Hoy hace un calor brutal para lo que estamos normalmente acostumbrados, no sé si llegaremos a los treinta grados, pero eso aquí, en la costa es mucho, y a mi no me quedará otro remedio que disfrutar un día así en la playa, bueno, quien dice en la playa, dice en mis rocas de pensar, que ya les tenía yo ganas, y les haré alguna foto, por petición de algún que otro bloguero. El asunto es que hoy necesito un poco de descanso porque ayer fue un día agotador.

No he desaprovechado el viernes, comenzándolo con un café en la cafetería donde nos reunimos normalmente los amigos, que últimamente está un poco vacía, dicen que por cosas de la crisis, y ya comenzar a ver caras conocidas, que hasta ese momento era algo que me faltaba. Por la tarde he hecho una visita de médico, nunca mejor dicho, a una amiga que está en el hospital y a la que no visitaba desde mi última visita a Galicia. Claro, en aquella ocasión fue una visita de diez minutos en la UCI, ahora ya, en la habitación esperando el alta, y en Vigo, donde el calor comenzaba a hacer estragos. He salido a todo correr del hospital para hacer otra de esas cosas que me encantan, política. Ayer teníamos reunión para debatir sobre los resultados de las anteriores elecciones y fijar un poco una hoja de ruta a seguir con esta minoría política que tenemos, tarea nada fácil. Allí aunque breve, ha sido importante el reencuentro con la gente que formábamos la lista. Y la verdad es que no hay día que nos reunamos y no terminemos la jornada como siempre, tomándonos unos vinos por las calles del centro del pueblo. Aquí me llevé una enorme sorpresa, directamente proporcional con la gente que estaba disfrutando de uan tarde tan agradable y unos caldos tan buenos como nuestros albariños. Nada de tapas, esa era la consigna, y prueba superada.
Ya muy tarde decidí descansar un poco y bajar por la noche a tomar unas copas, unas copas que han terminado a altas horas de la madrugada, en lo que sería nuestra ruta habitual. Es muy relajante tomarse las copas sin quebraderos políticos de cabeza, y gratificante que nada más verte por la puerta del local te hagan los porteros un hueco para entrar por la zona donde no hay que pagar, es lo que tiene ser alguien famoso en el pueblo, o eso, o la fama de buen consumidor, en un ambiente rodeado de pequeños niños pijos que parecían sacados de una convención de estúpidos, pijos y veraneantes.
Así que, hoy en principio me espera un día tranquilo, que no hay ganas de complicaciones, y de sol, para intentar arreglar el desbarajuste en que se ha convertido mi espalda. Es un desbarajuste porque el pasado domingo, que no sé si lo he mencionado estuve en un pantano tomando el sol con Kotei y Erbitxín, tal como hemos venido al mundo, así que, ahora estas cuestiones del tamaño o del "supuesto" tamaño ya pueden ser verificadas con testigos. Me desvío del tema. El caso es que, valiente de mi allá me fui al pantano sin crema de protección solar alguna, con la consiguiente quemadura en la piel en las zonas a las que no les había dado el sol durante la campaña electoral. Las he pasado canutas esta semana en Madrid, y el último día, antes de venirme y disfrutar del gimnasio, comenzó a picarme muchísimo la espalda, unas pequeñas ampollas provocadas por el sudor con lo que conocemos vulgarmente como "granitos de agua", que han provocado que la piel se me haya levantado por todos lados. ¿Consecuencia? Caída de la piel muerta, y por debajo, la nueva piel mucho más clara que la anterior, así que, con precaución hoy, pero yo sin mis baños de sol y agua salada de mis rocas de pensar no paso.
Bicos Ricos