetas por el envío y almacenamiento. Al abrir la caja el fuerte hedor que despedía llamó la atención al mozo, que horrorizado vio como dentro de la misma había el torso de lo que había sido una persona con las piernas cortadas por encima de las rodillas, a la izquierda una pierna, y pronto descubrirían que debajo había otra de las piernas, de la cabeza ni rastro y las manos tenían las uñas perfectamente recortadas y cuidadas, con un mechón de pelo en una de ellas. El hedor era muy fuerte, sin embargo, pensaron que el cuerpo había sido tratado con productos de embalsamamiento. Se llamó inmediatamente al juzgado de guardia.
 
Y no tardaron en hacer público el hallazgo y datos sobre el mismo, hasta que al día siguiente se personó Vicente Cristell ante las autoridades, temiendo que dicho cuerpo se tratase de su amigo Pablo Casado, un empresario que vivía a caballo entre Madrid y Barcelona. En Madrid decía tener una prometida y en Barcelona vivía con su criado, dónde también tenía una empresa de empaquetado. Reconoció el cadáver porque éste solamente tenía un testículo, ¿cómo lo sabía? Ahora lo entenderéis.
 
Conocida la víctima, ahora solo faltaba resolver la autoría del crimen y a través del empresario Eduardo Badía encontraron a Ricardo Fernández Sánchez de 25 años de edad y a José María Figueras Jesumandrea, un joven acaudalado barcelonés. Tras interrogarlos durante varios días, finalmente Ricardo Fernández al que se conocía como Ricardito no tardó en declararse culpable de la muerte de Pablo Casado, para el que trabajaba como criado; para ello procedieron a la reconstrucción del crimen en el taller que dirigía el empresario, allí, delante de las autoridades se encontraba una caja igual a la que Ricardito supuestamente había utilizado, pensando este que dentro se hallaban los restos de Pablo Casado comenzó a gritar que él había sido el culpable pero que por favor no abriesen la caja. Comenzó a relatar cómo y por qué lo había hecho.
 
Se habían conocido cinco años antes, en Madrid, en una tertulia del Café de Correos; Pablo estaba montando una modesta fábrica de cajas de cartón en la calle Orteu. Ricardito tenía gestos afeminados, vamos, pluma que le decimos ahora, y solamente era contratado como criado, así fue como coincidieron tiempo después en Barcelona y cómo pablo lo contrató. Se decía que ambos tenían comportamientos de dudosa moralidad y ambos aparecían en alguna fotografía muy juntos ¡el amo y el criado! ¡Lo nunca visto para la época! Sin embargo, esta buena relación comenzó a torcerse, la mala situación económica que atravesaba el empresario que le debía dinero a su sirviente, y la intención de Pablo Casado de despedirlo para hacer frente a esos gastos y comenzar una nueva vida, fuera de las habladurías y de estos comportamientos que últimamente tenía de homosexual. Vamos, lo que ahora llamarían "curación milagrosa". Pero Pablo Casado, despechado y humillado por el señor no tenía intención de ser abandonado, fue así como la noche del sábado 8 de diciembre, mientras Pablo Casado dormía, cogió una plancha y le asestó varios golpes en la cabeza que terminaron al instante con su vida. Ricardito volvió a su cama.
 
Al día siguiente, pensando bien lo que había hecho, comprobó que Pablo estaba muerto y se dispuso a deshacerse del cadáver, para ello utilizó una de las cajas con las que trabajaban en la empresa, cogió un cuchillo y cortó el cadáver, en las zonas dónde había hueso utilizó un serrucho. Envolvió bien el cuerpo entre periódicos y algodones, con el fin de que no soltase demasiada sangre. Su cabeza la metió en otra caja, también envuelta entre periódicos. Dejó la caja al día siguiente en la empresa, a la vista de todo el mundo, y al día siguiente, ya laborable, se acercó con una carretilla a facturarlo con destino Madrid a nombre de J.G. 58. La cabeza se la quedó, para deshacerse de ella en otro lugar y que no pudiesen reconocer al cadáver. La envolvió bien para que no soltase sangre y se fue a Barcelona en tranvía, hasta llegar a la aduana, y a cien metros del Club Náutico encontró en aquella noche lluviosa un barco de nacionalidad extranjera, el Montevideo, subió a él y por una de las bordas tiró la cabeza que se hundió al momento, haciendo un ruido que llamó la atención al vigilante del barco, sin embargo, la cabeza nunca llegó a aparecer.
 
Concluye así un episodio negro, un asesinato entre pasional y económico por el que Pablo Casado, un empresario homosexual fue asesinado por su sirviente y pareja sentimental, Ricardito. Posteriormente fue llevada al cine para la serie La Huella del Crimen bajo el título de El Caso del Cadáver Descuartizado, dirigido por Ricardo Franco y protagonizado por Juan Echanove en el papel de Ricardito y José María Pou en el de Pablo Casado.

3 comentarios:

  1. Uy... Este no me suena de nada... Y mira que era fans de "la huella del crimen"... Historia increíble y rocambolesca como todas las de la España negra...¿ para cuándo el Sacamantecas...? Besotes.

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  2. Me hiciste recordar a un libro de derecho penal sobre casos sonados en Lima, ahora lo buscaré y lo leeré esta tarde de domingo.

    Saludos.

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  3. En La Huella del Crimen, Echanove hace de periodista y Pou de policía. El que hace de Casado es Francisco Guijar, y el que hace de Ricardito, Arnau Vilardebó.

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