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miércoles, 20 de junio de 2012

Carteristas en directo

Tener como amor platónico a alguien que trabaja en las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado tiene una ventaja, terminas conociendo a muchos delincuentes comunes de estos que entran por una puerta de la comisaría y a las pocas horas están en la calle delinquiendo ya otra vez, los más habituales, los carteristas, de los que la policía nacional tiene identificados a más de 500. Yo no conozco a tantos, solamente a aquellos con los que me he cruzado por la calle. Una de mis grandes ventajas es tener mucha facilidad para recordar las caras, así fue como el pasado domingo me encontré a tres de ellos en la estación de Plaza de España del Metro de Madrid.
Sin ser una hora punta, ni uno de los días que más suelen trabajar, un domingo al mediodía entro en la estación de Plaza España, para coger la línea 10. Nada más entrar en el metro veo algo raro, un tipo de rasgos morenos, extranjero, guapo y con aspecto de ciudadano de pais del este increpa a unos turistas de aspecto anglosajón, no sé si les han cogido intentando robar o si por el contrario buscaba distraer la atención de los turistas, detrás de los guiris venían dos chicas también morenas, también del este. Yo llevaba una mochila sin nada de valor dentro, ropa cómoda para estar por casa de D. y un libro, mi cartera siempr en el bolsillo delantero y el teléfono igual, y a poder ser, las manos en los bolsillos. Las chicas se vuelven y me siguen. Las había ya reconocido, al igual que al chico. En las escaleras mecánicas no dejan de mirarme y me giro sin perderlas de vista. Espero el metro, ellas se sientan en un banco a diez metros, sigo sin perderlas de vista. Ellas no pierden de vista ningún detalle ni ningún movimiento que haya en la estación. Pasa una señora mayor, con su bolso delante, camina muy despacio, pienso que puede ser una posible víctima, pero pasan de ella, les ha llamado la atención una inglesa con su bolso al costado, van detrás de ella por toda la estación. Llega el chico, pierdo a los tres de vista.

Se aproxima el metro a la estación, nuestros carteristas se acercan nuevamente a la zona. No pierdo detalle de nada, ni me descuido en ningún momento ante la posibilidad de que alguien me robe a mi. Entro en el vagón, y por el andén pasean dos asiáticas, japonesas probablemente, con sus bolsos también al costado, pasan por delante de los carteristas, como dejando un aroma a "róbame", se agarran del brazo el carterista y una de las carteristas, detrás de la pareja está la otra carterista. Se cierran las puertas de mi vagón, y éste comienza a ponerse en marcha. Las asiáticas charlan entretenidas, detrás el carterista intenta abrir el bolso mientras caminan. Mi vagón coge velocidad, pierdo a los cinco de vista. No sé si finalmente fueron robadas. Tampoco tuve ocasión de impedir el hurto.

¿Qué hacer si ves un delito así en directo? ¿Y si los ves entrar en tu vagón? ¿Dices en voz alta algo así como "vigilen sus pertenencias que hay carteristas en el vagón"? Y vosotros, ¿Habéis sido víctimas de algún carterista? ¿Habéis presenciado algún hurto?

lunes, 11 de julio de 2011

Me voy a Tráfico

Otra de las consecuencias funestas de ese robo que he sufrido el pasado fin de semana y que me ha alterado emocionalmente en todos los sentidos ha sido la sustracción de una cartera de piel, de las baratas, eso si, que tenía miles de años y que guardaba dentro además de alguna que otra tarjeta más obsoleta que un IBM de pantalla verde, mi preciado carnet de conducir al que le faltan algunos puntos por alguna maniobra extraña del pasado.
 
El carnet de conducir era de los rosas, de esos antiguos de cartulina, una auténtica reliquia de la administración, casi tan obsoleta como el resto de objetos de dicha cartera, y que fue expedido en la Jefatura de Tráfico de Vigo a escasos días (una semana) de lanzarse definitivamente los carnetes electrónicos nuevos. Así pues, ese carnet que vencía en 2015 ha vencido definitivamente en el día de hoy, ya que me he ido a renovarlo en cuanto me he dado cuenta del robo.

La Jefatura Provincial de Tráfico en Madrid está a tomar por culo, hablando en plata, en Arturo Soria, a no sé cuantas paradas de metro de donde yo trabajo, por eso he ido a primera hora del día, y se divide en un par de edificios. En cualquiera de los edificios hay movimiento todo el día, bien sea por pagos de multas, renovaciones de carnetes, exámenes de conducir o vaya usted a saber qué. El caso es que el sitio me ha parecido grandísimo, y el personal de todo tipo. Claro, como en toda administración están los dinosaurios. Perdón, como en toda administración no, donde yo trabajo solamente hay dinosaurios, viejos funcionarios cuya media de edad ronda los 53 años, siendo benevolente. Tráfico es otra cosa. En el primer edificio en el que entré me atendió un joven guapísimo, con su identificación, y su labor era sencillamente esa, la de redirigir a los clientes asustados que en esas dependencias llenas de cintas, marcadores numéricos para avisar a la gente de su turno, y mostradores, y las previsibles tasas a pagar, que nos acercábamos por allí.

A un par de metros una chica muy mona también, y muy arregladita, pegada a un ordenador enseñando a la gente como funciona eso que llaman "la administración electrónica" y los trámites que se pueden seguir con el nuevo DNI electrónico o sin él, todo trámites a través de internet. Si, muchas ventajas, cari, las que tu quieras, pero no hay como ir en persona, y pese a perder casi toda la mañana, que te atienda gente tan cuca, que parecieran salidos de un escaparate realístico de Springfield, o de Diesel. Tras seguir los pasos que me indicaron, fui al edificio que me correspondía, mostrador que me tocaba también, pagué mi tasa por duplicado de carnet por robo, como me habían informado por teléfono, portando conmigo una foto de tamaño carnet. Y la funcionaria que me toca resuelve "¿Trae Vd. la denuncia de robo?". Tic Tac Tic Tac. Comienzo a ponerme tenso nada más sentarme en mi mesa 81 turno C106. "¿Denuncia de robo? A mi nadie me ha dicho nada de traer ninguna denuncia de robo, me ha costado la tasa igual que si perdiese el carnet o si lo quisiera duplicar porque me sale de las pelotas, así que no creo que haga falta una denuncia de robo alguna, si quiere marque en el impreso cualquier otra situación, que a mi me da lo mismo, ya me han cobrado y tampoco me van a encontrar el carnet de conducir". La funcionaria, con cara de asesina como reza la canción de Alaska y Dinarama supongo que me comprendió, o pasó olímpicamente de mi, y marcó en el impreso una pérdida y me dió otro para que prestase una declaración jurada de haber extraviado el carnet, y siguió los trámites, luego, suavizó y comenzamos a hablar de aquella reliquia de carnet rosa que todavía tenía. A los dos minutos tenía ya mi carnet provisional en cartulina, sin foto ni nada pero que me permite disfrutar de eso que llaman conducir, y que yo considero, estar en riesgo de cualquier tipo de multa.

Y me bajé a tomar un café, a un precio realmente reducido, porque estas cafeterías en centros administrativos suelen ser concesiones con precios bastante reducidos. A Dios gracias. Y allí con mi café y mi tostada, leyendo el periódico pude ver a otro joven funcionario tomándose un café tranquilamente con un dinosaurio compañero, un jovencísimo funcionario y guapo, masculino y con unos ojazos, y zapatos super horteras. Otro más allá que no sé si funcionario o que estaba allí por las mismas razones que yo, o cualquier otra, otro hombretón. No sé, y yo estaba contento con mi trabajo, pero lo que es alegrar la vista... lo justo, por eso, yo me cambio a Tráfico, que lo sepais.

lunes, 4 de julio de 2011

Un ladrón de guante fino

¿Y quién es él? ¿En qué lugar se enamoró de ti? ¿De dónde es? ¿A qué dedica el tiempo libre? Pregúntale, ¿Por qué ha robado un trozo de mi vida? Es un ladrón, me lo ha robado todo.
Así resume Jose Luis Perales el balance final del Orgullo 2011. Podría contar como se ha saldado la visita de Billy y mis dos amigas. También podría contar el bonito encuentro entre D. y Billy, o como nos ha acompañado Erbitxin en las fiestas. Podría contar como he vivido los distintos actos que han habido incluyendo la primera vez que he he subido en una carroza en la manifestación o publicar, al igual que hice el pasado año, las mejores fotos del orgullo, superadas con creces en esta edición, sin embargo, el hecho ocurrido el sábado noche, ya entrada la madrugada cuando un ladrón de guante fino entró en mi piso llevándose consigo mi ordenador, con todo el material que tenía guardado y la cámara de fotos. Así que por el momento os vais a quedar con las ganas, sobre todo de las fotos, que no he podido rescatar ninguna, con todo lo que me duele.

El domingo por la mañana regresábamos de fiesta, Billy y yo, muy cansados tras un par de días agotadores y una noche algo agitada. Empezaba a amanecer y al disponerme a poner una frasecilla en el Facebook para mis fans, sencillamente me di cuenta que, el portátil no estaba en su sitio, bueno, ni en su sitio ni en ningún otro lugar. Encima de mi cama había una caja de un usb de conexión a internet y un cajón de la mesilla de noche abierto. Inmediatamente corrí a buscar la cámara de fotos, pero allí solo estaba el vacío que había dejado. Aturdido comencé a llorar como un niño. Pensando en el esfuerzo con el que había tenido que ahorrar para comprarme en su día ambas cosas, en las fotos que había sacado esa noche y las anteriores, increíbles y que D. iba a utilizar en su portal de información LGTB, en los documentos a los que todavía no les había hecho copia de seguridad, y preferí dejar de pensar en todo eso porque no hacía más que llorar. Me acosté. Billy me cubrió con sus brazos y finalmente me dormí.

A las diez y media volvía a estar despierto, con la doble resaca, la moral y la física. Dispuesto a ir a la comisaría más cercana a poner la denuncia correspondiente. Ir con Billy fue una suerte y por aquello de que es policía nos atendieron enseguida para cogernos la denuncia. Una denuncia que hoy debería ser completada con los datos de los objetos robados. Como decía antes, el portátil que estaba ya algo cascado, la cámara de fotos, sin mácula y sus dos objetivos junto con la mochila de la cámara. unos sesenta euros en pequeños paquetitos de monedas de las calderillas que iba ahorrando para, algún día, ingresarlas en el banco, y a Billy un par de botes de colonia.

Nos dimos un paseo por el Rastro, el mercadillo de Madrid, por si veíamos algo, algo como buscar una aguja en un pajar, aunque podría haber dado sus frutos, por aquello de las prisas de los rateros por deshacerse de un material que quema en sus manos. Al poco rato recibo una llamada en el móvil, la policía científica se iba a personar en el piso esa misma mañana, para ver si podían obtener alguna pista. Un señor y una chica, que tal cual el CSI con esos polvos que utilizan rastrearon e inspeccionaron la habitación, en los lugares en los que el ratero podría haber dejado alguna huella, entre ellas, la caja del usb, donde sí aparecieron huellas, aunque algo débiles. Conclusión, nada de interés. Eso si, les agradecí la rapidez con la que vinieron y la explicación de cómo pudo ocurrir. Supuestamente subieron por el patio interior, por la ventana de la cocina, viendo como Gordi dormía mientras tanto, y sigilosamente entraron en mi habitación, no por mi famoso balcón como habíamos pensado inicialemnte. Allí fueron a lo de valor, como hacen normalmente, joyas, dinero en efectivo, y si no hay de eso, portátiles, cámaras de foto como fue en mi caso, cosas que no ocupen demasiado y puedan llevarse en una mochila.

Seguiremos informando.