martes, 23 de septiembre de 2014

Mi Compañero de Piso Entiende (II)

Ya os conté en post anteriores que tengo la firme convicción de que mi nuevo compañero de piso entiende, vamos, que hablando en plata, es maricón (sin ofender a nadie, que lo suelto con sentido del humor), aunque si lo preferís, yo diría que es homosexual, y ahora es cuándo me tacharéis de retrógrado por estar pendiente de la sexualidad de las personas y estas cosas, pues no os falta razón, aunque es de vital importancia conocer un detalle así cuándo un chico de 25 años se va a vivir a la habitación de al lado, por lo que pudiera pasar, porque cada día estoy más irresistible y en cualquier momento se me podría abalanzar.
 
Os dejaba en el anterior post de la saga, con una presentación insulsa dónde no me saltó el radar, pero que algo había en su delgadez que me hacía pensar que era una mariflaca, así que decidí seguir mi instinto y llegar hasta el final con mi teoría sobre la presunta homosexualidad de mi nuevo compañero de piso. Me puse a pensar cómo saber si es gay o no, y en momentos así se te pasan por la mente cincuenta españolismos, o Alfredolandismos, soluciones a la española para hacer algo, argucias que dirían en la serie La Que Se Avecina, ¿provocarle en calzones por la casa? ¿Poner a todo volumen una película porno gay? ¿Colgar la banderita gayer? No, esto último sería sobreexponerme demasiado, y os recuerdo que sigo siendo armarizado por convicción para lo que me conviene, más que nada por preservar mi intimidad y por falta de testosterona, probablemente. No se me ocurría nada, así que, plan B, el que siempre funciona, siesta y como haría Rajoy, dejar pasar el tiempo, que por unas causas o por otras, las cosas se solucionan o tornan en sus puntos de inflexión. Dormí placidamente, así os lo digo, y me olvidé de mi nuevo compañero de piso.
 
Pocas horas después abría un arma importantísima, por puro instinto, que demostraría que mis teorías sobre esta presunta homosexualidad iban por buen camino, aunque sin ser pruebas concluyentes, claro. Abrí una de esas aplicaciones del demonio de los móviles que te dan un catálogo de chicos e incluso te los clasifica por su posición en la cama. Aparecían las mismas caras de mis vecinos de siempre, nada que llamase la atención, entre ellos, el vecino italiano de enfrente sobre el que no me hizo falta ninguna investigación especial para saber que le gustaban los hombres, hay cosas obvias. Abrí otra de las aplicaciones, una más simple y de colores más llamativos, y aquí también estaba mi vecino de enfrente, el italiano, pero ¡oh, sorpresa! había por proximidad alguien más cerca, un chico de 25 años, a 2 metros de distancia de dónde yo estaba, decía medir 181 y pesar 70 kgs, y por si fuera poco, añadía una foto. Todo un mar de dudas, así os lo digo, porque aquí vino la incertidumbre.
 
Al momento pensé que era él, estaba convencido, tenía la prueba que demostraba su homosexualidad, a no ser que se conectase para hacer algún estudio científico. Claro qué, había cosas que chirriaban, una de ellas el peso, porque mi compañero de piso T. ya os había dicho yo que era una mariflaca, y cuándo digo mariflaca es que pesa mucho menos de los 70 kilos, vamos, rozando más bien los sesenta que los setenta, pero sin una báscula, sin verlo desnudo tampoco podría afirmar si el peso era el cierto o no. Y en segundo lugar, la que pensaríais que era la prueba definitiva, la foto. Pues ni con esas, la foto era de un chico como él, pero sin perilla, nada que no se solucionase dejándosela crecer, y con cierto aire, pero aún así yo no pondría la mano en el fuego porque fuese él, y es que aunque en una primera visual a mi el chico no me pareció gran cosa pero es que el de la foto a mi me llama mucho menos la atención, y encima con cara de estreñido, así os lo digo. Curiosamente, cada vez que él salía de casa, la distancia de este chico en la aplicación del demonio aumentaba, y cada vez que volvía, disminuía.... curioso...
 
Sabía que iba por buen camino en mis investigaciones, que pronto podría afirmar su gaycidad, pero, necesitaba pruebas más concluyentes, porque por mi calle pasa mucha gente, y a ello hay que sumar lo expuesto anteriormente y que estas cosas de localización por satélite en dispositivos móviles, son muy poco exactas, por lo que, mi investigación seguiría su curso, cada vez estaba más convencido de esta gaycidad.

4 comentarios:

  1. Uhhhhh, piensa que mucha gente cambia un montón entre una foto y una realidad. Uno por ejemplo puede salir muy bronceado y con barba en una foto y que luego te lo encuentres paliducho y sin vello facial. Yo creo que está cantado lo de tu nuevo compi.

    Bicos.

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  2. Date cuenta de que cada uno elige la foto en la que cree que sale mejor para atraer a más chulazos por minuto, ¡aunque luego vean la realidad y salgan corriendo!

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  3. Jujuju... no confío en Grndr... fiascos, y además eso de la exactitud es extraño, a veces por mi casa dice que hay como mil locas y nunca veo ninguna., en todo caso en mi nuevo hogar deberé utilizarlo, que ahí no conozco gente y hay mucho chacal (chacal: dícese de macho hortera tipo albañil u obrero en México)

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  4. jajajaja pues estas hecho todo un investigador, yo imagine que el hacia lo mismo contigo que husmeaba entre tu basura y coleccionaba los vellos que vas dejando por la casa jajajaja
    caray, habra que esperar el desenlace! jajaja

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