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miércoles, 5 de febrero de 2014

La niña, a lo Pantoja

Dicen por ahí que Madrid es una especie de pueblo gigante, dónde todos se conocen, y parece cierto el dicho, porque esto no dejan de ser barrios dónde ves a la gente de todos los días, tu pescadero, tu quiosquero, el moro que corta el pelo y es del F.C. Barcelona, el tipo que se pasa todo el día en el bar de la esquina fumando en la calle, la señora alcohólica que pasea al perro todas las tardes, los niños ruidosos que van al colegio un par de manzanas más allá, el pollero buenorro, el chico que trabaja en la sauna, o el joven cartero que siempre viste con camisetas de fútbol. El caso es que pese a estar en el centro, conoces a la gente más o menos habitual, y como dicen tarde o temprano te encuentras a cualquiera, y ya no digamos en el ambiente.
  
Cuándo la niña dejó el piso, el verano pasado, tanto Gordi como yo respiramos aliviados. Yo pude descansar por las noches sin tener que aguantar como la niña estudiaba en alto, hacía sus ejercicios físicos, escuchaba a Bruno Mars (el que odia Damian) o ponía los dibujos animados a todo trapo por las mañanas. Gordi pudo recuperar su salón en el que ya no se sentía incómodo, redujo muy considerablemente la factura de la calefacción en el mes de julio y supongo, la niña también respiró algo aliviada de no tener que compartir piso con dos impresentables como podemos ser nosotros, dos chicos mucho mayores que ella y que aunque no lo parezca, aunque descuidados con algo más de sentido. Todos salimos ganando. La niña empezó a buscar piso por la zona, yo incluso escuché como hablaba con su madre y le contaba que había visto un piso un par de calles más arriba. Y sin embargo no la volvimos a ver. No la volvimos a ver hasta ayer.
Estaba la tarde gris y ya anochecía. Yo había terminado mis rutinas en el gimnasio que se encuentra en la azotea de un complejo de edificios públicos. Entre la sala de musculación y los vestuarios hay un pasillo largo, muy estrecho, unas escaleras un mini pasillo y un pasillo grande con unas amplias cristaleras dónde si estiras los brazos casi tocas la pared y la cristalera a la vez. Volvía sudoroso, secándome con la toalla, exhausto por el esfuerzo, y de frente, a unos 20 metros me encuentro una cara, cuánto menos, conocida. Y tanto, la muy puta de la niña, la que comenzó llamándose en el blog la niña y terminó llamándose la tarada, que según su madre era "especial", y tan especial. Ella salía del vestuario, con su teléfono en la mano y una mochila a su espalda. La hubiera reconocido a leguas, y ella supongo que a mi, porque su reacción fue arrimarse a la pared, poner el teléfono delante de la cara, y a medida que yo me acercaba, girarse hacia la pared y girarse más para que no le viese la jeta. Disimuló como pudo, a lo Ana Obregón, le comentaba, probablemente a su madre (la única que la aguanta) que acababa de salir del gimnasio. Preciso que ella no hace cardiovascular, solamente piscina, porque no coincidimos en ningún momento (por ahora).. Yo procuré intimidarla un poco en el momento del reencuentro, yéndome hacia ella, casi chocando, muy disimuladamente, para provocar un encuentro que no me apetecía pero que tampoco me hubiera importado, y quizá me saliese algún improperio por la boca.
Lo primero que hice cuándo salí del vestuario fue enviar un mensaje a Gordi. "Acabo de estar con una amiga tuya". Su mensaje de respuesta fue dubitativo "¿Una amiga mía, cuál?". Le dije que me la llevaba a casa que le apetecía mucho verle, pero que encendiese la calefacción, que seguramente tendría frío. Al momento se dió cuenta de quién le hablaba, su respuesta fue "no, si fue casi tu mejor amiga, intimasteis más, si casi llegáis a las manos, pero ¿Qué hace esa ahí si está en los huesos?" El pánico cundió cuándo le dije que estábamos llegando a casa. En cuanto abrí la puerta lo primero que dije en voz alta, para meterle el susto en el cuerpo a Gordi fue un "mira quién está aquiiiiií". Asomó ligeramente la cabeza por la rendija de su puerta, había palidecido, y probablemente perdido algún que otro gramo solo del miedo. Era una broma, claro está, aunque una broma sencilla pero de muy mal gusto. Yo soy así, muy bromista.
Un asco verla, así os lo digo. Una desagradable sorpresa. Y muy pocas ganas de volver a encontrármela. Pensé que con su ida del piso sería suficiente. Al menos así lo pensé cuándo con una llave borré su nombre del buzón de correos el día antes de que se fuese. Tendremos que vivir con ello, y es que lo que yo os decía, Madrid no deja de ser un lugar más pequeño de lo que parece.

jueves, 18 de julio de 2013

La Niña. La calefacción.

Ya lo anticipé en el post titulado "No puedo con... la niña". Efectivamente, la niña se ha convertido en mi mayor pesadilla desde tiempos inmemoriales, mi archienemiga en Madrid y ha hecho que pasasen a la historia aquellos compañeros que me robaban de la despensa mis latas de sardinas picantonas. Ella no, en ese sentido era honrada, jamás me ha faltado nada de la despensa. Por suerte para ella.
 
Primeros del mes de junio, las temperaturas máximas rondan los 25 grados y las mínimas entre 13 y 15, las máximas van en ligero aumento a medida que pasan los días. Llegamos al día 8, la máxima 28, y a mi que me empiezan a caer los goterones por mis abominables de tableta de chocolate lorzas. Salgo al balcón, a respirar aire más fresco y es que si, aunque parezca increíble hay más calor dentro de casa que fuera. Me dirijo a la cocina y ya escucho el sonido inconfundible de la caldera. La niña continuaba con la calefacción encendida. ¡En junio! Podría decir que la culpa fue de Gordi, por ponerle gastos incluidos en el alquiler, pero solo una mente enferma pondría la calefacción en junio por mucho que ya la hubiese pagado de antemano. ¡Un poco de cabeza!
 
Se me ocurrió la brillante idea de pensar que, si la niña tenía frío con 28 grados lo que tenía que hacer era apagar los radiadores, y así hice, cerré los radiadores de las zonas comunes y la de mi habitación. Problema solucionado. Claro qué, no todo iba a ser tan sencillo, pese a mi agudeza mental. Por debajo de las baldosas de mi habitación, en el subsuelo del piso, discurren los tubos de cobre que llevan el agua caliente desde la caldera, pasan por mi radiador y continúan hacia la habitación de la niña, quién a partir de ahora pasará a llamarse.... Jediondi (para los archienemigos). Pues esos tubos también me recalientan la habitación, que, ni que decir tiene, que al igual que la de Jediondi están soleadas durante todo el día.
 
Paso número dos, protestarle a Gordi, que él es el que tiene alquilado el piso, para que le ponga las pilas. Gordi apaga la caldera, sin más. Jediondi sale de su habitación y vuelve a conectarla, son las 10 de la noche, un calor casi infernal. Me levanto yo al rato, vuelvo a escuchar la caldera y la vuelvo a apagar. Discurre la noche con normalidad, no sé si guardar el nórdico o si dejarlo, opto por la segunda opción, aunque durmiendo ligero de ropa y por encima del mismo.
 
Me levanto para ir a trabajar, me aseo, desayuno y me voy. Jediondi acaba de levantarse no hace mucho, desayuna viendo Doraemon, cosas de esas edades del pavo, lo cual no quita que le tenga mucho cariño yo a Doraemon, aunque yo soy más de desayunar con las noticias. Salgo un rato de mi trabajo, y en mi fan de chico ahorrador, siguiendo los consejos de Angelillo, voy a mi casa a tomar el café de media mañana. Nada más entrar por la puerta me pega en toda la cara un calor mezclado con olor a piso cerrado. Maldita puerca. Voy hacia la caldera, que está sonando. La ha vuelto a poner, y es diez de junio, siguen las temperaturas altas. Cuando volví a casa, a la hora de comer, Gordi había vuelto a apagar la caldera una vez más.
 
Indignado dejo un comentario de bicha en mi Facebook, más indignación la mía con las respuestas, mis amigos dicen que le de calor, que es lo que la niña necesita, que me la beneficie, si tal. No señores, yo no necesito calor, puedo dar mucho, pero no quiero más calor. Lo siento por ella. Tampoco es que mi mayor ilusión fuese tirarme una tabla de planchar.
 
Pasan los días, pasan las horas, pasa la vida, y llegamos al día 10 de junio, la calefacción en ese juego continuo de yo la apago, tú la enciendes, y gana el que esté más tiempo en casa y más duerma. Pues bien. opto por mendigar y ponerle una nota en la caldera, pidiéndole que por favor no la encienda, que estoy medio deshidratado, con los labios resecos de ese calor asqueroso, que si quiere, puede abrigarse un poco más, dejar de llevar pantalones cortos y camisetas de tiras (que yo no tengo nada contra estas camisetas, muy al contrario). Ese día no la conecta.
 
Día 11 por la noche, a las diez la caldera está puesta otra vez, la apago, la enciende, la apago y la enciende. Son las 2 de la madrugada, la escucho levantarse una vez más para encender la calefacción. A los dos minutos, el que se levanta soy yo. Al abrir la puerta escucho. "¡Que no apagues la calefacción!" y yo le grito "¡Que no la enciendas, tarada!". Me quedo dormido, al día siguiente la calefacción estaba encendida y yo me levanto sudando.
 
Día 12. Se disparan las temperaturas, justo lo que yo estaba esperando. Nuestros radiadores apagados, solo puedo pensar "Jediondi, te vas a cagar". En cuánto ella se va a la universidad, yo enciendo la caldera, a bastante potencia, para que se le caliente bien la habitación y no se queje. Es mediodía, continuo con mi plan maquiavélico. Ella llega, entra en su habitación y debe notar algo de calorcillo, por lo que opta por abrir el balcón para ventilar, claro qué, lo que ella no sabe es que eso es una trampa mortal de calor. Abrir el balcón equivale a que la temperatura de tu habitación aumente probablemente hasta cerca de los 38 grados. Ahí es nada.
 
Día 13. La caldera por fin descansa.... el que no descansará esa noche seré yo....

sábado, 11 de mayo de 2013

No puedo con... la niña

Vaya, que por el titular no os penséis que tengo fobia a los hermanos Pinzones, ni tampoco en general hacia las mujeres, no me he vuelto homosexual de un día para otro, sigo teniéndoles a las mujeres el mismo cariño y deseo que siempre, con quién no puedo realmente es, con mi compañera de piso.

Y podría citar mil y una anécdotas pero me voy a ceñir a la anécdota del día. Me he tirado a dormir una plácida siesta, en esta tarde tan soleada y primaveral que tenemos en Madrid, dónde las temperaturas son más que agradables, con una máxima de 25 grados y apenas hay nubes ni viento. Pues me he levantado de mi siesta entre sudores. Duermo ya en camiseta, he guardado los pijamas largos, me he quitado mi polar fino que utilizo durante el invierno para estar cómodo por casa, y por miedo, todavía no he retirado el nórdico aunque anticipo que esta semana me lo sacaré de encima. Estamos ya en primavera, y la llegada del verano es irreversible. Pues mi compañera de piso, ha tenido la ocurrente idea de encender la calefacción.

No es nada que me haya sorprendido, para ser sinceros. A Gordi le traía de cabeza con lo de la calefacción durante el invierno, muy alta, encendida todo el día. Claro, en invierno, pues tampoco es gran problema, a excepción del problema medioambiental. La clave está en que los gastos del piso los tenemos incluidos en el precio de la habitación. Así pues, si nieva, si hace calor, si los días son más cortos, si necesitamos más o menos duchas, si dejamos las luces del piso encendidas todo el día, no pasa nada, siempre pagamos lo mismo, la carga recae sobre Gordi, quién ve como unos meses los gastos de agua se disparan, otros los de la calefacción, y así un largo etcétera. Pues la niña se ve que al no pagar directamente la factura del gas, apenas es consciente del gasto que tiene. Pero independientemente del gasto que genere, del deterioro medioambiental, coño, que estamos a mediados de mayo, que empieza a hacer verdadero calor, que tenemos dos habitaciones soleadas a las que les pega el sol durante todo el día, que se calientan solas y que parecen auténticos hornos en verano, por lo que tenemos que procurar, en época estival mantener las persianas cerradas durante el día y abrir las ventanas durante la noche para ventilar.

Pero esta niña es una sinsangre, ya os lo digo yo. Lo suyo es el deporte, correr, hacer ejercicios en su habitación, ir a carreras, comer ensaladas, nada de carne, aportes vitamínicos, hierro, vitamina C, D, A, B, fósforo, y comer queso. Proteínas por ningún lado, grasa tampoco. Que ya os lo digo, a mi lo que coma me la trae un poco al fresco, como si tiene algún problema de alimentación, que lo ignoro, pero vamos, que tener frío con 25 grados en la calle me parece excesivo. Que permitirse estar al sol en el balcón, y dentro de la habitación tener la calefacción encendida. No sé. Yo siempre tengo la opción de cerrar mi radiador, para no pasar ese calor innecesariamente insufrible, pero ella, también podría no andar en camiseta por casa, podía probar a abrigarse un poco si tiene frío, no sé, algo de conciencia. ¿Es mucho pedir?

Pues ya os lo digo, no puedo con ella, estoy deseando que se vaya.

viernes, 8 de febrero de 2013

Doña Perfecta ataca de nuevo

Ha sido un sencillo episodio que pasaría a la historia en el caso de ocurrir con otro compañero de piso, con La Niña todo alcanza magnitudes estratosféricas, o como dirían en Gran Hermano (que comienza el próximo lunes), todo se magnifica.
 
De todos los blogueros es conocido el tono de marisabidilla de mi compañera de piso, su "así y ahora", y anoche coincidimos en la cocina. Mientras me preparaba la cena, se me ocurrió limpiar un poco la encimera por encima, sin forzar demasiado pues hace tiempo que no veo a nadie hacerlo, y llegó ella para lavar SU cafetera, con SU esponja. Yo acababa de echar jabón en un estropajo y de echar un poco de lejía en una bayeta húmeda, porque me gusta limpiar bien, lejía y en ocasiones amoníaco si fuera necesario. Pasé el estropajo por parte de la encimera y acto seguido la bayeta. Luego pasé el estropajo por otra parte de la encimera y cuándo iba a pasar la bayeta, todavía con su lejía ella me dijo con su tono de chica irritada "no, así no, déjame que la pase por agua, no le pases la bayeta sin enjuagar que lo llenas todo de grasa". No estaba seguro de haber escuchado bien, pero si, la niña a la que jamás he visto limpiar ninguna zona común me estaba enseñando como limpiar. La bayeta estaba llena de lejía, así que decliné su invitación con un "acabo de echarle lejía, la bayeta está todavía limpia". Puso cara de indignada poniendo una mueca con sus labios. Mientras terminaba de pasar la bayeta leía la expresión de su cara "bueno, haz lo que quieras, yo ya te he avisado, puerco".
 
No quise decirle nada, solamente terminé lo que estaba haciendo, y cuándo lo hice me fui a cenar. Claro que por mi mente pasó darle un par de contestaciones. Le agradezco el consejo sinceramente, aunque no era el momento, ni yo la persona. No era una limpieza exhaustiva, y aquello quedó como los chorros del oro, al punto que se podría comer directamente encima de la encimera, lo que muchos conocen como la prueba del algodón. Hombre, si le diese el consejo de limpieza a Gordi, yo no lo vería mal que el chico está un poco falto de recursos en cuanto al tema, pero a mi no, que para esas cosas soy demasiado pulcro, y mucho menos que me de consejo de limpieza una persona que se cree que lo hace todo perfecto.
 
Pues sepa Vd., srta. La Niña, que me he callado eso de que jamás la he visto pasar una bayeta ni sucia ni limpia, no la he visto, no la he visto tampoco y ya hablando de pulcritud, limpiar los platos que Vd. utiliza como tapa para calentar el agua y que se llenan de esas sucias manchas negras que deja el fuego en la parte posterior de los platos, esos platos que después no utiliza, ni utiliza ni limpia. Tampoco la he visto pasar una triste bayeta por los muebles, y es que empiezo a cansarme de soltar indirectas del estilo "alguien asesinó, a alguien, alguien es un asesino", pues con la limpieza voy a tener que empezar a soltarlas por el estilo "alguien no limpió bien la encimera, alguien se las da de demasiado limpia y luego no coge un paño".
 
He dicho.

martes, 29 de enero de 2013

Habrá que cambiar el módem

La semana del aniversario del blog ha sido bastante movida en Villa Gordi, que así vamos a llamar al piso que comparto en el centro de Madrid con Gordi y La Niña. Aunque ¿deberíamos seguir llamándolo Villa Gordi o cada vez más Villa Niña? Ni una cosa ni la otra, el rey de la cocina sigo siendo yo, pero La Niña ha mostrado ya tras casi medio año con nosotros sus rarezas, y es rara de cojones, digo yo, ¿no?

A mi no me gusta hablar en este blog ni de mi vida privada ni de política, sin embargo de la vida de mis compañeros de piso no me importa hacerlo, ya lo sabéis. Pues bien, La Niña sigue cocinando con su mini sartén, su olla con tapa a juego, sus cubiertos Disney, su cuchara de remover fucsia, su esponja para lavar los utensilios de cocina que después guarda en su habitación y su alimentación basada en queso, queso y queso. Pero a mi esto me da igual, y supongo que a vosotros más.

Tras el calentón que tuvo La Niña cuando se atascó la lavadora, en esta ocasión le ha tocado al módem aunque días antes había habido ya un calentón con la chica. Pero hay luchas internas de las que yo, siempre en mi mundo no me entero, y sigo viendo a Gordi asustado, cohibido, malhumorado, indignado. Lo noto raro. Pobre, con lo feliz que él era en su mundo de ensueño futbolístico y sofá, hasta que llegó La Niña, con sus rarezas. Entre ellas, destaca que es friolera, dice, y estudia siempre con un collarín y una bolsa de agua para calentar los pies, eso, y la calefacción a todo trapo, que el pobre Gordi me preguntó hace unos días, mientras sudábamos en camiseta, si yo tenía frío. Tras su pregunta retórica dejó escapar el comentario "Es que La Niña, siempre que viene a la cocina pone la calefacción casi al máximo, que cualquier día revienta la caldera, y yo no veo que este año esté haciendo tanto frío". Tendrá frío, Gordi, siempre hay que controlar un poco el consumo, ya no solo por la factura, por el uso energético o evitar pérdidas de energía innecesarias. Y siempre podemos cerrar nuestros radiadores al gusto. Si es que hay soluciones intermedias siempre, todo es hablarlo, y si hay que hablar las cosas, para eso tenemos a La Niña, gran oradora.

Pues bien, la semana pasada llegué a casa y la conexión a internet daba un problema, que no conectaba, vamos, que la ADSL no iba ni de coña. Así que, seguí los pasos básicos, reiniciar el ordenador y buscar la solución de problemas de conexión de Windows, apagar el módem y volverlo a encender, y comprobar que todos los cables estaban conectados. Finalmente, como los pasos uno, dos, tres y cuatro no dieron resultado, realicé el último y normalmente definitivo, darle un golpe al ordenador. Pero todo fue infructuoso. Yo, como realquilado fui a junto Gordi, que es el que lleva el peso del piso y el que se encarga del mantenimiento en general. Le comenté qué pasaba con la conexión a internet. Se puso en plan técnico asustado, apagó y encendió el módem, revisó los cables otra vez y solo le faltó el toque de gracia. Le recomendé que llamase a la compañía telefónica, pues todo me parecía estar correcto y muchas veces las averías vienen de fuera. Gordi llamó sin perder un segundo, y un teleoperador sudamericano le dijo que estaban trabajando en arreglar la incidencia.

Llegó La Niña, ya de mal humor (para variar), comentándonos que no había internet, que a ver qué hacía, qué cómo estudiaba, habrá que hacer algo, ¿no? Gordi no dudó en ponerle en conocimiento que ya había llamado al servicio técnico. Y La Niña se fue a su habitación, a seguir estudiando en alto, repitiendo todo lo que lee, para que la escuchemos bien. No tardó ni cinco minutos cuando apareció en el marco de mi puerta, con una mano apoyada en el mismo y la otra en su cadera. Que seguimos sin internet, que algo habrá qué hacer ¿no? Intenté decirle que el módem funcionaba correctamente, que lo más probable era que se tratase de una avería de la compañía telefónica, y que en cuanto solucionasen eso, tendríamos conexión a internet. Pues algo habrá que hacer ¿digo yo, no? A lo mejor hay que cambiar el módem ¿digo yo, no? Es cansina la niña, es doña perfección, así y ahora, y tampoco es que atienda mucho a razones. Yo, con mi carácter tranquilo, e intentando que Gordi no se cagase por los pantalones le dije que eso ya lo habíamos hecho. Me callé aquello de que podíamos ir a buscarlo directamente al almacén de módems, porque ya le había mentido lo suficiente.

Pues la avería tardó tres horas, mientras la niña fue a estudiar a la biblioteca, sufriendo, supongo por no poder estudiar leyendo en alto. La conexión vino igual que se fue, sin avisar. Gordi me había preparado una nota con el número de referencia de la incidencia, y un teléfono al que llamar en el caso de que La Niña se pusiese nerviosa y se fue a dar un paseo, a tranquilizarse.

Menos mal que no decidimos cambiar el módem, estaríamos a día de hoy todavía sin internet. Si es que tantas prisas... nena...

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La Niña

Con todo el movimiento del verano, que si vacaciones, enfermedad, ausencia del blog y demás, se me olvidó comentar un detalle importante, un post antiguo que bien podría titularse "Con Dió, mi arma". Ha habido cambios en el piso, se ha ido el Malaguita y ha entrado una chica. Los cambios no son pocos.
 

En mitad de las vacaciones, en medio de mi agonía, recibí un mensaje de mi compañero de piso, de Gordi, en él me anunciaba que el Malaguita se iba, así de repente, casi sin avisarle, y que aún por encima, no le había dejado la llave de su habitación para enseñarla y poder alquilarla. Poco después me anunciaba que ya tenía la habitación alquilada, entraría una chica, y como dijo él, con una sonrisa de viejo verde "una niña viene para casa". No le faltaba razón.
 
Que Malaguita se fuese fue una auténtica alegría. Oiga, es que todos los que alquilan la habitación de al lado terminan siendo unos cafres, por unas cosas o por otras, y a mi, que Malaguita no tuviese ni idea de cocinar, que quemase las sartenes, que llenase el congelador de pan o que se trajese a la novia me daba un poco igual, claro que lo que no aguantaba era su música de tecno-chacho a todas horas, especialmente en horario de siesta, una música mala hasta la saciedad y que repetía una y otra vez a todo volumen. A mi, me molestaba que montase fiesta en casa, con sus amigos igual de cazurros que él, y que tuviesen la música alta de madrugada, aunque fuese en fin de semana. Pero todos esos sufrimientos se han terminado, y todo gracias a que uno de sus mejores amigos de Málaga se vino a vivir a Madrid y buscaba piso, allí disfruten de su chacho-gitaneo, y no descarto pasear por Madrid en cualquier momento y escuchar desde la calle la música, y es que la ponía a un volumen totalmente insoportable.
 
El caso es que si, llegó la niña, a la que llamaremos, la niña, o la niña del piso. No en vano, tiene 18 años recién cumplidos y es la primera vez que sale de casa. La niña es mona, aunque escasa de pechos, seria a la par que insulsa. Aporta poco, sinceramente, y también trae sus taras, no os penséis que alguien que alquile esa habitación va a ser una persona normal por el arte de birlibirloque. Llegó con su madre, un sábado, y me lo anunció por whatsapp, una moderna, que ya fue lo primero que pensé. Hablamos un rato, más que nada para darle las llaves, las instrucciones y demás. Ella se autodefinía como una chica con carácter, directa pero con gran capacidad para hablar y solucionar problemas, estudiante de publicidad. Cari, para publicista te vendes regu, que lo sepas. Aunque parece cierto. La chica es del norte, y aunque no tengo nada en contra la gente del sur, eso ya presupone cierta austeridad, seriedad y tranquilidad. Su madre nos pidió que la cuidásemos.
 
Ella trae sus cosas de serie, sus sartenes, sus cacerolas, sus platos, sus vasos, un paso atrás para empezar una conviviencia, aunque yo ya le dije que conviviencia conviviencia, teníamos la justa, coincidir en la cocina y poco más, que cada uno hacía su vida, yo por ejemplo en mi habitación y mi balcón, y Gordi en el salón. Gordi le compró una mesa que puso en el salón, y puso otra mesa en la cocina, para que la chica comiese. Al final hace caso a mi recomendación, y con tal de comer sin ver el pelo grasiento de Gordi, también se lleva la comida a su habitación. Pero la cosa, mientras nos dure la chica, que parece que no será por mucho, parece que será una estancia tranquila.
 
Para mi el gran problema ha sido el baño. Con Malaguita tenía el baño para mi solo, vivía en un limbo de felicidad, y la llegada de La Niña ha supuesto que Gordi dejase su baño y se viniese para el mío. Horror, os lo puedo asegurar, aunque eso quizá merezca un post completo totalmente escatológico.
 
Bicos Ricos