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viernes, 28 de marzo de 2014

La Competición (la dura competición)

Creo que soy un chico modélico, según se vea, para algunas cosas nada modélico, os lo voy anunciando, pero para otras si, así es como Gordi, mi compañero de piso ha modelado un hombre perfecto, (que para si ya quisiera el mismísimo Fabián, que no deja de ser un producto imaginario), a mi imagen y semejanza.
Llevo yo unos meses comprobando una extraña simbiosis en Gordi conmigo, que yo ya os lo advierto también, me sigo duchando a diario, y yo con él no me mimetizo nada de nada. Y creo que todo esto de la simbiosis no es más que parte de una extraña competición que tenemos Gordi y yo desde hace tiempo, una competición silenciosa, como si de la guerra fría se tratase. Una competencia por ser la musculoca del año. ¡Lo he dicho! Claro que yo en ese tipo de competiciones no entro, yo aspiro a ser un muscle bear, como mucho.El caso es que vengo notando cosas extrañas en el piso, y comportamientos que realmente me suenan. Diréis que son tonterías y figuraciones mías, pero os voy a poner varios ejemplos explicativos dónde lo váis a ver más que claro.
Hace un año y pico me compré una caja grande de galletitas para picar, de esas con forma de pez, y aproveché el bote que tienen de plástico para meter dentro pasta de trigo, normalmente ahí dentro meto espirales de tres sabores, de esas de tres colores muy buenas para ensaladas de pasta las naturales, las de tomate y las de verduras. Gordi, que siempre que estoy cocinando le encanta meter las narices y preguntarme cual es mi menú y darme un poco la paliza, en su momento me dijo que a él de colorines no le gustan, un clásico pensé yo. Pues hace cosa de un par de días descubrí encima de la encimera un bote de galletas de aperitivos igual que la mía, y con pasta como la mía, pensaba que se me había quedado fuera al utilizarla, pero no, la mía estaba guardada en su sitio. Había utilizado el mismo método que yo. Empecé a hacerme cremas de verduras, porque creo que es de las pocas formas que soy capaz de comer verduras, tan necesarias para el organismo, aunque mi receta preferida es la crema de calabacín. Pues el muy desgraciado no tardó ni un par de días en empezar a hacerse cremas de verduras, a cada cual más apestosa, también os lo digo.
Gordi siempre utilizó gel de ducha y champú, aunque ya os digo que eso de utilizarlo es un poco una frase hecha, porque los utiliza poco o muy poco, yo siempre utilicé jabón y champú. Ahora él está utilizando también jabón, que ni os cuento como termina cada vez que él se ducha, los distingo porque el mío termina sin pelos y él con parte del vello púbico. Otra casualidad, pensaréis vosotros. Empecé a primeros de año a ir al gimnasio, porque desde hacía meses me estaba empezando a descarriar, sin embargo, Gordi, llevaba unos meses en clara tendencia de perder peso, y eso porque de vez en cuándo le dedica unas horas a jugar al fútbol. Pues mes y pico después me preguntó a qué gimnasio iba, y me apareció por allí para anotarse. Por suerte para mi, se anotó en otro gimnasio. El mío debió parecerle que estaba muy lejos, o que era muy caro, que caro no es que sea, todo lo contrario, pero tiene el inconveniente de que hay que pagar de golpe toda la anualidad para que te salga a buen precio. Pues ya tenemos al chico yendo al gimnasio. Que yo me alegro, porque el deporte es salud. Pero vamos, que es otra de esas casualidades que a mi me parecen que llevan encubiertas tácticas de guerra fría por ver quien tiene un cuerpo 10 a final de la década. La parte buena, pensé, es que se ducharía en el gimnasio, con lo cual el baño podría estar un poco más limpio, pero para mi sorpresa, y en esto no me ha imitado, no se ducha en el gimnasio, se ducha a veces en casa, y gracias.
Pero el colmo de los colmos ha sido lo de ayer. Cada vez que salgo del gimnasio me tomo a modo de merienda, y para refrescarme la garganta una bebida de estas de leche y frutas de esas con sabores mediterráneo, tropical, o vaya vd. a saber qué. Pues ahí ha debido ver que yo los guardaba en la nevera, que ayer mismo estaba poniendo en su lugar de la nevera también bebidas de estas. ¡Es que no puede ser, coño! Un poquito de iniciativa, hombre, es lo único que le pido.
Yo a partir de ahora jugaré al despiste, no me vaya a ganar y me aparezca de la noche a la mañana hecho un figurín, que no me puede ganar en competición tal. Colocaré una caja de galletas de chocolate a la vista, una caja vacía, por supuesto, y pensaré en más maldades para que vaya por el camino equivocado, que yo quiero ser el primer Avisperman. A fin de cuentas, es una vieja táctica rusa. Qué duro es el culto al cuerpo, y qué dura es la competición.

martes, 18 de febrero de 2014

El Fan Fatal

Que a mi ni me va ni me viene, que lo sepáis, que Fabián es mi ex novio imaginario, ya no tenemos vínculo, excepto algún mensaje esporádico que me envía al whatsapp, imaginariamente, claro. Que me dice que le va muy bien con su Enrique, y yo me alegro, no os vayáis a pensar, el único problema, el gran problema es que hay por ahí un fan fatal. A mi Fabián le ha salido un fan tipo atracción fatal, y oye, que esto no es fácil ni para un ex, ni para el mismo ex imaginario, así os lo digo.
 
Pintada imaginaria amenazante
Hace unos días me escribía un mensaje por whatsapp que decía, y cito textualmente "Como sigas enviándole mensajitos a tus fans te corto los huevos". Yo le dije que no tenía ni idea de qué iba el mensaje. Resultó ser una pintada que alguien le hizo en el bajo de su edificio, una sucursal abandonada de Bankia. La verdad, es que me cogió un poco desprevenido, si os soy sincero. Pero vamos, que a mi a quién le escriba mi Fabián me la trae ya un poco floja. Le he dicho que tenía toda la pinta de ser un mensaje de su actual Enrique, si, ese chico turolense y modelo, un mensaje para que no me escribiese más y me olvidase imaginariamente. Me ha respondido que imposible, que su Enrique, también imaginario jamás haría una pintada así. Entonces solo se me ocurrió decirle que no fuese tan engreído, que mismo la pintada no era para él, y era para su vecino del quinto, otro buenorro, o para su vecina de enfrente, una chica muy maja que trabaja en Comisiones Obreras y que está potente potente. Ahí quedó la cosa, supongo que mi Fabián se quedó con la mosca detrás de la oreja.
 
Una de las últimas fotos de mi Fabián en las dunas
Y en principio a mi me daba un poco igual el asunto este turbio que se traía entre manos Fabián, su Enrique, sus fans fatales o lo que fuese. El caso es que ayer apareció en el bajo de mi edificio una nueva pintada, que me apunta a mi directamente, aunque mis vecinos no sepan nada, y mejor así, no vaya a ser que me hagan repintar a mi la fachada, con lo bonito que nos ha quedado el edificio tras la capa de pintura color teja que le han metido. La pintada en cuestión decía "Saca de tu mente a mi Fabián. Fabián es mío, ijoputa". Así, sin cortarse un pelo, con falta de ortografía incluida, a modo de engaño. Porque yo otra cosa no, pero como detective valgo mi peso en oro, pero alguien que escribe Fabián con su tilde es alguien que sabe de ortografía, y si ponen eso de "hijoputa" sin hache es para engañar, como aquel que asesina al señor de la casa y revuelve todo, para despistar y hacer creer que el motivo del crimen es un robo. A mi no me la dan, ni imaginariamente, vamos.
 
Llamé a mi Fabián, y le dije que controlase mejor a su Enrique, que éste se había pasado tres pueblos, que a ver qué era eso de escribirme pintadas a mi, que yo a él lo había borrado de mi mente hacía ya unos meses. Fabián con su desparpajo imaginario me contestó que, quizá esa nueva pintada no fuese para mi, y que quizá, y solo quizá nada tuviese que ver con su Enrique, porque en el bajo de su casa, dónde se había puesto una mano de pintura cubriendo la pintada anterior, había aparecido una que decía, misteriosamente "Enrique, eres solo un producto de su imaginación, acabaré contigo pronto".
 
Yo ya no sé si esto del ex imaginario, lo del novio imaginario del ex imaginario o lo que sea, no sé si acabará bien, yo creo que se me está yendo una vez más de las manos todo este asunto de imaginarme cosas que no tengo la necesidad de imaginarme. A ver si al final va a ser cierto eso de que voy a cometer un crimen imaginario, que luego ya me veo yo borrando pruebas que solo existen en mi cabeza. A ver si es que me estoy volviendo loco, que también es una opción, no sé qué pensaréis.

miércoles, 5 de febrero de 2014

La niña, a lo Pantoja

Dicen por ahí que Madrid es una especie de pueblo gigante, dónde todos se conocen, y parece cierto el dicho, porque esto no dejan de ser barrios dónde ves a la gente de todos los días, tu pescadero, tu quiosquero, el moro que corta el pelo y es del F.C. Barcelona, el tipo que se pasa todo el día en el bar de la esquina fumando en la calle, la señora alcohólica que pasea al perro todas las tardes, los niños ruidosos que van al colegio un par de manzanas más allá, el pollero buenorro, el chico que trabaja en la sauna, o el joven cartero que siempre viste con camisetas de fútbol. El caso es que pese a estar en el centro, conoces a la gente más o menos habitual, y como dicen tarde o temprano te encuentras a cualquiera, y ya no digamos en el ambiente.
  
Cuándo la niña dejó el piso, el verano pasado, tanto Gordi como yo respiramos aliviados. Yo pude descansar por las noches sin tener que aguantar como la niña estudiaba en alto, hacía sus ejercicios físicos, escuchaba a Bruno Mars (el que odia Damian) o ponía los dibujos animados a todo trapo por las mañanas. Gordi pudo recuperar su salón en el que ya no se sentía incómodo, redujo muy considerablemente la factura de la calefacción en el mes de julio y supongo, la niña también respiró algo aliviada de no tener que compartir piso con dos impresentables como podemos ser nosotros, dos chicos mucho mayores que ella y que aunque no lo parezca, aunque descuidados con algo más de sentido. Todos salimos ganando. La niña empezó a buscar piso por la zona, yo incluso escuché como hablaba con su madre y le contaba que había visto un piso un par de calles más arriba. Y sin embargo no la volvimos a ver. No la volvimos a ver hasta ayer.
Estaba la tarde gris y ya anochecía. Yo había terminado mis rutinas en el gimnasio que se encuentra en la azotea de un complejo de edificios públicos. Entre la sala de musculación y los vestuarios hay un pasillo largo, muy estrecho, unas escaleras un mini pasillo y un pasillo grande con unas amplias cristaleras dónde si estiras los brazos casi tocas la pared y la cristalera a la vez. Volvía sudoroso, secándome con la toalla, exhausto por el esfuerzo, y de frente, a unos 20 metros me encuentro una cara, cuánto menos, conocida. Y tanto, la muy puta de la niña, la que comenzó llamándose en el blog la niña y terminó llamándose la tarada, que según su madre era "especial", y tan especial. Ella salía del vestuario, con su teléfono en la mano y una mochila a su espalda. La hubiera reconocido a leguas, y ella supongo que a mi, porque su reacción fue arrimarse a la pared, poner el teléfono delante de la cara, y a medida que yo me acercaba, girarse hacia la pared y girarse más para que no le viese la jeta. Disimuló como pudo, a lo Ana Obregón, le comentaba, probablemente a su madre (la única que la aguanta) que acababa de salir del gimnasio. Preciso que ella no hace cardiovascular, solamente piscina, porque no coincidimos en ningún momento (por ahora).. Yo procuré intimidarla un poco en el momento del reencuentro, yéndome hacia ella, casi chocando, muy disimuladamente, para provocar un encuentro que no me apetecía pero que tampoco me hubiera importado, y quizá me saliese algún improperio por la boca.
Lo primero que hice cuándo salí del vestuario fue enviar un mensaje a Gordi. "Acabo de estar con una amiga tuya". Su mensaje de respuesta fue dubitativo "¿Una amiga mía, cuál?". Le dije que me la llevaba a casa que le apetecía mucho verle, pero que encendiese la calefacción, que seguramente tendría frío. Al momento se dió cuenta de quién le hablaba, su respuesta fue "no, si fue casi tu mejor amiga, intimasteis más, si casi llegáis a las manos, pero ¿Qué hace esa ahí si está en los huesos?" El pánico cundió cuándo le dije que estábamos llegando a casa. En cuanto abrí la puerta lo primero que dije en voz alta, para meterle el susto en el cuerpo a Gordi fue un "mira quién está aquiiiiií". Asomó ligeramente la cabeza por la rendija de su puerta, había palidecido, y probablemente perdido algún que otro gramo solo del miedo. Era una broma, claro está, aunque una broma sencilla pero de muy mal gusto. Yo soy así, muy bromista.
Un asco verla, así os lo digo. Una desagradable sorpresa. Y muy pocas ganas de volver a encontrármela. Pensé que con su ida del piso sería suficiente. Al menos así lo pensé cuándo con una llave borré su nombre del buzón de correos el día antes de que se fuese. Tendremos que vivir con ello, y es que lo que yo os decía, Madrid no deja de ser un lugar más pequeño de lo que parece.

jueves, 30 de enero de 2014

¡Gordi se ha enamorado!

¡Ay! Que el chico se nos ha enamorado, os lo digo yo que soy un especie de Cupido, veo el amor a leguas, y todo me hace indicar que nuestro Gordi ha puesto la mirada en nuestra compañera de piso, sin en Adele.

Desde que Adele llegó al piso llegó la calma en todos los sentidos, por fin una compañera de piso como Dios manda, limpia, silenciosa, agradable y muy habladora. Lo tiene todo, creo yo, hasta novio, también os lo digo, que se lo ha traído un fin de semana a casa. Y desde que llegó a nuestro Gordi se le han alterado las endorfinas. Adele siempre se ha comportado como una compañera de piso alegre que te da cháchara en cualquier momento, aunque tú estés medio adormilado haciéndote el desayuno, y pese a eso se agradece, aunque yo para esas cosas sea de carácter bastante desagradable. Gordi está encantado con ello, como es lógico. Así que desde el primer día se han puesto a hablar, y como son más o menos de zonas próximas, han estudiado en el mismo instituto allá en la capital de su provincia, y como la chica es mona, pues, conversación al canto. Han estado horas hablando, y han congeniado muy bien, para qué nos vamos a engañar. A la charla anterior, hay que sumar que en más de una ocasión han visto La Voz juntos y esas cosas unen, que yo os lo digo.

Pues algo ha cambiado en Gordi. Yo lo vengo notando de un tiempo para aquí. Lo he sorprendido en más de una ocasión echándose colonia, una colonia casposa que él utiliza de supermacho, que deja olor por toda la casa. Se ha duchado más de dos días seguidos, y eso sí que es un auténtico milagro. Si si, lo que estáis leyendo, se ha duchado más de dos días seguidos. Yo me preguntaba qué conjunción astral se habría producido en los últimos días más allá de la Vía Láctea, y la única respuesta que se me ocurrió es que el niño se nos había enamorado. Claro que no os penséis que esta higiene personal de dos días tiene su traducción en la limpieza del piso, no, él sigue con sus costumbres arcaicas frente a la taza del wc (léase orinar sin puntería, dejar el té mañanero o dejar la marca también en el wc de aguas mayores ignorando la existencia de una escobilla de wc).

Pero no se queda la cosa en una higiene algo más continuada (que aproximadamente le ha durado tres semanas y ya está), es que Gordi ha recuperado el salón, su salón. Aquel salón que con la niña había perdido la ilusión por ocupar, aquel sofá en el que dormir la siesta con la camiseta subida luciendo tripa. Las cabezaditas que diría él. Porque esa es otra. Han comenzado obras en el edificio, unas obras que dan al patio interior dónde él tiene la ventana. Adele le ha comentado que con el ruido no podría dormir, él, cuál caballero y galán español ha dicho sin inmutarse "¿Yo dormir la siesta? Si no duermo la siesta apenas, una cabezadita como mucho, y en el salón". Cabezadita dice. No es la primera vez que se queda durmiendo toda la tarde, o que incluso se duerme mientras está cocinando. Pero no quiero hacer una crítica al sueño, que también es cierto que él madruga un montón y yo ya no sería capaz. Volvamos al salón, a su recuperación. Con la niña él no lo pisaba, por no encontrarse con ella, se sentía incómodo en su hábitat natural. Ahora ya no, está horas y horas allí tumbado, esperando la llegada de Adele, para darle los buenos días, para colarse con cualquier excusa en su habitación.

Escucha música romántica, así como os lo digo. Mientras cocina me bombardea con todo tipo de pasteladas románticas. Si, chicas, aquí tenéis al prototipo de hombre que buscábais, un Donjuán. Pero este indicio de escuchar cierta música, y de anotar esas letras tan románticas no es lo único que me ha hecho saltar la alarma, por si fuera poco, le hace regalos. Hace un par de días ha estado esperándola para regalarle un bolígrafo del sindicato en el que está anotado pero que cuándo hay huelga general aprovecha para cogerse una baja. Si, le ha regalado un bolígrafo, pero no un bolígrafo cualquiera, que es un bolígrafo con el anagrama del sindicato y que además puede servir para utilizar con una tablet. Es que está en todo, no se le pasa detalle.

Hace tres días incluso llegó a preocuparme. Eran las tres de la tarde y ambos estábamos cocinando, me preguntó si sabía algo de Adele, porque la chica no había levantado las persianas, me preguntó si se habría quedado dormida, y le contesté que no, que esa mañana se había levantado (coincidimos a la misma hora por la mañana), que lo más probable era que se hubiese ido al pueblo después de trabajar. Gordi se quedó con la mosca detrás de la oreja. Cinco minutos después me contestó que la chica se había levantado tan adormilada que se había olvidado de subir las persianas. ¡Le había escrito un whatsapp para salir de dudas!

No sé qué pensaréis, pero yo empiezo a tener esa sensación de ser el tercero en discordia del piso, a sentirme en ocasiones una lámpara o una vela que los ilumine en sus románticas veladas. Románticas según el punto de vista de él, porque la chica ha sido maja desde el principio. Yo ya le hubiera roto el corazón mucho antes.

miércoles, 30 de octubre de 2013

De niña a mujer

¡Ays! Me pongo sentimentaloide cada vez que recuerdo mi infancia y aquella carátula de casette gastada por el tiempo de ese disco que mi madre escuchaba muy a menudo de Julio Iglesias dónde aparecía el mismísimo Julio Iglesias con su querida Chabeli en un bonito gesto padre-hija, ambos con camiseta marinera y Chabeli con unas trencitas llenas de gomas. Porque si, mi madre es relativamente joven pero le cogió de lleno la época de Julio Iglesias, al que ahora no soporta y al que yo solo soporto en karaokes.
Pues bien, tras esta maravillosa introducción de los años ochenta que traerá seguramente muchos recuerdos a vuestra mente de esa infancia feliz, a otros les recordará que eran todavía proyectos por definirse, ahora vamos al meollo de este post, a lo realmente importante. Primero fue la niña, la malhumorada, impertinente, ruidosa, malfollá, rara y un largo etcétera de calificativos no todos buenos, y después de ella vino el remanso de paz, el minillaverito, mi Pepe Botella que nos duró dos telediarios. Ahora, ya tenemos reina para el trono, para ser afortunada en la habitación dónde (exceptuando a la niña) siempre hay sexo. Así que la afortunada tiene una cosa clara y muy buena.
Asi fue que tras el aviso de Pepe Botella de que se iba a compartir piso con otro chico que estudia con él, Gordi empezó a ponerse nervioso y a buscar compañero de piso cuánto antes, manos a la obra, anuncio publicado, y curiosamente, pronto empezaron a llamarle candidatos para ver la habitación. Gordi como tronista tal cual Mujeres Hombres y Bíceps-berzas, respondiendo mensajes desde su sofá, con los auriculares puestos y barriga al aire con la camiseta levantada, para que le ventile bien. El lunes la primera de las visitas, una candidata. Sentí el miedo en el cuerpo de Gordi. Teme a las mujeres, y más visto las experiencias negativas que ha tenido compartiendo piso con ellas últimamente.
Llegó el lunes, y Pepe Botella debería haber dejado su habitación abierta para que la enseñásemos, y sin embargo, se le olvidó ese pequeño detalle. La única solución, despertar a Pimpf en medio de una brutal siesta de lunes tras un intenso fin de semana de poco descanso. "Que va a venir una chica a ver la habitación, que éste no ha dejado la habitación abierta, así que le enseñamos la tuya, que son prácticamente iguales, vienen a las seis". Y esto me lo anuncia mientras yo duermo, que ni ganas de mover un músculo para recibir a nadie. Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una las dos y las tres seis de la tarde, y un nuevo toque en mi puerta. ¡Que ya está aquí, están abajo, va a subir! Y en ese momento véis a Pimpf levantarse, adormilado, aturdido, recoger la ropa tirada, las zapatillas desperdigadas por el suelo, estirar las sábanas y tapar todo bien con el cobertor, cerrar el porno la pantalla del ordenador, y abrir el balcón para que airease aquello un poco. Un desastre, y unas ganas infinitas de asesinar a Gordi en general, a poder ser con dolor, no nos engañemos. ¿Le costaba poner una hora que no fuese la de mi siesta? ¿Qué tal las 8 de la tarde?
Así fue que volvió a sonar la puerta, que instantáneamente se abre, y ante mi, ante mi sorpresa, tres chicas, pijas y monas, jóvenes, de edades cercanas a los treinta, o qué se yo, que estaba muy dormido y encima soy muy malo para esto de las edades. Me hice a un lado y cuál chico con problemas mentales estuve en silencio, teléfono en mano para disimular y hacerme invisible. Vieron la habitación unos treinta segundos y se fueron a ver el resto del piso. Respiré aliviado.
A la media hora de la visita me dice "ya tenemos nueva compañera de piso, ha dicho que si, que se queda, que le ha gustado, ¿Qué te parece?, ¿Está buena? ¿Tiene buenas domingas? He He". Me parece que en este piso podría haber un asesinato antes de que la chica llegue la chica está muy bien, parece mona, a ver si nos sale limpia, silenciosa y tranquila.
Y cuándo yo pensaba que ver enseñar mi habitación habría sido un fracaso absoluto, en ese estado tan lamentable, va la chica y dice que si, que le viene muy bien que está muy cerca de su trabajo. Que mi teoría interna es que yo estaba en estado de gracia tras despertar, en plena erección de estas que los Golden Member tenemos difíciles de ocultar, que quizá eso haya hecho pensar a la chica más en las bondades del piso que en aspectos tan negativos como la imagen de Gordi, que ese día se había duchado, o el piso todo revuelto. No veredes peores cosas, amigo Sancho, muy dificilmente.
Pues ya tenemos tronista, que ya os diré que tal nos sale, hemos pasado pues, de la niña a la mujer, o mujerzuela, a ver si ahora nos sale una zorrupia o una mujer hipersexualizada de estas que se llevan ahora, que tampoco estaría nada mal.

viernes, 25 de octubre de 2013

Adiós, Pepe Botella

Si ayer os anunciaba que se iba mi vecinito de enfrente, el del deseo irrefrenable, y pese a ese refrán que dice que las desgracias nunca vienen solas, lo que no me podía imaginar era que mi corazón iba a sufrir otra pérdida importante. Bueno, no tan importante, tampoco nos vamos a engañar, y es que el minillaverito, mi compañero de piso se va también, y nos ha durado nada, ni dos telediarios. Para uno con el que estaba yo super a gusto, con el que alegraba la vista, un chico limpio, ordenado, silencioso, educado y sonriente. Pues se nos va también.
 
Y es que debo tener en mi cuerpo alguna sustancia similar a la que soltaba Jaime la mofeta, porque en los últimos tres meses he tenido ya demasiadas pérdidas personales irreparables. Vale que lo de mi vecino el del deseo irrefrenable era solo una pérdida visual, una alegría menos para la vista, al igual que me ocurrirá con el minillaverito. Pero si a estos dos sumamos lo de Billy y D., se me antoja que por ahí circulan partículas negativas, o como solemos pensar los gallegos en estos casos, me han echado un mal de ojo, que para estas cosas somos muy supersticiosos y es una forma de lamentarnos por las malas rachas que no tenemos cierta explicación y nos sacan cierto peso de encima. Total, que aunque no lo parezca, aunque sea una pérdida mínima, en el fondo me duele un poco. Más me han dolido y me duelen otras.
 
Por otro lado, pienso que (sin generalizar) de dos andaluces que hemos tenido el piso, ambos lo han dejado al poco de estar aquí, ambos para lo mismo para irse con un compañero de estudios (o algo similar) y así, sin mucho tiempo para reaccionar. Precisamente este domingo pasado comentábamos que por fin alguien normal en esa habitación (que debhe ser la habitación de las taras, y también la de follar), que por primera vez estaba yo realmente a gusto con "el tercero en discordia", y sonriente Gordi me decía "acertamos esta vez" y yo le decía "acertar acertar tampoco te pases, que el pobre vino a ciegas, y ha sido más suerte que otra cosa, que tú lo que se dice buscar buscar, lo que se dice buscar... solo has puesto un anuncio".
 
Ahora claro, está Gordi que se tira de los pelos grasientos, buscando a alguien para sustituirlo, con el riesgo que entraña esto, porque Gordi mete en la habitación al primer siquiero que recibe, así hemos tenido los compañeros de piso que hemos tenido. Otra vez, un tiempo de vacante (como cuándo fallece un papa), otra nueva presentación, otra vuelta a explicar un poco el funcionamiento del piso, adaptarse a nosotros, nosotros a esa nueva persona... no sé, ya vuelvo a tener en mente la ilusión de un hombretón empotrador con barba, puestos a pedir..., claro qué, cualquiera entra en esa leonera de piso, así os lo digo, porque Gordi tampoco se mata mucho en recoger todo, ni en adecentar algo el piso, redecorarlo, qué se yo. Pronto, muy pronto tendréis otro post, sobre el nuevo/a. Yo ya le he dicho que a ver si ficha a alguna guiri ligera de cascos, que me apetece.

viernes, 4 de octubre de 2013

Pepe Botella

Si, Caris in love, como diría el Papa si fuese una moderna de mierda. Que no es que este Papa no nos haya salido más moderna que los anteriores, o que muchos creamos que va por el buen camino, es que el post de hoy nada tiene que ver con la religión, ya os lo anuncio. Pepe Botella es mi nuevo compañero de piso.
 
Como ya escribí en un post, os tenía prometido hablaros de mi nuevo compañero de piso. Claro que he querido ser muy prudencial al respecto, y no es por una cuestión de privacidad, o temor a que mi nuevo compañero de piso sea un fans de este blog. Necesitaba conocerlo un poco para poder rajar comentar en este humilde genial blog. Pues bien, si esperábais un post maléfico de estos que hago demonizando a mis compañeros de piso, ya os lo advierto también, Pepe Botella es cuasiperfecto. Y digo cuasi perfecto porque la perfección solo tiene un nombre, Pimpf es muy difícil de alcanzar, el pobre, es heterosexual. ¿Algún defecto tenía que tener, no?
 
Pues bien, aunque no he profundizado lo suficiente en su personalidad, ya me he quedado con datos importantes. Es sevillano lo que le da un acentazo muy bonito, y pese a estas diferencias irreconciliables que siempre subyacen entre los del norte y los del sur (y no me preguntéis pero siempre subyacen, aunque supongo que será por esa diferencia de culturas o por el cambio de un clima a otro), ya os lo digo, me la traen floja las diferencias. Su presentación fue un poco chusquera, y previsible. Gordi me dijo "te presento a Pepe Botella, el nuevo compañero de piso, es sevillano, y supongo que le gustará la Cruzcampo, aunque tú seas más de Estrella de Galicia". ¡Bien por los topicazos, Gordi! Así me gusta, resaltando ya las diferencias norte-sur. Efectivamente, Pepe Botella, antes incluso de comprarse la cena ya se había comprado unas botellas de Cruzcampo. Claro que en cuánto lo vi, en cuánto lo vi no tenía esa imagen tan clara sobre él. Me pareció un minillaverito, y claro, por si no lo sabíais, tengo debilidad por las pequeñeces (no en todos los sentidos, os lo aclaro). Así os lo digo, un chico bajito, rubio con ojos azules, pijo al más puro estilo sevillano, o andaluz si me permitís que caiga en el topicazo, con sus camisas perfectamente planchadas y que siempre salen de casa con un jersey en el culo, aunque allí en el sur no les haga falta ninguna (mala copia de lo que es un gallego por la noche). Si, pijo y con pantalones pitillo ¿Hola, una moderna de mierda en casa? Fue una primera impresión.
 
Claro que, han pasado los días y ya lo veo con otros ojos, o quizá ojitos. Efectivamente, parece un chico bien, pijillo, esa cruz no se la vamos a sacar, clásico vistiendo, quizá. Pero agradable, muy agradable, siempre sonrisa en boca, siempre un saludo, siempre un comentario sobre cualquier cosa. Silencioso, profundamente silencioso y respetuoso. Si habla por teléfono, si pone música o lo que sea, siempre te pregunta si te molesta. Y esto ya lo digo por Jediondi, la Niña, que si te molestaba algo suyo su respuesta era un "te jodes". En este caso no se cumple esa máxima de "otros vendrán que bueno te harán". Limpio y ordenado. Siempre que utiliza la cocina, limpia todo al terminar no como otros que dejan mugre para dar y tomar (y no veo para nadie, aunque mi dedo esté señalando a Gordi). No sé, caris, que no le veo yo defectos.
 
El chico estudia, también os lo digo, ha estudiado lo mismo que yo, y eso es parte de esos puntos de entendimiento a los que hemos llegado, aunque me queda la pena de que, pasado este año se nos vaya a ir, porque yo a este chico me lo pedía ya para los Reyes Magos, o si me apuráis para Santa Claus, que llega unos días antes, y no digo esto porque lo haya visto con su cuerpazo recién salido de la ducha, que también lo he visto, es que temo que este momento tan dulce de convivencia termine pronto. Por eso temo a las busconas, como siempre os he dicho (son una especie que tendría que desaparecer). Y cuándo digo lo de las busconas me refiero a su novia. Efectivamente, este fin de semana se ha traído a su novia, esa buscona del tres al cuarto, también, pijilla sevillana, alta y guapa, así como me la ha presentado. Qué esta se lo va a llevar... al tiempo.

jueves, 18 de julio de 2013

La Niña. La calefacción.

Ya lo anticipé en el post titulado "No puedo con... la niña". Efectivamente, la niña se ha convertido en mi mayor pesadilla desde tiempos inmemoriales, mi archienemiga en Madrid y ha hecho que pasasen a la historia aquellos compañeros que me robaban de la despensa mis latas de sardinas picantonas. Ella no, en ese sentido era honrada, jamás me ha faltado nada de la despensa. Por suerte para ella.
 
Primeros del mes de junio, las temperaturas máximas rondan los 25 grados y las mínimas entre 13 y 15, las máximas van en ligero aumento a medida que pasan los días. Llegamos al día 8, la máxima 28, y a mi que me empiezan a caer los goterones por mis abominables de tableta de chocolate lorzas. Salgo al balcón, a respirar aire más fresco y es que si, aunque parezca increíble hay más calor dentro de casa que fuera. Me dirijo a la cocina y ya escucho el sonido inconfundible de la caldera. La niña continuaba con la calefacción encendida. ¡En junio! Podría decir que la culpa fue de Gordi, por ponerle gastos incluidos en el alquiler, pero solo una mente enferma pondría la calefacción en junio por mucho que ya la hubiese pagado de antemano. ¡Un poco de cabeza!
 
Se me ocurrió la brillante idea de pensar que, si la niña tenía frío con 28 grados lo que tenía que hacer era apagar los radiadores, y así hice, cerré los radiadores de las zonas comunes y la de mi habitación. Problema solucionado. Claro qué, no todo iba a ser tan sencillo, pese a mi agudeza mental. Por debajo de las baldosas de mi habitación, en el subsuelo del piso, discurren los tubos de cobre que llevan el agua caliente desde la caldera, pasan por mi radiador y continúan hacia la habitación de la niña, quién a partir de ahora pasará a llamarse.... Jediondi (para los archienemigos). Pues esos tubos también me recalientan la habitación, que, ni que decir tiene, que al igual que la de Jediondi están soleadas durante todo el día.
 
Paso número dos, protestarle a Gordi, que él es el que tiene alquilado el piso, para que le ponga las pilas. Gordi apaga la caldera, sin más. Jediondi sale de su habitación y vuelve a conectarla, son las 10 de la noche, un calor casi infernal. Me levanto yo al rato, vuelvo a escuchar la caldera y la vuelvo a apagar. Discurre la noche con normalidad, no sé si guardar el nórdico o si dejarlo, opto por la segunda opción, aunque durmiendo ligero de ropa y por encima del mismo.
 
Me levanto para ir a trabajar, me aseo, desayuno y me voy. Jediondi acaba de levantarse no hace mucho, desayuna viendo Doraemon, cosas de esas edades del pavo, lo cual no quita que le tenga mucho cariño yo a Doraemon, aunque yo soy más de desayunar con las noticias. Salgo un rato de mi trabajo, y en mi fan de chico ahorrador, siguiendo los consejos de Angelillo, voy a mi casa a tomar el café de media mañana. Nada más entrar por la puerta me pega en toda la cara un calor mezclado con olor a piso cerrado. Maldita puerca. Voy hacia la caldera, que está sonando. La ha vuelto a poner, y es diez de junio, siguen las temperaturas altas. Cuando volví a casa, a la hora de comer, Gordi había vuelto a apagar la caldera una vez más.
 
Indignado dejo un comentario de bicha en mi Facebook, más indignación la mía con las respuestas, mis amigos dicen que le de calor, que es lo que la niña necesita, que me la beneficie, si tal. No señores, yo no necesito calor, puedo dar mucho, pero no quiero más calor. Lo siento por ella. Tampoco es que mi mayor ilusión fuese tirarme una tabla de planchar.
 
Pasan los días, pasan las horas, pasa la vida, y llegamos al día 10 de junio, la calefacción en ese juego continuo de yo la apago, tú la enciendes, y gana el que esté más tiempo en casa y más duerma. Pues bien. opto por mendigar y ponerle una nota en la caldera, pidiéndole que por favor no la encienda, que estoy medio deshidratado, con los labios resecos de ese calor asqueroso, que si quiere, puede abrigarse un poco más, dejar de llevar pantalones cortos y camisetas de tiras (que yo no tengo nada contra estas camisetas, muy al contrario). Ese día no la conecta.
 
Día 11 por la noche, a las diez la caldera está puesta otra vez, la apago, la enciende, la apago y la enciende. Son las 2 de la madrugada, la escucho levantarse una vez más para encender la calefacción. A los dos minutos, el que se levanta soy yo. Al abrir la puerta escucho. "¡Que no apagues la calefacción!" y yo le grito "¡Que no la enciendas, tarada!". Me quedo dormido, al día siguiente la calefacción estaba encendida y yo me levanto sudando.
 
Día 12. Se disparan las temperaturas, justo lo que yo estaba esperando. Nuestros radiadores apagados, solo puedo pensar "Jediondi, te vas a cagar". En cuánto ella se va a la universidad, yo enciendo la caldera, a bastante potencia, para que se le caliente bien la habitación y no se queje. Es mediodía, continuo con mi plan maquiavélico. Ella llega, entra en su habitación y debe notar algo de calorcillo, por lo que opta por abrir el balcón para ventilar, claro qué, lo que ella no sabe es que eso es una trampa mortal de calor. Abrir el balcón equivale a que la temperatura de tu habitación aumente probablemente hasta cerca de los 38 grados. Ahí es nada.
 
Día 13. La caldera por fin descansa.... el que no descansará esa noche seré yo....

domingo, 12 de mayo de 2013

¿Gordi enamorado?

Esta semana me he llevado una sorpresa que me ha dejado un regusto no amargo, pero sí de extrañeza. Mientras colgaba la ropa recién salida de la lavadora, Gordi abría la ventana de su habitación para ventilarla (que buena falta le hacía), y allí pude ver, en su escritorio, entre miles de cosas depositadas con el tiempo, una caja de condones. ¡Una caja de condones!, ¡y de doce!

Que yo hasta ahora pensaba que él era si no asexual, inexperto, por decirlo de alguna forma, virgen. Pues el niño ha descubierto ya la existencia de los condones, lo que dice que en materia de educación sexual está puesto en el tema, y que la teoría se la sabe, y eso es lo bueno, sin embargo, la siguiente pregunta que me hice al instante fue ¿Con quién? ¿Cuánto le habrá costado la broma?

Así pues, yo no le conozco al chico pareja ninguna, ni tan siquiera "amigas", "amiguitas", nada por el estilo, lo más parecido a una mujer en su vida es una charla continuada casi a diario con una chica a través del messenger, con su webcam y esas cosas, pero relación física en si misma, nada. Me lo he imaginado recorriendo los chats de sexo, en busca de el quiqui aliviador, pero intentarlo es una cosa, y conseguirlo otra. Luego pensé que quizá, ante la dificultad de un polvo a través del chat, la otra opción, y probablemente la más fácil, aunque más cara sería la prostitución.

Sobre la prostitución tampoco lo tengo muy claro. Fui yo quién hace unos meses le dijo de la existencia de una casa de citas muy próxima a nuestra casa. Se sorprendió cuándo se lo comenté, y me comentó que él había pasado muchas veces y jamás se le habría ocurrido que allí había un puticlub. La semana pasada me fui a Galicia, a pasar el macropuente del dos de mayo de Madrid, pocas horas después de dejar Madrid, me llegaba un whatsapp, preguntándome si me había ido a Galicia, le contesté que si, que si se tenía pensado hacer alguna fiesta, me llamó mal pensado. Pero él tenía esa caja de condones en su escritorio. ¿Habrá ido al club de citas? ¿Se habrá dado un paseo por la calle Montera? ¿Habrá montado una fiesta sexual en casa? Es que me lo imagino en el sofá esquinero, tumbado sobre su costado con una sábana tapándole sus partes pudendas, rodeado de tres prostitutas mientras come un racimo de uvas, y solo pensar en algo así se me revuelve un poco el estómago, así os lo digo.

Y no digáis que soy malo. Menos mal que a mi no me gusta nada cotillear.

sábado, 11 de mayo de 2013

No puedo con... la niña

Vaya, que por el titular no os penséis que tengo fobia a los hermanos Pinzones, ni tampoco en general hacia las mujeres, no me he vuelto homosexual de un día para otro, sigo teniéndoles a las mujeres el mismo cariño y deseo que siempre, con quién no puedo realmente es, con mi compañera de piso.

Y podría citar mil y una anécdotas pero me voy a ceñir a la anécdota del día. Me he tirado a dormir una plácida siesta, en esta tarde tan soleada y primaveral que tenemos en Madrid, dónde las temperaturas son más que agradables, con una máxima de 25 grados y apenas hay nubes ni viento. Pues me he levantado de mi siesta entre sudores. Duermo ya en camiseta, he guardado los pijamas largos, me he quitado mi polar fino que utilizo durante el invierno para estar cómodo por casa, y por miedo, todavía no he retirado el nórdico aunque anticipo que esta semana me lo sacaré de encima. Estamos ya en primavera, y la llegada del verano es irreversible. Pues mi compañera de piso, ha tenido la ocurrente idea de encender la calefacción.

No es nada que me haya sorprendido, para ser sinceros. A Gordi le traía de cabeza con lo de la calefacción durante el invierno, muy alta, encendida todo el día. Claro, en invierno, pues tampoco es gran problema, a excepción del problema medioambiental. La clave está en que los gastos del piso los tenemos incluidos en el precio de la habitación. Así pues, si nieva, si hace calor, si los días son más cortos, si necesitamos más o menos duchas, si dejamos las luces del piso encendidas todo el día, no pasa nada, siempre pagamos lo mismo, la carga recae sobre Gordi, quién ve como unos meses los gastos de agua se disparan, otros los de la calefacción, y así un largo etcétera. Pues la niña se ve que al no pagar directamente la factura del gas, apenas es consciente del gasto que tiene. Pero independientemente del gasto que genere, del deterioro medioambiental, coño, que estamos a mediados de mayo, que empieza a hacer verdadero calor, que tenemos dos habitaciones soleadas a las que les pega el sol durante todo el día, que se calientan solas y que parecen auténticos hornos en verano, por lo que tenemos que procurar, en época estival mantener las persianas cerradas durante el día y abrir las ventanas durante la noche para ventilar.

Pero esta niña es una sinsangre, ya os lo digo yo. Lo suyo es el deporte, correr, hacer ejercicios en su habitación, ir a carreras, comer ensaladas, nada de carne, aportes vitamínicos, hierro, vitamina C, D, A, B, fósforo, y comer queso. Proteínas por ningún lado, grasa tampoco. Que ya os lo digo, a mi lo que coma me la trae un poco al fresco, como si tiene algún problema de alimentación, que lo ignoro, pero vamos, que tener frío con 25 grados en la calle me parece excesivo. Que permitirse estar al sol en el balcón, y dentro de la habitación tener la calefacción encendida. No sé. Yo siempre tengo la opción de cerrar mi radiador, para no pasar ese calor innecesariamente insufrible, pero ella, también podría no andar en camiseta por casa, podía probar a abrigarse un poco si tiene frío, no sé, algo de conciencia. ¿Es mucho pedir?

Pues ya os lo digo, no puedo con ella, estoy deseando que se vaya.

viernes, 8 de febrero de 2013

Doña Perfecta ataca de nuevo

Ha sido un sencillo episodio que pasaría a la historia en el caso de ocurrir con otro compañero de piso, con La Niña todo alcanza magnitudes estratosféricas, o como dirían en Gran Hermano (que comienza el próximo lunes), todo se magnifica.
 
De todos los blogueros es conocido el tono de marisabidilla de mi compañera de piso, su "así y ahora", y anoche coincidimos en la cocina. Mientras me preparaba la cena, se me ocurrió limpiar un poco la encimera por encima, sin forzar demasiado pues hace tiempo que no veo a nadie hacerlo, y llegó ella para lavar SU cafetera, con SU esponja. Yo acababa de echar jabón en un estropajo y de echar un poco de lejía en una bayeta húmeda, porque me gusta limpiar bien, lejía y en ocasiones amoníaco si fuera necesario. Pasé el estropajo por parte de la encimera y acto seguido la bayeta. Luego pasé el estropajo por otra parte de la encimera y cuándo iba a pasar la bayeta, todavía con su lejía ella me dijo con su tono de chica irritada "no, así no, déjame que la pase por agua, no le pases la bayeta sin enjuagar que lo llenas todo de grasa". No estaba seguro de haber escuchado bien, pero si, la niña a la que jamás he visto limpiar ninguna zona común me estaba enseñando como limpiar. La bayeta estaba llena de lejía, así que decliné su invitación con un "acabo de echarle lejía, la bayeta está todavía limpia". Puso cara de indignada poniendo una mueca con sus labios. Mientras terminaba de pasar la bayeta leía la expresión de su cara "bueno, haz lo que quieras, yo ya te he avisado, puerco".
 
No quise decirle nada, solamente terminé lo que estaba haciendo, y cuándo lo hice me fui a cenar. Claro que por mi mente pasó darle un par de contestaciones. Le agradezco el consejo sinceramente, aunque no era el momento, ni yo la persona. No era una limpieza exhaustiva, y aquello quedó como los chorros del oro, al punto que se podría comer directamente encima de la encimera, lo que muchos conocen como la prueba del algodón. Hombre, si le diese el consejo de limpieza a Gordi, yo no lo vería mal que el chico está un poco falto de recursos en cuanto al tema, pero a mi no, que para esas cosas soy demasiado pulcro, y mucho menos que me de consejo de limpieza una persona que se cree que lo hace todo perfecto.
 
Pues sepa Vd., srta. La Niña, que me he callado eso de que jamás la he visto pasar una bayeta ni sucia ni limpia, no la he visto, no la he visto tampoco y ya hablando de pulcritud, limpiar los platos que Vd. utiliza como tapa para calentar el agua y que se llenan de esas sucias manchas negras que deja el fuego en la parte posterior de los platos, esos platos que después no utiliza, ni utiliza ni limpia. Tampoco la he visto pasar una triste bayeta por los muebles, y es que empiezo a cansarme de soltar indirectas del estilo "alguien asesinó, a alguien, alguien es un asesino", pues con la limpieza voy a tener que empezar a soltarlas por el estilo "alguien no limpió bien la encimera, alguien se las da de demasiado limpia y luego no coge un paño".
 
He dicho.

martes, 29 de enero de 2013

Habrá que cambiar el módem

La semana del aniversario del blog ha sido bastante movida en Villa Gordi, que así vamos a llamar al piso que comparto en el centro de Madrid con Gordi y La Niña. Aunque ¿deberíamos seguir llamándolo Villa Gordi o cada vez más Villa Niña? Ni una cosa ni la otra, el rey de la cocina sigo siendo yo, pero La Niña ha mostrado ya tras casi medio año con nosotros sus rarezas, y es rara de cojones, digo yo, ¿no?

A mi no me gusta hablar en este blog ni de mi vida privada ni de política, sin embargo de la vida de mis compañeros de piso no me importa hacerlo, ya lo sabéis. Pues bien, La Niña sigue cocinando con su mini sartén, su olla con tapa a juego, sus cubiertos Disney, su cuchara de remover fucsia, su esponja para lavar los utensilios de cocina que después guarda en su habitación y su alimentación basada en queso, queso y queso. Pero a mi esto me da igual, y supongo que a vosotros más.

Tras el calentón que tuvo La Niña cuando se atascó la lavadora, en esta ocasión le ha tocado al módem aunque días antes había habido ya un calentón con la chica. Pero hay luchas internas de las que yo, siempre en mi mundo no me entero, y sigo viendo a Gordi asustado, cohibido, malhumorado, indignado. Lo noto raro. Pobre, con lo feliz que él era en su mundo de ensueño futbolístico y sofá, hasta que llegó La Niña, con sus rarezas. Entre ellas, destaca que es friolera, dice, y estudia siempre con un collarín y una bolsa de agua para calentar los pies, eso, y la calefacción a todo trapo, que el pobre Gordi me preguntó hace unos días, mientras sudábamos en camiseta, si yo tenía frío. Tras su pregunta retórica dejó escapar el comentario "Es que La Niña, siempre que viene a la cocina pone la calefacción casi al máximo, que cualquier día revienta la caldera, y yo no veo que este año esté haciendo tanto frío". Tendrá frío, Gordi, siempre hay que controlar un poco el consumo, ya no solo por la factura, por el uso energético o evitar pérdidas de energía innecesarias. Y siempre podemos cerrar nuestros radiadores al gusto. Si es que hay soluciones intermedias siempre, todo es hablarlo, y si hay que hablar las cosas, para eso tenemos a La Niña, gran oradora.

Pues bien, la semana pasada llegué a casa y la conexión a internet daba un problema, que no conectaba, vamos, que la ADSL no iba ni de coña. Así que, seguí los pasos básicos, reiniciar el ordenador y buscar la solución de problemas de conexión de Windows, apagar el módem y volverlo a encender, y comprobar que todos los cables estaban conectados. Finalmente, como los pasos uno, dos, tres y cuatro no dieron resultado, realicé el último y normalmente definitivo, darle un golpe al ordenador. Pero todo fue infructuoso. Yo, como realquilado fui a junto Gordi, que es el que lleva el peso del piso y el que se encarga del mantenimiento en general. Le comenté qué pasaba con la conexión a internet. Se puso en plan técnico asustado, apagó y encendió el módem, revisó los cables otra vez y solo le faltó el toque de gracia. Le recomendé que llamase a la compañía telefónica, pues todo me parecía estar correcto y muchas veces las averías vienen de fuera. Gordi llamó sin perder un segundo, y un teleoperador sudamericano le dijo que estaban trabajando en arreglar la incidencia.

Llegó La Niña, ya de mal humor (para variar), comentándonos que no había internet, que a ver qué hacía, qué cómo estudiaba, habrá que hacer algo, ¿no? Gordi no dudó en ponerle en conocimiento que ya había llamado al servicio técnico. Y La Niña se fue a su habitación, a seguir estudiando en alto, repitiendo todo lo que lee, para que la escuchemos bien. No tardó ni cinco minutos cuando apareció en el marco de mi puerta, con una mano apoyada en el mismo y la otra en su cadera. Que seguimos sin internet, que algo habrá qué hacer ¿no? Intenté decirle que el módem funcionaba correctamente, que lo más probable era que se tratase de una avería de la compañía telefónica, y que en cuanto solucionasen eso, tendríamos conexión a internet. Pues algo habrá que hacer ¿digo yo, no? A lo mejor hay que cambiar el módem ¿digo yo, no? Es cansina la niña, es doña perfección, así y ahora, y tampoco es que atienda mucho a razones. Yo, con mi carácter tranquilo, e intentando que Gordi no se cagase por los pantalones le dije que eso ya lo habíamos hecho. Me callé aquello de que podíamos ir a buscarlo directamente al almacén de módems, porque ya le había mentido lo suficiente.

Pues la avería tardó tres horas, mientras la niña fue a estudiar a la biblioteca, sufriendo, supongo por no poder estudiar leyendo en alto. La conexión vino igual que se fue, sin avisar. Gordi me había preparado una nota con el número de referencia de la incidencia, y un teléfono al que llamar en el caso de que La Niña se pusiese nerviosa y se fue a dar un paseo, a tranquilizarse.

Menos mal que no decidimos cambiar el módem, estaríamos a día de hoy todavía sin internet. Si es que tantas prisas... nena...

domingo, 25 de noviembre de 2012

El cambio necesario

Yo solo digo una cosa, si algo no funciona no hay como deshacerse de ella y cambiarla por una nueva. Y a estas reflexiones he llegado tras notar ciertos cambios en el piso. El fundamental, Gordi apenas sale de su habitación.
 
¿Está enfermo el chico? ¿enamorado quizá? ¿Se ha aburrido del salón? Y es que ha tenido que venirse a vivir al piso una chica para que le pusiese un poco las pilas al chaval. También hay que decir que la niña, que así la llamaremos porque tiene 18 años, tiene mucho carácter, o quizá le fallan las formas, o puede que haya algo ahí que todavía no he podido analizar.
 
El caso es que el pasado fin de semana encontré un pequeño charco en la cocina, al parecer, la lavadora había perdido algo de agua. Al día siguiente volví a ver otro pequeño charco, alguien había puesto la lavadora otra vez y esta perdía agua. Avisé a Gordi de que la lavadora estaba empezando a fallar, y él dijo que seguramente por poner la lavadora medio vacía. Y al día siguiente, otra lavadora, claro que el lavado en esta ocasión era de La Niña, y el que se encontró un gran charco, nuevamente fui yo, pero un pedazo charco. La lavadora permaneció encendida, como en standby toda la noche, y por la mañana, la niña volvió a poner la lavadora, para que terminase de lavar lo del día anterior. Y el charco debió ser inmenso en la cocina, porque vinieron del piso de abajo expresamente para decir que apagásemos la lavadora que se les estaba inundando su cocina.
 
A mi esto me lo contó La Niña, mientras yo cocinaba, ella hablaba con su alto tono de voz, siempre enfadada, y yo pensaba que bueno, que era comprensible cierto mosqueo cuando en 2 días no consigues poner una lavadora, y cuando sacas la ropa está empapada, claro que yo no tengo por qué aguantar la chapa de una niñata que tiene alquilada una habitación. Que le de la paliza a Gordi, pensé. Ahí fue cuando puse la cara de ¡Problemaaaaaaas! Entonces, la niña, en un nuevo ataque de ira contenida, o genio, o carácter o de lo que fuese, empezó a contarme que allí tenía mucha ropa interior y su ropa de hacer deporte, que la necesitaba, e intentó encender de nuevo la lavadora, yo, pendiente de mis croquetas, al escuchar la rueda del programa de la lavadora le dije "¡Qué haces loca, así lo vas a hacer peor! ¿No ves que si la enciendes puedes crearles un problemón a los de abajo y ya no hablamos de una gotera o una lavadora estropeada?". Recapacitó y dejó de intentarlo, aunque siguió dándome la paliza mientras ponía cara de "¿Tan importante es tu ropa?". Le dije que lo que mejor podía hacer era poner la ropa en el tendedero y esperar a que llegase Gordi, contarle lo que había y que solucionase. A los cinco minutos escucho la puerta, llegaba Gordi, y yo sabía que tendría su calvario. No duró en la cocina ni un minuto y salió para avisar al dueño del piso.
 
Desde ese momento casi reina el silencio en el piso. Gordi no ha vuelto a pisar el salón. Me llamó a la puerta de la habitación para que le avisase a La Niña de que habían desatascado las tuberías y que ya se podían utilizar, por si la veía. Ahora Gordi se pasa todo el día fuera de casa, el niño me va a coger el frío, cuando llega casi se encierra en su habitación, ya no es aquel Gordi que dormía en el salón con la barriga al aire, o roncaba como un serrucho en su siesta con la puerta de la habitación casi abierta de par en par. Gordi teme a la niña. Fijáos si la teme, que en el último puente que tuvimos en Madrid, le dije que aprovechase para montar una fiesta, y él me contestó "si hombre, con La Niña por aquí, como para montar algo". A-C-O-J-O-N-A-D-I-T-O  me lo tiene al pobre. Ya os contaré si continúa la escalada de violencia, pero todo parece que no ha hecho más que comenzar.
 
Ya lo último es que aunque La Niña y yo pensamos que es más económico para todos es que el dueño del piso cambie ya de lavadora, por una lavadora que consuma mucha menos agua, mucha menos electricidad y que tampoco están tan caras. Que Gordi ahorraría más, y se evitaría un dolor de cabeza que jamás ha tenido. Pues el dueño ha enviado a un técnico para que vea la lavadora, y un fontanero para desatascar aquello. Nada, que el buen señor disponga y que haga números, pero yo creo que solamente decir "fontanero" y las piernas tienen que empezarte a temblar ante la temible factura.

sábado, 20 de octubre de 2012

No puedo con... el cartelito de "Se Vende"

Ya sé que empezáis a pensar que soy un cascarrabias, y que a ver quién es la persona que me vaya a aguantar cuando sea viejo, lo sé, pero estas cosas mejor sacarlas que quedárselas dentro, que así luego salen los tumores, por aguantarse cosas malas dentro. Pues yo no me callo ninguna, al menos bloguerísticamente hablando, excepto cosas de mi vida privada, de la que no hablo en el blog o de política, porque bién sabéis que me hierve la sangre.
 
En esta ocasión le ha tocado al cartelito de "Se Vende". Que no a un cartelito cualquiera, no, que yo soy muy comprensivo con los negocios, hasta los inmobiliarios, que en estos tiempos que corren y con la crisi que hay todo lo que sea bueno para la economía es perfecto, y yo, como no, quiero que se vendan cuantos más pisos mejor, y si están ya construidos también, no solo va a ser el mercado de primera mano, pero ese cartelito, con ese cartelito no puedo.
 
El sábado pasado, mientras veíais lo ruín que soy, protestando contra Rita Irasema y Gaby Aragón, al disfrutar de los primeros rayos de sol mañaneros, salí al balcón a desperezarme, giré la cabeza a uno y otro lado, después de ver el tiempo que hacía, y justo en el momento que vi hacia la izquierda, ahí estaba el cartelito, el puto cartelito, si, el cartel ese en concreto que dice "Se vende" y que sobresale de uno de los balcones de unos vecinos próximos, un cartel que han puesto para que se vea a lo lejos de la calle en uno y otro sentido, un puto cartel, y así es como hay que llamarlo "puto cartel", que me impide cotillear con tranquilida lo que ocurre en parte del barrio. ¡Hombre ya! ¡Carteles aquí no, Juan, carteles aquí no!
 
Ahora, tengo que asomarme muchísimo al balcón, a riesgo de caerme en cualquier momento, o subirme a la barandilla y es que, os lo digo así, pero hay muchos detalles del barrio que no me debo perder, que está la cosa que arde. Claro, ¿y si sale mi vecino Guillermo y en lugar del gimnasio va a otro lado? ¿Por qué bocacalle se mete? ¿qué pasa con la gente que iba a la tienda del pakistaní? ¿como hago yo ahora para verlos? ¿cómo veo si mi vecino el divo que se cree la caña de España tiene la moto aparcada frente a su casa? ¿Habrá ido al gimnasio también? Es que en mi barrio se cuidan todos. ¿Y la loca que fuma como un carretero y trata a su hija como si tuviese un retraso mental? ¿Irá al bar o a su casa? ¿Hay presentación de libros en la librería de la calle? Por favor, es todo super importante y me lo voy a perder mientras dure esta crisi de mierda o mientras no haya un rico adinerado (de los que no la padecen y aprovechan para invertir) o que alguien que quiera comprarse un piso, vaya y pique. Porque yo ya os lo digo, es un primero, y en una calle de Madrid me diréis que vistas va a tener, ninguna, pues eso, que no va a picar ni Dios y así estaré con el puto cartel delante, por los siglos de los siglos.
 
Bicos Ricos
 
Pd.: Joder que afea el barrio ¿no se da cuenta nadie?

lunes, 8 de octubre de 2012

Llegó la tranquilidad

Uffff, ayer por la tarde respiré tranquilidad, la tranquilidad que no tuve en los cinco días anteriores y es que como yo ya había vaticinado, la visita de esta prima podía acabar con mi salud, física y mental.

Está claro que en los tres años y medio que llevo en Madrid cada vez estoy más acostumbrado a la vida en solitario. O al menos, a no estar acompañado por alguien día y noche. Es que caris, comida, merienda y cena acompañado, la siesta acompañado, por las noches acompañado. No sé, el único momento de tranquilidad que tenía era mi momento en el baño, con mis pensamientos. ¡Es que ni tocarme podía!

El día de mayor estrés fue el viernes, yo creo que llegó un punto en el que casi reviento, y uno no puede reventar por el estrés que te puede causar que una prima y de mis mejores amigas te haga una visita, eso nunca, antes respirar y contar hasta cien si es necesario pero para los amigos hay que estar siempre. Claro, yo me imaginaba una visita dónde ella saliese de compras, sin mi, dónde fuésemos a hacer alguna excursión, y así entretenerme yo también, pero los planes no iban más allá de un paseo por la Gran Vía, una visita al McDonalds, un Palacio Real, un Templo de Debod, pero vamos, que yo esas cosas me las conozco de arriba abajo, que por el Templo voy a correr todos los días, bueno, quién dice todos los días también dice tres días mínimo a la semana.

El sábado, incluso, por hacer algo distinto nos fuimos al Museo del Prado, que yo ya había visitado unas cuantas veces, y como siempre, es un placer su visita. Me sirvió de bálsamo ante mis crecientes nervios y mis ganas de estar solo. Finalmente me concentré en lo realmente importante, el domingo volvería a estar solo, todo lo demás, arrastrar un cansancio increíble y acostarse temprano. 

El domingo yo creo que ya reflejaba ilusión en mi rostro que se iluminaba esperando que llegase la hora de la partida. Joder, me hace sentirme mal, e incluso la biblia menciona algo al respecto "no es bueno que el hombre esté solo", pero yo necesitaba esa tranquilidad que pedía hace unos post. Se ha confirmado, no sirvo para estar acompañado. ¡Ay de quién me lleve al altar!

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La Niña

Con todo el movimiento del verano, que si vacaciones, enfermedad, ausencia del blog y demás, se me olvidó comentar un detalle importante, un post antiguo que bien podría titularse "Con Dió, mi arma". Ha habido cambios en el piso, se ha ido el Malaguita y ha entrado una chica. Los cambios no son pocos.
 

En mitad de las vacaciones, en medio de mi agonía, recibí un mensaje de mi compañero de piso, de Gordi, en él me anunciaba que el Malaguita se iba, así de repente, casi sin avisarle, y que aún por encima, no le había dejado la llave de su habitación para enseñarla y poder alquilarla. Poco después me anunciaba que ya tenía la habitación alquilada, entraría una chica, y como dijo él, con una sonrisa de viejo verde "una niña viene para casa". No le faltaba razón.
 
Que Malaguita se fuese fue una auténtica alegría. Oiga, es que todos los que alquilan la habitación de al lado terminan siendo unos cafres, por unas cosas o por otras, y a mi, que Malaguita no tuviese ni idea de cocinar, que quemase las sartenes, que llenase el congelador de pan o que se trajese a la novia me daba un poco igual, claro que lo que no aguantaba era su música de tecno-chacho a todas horas, especialmente en horario de siesta, una música mala hasta la saciedad y que repetía una y otra vez a todo volumen. A mi, me molestaba que montase fiesta en casa, con sus amigos igual de cazurros que él, y que tuviesen la música alta de madrugada, aunque fuese en fin de semana. Pero todos esos sufrimientos se han terminado, y todo gracias a que uno de sus mejores amigos de Málaga se vino a vivir a Madrid y buscaba piso, allí disfruten de su chacho-gitaneo, y no descarto pasear por Madrid en cualquier momento y escuchar desde la calle la música, y es que la ponía a un volumen totalmente insoportable.
 
El caso es que si, llegó la niña, a la que llamaremos, la niña, o la niña del piso. No en vano, tiene 18 años recién cumplidos y es la primera vez que sale de casa. La niña es mona, aunque escasa de pechos, seria a la par que insulsa. Aporta poco, sinceramente, y también trae sus taras, no os penséis que alguien que alquile esa habitación va a ser una persona normal por el arte de birlibirloque. Llegó con su madre, un sábado, y me lo anunció por whatsapp, una moderna, que ya fue lo primero que pensé. Hablamos un rato, más que nada para darle las llaves, las instrucciones y demás. Ella se autodefinía como una chica con carácter, directa pero con gran capacidad para hablar y solucionar problemas, estudiante de publicidad. Cari, para publicista te vendes regu, que lo sepas. Aunque parece cierto. La chica es del norte, y aunque no tengo nada en contra la gente del sur, eso ya presupone cierta austeridad, seriedad y tranquilidad. Su madre nos pidió que la cuidásemos.
 
Ella trae sus cosas de serie, sus sartenes, sus cacerolas, sus platos, sus vasos, un paso atrás para empezar una conviviencia, aunque yo ya le dije que conviviencia conviviencia, teníamos la justa, coincidir en la cocina y poco más, que cada uno hacía su vida, yo por ejemplo en mi habitación y mi balcón, y Gordi en el salón. Gordi le compró una mesa que puso en el salón, y puso otra mesa en la cocina, para que la chica comiese. Al final hace caso a mi recomendación, y con tal de comer sin ver el pelo grasiento de Gordi, también se lleva la comida a su habitación. Pero la cosa, mientras nos dure la chica, que parece que no será por mucho, parece que será una estancia tranquila.
 
Para mi el gran problema ha sido el baño. Con Malaguita tenía el baño para mi solo, vivía en un limbo de felicidad, y la llegada de La Niña ha supuesto que Gordi dejase su baño y se viniese para el mío. Horror, os lo puedo asegurar, aunque eso quizá merezca un post completo totalmente escatológico.
 
Bicos Ricos

lunes, 9 de julio de 2012

Clases de puré de patata

Dice D. que la anécdota no es graciosa pero a mi me lo parece, porque no es normal a estas alturas de la película el dar una clase de cómo preparar un puré de patata de sobre, y he aquí mis dotes de Elena Santonja y mis gracietas de Carlos Arguiñano, pero sin meterme nada, claro. Cuando empecé con aquel curso acelerado de como preparar un puré de patata de sobre pensé instintivamente en el blog, sabía que tenía un post y me acordé de las ReZetas de Zeta, ese genial bloguero que es más discontinuo que el Guadiana, claro, había nacido una estrella gastronómica, y de este blog a crear un restaurante y aparecer en las Guías Michelín hay un breve paso.

Hasta hoy apenas os había hablado del Malaguita, mi compañero de piso que es de un pueblecito de Málaga y de ahí el nombre que me he currado, aunque en casa oficialmente les llamamos a él y a su novia "Los Quillos" también algo muy elaborado como podéis ver. Malaguita tenía hambre y descubrió por casualidad los purés de patata clásicos de toda la vida, los de Maggi (te quiere ayudar) y ahí se compró dos cajas, una de puré de patata clásico, y como no tenía mucha idea, otra de puré de patata con leche, y ahí estaba, en la cocina absorto en la lectura del modo de empleo de estos copos mágicos. Lo vi cogiendo una cazuela y ya me temí lo peor, no había hecho nunca un puré de patata. En realidad no había cocinado nada más complicado en su vida que un bocata de jamón y queso, pero ahí apareció Pimpf, siempre dispuesto a ayudar le dijo "¡Pero qué haces, animal!".

Malaguita contestó con un sencillo "yo que ze, illo, que hamá he hessho nada deto, que dise aquí que tiene leshe, y yo la leshe no la veo por ninguna parte, que inventos estos". Pimpf, comprensivo (dentro de todo lo que se pueda comprender a alguien que habla andaluz muy cerrado), y temeroso de cualquier tipo de accidente en la cocina, recordando sus primeros tiempos fuera de casa, se decidió a echarle una mano. "¿Es para ti solo, para una ración?". Efectivamente, iba a ayudarle a preparar una simple ración de puré de patata.

Los ingredientes son muy sencillos, un sobre de puré de patata Maggi con leche, una pizca de sal y un poco de mantequilla. La forma más sencilla de prepararla es echar en un tazón amplio un poco de agua, al gusto, calculando más o menos la cantidad que se va a comer, se le echa la pizca de sal, al gusto también y se remueve hasta diluir bien la sal. Se mete la taza en el microondas un par de minutos, hasta que hierva el agua, siempre dependiendo del tipo de microondas. Se saca la taza con cuidado de no quemarse y se vierte parte del contenido del sobre en el agua hasta casi cubrir todo el agua. Se cubre todo con el agua y se mezcla en su interior la mantequilla. Cuando los copos se hayan empapado bien, se remueve hasta alcanzar la consistencia necesaria y deshaciendo los grumos. Ya se puede disfrutar de un buen puré de patata listo para acompañar cualquier plato por elaborado que sea. El puré de patata de sobre hace un buen maridaje, dentro de lo cutre, con cualquier vino tinto, y ya para gente más glamurosa, como escuché en cierta ocasión a unas chicas muy pijas que compraban Don Simón para hacer calimochos en un botellón, con un buen lambrusco siempre se le da un toque más chic a una cena. ¿Veis? Nunca es tarde para aprender que si lo ves con buenos ojos, hasta el vino ese con gaseosa puede ser maravilloso.

Lo gracioso de la anécdota en si no es que alguien no sepa preparar un puré de patata de sobre, a cualquiera le puede pasar, a mi lo que me ha sorprendido es que Malaguita, con lo joven que es, y aunque lleva ya unos meses fuera de casa se haya querido enfrentar el solo a preparar este tipo de recetas. No sé qué será lo siguiente. ¿Calentar unas albóndigas de lata en el microondas? Por si acaso ya le advertiré que antes de calentarlas tiene que sacarlas de la lata.

Bicos Ricos

lunes, 7 de mayo de 2012

Bienvenido, malaguita

Dios ha escuchado mis plegarias. Siempre os he dicho que soy católico y practicante, y desde que me anunciaron la marcha de Norman Foster como compañero de piso he dedicado mis plegarias nocturnas para pedir un compañero de piso que estuviese cachondo, que me trajesen algo decente, y ¿veis? cuando tus oraciones son escuchadas es cuando te reconfortas con tu fe, y así es como ha llegado al piso el Malaguita.

El Malaguita llegó al piso al día siguiente de la partida de Norman Foster. Una partida sin más pena ni gloria que tanto yo como Gordi estábamos esperando como agua de mayo, y anda que no ha llovido en lo que lleva de mes. Yo ni tan siquiera salí de mi habitación para desear un buen viaje a nuestro compañero, que seguirá unos meses por la ciudad. Malaguita es un jovencito que como podéis adivinar es de Málaga, con unos ojazos azules impresionantes y un bonito trabajo en la rama informática, le acompañaba una joven más impresionante todavía, su novia. Pronto deshicieron las dos maletas que traían y se encerraron en la habitación dos días en los cuales se podía escuchar flamenco como banda sonora y cante jondo, como acompañamiento. Si yo siempre lo he dicho, ¡esa habitación es la de follar! Debería haberme cambiado.

A los dos días, cuando se hizo la luz, y su chica se fue a su pueblo de origen, creo suponer, Malaguita salió de la habitación, y yo pienso que incluso le molestaba la claridad de la luz. Y vino para dar un aire renovado a nuestro oscuro piso. Lo ha conseguido, a Gordi se le ve no solo alegre, sino hablando con acento andaluz, y eso que él es también chico del norte. Malaguita tiene muchísimo acento malagueño, de los de "Azin que zi, illo". Yo ya os lo digo, se me hace complicado entenderle, es como si tuviésemos otro extranjero. Y lo mejor de todo es que ya tengo por fin un baño para mi solo, esta vez Gordi y él comparten no solo retrete, lo comparten todo. Dos horas después de que la novia de Malaguita dejase el piso ambos estaban jugando a la Play muy felices. ¡Es como si fueran novios! ¡Si hasta comen juntos!

No todo es positivo, que yo ya he puesto algunos peros. El chico es nuevo en esto de compartir piso, y yo creo que es la primera vez que sale de casa, si me apuráis. El otro día asistimos a su primera lavadora, explicada paso a paso "la ropa de color con la ropa de color, lo claro con lo claro y lo oscuro con lo oscuro", le explicamos como colgar la ropa en el tendedero e incluso le dijimos que había una plancha. Gordi que es muy apañado se desvive explicándole estas cosas, se las hace, y yo lo veo genial. Su primera compra, su primera sartén pegada, sus primeros macarrones, su primera colonia chispas. Yo creo que además de música, Malaguita va a traer vidilla y alegría al piso, un ¡Buenas tardes chicos! ¿Cómo estáis? que hace de esto algo más agradable, por fin, convivencia en el piso y no supervivencia.

Le deseamos una feliz estancia y a Gordi una feliz luna de miel, que yo ya no sé si ponérme celoso.

lunes, 30 de abril de 2012

¡Chao Norman Foster!

Llevo desde hace un mes con una hojita que he imprimido en el trabajo con un calendario hecho dónde voy marcando la cuenta atrás para que mi compañero de piso, Norman Foster se vaya. Y es que precisamente hace un mes, Gordi, mi otro compañero de piso me dio la buena noticia. En el escueto comunicado de Gordi, decía "Pues nos quedamos otra vez sin compañero, Norman Foster se va el 30 de abril". Vaya, cuánto lo siento. Esa fue la cara que intenté poner, la de pena por que el puerco de mi compañero de piso se va. Incluso casi se me cae una lagrimita de pena. Habría sido una actuación espectacular, digna de unos Oscar, o aunque sea de unos Globos de Oro, o unos Tp, si me apuráis. Hoy, por fin es el gran día.

Estaba deseando que se fuese. Y mirad que el chico me parece muy educado, todo lo pide tímidamente "con permiso", pero eso no quita que sea un puerquecito, como diría la madre de Kartman de South Park. Y uno, tras casi un año aguantando, pues ya no está para muchas porquerías más de estas. Veréis que no exagero mis ganas de que se vaya, pues por ejemplo; jamás ha cogido un estropajo, paño, esponja o similar ni ningún producto de limpieza para dejar como los chorros del oro el baño (o por lo menos sacar la mugre), en todo un año, es de los que creen que la ciencia infusa hace que los baños aparezcan de un día para otro relucientes, de hecho, hace cosa de un par de semanas volví a encontrarme en la bañera con otra mata de pelo asqueroso, pese a aquellas notas que le dejaba y que decían "No hair, please" y ya, lo que colma mi paciencia en el cuarto de baño es su toalla jedionda y es que desde que se instaló hay en el colgador de toallas una de tamaño mini, marrón oscura que jamás se ha movido de allí. Yo no sé para qué la utiliza, aunque puedo imaginármelo, y para las manos no es precisamente, yo por si acaso procuro ni tocarla, es más, intento ni mirarla. Por último, en el baño, la tapa del retrete. Efectivamente, es hetero, y es de los que dejan la tapa levantada, eso cuando no se olvida de tirar bien de la cisterna y desconoce lo que es una escobilla, en pleno siglo XXI, el artilugio más necesario de toda la casa, más incluso que un microondas.

Pero si en el baño es un auténtico asco, en la cocina no desmerece para nada, yo le llamo el montañitas, y es que lo suyo es hacer montañas. Norman Foster, como buen arquitecto que es es un especialista en crear montañas y torres, no sé si en edificios, pero si en la loza. Tiene una habilidad asombrosa para cocinar antes que ninguno, dejar todo cuanto utiliza sucio, cenar tranquilo, y ya con más calma, antes de irse a dormir lavar las cosas, después de que tengamos que apartar toda su porquería para que no nos moleste. Llegado el momento de lavar, hace unas pilas increíbles que se sustentan por algún principio de la física que desconozco pero que, en el momento que tú tienes que poner algo cerca, se desmoronan, claro, sus montañas pasan toda la noche secándose, la mañana, el mediodía y la tarde, jamás ha guardado nada de lo que ha utilizado en su mueble correspondiente.

Ya para acabar este nauseabundo post, decir que Norman Foster, folla. Que yo no lo veo mal, no os vayáis a pensar, que siempre lo he dicho, creo que me voy a tener que mudar a la habitación suya, porque es en la única donde hay sexo, y es que los tres últimos inquilinos han follado que da gusto ahí, mientras, Gordi y yo a dos velas. Pero esto no sería nada de importancia, a fin de cuentas cada uno en su habitación hace lo que puede o lo que quiere, otra cosa son las escandaleras sexuales de su chica a altas horas de la madrugada te impidan dormir, y si, las americanas son como en las películas "oh yeahh....", claro que tienen el tiempo cronometrado, en mis ratos de insomnio.

Claro, ahora estaréis pensando que soy una bicha, que aprovecho que se va para soltar aquí las cuatro perlas sobre él, que soy un chismoso asqueroso. Pues sí, estáis en lo cierto, aprovecho que se va para ponerlo si cabe, más a parir que nunca, como deseando sacar estos malos pensamientos que tengo hacia alguien que no me ha aportado nada, excepto rollos de papel higiénico, que si, Foster ha sido de los pocos que actualizaban esto del papel higiénico sin poblema, lo mismo que para el detergente y el suavizante. ¿Veis? Si yo también sé ver el lado positivo de las cosas.

Hoy me tomaré algo para celebrar que se ha ido y acto seguido, estaré impaciente por conocer al nuevo al que tendré que instruir ya desde el primer día.

Bicos Ricos

sábado, 28 de abril de 2012

El Gordo Cabrón

Creo haber anunciado ya en algún post que, en breves días tendremos en el piso a un nuevo compañero, y además, una baja, se va del piso el americano, Norman Foster, al que en su día le dedicaré su post homenaje por esa marcha tan esperada, pero hoy quiero hablaros de la traca final de Norman Foster, una traca y de las gordas. Se ha traído a pasar unos días al piso a uno que debe ser su mejor amigo, el Gordo Cabrón.

Gordo Cabrón era uno de los personajes de Austin Powers en la segunda y tercera parte de esta genial saga, se le conoce en España como Gordo Cabrón, aunque en gran parte del mundo como Fat Bastard y en hispanoamérica como Marraneo Pérfido, interpretado por el mismísimo Mike Myers, y el amigo que se ha traído Norman Foster es un calco del Gordo Cabrón, con algunos kilos menos, claro, porque si no le habría ya costado entrar en casa.

Nada más llegar dejó su tarjeta de visita. Norman no nos lo presentó, ni nos anunció su llegada, pero al día siguiente supe que algo no estaba bien en el piso porque dejó su tarjeta de visita. Una ducha mugrienta, llena de pelos y restos de haberse duchado alguien, algo nauseabundo, algo que superaba incluso al maravilloso recibimiento que me dió Norman Foster, y algo también, que debe ser común a los norteamericanos que es el desconocimiento del término y objeto conocido como "escobilla de váter". Ahí dejó su huella de identidad, en mi inodoro, algo realmente asqueroso y que mejor no entre en detalles para no remover vuestras entrañas, no quisiera provocar ningún vómito no deseado por nadie, mucho menos que me clasifiquen el blog como un blog para mayores de 18 años por su alto contenido escatológico. Salí huyendo del baño despavorido, como aquel que ha visto al diablo y pronto noté que algo no iba bien del todo, los bajos de mi pijama se habían humedecido, mis pantuflas resbalaban en las baldosas del pasillo. Me paré en seco, volví hacia el baño echándole huevos al asunto y sorprendido vi que la alfombra del baño, la que está al pie de la ducha no solo estaba mojada, húmeda, estaba calada y el suelo incluso con un ligero charco. Esto ha ocurrido los cuatro primeros días, al ver yo que aquello no tendría fin, decidí poner una de mis notas, un posit escrito con mi rotulador fucsia en la taza del váter que decía "Instrucciones de uso: Al terminar de usar, tirar de la cadena y utilizar la escobilla que está en la parte inferior derecha, gracias". No ha vuelto de dejar "chispitas" en el inodoro.

Claro, Gordo Cabrón no ha sido una visita como cualquier otra, Gordo Cabrón lleva en el piso una semana y pico, es el cuarto habitante del piso. Y solo ha dejado algo bueno su visita, que Norman Foster no para apenas en casa, ambos están todo el día fuera y llegan por la noche, esto implica que no cocinan y por lo tanto Norman Foster no se dedica a hacer montañitas ¿Qué no sabéis que son las montañitas? Bueno, esto lo explicaré mejor el próximo lunes. Gordo Cabrón fuma, fuma marihuana que entra por el balcón dejando mi habitación con un ligero aroma entre cuadra e incienso, una mezcla que me hace estar alegre todo el día, pero que no es suficiente como para quitarme el cabreo por tan incómoda visita. Pero si hay algo que no aguanto es su acento de gilipollas. Mirad que yo no tengo nada contra los norteamericanos, pero que pongan acento de estadounidenses gilipollas si que no lo aguanto, el acento guiri por excelencia muy exagerado, cantarín incluso, no lo aguanto.

No veáis las ganas que tengo de que se vaya, y por suerte, tiene los días contados, yo mientras, seguiré poniendo la cara culo que ponen las maricas malas cuando no están conformes con algo, no es que yo lo sea, pero la interpretación es lo mio, creedme.