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jueves, 29 de septiembre de 2011

Impresiones mías

Quizá los que llevéis tiempo leyendo este blog habréis echado de menos en los posts a uno de mis personajes preferidos, Minoviescu, aquel apolíneo camarero, rumano con ojos verdes y cierto deje chulesco que a mi siempre me ha vuelto loco. Pues bien, no sabéis nada de él porque apenas me paso a tomar café por allí desde el día que no me quiso dar cambio, que no sé si ya he contado esa batalla. En cualquier caso no es relevante ahora.

Hace un tiempo que apenas me paso por esa cafetería que está muy próxima a mi trabajo, donde siempre iba a tomar uno o en ocasiones dos cafés matutinos para despejar y alegrar la vista. Sin embargo, estamos en tiempos de la crisi, y esto de que los empleados del estado seamos el pimpampún de la sociedad ha terminado por hacer mella en mi estado de ánimo, así que, si el estado decide que nos rebajan el sueldo, Pimpf se va a tomar el café a casa. Esto es irme un poco de tema, pero seguro que a vosotros os encantaría pimpampunearme también,y ya está bien de ser el blanco de muchas iras, que uno después de haberse tirado su tiempo estudiando como un campeón entra en esta gran empresa de todos y se encuentra con este panorama (y que advierto desde ya, el Sr. Rajoy no se atreve a decir que no nos dará por culo ante las inminentes elecciones), y como puedo leer vuestros pensamientos muchas veces imagino que pensaréis eso de "si vivís como reyes, no hacéis más que rascar los huevos", pues no es mi culpa, caballeros, a mi que me den trabajo, y que me lo paguen también, que no pondré peros.

Si, se me fue un poco la pinza con el comentario. El caso es que estaba acostumbrado a ver a Minoviescu con su uniforme de camarero, que dicho sea de paso, le sienta muy bien, pero ayer me lo he encontrado por la calle. Si, tan guapo como siempre, tan chulesco como de costumbre, con un rosario de cuentas blancas muy hortera a la par que gay, y una camiseta blanca con cuello de pico luciendo pecho. Luego, remataba la jugada un vaquero azul claro, y he aquí mi impresión. Minoviescu ha engordado. Madre, que culo se le ha puesto. Y es que la crisis se ve que no afecta a todos por igual. Las napolitanas que antes me zampaba yo, que también os lo advierto pero he perdido algunos gramos, ahora se las debe estar comiendo Minoviescu en esos ratos de asueto en su trabajo, porque no soy yo el único que no va por la cafetería, las veces que he ido por allí en horario sin fútbol aquello había decaído.

Y ahora mi dilema, no sé si hacer un pequeño esfuerzo y volver a tomar el café. Es que no es por nada, además de darle trabajo, volvería a alegrar la vista, e impediría que sobrasen napolitanas de chocolate, Minoviescu no tendría que zampárselas bien por hambre o por puro aburrimiento, con lo que yo estaría impidiendo, en un nuevo acto sin parangón de mi buena intención, generosidad y caridad hacia el extranjero que mi rumano preferido coja un peso innecesario. No sé como lo veis, pero estoy dispuesto a sacrificarme por el interés general, hasta cierto punto evitando que Minoviescu caiga en esta espiral de dieta-ejercicio-vagancia-peso arriba-peso abajo en que se puede convertir tu vida.