martes, 12 de julio de 2016

Una camisa muy bonita

Mañana de un lunes de agotador sol que empieza a estar casi en lo más alto. Mediodía, el momento de descanso del trabajo, un merecido descanso tras aguantar durante casi dos horas a la zorra de mi jefa y sus caprichos, salir a la calle y que esa ola de calor de invada desde el suelo hasta la cabeza, y comenzar a chorrear sudor. Un café con hielo en una cafetería cercana y atender algunos mensajes en el teléfono acumulados durante la mañana. Finalmente, acercarse a la frutería para comprar algo fresco de fruta que llevarme a la boca, y encontrar una calle tranquila en la que poder comerla y que a su vez me de algo de sombra. Misión conseguida.

Mientras ojeo el teléfono, por el rabillo del ojo veo a una señora mayor que se aproxima por un lado, provista de una pequeña sombrilla cerrada para, dado el caso, protegerse del sol. Se trata no de una señora mayor, es una anciana, con el pelo largo y rizado, entre castaño y blanco, muy delgada, preparada para hacer sus labores matinales sin pasar excesivo calor. Se acerca y me gana al segundo. Me llama "Joven", en un mundo en el que ya me llaman señor, y no es cuestión solo de que lleve barba.

No era esta, pero un aire le gastaba
"Joven, sepa usted que lleva una camisa muy bonita" - mi mirada de sorpresa ante la "loca" que se acerca a decirme algo en la calle. Pienso que me va a piropear - "Puede usted felicitar a su mujer, que tiene muy buen gusto, ya lo creo que lo tiene, le ha comprado una camisa muy bonita". - sigo mirándola con cara de sorpresa, pero le respondo que además de bonita, que ya lo creo que es bonita, es muy veraniega. 

"Pues si, señor, muy veraniega, muy apropiada para Madrid, supongo que habrá dado ya las gracias a su mujer por comprársela". Le contesté afirmativamente, como para sacarle esa idea de la cabeza, de que no había realmente ninguna señora, es más, ni ningún señor, que me la había comprado yo, una simple camisa barata en una de estas grandes superficies de ropa, una camisa de manga corta y cuadros, blanca y azul, bonita, eso si, que yo no compro cualquier cosa. No le quise sacar la idea de la mente.

"Es que le voy a decir una cosa, hoy en día nadie dice las cosas, y las cosas hay que decirlas, las buenas y las malas, las buenas no sé por qué no se dicen más, no cuesta nada decirlas, y esta camisa es bonita y así se lo digo, las cosas malas también hay que decirlas, si la llevase usted sin planchar, yo se lo diría, muy amablemente, no hay que ofender, aunque no es el caso, o si la llevase mal, o tuviese mal el cuello, sin faltar al respeto, pero sería bueno que lo supiese, y no tendría por que enfadarse. ¿Sabe? Así me lo enseñó en su día mi madre, cuándo eramos mis hermanos y yo muy pequeños, a todos nos inculcó esto de que las cosas hay que decirlas, las buenas y las malas, pero que hay que ir siempre con la verdad, sin hacer daño a nadie. Ahora es una pena, que gente como ella, que nos enseñó esas cosas ya no esté con nosotros."

Le contesté que era ley de vida que unos se fuesen antes que otros, pero que sin embargo, aunque ella no estuviese ya entre nosotros, por razones obvias, había dejado algo muy bonito, una enseñanza preciosa a su hija, y unos valores que ya le gustaría a muchos tener. Tanteé si esa mujer estaba mal de la cabeza, no me lo pareció, pese a ese discurso tan extraño en la calle. Le dije que mensajes así, transmitidos de unos a otros podrían llegar a otras generaciones si los íbamos transmitiendo unos a otros. Volvió a felicitarme por la camisa, que habrá cientos de camisas preciosas.

Esta mañana repetí la operación, volví a tomarme mi café y a comer algo de fruta en la sombra del callejón, un momento después volví a encontrarme con la misma señora, que venía en otra dirección, me saludó, me había reconocido, no estaba loca, aunque mi camisa ese día no era tan bonita como la del día anterior.


4 comentarios:

  1. Como bien dices de loca no tiene nada la señora, más bien diría que es una nostálgica que dice verdades como puños. ¿Sigue Minoviescu en la cafetería?

    Bicos.

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  2. Ay... qué disgusto, que va. Llevo ya más de tres años sin verlo. Mismo lo han deportado a Rumanía. :(

    Bicos Ricos

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  3. Cari.... ya no deportamos Rumanos. .. cosas de la UE.... jajaja
    En cuanto a la Señora... me encanta entablar conversación con gente mayor! Siempre me ha gustado... me parece enriquecedor oír y aprender de sus historias y sus palabras. Bendita locura la de nuestros mayores.
    Por lo demás.... estás hecho un sibaritas!
    Besotes!

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  4. Por llevar una camisa preciosa? Chuchi, que yo siempre he tenido estilo, no te vayas a creer.

    Bicos Ricos

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