lunes, 27 de octubre de 2014

Mi Compañero de Piso Entiende (VI)

A este post podríamos titularle "Mi compañero de piso entiende (VI). La botella de vino". ¿Y me diréis que no tienen relación ninguna una botella de vino y la presunta homosexualidad de mi compañero de piso? Pues es todo lo contrario a lo que yo he pensado, porque a raíz de eso ya me hice en mi mente una nueva teoría de estas tan disparatadas que os gustan tanto.
 
Una vez más, Pimpfito en la cocina, ataviado con un delantal de lunares tipo folclórica, mi pantaloncito de fútbol, una camiseta interior de asas tipo Alfredo Landa y unas pantuflas monísimas de estas clásicas de cuadros preparando unas lentejas de estas que quitan el sentido y que se me dan tan bien, modestia aparte. Y suena la puerta, uno de mis compañeros de piso acaba de llegar y es concretamente el chico sobre el que tengo yo la teoría de que es gayer, entre otras cosas porque es joven, de un país católico europeo y estudiante de una carrera de letras, porque cotilleando sin querer vi que tenía un bote de popper bajo su cama, porque en esas aplicaciones del demonio aparece un chico muy parecido a él, ese compañero que creí desaparecido por unos búlgaros tras hacerle un butrón por atrás pero que apareció semanas después. Si, ese que os encanta.
 
Pues llegó como siempre, educada y tímidamente saludó, apoyó sobre la mesa de la cocina una bolsa de la compra. Y aquí otro pequeño inciso, porque este creo que podría ser otro síntoma de homosexualidad manifiesta. Mi compañero de piso solo hace la compra en el supermercado de El Corte Inglés, y bien esto puede significar que es muy pijotero o bien que es un poco mariconazo, pero esto es solo una teoría mía. De la bolsa sobresalía una botella de vino blanco. Y hasta ahí puedo leer. Que no, malpensados, que ya me hice yo una teoría sobre esa botella. Viernes al mediodía, y con una botella de vino blanco. Este se piensa que esto va a ser cómo todos los últimos fines de semana y que tendrá el piso para si solo, que podrá volver a llamar a su apolíneo y melenudo amante que me dejó tres pelos largos en la bañera, y ahí conseguir un certificado de sodomita español. Claro que, ese fin de semana tanto Gordi como yo estaríamos por allí.
 
Seguí dándole vueltas a la teoría del vino, porque quizá fuese a preparar una cena super romántica, con velas y de fondo sonando esa música de sesiones hardsex que se pone que parecieran de una película porno dónde a uno le meten puños por el ojal. Me imaginé a un chico con el pelo largo de perfil griego, dispuesto a hacerle un butrón allí mismo, dónde Gordi duerme la siesta todos los días con la camiseta medio levantada enseñando barriga. Una velada perfecta que, yo no es por ser marica mala, pero estaba convencido de que no llegaría a ocurrir. Y minutos después, mientras yo fantaseaba, la botella de vino desapareció. Pero no os penséis que era vino para cocinar, que siempre estáis dispuestos a darme contrateorías, no, era un vino blanco bueno. Bah, quién dice bueno, dice un vino blanco de Valdepeñas o algo así, pero vamos, sin llegar a un nivel de Albariño. Yo le calculo tirando por lo alto unos seis euros la botella, que a mi esa marca no me sonaba, por lo que muy pijotero tampoco es. ¡Que me desviáis del tema! Que se llevó la botella. Y yo pensé que ya que en el piso no iba a tener la intimidad suficiente, se llevaría la botella de vino a alguna cena romántica con un chico de Roma engominado y con la camiseta abierta casi hasta el ombligo, dispuesto también a hacerle un butrón. Pero no, mi sorpresa llegó por la noche, cuándo el chico este salió de casa y dejó en el lugar dónde guardamos los envases de vidrio para reciclar con la botella vacía. ¡Se había pimplado él solito durante la tarde la botella de vino!
 
¿Y en qué queda mi teoría de la cena romántica? En nada, una nueva teoría frustada. Claro que, mi mente maléfica ideó una nueva teoría. La teoría del autobotellón, que por lo visto no soy el único en el mundo que la practica. Un autobotellón y un buen pedete ¿Para qué? Pues para eso que todos estáis pensando, para irse de juerga por el Madrid oculto, para quedar en un piso de Carabanchel con dos latinos dominicanos, un chico de Palencia y tres eslovacos delgados de ojos azules como recién sacados de una película porno de esas centroeuropeas y poner el culito en pompa dispuesto a que le hagan un megabutrón. Esa noche llegó a las cuatro de la madrugada, y yo estaba ya como una madre, nervioso y sin poder dormir pensando si le habría pasado algo. Porque después de todas estas teorías, sigo pensando que mi compañero de piso es gayer ¿Qué explicación le dáis vosotros a la botella de vino?

5 comentarios:

  1. Me dejas sin palabras porque precisamente lo último que me esperaba es que se pillase un pedete él solo. No viene a cuento pero me recuerda mucho a una madre soltera que era usuaria de un foro que frecuento mucho y decía que no tenía a la niña se pillaba unos pedos de amaretto ella sola que luego no conocía.

    Bicos.

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  2. Igual le dieron plantón al pobre, y para ahogar sus penas se la pimpló él solito.

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  3. Pues yo como buen fan del vino blanco opino que fue un lapsus de " Es un pequeño lujo, pero creo que lo valgo".

    Seguro con sus amantes bebera calimocho hasta desvanecerse, que para una tarde un vinito sabroso, un buen queso, o unas pastas sirve.

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  4. Lo mismo simplemente si era viernes pues bebió para ir luego de marcha.

    Salu2!

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  5. La utilizó para hacer un vídeo erótico gay destinado a su partenaire de festival... Al que vería poco después... Lo veo, lo veo... Besotes.

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