Pimpf, en un nuevo intento de gafapastismo ilustrado o renacentista sin precedentes ha acudido a un concierto de rock. ¿Solamente por su buen gusto musical? No, por dar a sus lectores un buen post musical y para culturizarlos un poco, dicho sea de paso. 23 horas, en un barrio de Carabanchel, una pequeña sala de conciertos y en el cartel cautro grupos desconocidos para la inmensidad de lectores de la blogosfera, probablemente para los familiares de los que actuaban, también.
Llegaba a mi conocimiento, a mediados de semana, la noticia de que el grupo de unos chicos de ese pueblo de Galicia de cuyo nombre no quiero acordarme, hacían una de sus primeras actuaciones fuera de tierras gallegas, en la capital del reino y Pimpf, todo un mecenas musical ahí fue a apoyarlos. Los componentes, uno con unos apellidos similares a los de Pimpf y por relación, familia lejana, en la batería un conocido de tiempos del instituto, y en el bajo y guitarra otros dos chicos muy conocidos, aunque todos más jóvenes. Su recibimiento en la sala de conciertos al vernos fue muy buena, nos agradecieron un montón la visita, y de hecho, luego cuando tocaron su canción más emblemática de la que circula un video casero con su pedazo single también nos la dedicaron, "a alguna gente de PimpfVille que ha venido a vernos pero no sabemos sus nombres". Todo un honor, y un reconocimiento por estar allí aguantándome la diarrea por apoyar la cultura del pueblo. Puede parecer raro, pero que una gaita acompañe a un grupo rock le da un aire muy distinto, muy gallego que estando lejos, gusta.
Por lo demás, lo más curioso fue entrar en la sala de conciertos y que nadie estuviese fumando. Las salas de conciertos son esos sitios que apenas te puedes imaginar sin cerveza sobrevolando tu cabeza bajo un humo de tabaco infernal. Pues ya no es así. Bueno, lo de la cerveza por el aire si.
El resto de grupos, pues entre nosotros había opiniones dispares. Los primeros tocaron canciones bastante conocidas, lo que los hicieron muy amenos, los segundos un rock muy contundente que a mi me encantó, no sé si por el cantante, por el cuelgue de uno de los guitarristas o porque ellos solos casi se cargan el escenario. Los últimos, y grandes estrellas de esa noche de concierto, una puesta en escena muy buena, en la mayoría de canciones, con buen sentido del humor aunque de sonido más flojo. Eso si, su guitarrista impresionantemente bueno, que todo hay que decirlo y mención aparte es el momento en que empapado se bajó parte del mono con el que actuaba y se quedó allí sin camiseta. Ains... como le gustan a Pimpf estos ambientes tan infraurbanos y de arrabal, ayer, me sentí como Santiago Segura en El Día de la Bestia, "Satánico y de Carabanchel".
Bicos Ricos



