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viernes, 28 de septiembre de 2012

FNF Nº 135

Yo creo que tengo un claro grupo preferido durante la década de los 2000, y mirad que hubo unos cuantos, otros que sacaron canciones muy buenas y luego hay otros que sin llegar a ser la bomba han estado ahí y nos han dejado temas increíbles. Guaraná es uno de ellos.
 
Guaraná es un grupo alicantino formado actualmente por Juanra Arnaiz y David Navarro, tienen 5 discos y un recopilatorio que hace recorrido por la década de los 2000. Se iniciaron como quinteto con el disco El Efecto Guaraná del que salió el single que los lanzó al público, La Casa de Inés, y del que después vendrían Recuerdos, Échame a mi la Culpa o ¡Ay, Carmela! A este disco le siguió Vampiros en la Habana. Pasaron de ser un grupo muy escuchado en las emisoras nacionales a casi el anonimato a día de hoy, sobre todo para aquellos que no tienen memoria histórica.
 


 
 
Precisamente de su álbum Vampiros en la Habana sale el tema que os traigo hoy, Corazón Suicida, que no sé si es el mejor, o uno de los más representativos, pero que a mi me parece que tiene muy buen ritmo y una letra preciosa.
 
Como no podía ser de otra forma, esta canción se la tengo que dedicar a alguien muy especial que ya no está entre nosotros. No que no esté, que se haya muerto, no, que ha desaparecido de mi vida, como ya os conté esta mañana, si, esta canción es para Minoviescu, y ya puestos, y casi mejor, para ese grupo de camareros tan majos que trabajaban en la ya extinta Taberna del Pez.

¡Maldita Crisi!

Quizá para mi este sea uno de los post más tristes que escriba en tiempo, quizá para mi D. sea una alegría o la mejor noticia de la semana. A lo mejor, a algunos blogueros les llega a entristecer, o a enternecer. Se nos ha ido, por la maldita crisi, Minoviescu.
 
¿Y ahora que hago yo? Vamos, no es que Minoviescu se haya muerto, tranquilos, que creo que físicamente sigue igual de espléndido que siempre, con su piel morena, sus ojazos verdes, su tono de voz chulesco de la periferia de Madrid, sus tocamientos en su paquete, su forma de fumar, de escupir, todo seguirá igual para este adonis rumano. ¿Todo? Bueno, la crisi se nos lo ha llevado. No que se lo haya llevado a Rumanía, que lo ignoro, y ese es el problema, que jamás voy a saber nada más de él.
 
Desde la vuelta de vacaciones, esperaba como agua de mayo el regreso del trabajo solamente para disfrutar de ese ratito tomando mi café por la mañana, abriendo bien los ojos para ver a Minoviescu, y alguna mañana lo disfruté visualmente, aunque pocas. Llevaba unos días sin aparecer por allí, y yo, interiormente cada día más ansioso por volver a verlo, por coincidir con su turno. Hace un par de semanas, tomé en esa cafetería mi último café. Yo no lo sabía, pero sería mi último café allí. En el ambiente había tensión. Cogí mi periódico como es costumbre y puse la antena, como es costumbre también aunque yo no soy nada cotilla, no os vayáis a pensar. Bueno, vale, podéis pensarlo. La camarera, mi camarera preferida, esa chica colombiana que no paraba de moverse por toda la barra, aquella que trata tan bien a sus clientes estaba al borde del colapso, tenía miedo por su futuro laboral que veía muy negro. Casi al borde de las lágrimas, imaginándose su situación con una chica en edad adolescente y sin trabajo, la cocinera, también rumana la consolaba, la animaba y le decía "tranquila, ya verás como no te vas a la calle". Pensé yo, para mis adentros que con esto de la crisis las cosas se estaban poniendo muy feas, al punto de que la competencia entre trabajadores puede llegar a ser demasiado cruenta, y me imaginé una lucha a muerte por ese puesto de trabajo entre ella y Minoviescu. Claro, no tenía en mente un claro ganador, por trabajo, ella, por su físico, él, si tuviera que quedarme con uno de los dos.... vale, me hubiera importado bien poco la hija adolescente de la mejor camarera que haya visto. Lo sé, un planteamiento muy supérfluo pero ella pronto encontraría trabajo haciéndolo así de bien, y él... bueno, él supongo que entró por su cara bonita. Terminé mi café y me despedí de ella. Un viernes, le dije como era costumbre "hasta mañana". Me vio con cara rara y me dijo "bueno.... hasta... hasta el lunes".
 
El sábado pasé por allí, con D. y la cafetería estaba cerrada. Un cartel en la verja decía "Cerrado por reformas". Y las reformas duraron en teoría un par de semanas, con todo cerrado a cal y canto. Ayer pasé por allí y la sorpresa y el bajón fueron mayúsculos. La verja estaba levantada, y dentro estaba la cafetería vacía, sin nada, solamente una barra, ni una botella, ni tragaperras, ni televisor, ni las tapas tan buenas que hacían. Se lo habían llevado todo, y con ello, a mi camarera, a Minoviescu, y con él, mi felicidad, mi futuro esposo, mi butrón.
 
Yo no sé ya en quién cagarme, si en los elementos, en Mariano Rajoy (porque este cierre no se produjo antes cuando España iba tan mal, se produjo mientras Rajoy gobernaba), si en Zapatero, por la herencia recibida, o en ambos, o en la Merkel, o en el mercado común y la Unión Monetaria Europea, aunque eso haya abierto la entrada de mano de obra de países del este. Joder, que ya no sé en quién cagarme, solo sé que hoy es un día triste, gris, gris oscuro tirando casi a negro, como el día.
 
Bicos Ricos

viernes, 16 de marzo de 2012

Un americano, por favor

Y resultó que sin comerlo ni beberlo aquel café americano me supo como nunca.

Yo, cuando desoigo los sabios consejos de Angel para que un simple funcionario pueda combatir la crisis esta que nos tiene con la continua amenaza de una nueva bajada de salarios, acostumbro a desayunar muy cerca de mi trabajo, en la cafetería donde trabaja, por si no lo habíais leído nunca, Minoviescu. Minoviescu es un joven rumano, joven y guapo. ¿He dicho ya que es muy guapo? Bueno, un rumano con el pelo muy bonito, unos ojos verdes penetrantes y muy moreno con un cierto acento chulesco que más que parecer rumano te hace confundirlo con un kinki de Fuenlabrada, con todos mis respetos para los kinkis, bueno, y más respetos todavía para los habitantes de Fuenlabrada, claro, una ciudad de las afueras de Madrid. Ya conté en cierta ocasión que el componente kinki de Minoviescu no era solamente por su acento, su vestimenta al salir de trabajar es también de lo más kinki a la par que hortera, pues si, lo he visto con un rosario colgando del cuello, así como os lo cuento, y sin embargo, sigue siendo mi camarero preferido por el que perdería los papeles y dejaría a cualquier novio ipso facto y sin dudarlo. Lo siento, caris, poco tenéis que hacer frente a él, es una batalla perdida, y no valen las tácticas bichas para desbancarlo.

El caso es que, y espero que esta vez no me volváis a interrumpir. Allí estaba yo, fumando, aprovechando una esquina de sol en la calle, en una de estas mañanas preprimaverales de marzo, cuando salió él, se acercó a mi, clavando su penetrante mirada en mi y con su acento fuenlabradino me espetó un simple "buenos días". A mi eso nada más ya me había alegrado la mañana, si os soy sincero. Claro que el que tiene fama de divo tiene que hacerse el interesante y no ponerse a cuatro patas al primer comentario que te hace el primer rumano que pasa por la calle por lo que me fui a pedir mi café habitual, mi americano de toda la vida, una carga de café y doble de agua, para mantenerme fresco el resto de la mañana. Tras la barra estaba mi camarera preferida, esa chica colombiana tan agradable que siempre tiene una palabra amable para cada cliente y entonces entró él y sucedió lo más chabacano que recuerdo.

- ¿Un café americano como siempre?

Me preguntaba mi atenta camarera cuando se escuchó una voz al fondo de la barra:

- Si te parece, un café francés.

Era él, Minoviescu, sacando su cabeza de la cocina, picoteando algo de lo que prepara su compatriota cocinera, y que, seamos sinceros está repercutiendo en su peso. Seguí embelesado leyendo vuestros blogs desde mi teléfono, momento en que mi camarera preferida dijo tras la barra para que escuchásemos tanto yo como Minoviescu.

- Yo te hago un americano, Minoviescu (omitiremos su verdadero nombre por preservar su intimidad, o más bien para que no tengáis la mínima tentación de levantármelo) que te haga el francés si quiere.

Estallamos en carcajadas, tanto la camarera como yo. Minoviescu se quedó perplejo ante la chispa, por llamarlo de alguna forma de mi camarera y ruborizándose respondió intentando atinar un comentario para salir del paso.

- Bueno, tú prepárale el americano, de lo del francés ya hablaremos.

En ese momento el que se quedó perplejo fui yo mismo que comencé a ponerme colorado por todos lados, y para disimular solo supe volver a ver vuestros blogs. Sabe que me tiene encandilado, sabe que me gusta más incluso que su compañera "mirada que te hipnotiza", sabe que prefiero su francés al americano de su compañera, lo sabe todo. Es más, sabe que está muy bueno y es muy guapo. Sabe que es un ladrón que cualquier día me hará un butrón. ¡Ay ladrón!

jueves, 29 de septiembre de 2011

Impresiones mías

Quizá los que llevéis tiempo leyendo este blog habréis echado de menos en los posts a uno de mis personajes preferidos, Minoviescu, aquel apolíneo camarero, rumano con ojos verdes y cierto deje chulesco que a mi siempre me ha vuelto loco. Pues bien, no sabéis nada de él porque apenas me paso a tomar café por allí desde el día que no me quiso dar cambio, que no sé si ya he contado esa batalla. En cualquier caso no es relevante ahora.

Hace un tiempo que apenas me paso por esa cafetería que está muy próxima a mi trabajo, donde siempre iba a tomar uno o en ocasiones dos cafés matutinos para despejar y alegrar la vista. Sin embargo, estamos en tiempos de la crisi, y esto de que los empleados del estado seamos el pimpampún de la sociedad ha terminado por hacer mella en mi estado de ánimo, así que, si el estado decide que nos rebajan el sueldo, Pimpf se va a tomar el café a casa. Esto es irme un poco de tema, pero seguro que a vosotros os encantaría pimpampunearme también,y ya está bien de ser el blanco de muchas iras, que uno después de haberse tirado su tiempo estudiando como un campeón entra en esta gran empresa de todos y se encuentra con este panorama (y que advierto desde ya, el Sr. Rajoy no se atreve a decir que no nos dará por culo ante las inminentes elecciones), y como puedo leer vuestros pensamientos muchas veces imagino que pensaréis eso de "si vivís como reyes, no hacéis más que rascar los huevos", pues no es mi culpa, caballeros, a mi que me den trabajo, y que me lo paguen también, que no pondré peros.

Si, se me fue un poco la pinza con el comentario. El caso es que estaba acostumbrado a ver a Minoviescu con su uniforme de camarero, que dicho sea de paso, le sienta muy bien, pero ayer me lo he encontrado por la calle. Si, tan guapo como siempre, tan chulesco como de costumbre, con un rosario de cuentas blancas muy hortera a la par que gay, y una camiseta blanca con cuello de pico luciendo pecho. Luego, remataba la jugada un vaquero azul claro, y he aquí mi impresión. Minoviescu ha engordado. Madre, que culo se le ha puesto. Y es que la crisis se ve que no afecta a todos por igual. Las napolitanas que antes me zampaba yo, que también os lo advierto pero he perdido algunos gramos, ahora se las debe estar comiendo Minoviescu en esos ratos de asueto en su trabajo, porque no soy yo el único que no va por la cafetería, las veces que he ido por allí en horario sin fútbol aquello había decaído.

Y ahora mi dilema, no sé si hacer un pequeño esfuerzo y volver a tomar el café. Es que no es por nada, además de darle trabajo, volvería a alegrar la vista, e impediría que sobrasen napolitanas de chocolate, Minoviescu no tendría que zampárselas bien por hambre o por puro aburrimiento, con lo que yo estaría impidiendo, en un nuevo acto sin parangón de mi buena intención, generosidad y caridad hacia el extranjero que mi rumano preferido coja un peso innecesario. No sé como lo veis, pero estoy dispuesto a sacrificarme por el interés general, hasta cierto punto evitando que Minoviescu caiga en esta espiral de dieta-ejercicio-vagancia-peso arriba-peso abajo en que se puede convertir tu vida.

sábado, 19 de febrero de 2011

Crisol de Razas

Madrid es una ciudad grande aunque no deja de ser una villa como mi pueblo, con tres millones y pico de habitantes, seis millones en su área metropolitana, según datos wikipédicos, es por lo tanto un crisol de razas (como diría el otro ¿qué querrá decir crisol?). El caso es que en esta ciudad convivimos pacíficamente gallegos con catalanes (menos), andaluces o extremeños de centeno o aragoneses de casta como diría aquel poeta que tanto me gusta. Pero no nos quedamos en estos "minipaises" como diría el señor ese pequeñito con bigote que fue Presidente del Gobierno hace unos años, a riesgo de una fractura de España, también convivimos con latinos, africanos, indios, chinos o rumanos.

Y precisamente sobre chinos y rumanos quería hacer mi post de hoy. Normalmente a la hora de comprar verduras o frutas voy a una frutería china que hay cerca de mi trabajo, allí trabaja Chan, o así lo llamo yo, un chino jovencito muy simpático, como todos, con su uña del dedo meñique larga y siempre muy sonriente, pero lo que llama la atención de él es su pelo, liso, por supuesto, ¿habeis visto alguna vez un chino con el pelo rizado? Pues Chan destaca por tener el pelo tan suave, o así parece a simple vista, que se le levanta el pelo de lo que en mi caso es la coronilla, pues él ahí siempre lleva el pelo de punta, y todo natural no os vayais a pensar. Chan también va a desayunar alguna vez a mi cafetería habitual, y de hecho es conocido allí, más por su mal castellano que por otra cosa, y sobre todo por lo que le cuesta pedir un café con leche.

Ayer llegó, pidió su café, y Silvia, mi camarera ecuatoriana se lo sirvió rápidamente, como siempre hace ella, y se sentó en una mesa. Y aquí es cuando entra en acción Minoviescu, al que llevaba sin ver la friolera de dos semanas, temiéndome yo su repatriación. Si, Minoviescu, ese camarero por el que perdería el culo sin pensármelo demasiado. Saludó a Chan, y comenzó a hacerle un masaje en la espalda y cuello "masaje chino, ¿es así?" Chan se reía, no sé bien si por lo mal que le estaba dando el masaje, por el ultraje al masaje chino, o porque tenía cosquillas. Y Minoviescu volvió a la carga, empezó a masajearle el pelo "¿Cómo haces para que se te levante así?", me giré bruscamente mientras pensaba "¿he oído lo que he oído?", Minoviescu añadió "el pelo, ¿utilizas suavissante?", Chan respondió en su español de andar por casa "tu no podel, tenel mucho menos pelo". Ahí, así me gusta, que convivan las razas, ¿me hará alguna carantoña a mi? Todo es ponerse, que yo soy muy tolerante con todas las culturas del mundo, por mi que no quede.

Bicos Ricos

viernes, 18 de febrero de 2011

La poca pillería empresarial

Hecha la ley anti tabaco, hecha la trampa, o agudizado el ingenio es lo que deberíamos decir, sin embargo, los hosteleros españoles parece que se han quedado dormidos, como esperando que se haga alguna especie de excepción en la Ley esta del tabaco y que no llegará nunca o que del cielo bajen ángeles con packs de soluciones.

Los primeros días tras la entrada en vigor de dicha ley esto fue un caos, más que nada un caos informativo, y cada día teníamos noticias en prensa, y grandes titulares sobre este asunto. Pasado el aluvión periodístico, hecho el balance del primer mes, las quejas de los empresarios continúan, como era de esperar y es que no he conocido un sector más quejica que el de los empresarios de hostelería. Así, lejos de prever la que se les caía encima con esto de que si quieren mantener a clientes fumadores éstos deben hacerlo en las terrazas, agotaron las existencias de las famosas "setas" calefactoras. En Vigo están muy rebotados con el asunto, será que llueve un montón o no tienen ganas de comprar las famosas setas y realizan cualquier acto de protesta que se les ocurre. Hace unos días hicieron lo que se conoce técnicamente como una gilipollez, que fue sacar las máquinas de tabaco fuera de los bares, alegando que si no se podía fumar dentro, las máquinas de tabaco tampoco deberían estar dentro. Y se quedan tan anchos. Lo que no se les debería permitir es la venta de tabaco. También hay quien dice que la mejor forma de terminar con estas tonterías del tabaco es que el Estado no prohíba su venta en general, sin entender que, las personas tenemos derecho a fumar aunque sea en nuestras casas, por el momento.

El post era sobre el tema de la pillería. Si bien, ayer mientras me fumaba un cigarrito en la calle acompañado con Minoviescu vi la luz sobre este asunto que tanto le está afectando a mis bronquios, y más estos días que estoy con fiebre. Pero esta idea no ha sido cosa de ningún avezado empresario, vi a una cliente comprando café para llevar. Al rato vi a otra chica haciendo lo mismo y se puso a fumar bajo otra cornisa que le protegía de la lluvia. Mientras los hosteleros se exprimen el cerebro acondicionando unas terrazas para que podamos fumar, detalle que agradecemos, a los fumadores nos asalta la duda de la discriminación. Yo, si quiero consumir y fumar, tengo que hacerlo fuera del local, pero consumir en las terrazas me sale mucho más caro, y teniendo en cuenta que ya estoy pagando el tabaco que es mucho más caro que antes y es prácticamente un bien de lujo con dependencia y que soy uno de esos clientes que por mucha ley antitabaco que haya pienso seguir siendo un cliente fiel de la hostelería. Eso sin contar que en las terrazas también pueden sentarse no fumadores que se sientan violentados por mi adicción, que yo otra cosa no, pero respetuoso, un mundo. Así que he pensado que para que mi bolsillo no se resienta un plus, pediré mi café para llevar, y en la puerta del local me  fumaré mi cigarro y allí me lo tomaré. Lo mismo puedo hacer con cualquier refresco, claro que, si es una copa, lo tengo más complicado por aquello de las normativas anti-botellón.

Yo creo que lo que mejor puedo hacer es dejar de fumar, pero mientras, por aquello de no crispar más unos nervios que tengo ya bastante alterados últimamente, mejor lo dejamos para más adelante, para cuando me achicharre al sol, que ese será otro caballo de batalla y que probablemente, los hosteleros todavía no han pensado en ello.