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domingo, 24 de junio de 2012

San Juan en Madrid

Si, hoy es 24 de junio, la festividad de San Juan Bautista, momento que aprovecho para felicitar a todos los Juanes y también a los Bautistas (aunque éstos sean normalmente mayordomos), por qué no.
Ya sé que en muchos lugares San Juan es fiesta, lugar dónde hay aglomeraciones de gente en torno a unas hogueras y muchos otros rituales propios de esa noche. En Madrid todo es distinto. Las hogueras que antaño había en la rivera del Manzanares y que a mediados del siglo pasado fue trasladada a los barrios dónde los vecinos tenían su protagonismo que daban a esta celebración un ambiente más familiar y popular, todas estas hogueras prácticamente han desaparecido y forman parte del imaginario de muchos. Hay sin embargo algunos sitios en Madrid, contados dónde todavía continúan la tradición, en la zona de Pueblo Nuevo, en Vicálvaro o en La Latina, en el parque de la Cornisa. No me llega a nada.

Hay sin embargo algo que por estas fechas me viene a la mente instintivamente, el silencio de los patios de colegio de los niños, el olor a sardinas de mi Galicia, las cientos de columnas de humo indicando dónde hay hogueras, el olor a verde de "xesta" que en castellano se conoce como retama y que se utiliza para las hogueras de San Juan, y finalmente, el olor cada 24 de junio por las mañanas del agua de san Juan, ese olor a hierba luisa y limonero mezclado con rosas.

Efectivamente, el agua de San Xoán es algo muy extendido en Galicia. La tradición dice que la tarde del 23 de junio se debe ir al bosque y reunir distintas plantas aromáticas y medicinales, tales como hojas de limonero o la flor del azahar, hierba luisa, pétalos de rosas, jacintos, romero manzanilla y otras que se meten en un tinón o barreño con agua y se dejan la noche de San Juan a la intemperie, bañándose con el rocío. La mañana del 24, antes de que el primer rayo de sol caiga sobre el agua debe retirarse y guardarse en la sombra. Este agua se utiliza esa mañana para lavarse bien la cara con él. A ella se le atribuyen propiedades dermatológicas y estéticas para la piel, un agua tremendamente medicinal que, además tiene la característica de ser un agua mágica que espanta los males de ojo en verano y espantan las brujas.

A ello me recuerda un san Juan en Madrid, con un calor asfixiante en una ciudad deshumanizada donde los rituales son nada más que ecos del pasado, leyendas que los abuelos pueden contar. Es que jamás han visto una meiga, pero los gallegos siempre lo decimos, habelas hailas.