Caris, para celebrar mi más que merecido ascenso me he ido de viaje con los amigos a León, a la que fuera capital del Reino de León y Galicia en tiempos de la reconquista, vamos hace una porrada de tiempo, tanto que ni Sara Montiel había nacido aún. Así que el viaje ha sido entre viernes y domingo, tiempo más que suficiente para conocer la ciudad (que yo ya conocía) y para hacer una pequeña escapada hacia los picos de Europa, concretamente hacia las cuevas de Valporquero, que era el objetivo.
León nos esperaba con una temperatura suave, con los bares atestados de gente que veían por la tele la final del partido de copa del rey. En nuestro planning entraba cenar con unos vinos y unas tapas, algo muy típico de León y disfrutar del partido. Pero antes de que saliésemos del hotel ya estaba el pescado vendido, el Barcelona ganaba por 3-0, resultado con el que finalizó el encuentro. Si, nos perdimos la pitada al himno nacional promovida por Esperanza Aguirre. Y entre vinos, cañas y tapas se nos fue la mano de una noche fría, varios locales de copas, controlando el ambiente de la ciudad. Que ambiente gay ninguno o muy poco, a excepción de una discoteca en la que nos metieron avanzada la noche, algo mixto y muy buena música.
El sábado amaneció con un sol que prometía un día caluroso, y aprovechamos para recorrernos el centro de la ciudad, tras el desayuno y alguna que otra caña. Todo estaba allí, en su sitio, igual que la última vez que estuve en la ciudad, todo fueron recuerdos. Las dos últimas veces que estuve en León fui en viaje romántico con Billy Sive. Cada local que recorrimos, cada calle, cada monumento, todo estaba allí, como queriéndome martillear la cabeza a base de sensaciones y una profunda tristeza. Conocí bien León, yo mismo hice de guía a mis amigos cuando los oriundos no estaban. Ambiente gay había muy poco como ya he dicho, pero maricas como en todas partes del mundo, ahí fue que tuve mi momento de gloria cuando una amiga me dijo "al chico este le has gustado". Efectivamente, y sin llegar a desplegar del todo mis encantos.
La tarde la reservamos para irnos a la montaña, concretamente a la cueva de Valporquero. Una cueva inmensa a 1.300 metros de altitud, situada bajo el pueblo de Valporquero de Torío, con una entrada impresionante y varias zonas abiertas a los turistas y otras zonas todavía más grandes solamente visitables por espeleólogos. La cueva, para los que no han estado en ninguna cueva es impresionante, no solo por las estalagtitas, estalagmitas y otras formaciones geológicas, a mi lo que más me ha impresionado es la amplitud de las mismas. Con una temperatura que siempre permanece constante a 7º y dónde se puede enfriar tranquilamente una coca-cola. Yo si no habéis ido ya os estoy recomendando que vayáis y además de la cueva hay por allí un mirador a todo el valle entre los afilados picos, aunque lo que realmente impresiona es el camino para llegar hasta Valporquero de Torío, impresionante su recorrido paralelo al río Torío y bajo unos picos altísimos que, por lo que decían, recordaban al Yosemite Park, aunque esto es un extremo que yo no os podría confirmar.
El sábado termina con un festival de Eurovisión que a nuestra forma de entender estaba ya más que preparado y donde la ganadora no nos gustó, ni nos convenció ni nada, vamos, al lado de nuestra Pastora Soler nada que ver, y España como siempre un discretísimo papel. La cena a base de tapas y vinos nuevamente por el Húmedo, ese barrio monotemático del buen comer, terminó en la iglesia de San Isidoro, presenciando un espectáculo de luces y sonido sobre la fachada de la misma que explicaba la historia del reino de León. Claro, y luego más copas bajo un frío brutal. Y con una moña de importancia nos recogimos.
Y como todo lo bueno se acaba tarde o temprano, Pimpfito se levantó temprano el domingo para dar un paseo solitario y para tomarse un desayuno rodeado de señoras que superaban los 60 años, todas muy enjoyadas, mientras esperaba al resto de gente que dormía plácidamente. Esa mañana tocaba paseo hacia el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, aquel que fuera parte de una de nuestras cabeceras del blog, eso y el Hostal de San Marcos, la otra joya de la ciudad junto con la catedral. Por la tarde ya muy cansados, tocaba volver a Madrid.
¡Qué bonito es viajar, caris! Yo no sé como no visitáis más León, y si no es León, otras ciudades que os queden cerca de dónde estáis, si es que, conocer mundo nunca está de más, y más que nada para que tengáis cierto éxito en mi concurso ¿Dónde te escondes Carmen Sandiego?, que siempre puedo ser muy puñetero.
PD.: Bueno, y Cuenca, Cuenca tendrá que esperar.


