martes, 16 de septiembre de 2014

Mi compañero de piso entiende (I)

Chuchis, tranquilos, que Gordi no se ha cambiado de acera, que no es de los que ven el fútbol para ver las piernas de los jugadores, que él sigue siendo igual de hetero que siempre, que tenemos nuevo compañero de piso, y creo que entiende.
  
Como me parece que os conté en su momento, Adele, esa chica tan maja que vivió con nosotros el último año, dejó el piso a primeros de julio, como estaba pactado de antemano, y tras varios intentos infructuosos a la desesperada por parte de Gordi para que se quedase, la chica definitivamente se fue, rompiéndonos el corazón, sobre todo a mi compañero de piso, y dejando un hueco, o mejor dicho, una habitación (la de follar) vacía. Y comenzó la búsqueda, también infructuosa de un nuevo compañero de piso. Ya no le pedíamos que fuese ni un cuarto de majo que Adele, que sería casi imposible. Ahora lo que se trataba era de encontrar compañero de piso a toda costa. Y así estuvimos entre julio y agosto, con la habitación del folleteo vacía, esperando un nuevo ocupante, y a finales del mes de agosto, una buena tarde, Gordi me dijo que teníamos ya nuevo compañero de piso, que no lo conocía y que veríamos qué tal.
 
Teníamos pocos datos sobre él, que era un chico, y al parecer, joven, porque es estudiante de Erasmus, y de un país del este de Europa próximo a Rusia, finalmente, que estudiaba una carrera de letras, literatura o filología, Gordi no me supo precisar. Y yo con esas pocas pistas y no pocas dudas me aventuré a pensar para mis adentros que mi nuevo compañero de piso era gay. Y es que tenía todas las papeletas, de un país católico, jovencito y estudiando literatura ¿Se necesitan más indicios?
 
Y aquí comenzó una semana de dudas e ilusiones. Yo bromeaba mentalmente con que el nuevo compañero de piso sería un chico tirando a rubio, con unos ojazos azules impresionantes, delgadito y frágil, homosexual, y por supuesto, guapérrimo, y en esas estuve toda la semana, pensando cómo podría ser ese chico que había dado con nuestro piso a través de un amigo. Sin más pistas. Encontró la habitación por Internet y se puso en contacto con Gordi, y éste lo que hizo fue meterle prisa, porque según él, o aceptas la habitación ahora, o te arriesgas a que te la quiten porque estamos en época de cambios de alquileres, y como el chico estaba en su país católico del este, mandó a un amigo para que viese el piso. Parece que le convenció. Supuse que el amigo de nuestro nuevo compañero de piso no era gay, y empecé a desmontar mi teoría sobre el primer compañero de piso gayer de la historia, porque solo un no gay podría entrar en una leonera de piso como el nuestro.
 
Llegó el ansiado día en que llegó nuestro compañero de piso, e inicialmente no me saltó el radar, así os lo digo. Llegó un domingo al mediodía, yo sudaba por todas partes, y mucho, porque estaba limpiando los cristales al sol, con mi pantaloncito futbolero y mi camiseta de Alfredo Landa, solo me faltaba en la cabeza un pañuelo con cuatro nudos en las esquinas. Venía acompañado por una chica, que no podría precisar yo su nacionalidad, pequeña como asiática o sudamericana, morena como asiática o sudamericana, entre filipina y boliviana, una mezcla extraña. Pensé que sería su novia, un nuevo hetero en el piso y con chica, para hacer honor a lo de la habitación del folleteo. Me dió la mano nada más llegar.
 
Mi primera impresión cuándo me dió la mano es que nuestro nuevo compañero de piso, al que llamaremos T. no era gay, algo tímido si, porque no puso demasiada fuerza en el gesto al darme la mano, no sé si es porque yo sudaba o porque él no da apretones de mano fuertes. El chico es alto, ya os lo digo, un metro ochenta y pico, y vestía un pantalón vaquero gris y camiseta de asas, que tampoco me llamó excesivamente la atención porque con el calor que hacía, cualquier otra prenda que no fuese de asas sería algo extraño con aquel calor de mil pares de cojones como diría mi padre. De piel clara, y tampoco esperaba menos, y con pecas en la cara y parte de los hombros, ojos claros, tirando a azules pero nada como para lanzarse, y una leve sonrisa tampoco muy llamativa con una perilla entre castaña y pelirroja, una mariflaca, eso si os lo digo ya, flaca flaca, pero vamos, de las de no me claves los puñales. Un europeo en toda regla, pero me llevé un poco de chasco, así os lo digo, lo tenía ya tan idealizado, y tan gay en mi mente, que no pude por más que quise deprimirme un poco. Y nunca más se supo de él, llegó y descargó dos maletas grandes y se fue por la misma puerta por la que entró, no volvió a dar señales de vida hasta hace un par de días.
 
Me resistía a pensar que mi teoría sobre la presunta homosexualidad de mi nuevo compañero de piso había caído en saco roto tras una primera visual y un radar mal colocado, decidí comenzar a indagar, pero eso será ya cuestión de otro post ¿no?

4 comentarios:

  1. ¿Y qué haría en tantos días de ausencia?

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  2. Bueno, de primeras no parece muy gay pero ya nos irás contando. Y sí, los estereotipos hacen que nos llevemos chascos, en Escandinavia hay mucha gente que tiene el pelo negro y no por ello son menos suecos. por ejemplo.

    Bicos.

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  3. Mmmmm genial cari, me lo imagine todo me recordaron los post de Christian Ingebrethsen.. ios mío sigo diciendo es impronunciable... me vengare poniendome Alvaro Tlatelolco Huitxilopoztli

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  4. jajajajajaja a mi no me gusta el chisme lo aclaro!! jajajaja pero estare pendiente de la siguiente entrada jajajaja

    Yo por eso no imagino ni elucubro sobre nadie! y las sorpresas que me he dado, cuando renuncio un amigo de contabilidad supuse que contratarian a otro pata parecido a el, pero nunca me imagine que contratarian al modelazo que han traido, una perfecta 90/60/90 de buena talla coqueta como ella sola! un deleite a los ojos, extrañamos a mi amigo uno o dos dias a lo mas ! jajajaja

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