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viernes, 28 de marzo de 2014

La Competición (la dura competición)

Creo que soy un chico modélico, según se vea, para algunas cosas nada modélico, os lo voy anunciando, pero para otras si, así es como Gordi, mi compañero de piso ha modelado un hombre perfecto, (que para si ya quisiera el mismísimo Fabián, que no deja de ser un producto imaginario), a mi imagen y semejanza.
Llevo yo unos meses comprobando una extraña simbiosis en Gordi conmigo, que yo ya os lo advierto también, me sigo duchando a diario, y yo con él no me mimetizo nada de nada. Y creo que todo esto de la simbiosis no es más que parte de una extraña competición que tenemos Gordi y yo desde hace tiempo, una competición silenciosa, como si de la guerra fría se tratase. Una competencia por ser la musculoca del año. ¡Lo he dicho! Claro que yo en ese tipo de competiciones no entro, yo aspiro a ser un muscle bear, como mucho.El caso es que vengo notando cosas extrañas en el piso, y comportamientos que realmente me suenan. Diréis que son tonterías y figuraciones mías, pero os voy a poner varios ejemplos explicativos dónde lo váis a ver más que claro.
Hace un año y pico me compré una caja grande de galletitas para picar, de esas con forma de pez, y aproveché el bote que tienen de plástico para meter dentro pasta de trigo, normalmente ahí dentro meto espirales de tres sabores, de esas de tres colores muy buenas para ensaladas de pasta las naturales, las de tomate y las de verduras. Gordi, que siempre que estoy cocinando le encanta meter las narices y preguntarme cual es mi menú y darme un poco la paliza, en su momento me dijo que a él de colorines no le gustan, un clásico pensé yo. Pues hace cosa de un par de días descubrí encima de la encimera un bote de galletas de aperitivos igual que la mía, y con pasta como la mía, pensaba que se me había quedado fuera al utilizarla, pero no, la mía estaba guardada en su sitio. Había utilizado el mismo método que yo. Empecé a hacerme cremas de verduras, porque creo que es de las pocas formas que soy capaz de comer verduras, tan necesarias para el organismo, aunque mi receta preferida es la crema de calabacín. Pues el muy desgraciado no tardó ni un par de días en empezar a hacerse cremas de verduras, a cada cual más apestosa, también os lo digo.
Gordi siempre utilizó gel de ducha y champú, aunque ya os digo que eso de utilizarlo es un poco una frase hecha, porque los utiliza poco o muy poco, yo siempre utilicé jabón y champú. Ahora él está utilizando también jabón, que ni os cuento como termina cada vez que él se ducha, los distingo porque el mío termina sin pelos y él con parte del vello púbico. Otra casualidad, pensaréis vosotros. Empecé a primeros de año a ir al gimnasio, porque desde hacía meses me estaba empezando a descarriar, sin embargo, Gordi, llevaba unos meses en clara tendencia de perder peso, y eso porque de vez en cuándo le dedica unas horas a jugar al fútbol. Pues mes y pico después me preguntó a qué gimnasio iba, y me apareció por allí para anotarse. Por suerte para mi, se anotó en otro gimnasio. El mío debió parecerle que estaba muy lejos, o que era muy caro, que caro no es que sea, todo lo contrario, pero tiene el inconveniente de que hay que pagar de golpe toda la anualidad para que te salga a buen precio. Pues ya tenemos al chico yendo al gimnasio. Que yo me alegro, porque el deporte es salud. Pero vamos, que es otra de esas casualidades que a mi me parecen que llevan encubiertas tácticas de guerra fría por ver quien tiene un cuerpo 10 a final de la década. La parte buena, pensé, es que se ducharía en el gimnasio, con lo cual el baño podría estar un poco más limpio, pero para mi sorpresa, y en esto no me ha imitado, no se ducha en el gimnasio, se ducha a veces en casa, y gracias.
Pero el colmo de los colmos ha sido lo de ayer. Cada vez que salgo del gimnasio me tomo a modo de merienda, y para refrescarme la garganta una bebida de estas de leche y frutas de esas con sabores mediterráneo, tropical, o vaya vd. a saber qué. Pues ahí ha debido ver que yo los guardaba en la nevera, que ayer mismo estaba poniendo en su lugar de la nevera también bebidas de estas. ¡Es que no puede ser, coño! Un poquito de iniciativa, hombre, es lo único que le pido.
Yo a partir de ahora jugaré al despiste, no me vaya a ganar y me aparezca de la noche a la mañana hecho un figurín, que no me puede ganar en competición tal. Colocaré una caja de galletas de chocolate a la vista, una caja vacía, por supuesto, y pensaré en más maldades para que vaya por el camino equivocado, que yo quiero ser el primer Avisperman. A fin de cuentas, es una vieja táctica rusa. Qué duro es el culto al cuerpo, y qué dura es la competición.

jueves, 30 de enero de 2014

¡Gordi se ha enamorado!

¡Ay! Que el chico se nos ha enamorado, os lo digo yo que soy un especie de Cupido, veo el amor a leguas, y todo me hace indicar que nuestro Gordi ha puesto la mirada en nuestra compañera de piso, sin en Adele.

Desde que Adele llegó al piso llegó la calma en todos los sentidos, por fin una compañera de piso como Dios manda, limpia, silenciosa, agradable y muy habladora. Lo tiene todo, creo yo, hasta novio, también os lo digo, que se lo ha traído un fin de semana a casa. Y desde que llegó a nuestro Gordi se le han alterado las endorfinas. Adele siempre se ha comportado como una compañera de piso alegre que te da cháchara en cualquier momento, aunque tú estés medio adormilado haciéndote el desayuno, y pese a eso se agradece, aunque yo para esas cosas sea de carácter bastante desagradable. Gordi está encantado con ello, como es lógico. Así que desde el primer día se han puesto a hablar, y como son más o menos de zonas próximas, han estudiado en el mismo instituto allá en la capital de su provincia, y como la chica es mona, pues, conversación al canto. Han estado horas hablando, y han congeniado muy bien, para qué nos vamos a engañar. A la charla anterior, hay que sumar que en más de una ocasión han visto La Voz juntos y esas cosas unen, que yo os lo digo.

Pues algo ha cambiado en Gordi. Yo lo vengo notando de un tiempo para aquí. Lo he sorprendido en más de una ocasión echándose colonia, una colonia casposa que él utiliza de supermacho, que deja olor por toda la casa. Se ha duchado más de dos días seguidos, y eso sí que es un auténtico milagro. Si si, lo que estáis leyendo, se ha duchado más de dos días seguidos. Yo me preguntaba qué conjunción astral se habría producido en los últimos días más allá de la Vía Láctea, y la única respuesta que se me ocurrió es que el niño se nos había enamorado. Claro que no os penséis que esta higiene personal de dos días tiene su traducción en la limpieza del piso, no, él sigue con sus costumbres arcaicas frente a la taza del wc (léase orinar sin puntería, dejar el té mañanero o dejar la marca también en el wc de aguas mayores ignorando la existencia de una escobilla de wc).

Pero no se queda la cosa en una higiene algo más continuada (que aproximadamente le ha durado tres semanas y ya está), es que Gordi ha recuperado el salón, su salón. Aquel salón que con la niña había perdido la ilusión por ocupar, aquel sofá en el que dormir la siesta con la camiseta subida luciendo tripa. Las cabezaditas que diría él. Porque esa es otra. Han comenzado obras en el edificio, unas obras que dan al patio interior dónde él tiene la ventana. Adele le ha comentado que con el ruido no podría dormir, él, cuál caballero y galán español ha dicho sin inmutarse "¿Yo dormir la siesta? Si no duermo la siesta apenas, una cabezadita como mucho, y en el salón". Cabezadita dice. No es la primera vez que se queda durmiendo toda la tarde, o que incluso se duerme mientras está cocinando. Pero no quiero hacer una crítica al sueño, que también es cierto que él madruga un montón y yo ya no sería capaz. Volvamos al salón, a su recuperación. Con la niña él no lo pisaba, por no encontrarse con ella, se sentía incómodo en su hábitat natural. Ahora ya no, está horas y horas allí tumbado, esperando la llegada de Adele, para darle los buenos días, para colarse con cualquier excusa en su habitación.

Escucha música romántica, así como os lo digo. Mientras cocina me bombardea con todo tipo de pasteladas románticas. Si, chicas, aquí tenéis al prototipo de hombre que buscábais, un Donjuán. Pero este indicio de escuchar cierta música, y de anotar esas letras tan románticas no es lo único que me ha hecho saltar la alarma, por si fuera poco, le hace regalos. Hace un par de días ha estado esperándola para regalarle un bolígrafo del sindicato en el que está anotado pero que cuándo hay huelga general aprovecha para cogerse una baja. Si, le ha regalado un bolígrafo, pero no un bolígrafo cualquiera, que es un bolígrafo con el anagrama del sindicato y que además puede servir para utilizar con una tablet. Es que está en todo, no se le pasa detalle.

Hace tres días incluso llegó a preocuparme. Eran las tres de la tarde y ambos estábamos cocinando, me preguntó si sabía algo de Adele, porque la chica no había levantado las persianas, me preguntó si se habría quedado dormida, y le contesté que no, que esa mañana se había levantado (coincidimos a la misma hora por la mañana), que lo más probable era que se hubiese ido al pueblo después de trabajar. Gordi se quedó con la mosca detrás de la oreja. Cinco minutos después me contestó que la chica se había levantado tan adormilada que se había olvidado de subir las persianas. ¡Le había escrito un whatsapp para salir de dudas!

No sé qué pensaréis, pero yo empiezo a tener esa sensación de ser el tercero en discordia del piso, a sentirme en ocasiones una lámpara o una vela que los ilumine en sus románticas veladas. Románticas según el punto de vista de él, porque la chica ha sido maja desde el principio. Yo ya le hubiera roto el corazón mucho antes.

miércoles, 30 de octubre de 2013

De niña a mujer

¡Ays! Me pongo sentimentaloide cada vez que recuerdo mi infancia y aquella carátula de casette gastada por el tiempo de ese disco que mi madre escuchaba muy a menudo de Julio Iglesias dónde aparecía el mismísimo Julio Iglesias con su querida Chabeli en un bonito gesto padre-hija, ambos con camiseta marinera y Chabeli con unas trencitas llenas de gomas. Porque si, mi madre es relativamente joven pero le cogió de lleno la época de Julio Iglesias, al que ahora no soporta y al que yo solo soporto en karaokes.
Pues bien, tras esta maravillosa introducción de los años ochenta que traerá seguramente muchos recuerdos a vuestra mente de esa infancia feliz, a otros les recordará que eran todavía proyectos por definirse, ahora vamos al meollo de este post, a lo realmente importante. Primero fue la niña, la malhumorada, impertinente, ruidosa, malfollá, rara y un largo etcétera de calificativos no todos buenos, y después de ella vino el remanso de paz, el minillaverito, mi Pepe Botella que nos duró dos telediarios. Ahora, ya tenemos reina para el trono, para ser afortunada en la habitación dónde (exceptuando a la niña) siempre hay sexo. Así que la afortunada tiene una cosa clara y muy buena.
Asi fue que tras el aviso de Pepe Botella de que se iba a compartir piso con otro chico que estudia con él, Gordi empezó a ponerse nervioso y a buscar compañero de piso cuánto antes, manos a la obra, anuncio publicado, y curiosamente, pronto empezaron a llamarle candidatos para ver la habitación. Gordi como tronista tal cual Mujeres Hombres y Bíceps-berzas, respondiendo mensajes desde su sofá, con los auriculares puestos y barriga al aire con la camiseta levantada, para que le ventile bien. El lunes la primera de las visitas, una candidata. Sentí el miedo en el cuerpo de Gordi. Teme a las mujeres, y más visto las experiencias negativas que ha tenido compartiendo piso con ellas últimamente.
Llegó el lunes, y Pepe Botella debería haber dejado su habitación abierta para que la enseñásemos, y sin embargo, se le olvidó ese pequeño detalle. La única solución, despertar a Pimpf en medio de una brutal siesta de lunes tras un intenso fin de semana de poco descanso. "Que va a venir una chica a ver la habitación, que éste no ha dejado la habitación abierta, así que le enseñamos la tuya, que son prácticamente iguales, vienen a las seis". Y esto me lo anuncia mientras yo duermo, que ni ganas de mover un músculo para recibir a nadie. Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una las dos y las tres seis de la tarde, y un nuevo toque en mi puerta. ¡Que ya está aquí, están abajo, va a subir! Y en ese momento véis a Pimpf levantarse, adormilado, aturdido, recoger la ropa tirada, las zapatillas desperdigadas por el suelo, estirar las sábanas y tapar todo bien con el cobertor, cerrar el porno la pantalla del ordenador, y abrir el balcón para que airease aquello un poco. Un desastre, y unas ganas infinitas de asesinar a Gordi en general, a poder ser con dolor, no nos engañemos. ¿Le costaba poner una hora que no fuese la de mi siesta? ¿Qué tal las 8 de la tarde?
Así fue que volvió a sonar la puerta, que instantáneamente se abre, y ante mi, ante mi sorpresa, tres chicas, pijas y monas, jóvenes, de edades cercanas a los treinta, o qué se yo, que estaba muy dormido y encima soy muy malo para esto de las edades. Me hice a un lado y cuál chico con problemas mentales estuve en silencio, teléfono en mano para disimular y hacerme invisible. Vieron la habitación unos treinta segundos y se fueron a ver el resto del piso. Respiré aliviado.
A la media hora de la visita me dice "ya tenemos nueva compañera de piso, ha dicho que si, que se queda, que le ha gustado, ¿Qué te parece?, ¿Está buena? ¿Tiene buenas domingas? He He". Me parece que en este piso podría haber un asesinato antes de que la chica llegue la chica está muy bien, parece mona, a ver si nos sale limpia, silenciosa y tranquila.
Y cuándo yo pensaba que ver enseñar mi habitación habría sido un fracaso absoluto, en ese estado tan lamentable, va la chica y dice que si, que le viene muy bien que está muy cerca de su trabajo. Que mi teoría interna es que yo estaba en estado de gracia tras despertar, en plena erección de estas que los Golden Member tenemos difíciles de ocultar, que quizá eso haya hecho pensar a la chica más en las bondades del piso que en aspectos tan negativos como la imagen de Gordi, que ese día se había duchado, o el piso todo revuelto. No veredes peores cosas, amigo Sancho, muy dificilmente.
Pues ya tenemos tronista, que ya os diré que tal nos sale, hemos pasado pues, de la niña a la mujer, o mujerzuela, a ver si ahora nos sale una zorrupia o una mujer hipersexualizada de estas que se llevan ahora, que tampoco estaría nada mal.

viernes, 25 de octubre de 2013

Adiós, Pepe Botella

Si ayer os anunciaba que se iba mi vecinito de enfrente, el del deseo irrefrenable, y pese a ese refrán que dice que las desgracias nunca vienen solas, lo que no me podía imaginar era que mi corazón iba a sufrir otra pérdida importante. Bueno, no tan importante, tampoco nos vamos a engañar, y es que el minillaverito, mi compañero de piso se va también, y nos ha durado nada, ni dos telediarios. Para uno con el que estaba yo super a gusto, con el que alegraba la vista, un chico limpio, ordenado, silencioso, educado y sonriente. Pues se nos va también.
 
Y es que debo tener en mi cuerpo alguna sustancia similar a la que soltaba Jaime la mofeta, porque en los últimos tres meses he tenido ya demasiadas pérdidas personales irreparables. Vale que lo de mi vecino el del deseo irrefrenable era solo una pérdida visual, una alegría menos para la vista, al igual que me ocurrirá con el minillaverito. Pero si a estos dos sumamos lo de Billy y D., se me antoja que por ahí circulan partículas negativas, o como solemos pensar los gallegos en estos casos, me han echado un mal de ojo, que para estas cosas somos muy supersticiosos y es una forma de lamentarnos por las malas rachas que no tenemos cierta explicación y nos sacan cierto peso de encima. Total, que aunque no lo parezca, aunque sea una pérdida mínima, en el fondo me duele un poco. Más me han dolido y me duelen otras.
 
Por otro lado, pienso que (sin generalizar) de dos andaluces que hemos tenido el piso, ambos lo han dejado al poco de estar aquí, ambos para lo mismo para irse con un compañero de estudios (o algo similar) y así, sin mucho tiempo para reaccionar. Precisamente este domingo pasado comentábamos que por fin alguien normal en esa habitación (que debhe ser la habitación de las taras, y también la de follar), que por primera vez estaba yo realmente a gusto con "el tercero en discordia", y sonriente Gordi me decía "acertamos esta vez" y yo le decía "acertar acertar tampoco te pases, que el pobre vino a ciegas, y ha sido más suerte que otra cosa, que tú lo que se dice buscar buscar, lo que se dice buscar... solo has puesto un anuncio".
 
Ahora claro, está Gordi que se tira de los pelos grasientos, buscando a alguien para sustituirlo, con el riesgo que entraña esto, porque Gordi mete en la habitación al primer siquiero que recibe, así hemos tenido los compañeros de piso que hemos tenido. Otra vez, un tiempo de vacante (como cuándo fallece un papa), otra nueva presentación, otra vuelta a explicar un poco el funcionamiento del piso, adaptarse a nosotros, nosotros a esa nueva persona... no sé, ya vuelvo a tener en mente la ilusión de un hombretón empotrador con barba, puestos a pedir..., claro qué, cualquiera entra en esa leonera de piso, así os lo digo, porque Gordi tampoco se mata mucho en recoger todo, ni en adecentar algo el piso, redecorarlo, qué se yo. Pronto, muy pronto tendréis otro post, sobre el nuevo/a. Yo ya le he dicho que a ver si ficha a alguna guiri ligera de cascos, que me apetece.

viernes, 4 de octubre de 2013

Pepe Botella

Si, Caris in love, como diría el Papa si fuese una moderna de mierda. Que no es que este Papa no nos haya salido más moderna que los anteriores, o que muchos creamos que va por el buen camino, es que el post de hoy nada tiene que ver con la religión, ya os lo anuncio. Pepe Botella es mi nuevo compañero de piso.
 
Como ya escribí en un post, os tenía prometido hablaros de mi nuevo compañero de piso. Claro que he querido ser muy prudencial al respecto, y no es por una cuestión de privacidad, o temor a que mi nuevo compañero de piso sea un fans de este blog. Necesitaba conocerlo un poco para poder rajar comentar en este humilde genial blog. Pues bien, si esperábais un post maléfico de estos que hago demonizando a mis compañeros de piso, ya os lo advierto también, Pepe Botella es cuasiperfecto. Y digo cuasi perfecto porque la perfección solo tiene un nombre, Pimpf es muy difícil de alcanzar, el pobre, es heterosexual. ¿Algún defecto tenía que tener, no?
 
Pues bien, aunque no he profundizado lo suficiente en su personalidad, ya me he quedado con datos importantes. Es sevillano lo que le da un acentazo muy bonito, y pese a estas diferencias irreconciliables que siempre subyacen entre los del norte y los del sur (y no me preguntéis pero siempre subyacen, aunque supongo que será por esa diferencia de culturas o por el cambio de un clima a otro), ya os lo digo, me la traen floja las diferencias. Su presentación fue un poco chusquera, y previsible. Gordi me dijo "te presento a Pepe Botella, el nuevo compañero de piso, es sevillano, y supongo que le gustará la Cruzcampo, aunque tú seas más de Estrella de Galicia". ¡Bien por los topicazos, Gordi! Así me gusta, resaltando ya las diferencias norte-sur. Efectivamente, Pepe Botella, antes incluso de comprarse la cena ya se había comprado unas botellas de Cruzcampo. Claro que en cuánto lo vi, en cuánto lo vi no tenía esa imagen tan clara sobre él. Me pareció un minillaverito, y claro, por si no lo sabíais, tengo debilidad por las pequeñeces (no en todos los sentidos, os lo aclaro). Así os lo digo, un chico bajito, rubio con ojos azules, pijo al más puro estilo sevillano, o andaluz si me permitís que caiga en el topicazo, con sus camisas perfectamente planchadas y que siempre salen de casa con un jersey en el culo, aunque allí en el sur no les haga falta ninguna (mala copia de lo que es un gallego por la noche). Si, pijo y con pantalones pitillo ¿Hola, una moderna de mierda en casa? Fue una primera impresión.
 
Claro que, han pasado los días y ya lo veo con otros ojos, o quizá ojitos. Efectivamente, parece un chico bien, pijillo, esa cruz no se la vamos a sacar, clásico vistiendo, quizá. Pero agradable, muy agradable, siempre sonrisa en boca, siempre un saludo, siempre un comentario sobre cualquier cosa. Silencioso, profundamente silencioso y respetuoso. Si habla por teléfono, si pone música o lo que sea, siempre te pregunta si te molesta. Y esto ya lo digo por Jediondi, la Niña, que si te molestaba algo suyo su respuesta era un "te jodes". En este caso no se cumple esa máxima de "otros vendrán que bueno te harán". Limpio y ordenado. Siempre que utiliza la cocina, limpia todo al terminar no como otros que dejan mugre para dar y tomar (y no veo para nadie, aunque mi dedo esté señalando a Gordi). No sé, caris, que no le veo yo defectos.
 
El chico estudia, también os lo digo, ha estudiado lo mismo que yo, y eso es parte de esos puntos de entendimiento a los que hemos llegado, aunque me queda la pena de que, pasado este año se nos vaya a ir, porque yo a este chico me lo pedía ya para los Reyes Magos, o si me apuráis para Santa Claus, que llega unos días antes, y no digo esto porque lo haya visto con su cuerpazo recién salido de la ducha, que también lo he visto, es que temo que este momento tan dulce de convivencia termine pronto. Por eso temo a las busconas, como siempre os he dicho (son una especie que tendría que desaparecer). Y cuándo digo lo de las busconas me refiero a su novia. Efectivamente, este fin de semana se ha traído a su novia, esa buscona del tres al cuarto, también, pijilla sevillana, alta y guapa, así como me la ha presentado. Qué esta se lo va a llevar... al tiempo.

jueves, 18 de julio de 2013

La Niña. La calefacción.

Ya lo anticipé en el post titulado "No puedo con... la niña". Efectivamente, la niña se ha convertido en mi mayor pesadilla desde tiempos inmemoriales, mi archienemiga en Madrid y ha hecho que pasasen a la historia aquellos compañeros que me robaban de la despensa mis latas de sardinas picantonas. Ella no, en ese sentido era honrada, jamás me ha faltado nada de la despensa. Por suerte para ella.
 
Primeros del mes de junio, las temperaturas máximas rondan los 25 grados y las mínimas entre 13 y 15, las máximas van en ligero aumento a medida que pasan los días. Llegamos al día 8, la máxima 28, y a mi que me empiezan a caer los goterones por mis abominables de tableta de chocolate lorzas. Salgo al balcón, a respirar aire más fresco y es que si, aunque parezca increíble hay más calor dentro de casa que fuera. Me dirijo a la cocina y ya escucho el sonido inconfundible de la caldera. La niña continuaba con la calefacción encendida. ¡En junio! Podría decir que la culpa fue de Gordi, por ponerle gastos incluidos en el alquiler, pero solo una mente enferma pondría la calefacción en junio por mucho que ya la hubiese pagado de antemano. ¡Un poco de cabeza!
 
Se me ocurrió la brillante idea de pensar que, si la niña tenía frío con 28 grados lo que tenía que hacer era apagar los radiadores, y así hice, cerré los radiadores de las zonas comunes y la de mi habitación. Problema solucionado. Claro qué, no todo iba a ser tan sencillo, pese a mi agudeza mental. Por debajo de las baldosas de mi habitación, en el subsuelo del piso, discurren los tubos de cobre que llevan el agua caliente desde la caldera, pasan por mi radiador y continúan hacia la habitación de la niña, quién a partir de ahora pasará a llamarse.... Jediondi (para los archienemigos). Pues esos tubos también me recalientan la habitación, que, ni que decir tiene, que al igual que la de Jediondi están soleadas durante todo el día.
 
Paso número dos, protestarle a Gordi, que él es el que tiene alquilado el piso, para que le ponga las pilas. Gordi apaga la caldera, sin más. Jediondi sale de su habitación y vuelve a conectarla, son las 10 de la noche, un calor casi infernal. Me levanto yo al rato, vuelvo a escuchar la caldera y la vuelvo a apagar. Discurre la noche con normalidad, no sé si guardar el nórdico o si dejarlo, opto por la segunda opción, aunque durmiendo ligero de ropa y por encima del mismo.
 
Me levanto para ir a trabajar, me aseo, desayuno y me voy. Jediondi acaba de levantarse no hace mucho, desayuna viendo Doraemon, cosas de esas edades del pavo, lo cual no quita que le tenga mucho cariño yo a Doraemon, aunque yo soy más de desayunar con las noticias. Salgo un rato de mi trabajo, y en mi fan de chico ahorrador, siguiendo los consejos de Angelillo, voy a mi casa a tomar el café de media mañana. Nada más entrar por la puerta me pega en toda la cara un calor mezclado con olor a piso cerrado. Maldita puerca. Voy hacia la caldera, que está sonando. La ha vuelto a poner, y es diez de junio, siguen las temperaturas altas. Cuando volví a casa, a la hora de comer, Gordi había vuelto a apagar la caldera una vez más.
 
Indignado dejo un comentario de bicha en mi Facebook, más indignación la mía con las respuestas, mis amigos dicen que le de calor, que es lo que la niña necesita, que me la beneficie, si tal. No señores, yo no necesito calor, puedo dar mucho, pero no quiero más calor. Lo siento por ella. Tampoco es que mi mayor ilusión fuese tirarme una tabla de planchar.
 
Pasan los días, pasan las horas, pasa la vida, y llegamos al día 10 de junio, la calefacción en ese juego continuo de yo la apago, tú la enciendes, y gana el que esté más tiempo en casa y más duerma. Pues bien. opto por mendigar y ponerle una nota en la caldera, pidiéndole que por favor no la encienda, que estoy medio deshidratado, con los labios resecos de ese calor asqueroso, que si quiere, puede abrigarse un poco más, dejar de llevar pantalones cortos y camisetas de tiras (que yo no tengo nada contra estas camisetas, muy al contrario). Ese día no la conecta.
 
Día 11 por la noche, a las diez la caldera está puesta otra vez, la apago, la enciende, la apago y la enciende. Son las 2 de la madrugada, la escucho levantarse una vez más para encender la calefacción. A los dos minutos, el que se levanta soy yo. Al abrir la puerta escucho. "¡Que no apagues la calefacción!" y yo le grito "¡Que no la enciendas, tarada!". Me quedo dormido, al día siguiente la calefacción estaba encendida y yo me levanto sudando.
 
Día 12. Se disparan las temperaturas, justo lo que yo estaba esperando. Nuestros radiadores apagados, solo puedo pensar "Jediondi, te vas a cagar". En cuánto ella se va a la universidad, yo enciendo la caldera, a bastante potencia, para que se le caliente bien la habitación y no se queje. Es mediodía, continuo con mi plan maquiavélico. Ella llega, entra en su habitación y debe notar algo de calorcillo, por lo que opta por abrir el balcón para ventilar, claro qué, lo que ella no sabe es que eso es una trampa mortal de calor. Abrir el balcón equivale a que la temperatura de tu habitación aumente probablemente hasta cerca de los 38 grados. Ahí es nada.
 
Día 13. La caldera por fin descansa.... el que no descansará esa noche seré yo....

domingo, 12 de mayo de 2013

¿Gordi enamorado?

Esta semana me he llevado una sorpresa que me ha dejado un regusto no amargo, pero sí de extrañeza. Mientras colgaba la ropa recién salida de la lavadora, Gordi abría la ventana de su habitación para ventilarla (que buena falta le hacía), y allí pude ver, en su escritorio, entre miles de cosas depositadas con el tiempo, una caja de condones. ¡Una caja de condones!, ¡y de doce!

Que yo hasta ahora pensaba que él era si no asexual, inexperto, por decirlo de alguna forma, virgen. Pues el niño ha descubierto ya la existencia de los condones, lo que dice que en materia de educación sexual está puesto en el tema, y que la teoría se la sabe, y eso es lo bueno, sin embargo, la siguiente pregunta que me hice al instante fue ¿Con quién? ¿Cuánto le habrá costado la broma?

Así pues, yo no le conozco al chico pareja ninguna, ni tan siquiera "amigas", "amiguitas", nada por el estilo, lo más parecido a una mujer en su vida es una charla continuada casi a diario con una chica a través del messenger, con su webcam y esas cosas, pero relación física en si misma, nada. Me lo he imaginado recorriendo los chats de sexo, en busca de el quiqui aliviador, pero intentarlo es una cosa, y conseguirlo otra. Luego pensé que quizá, ante la dificultad de un polvo a través del chat, la otra opción, y probablemente la más fácil, aunque más cara sería la prostitución.

Sobre la prostitución tampoco lo tengo muy claro. Fui yo quién hace unos meses le dijo de la existencia de una casa de citas muy próxima a nuestra casa. Se sorprendió cuándo se lo comenté, y me comentó que él había pasado muchas veces y jamás se le habría ocurrido que allí había un puticlub. La semana pasada me fui a Galicia, a pasar el macropuente del dos de mayo de Madrid, pocas horas después de dejar Madrid, me llegaba un whatsapp, preguntándome si me había ido a Galicia, le contesté que si, que si se tenía pensado hacer alguna fiesta, me llamó mal pensado. Pero él tenía esa caja de condones en su escritorio. ¿Habrá ido al club de citas? ¿Se habrá dado un paseo por la calle Montera? ¿Habrá montado una fiesta sexual en casa? Es que me lo imagino en el sofá esquinero, tumbado sobre su costado con una sábana tapándole sus partes pudendas, rodeado de tres prostitutas mientras come un racimo de uvas, y solo pensar en algo así se me revuelve un poco el estómago, así os lo digo.

Y no digáis que soy malo. Menos mal que a mi no me gusta nada cotillear.

martes, 29 de enero de 2013

Habrá que cambiar el módem

La semana del aniversario del blog ha sido bastante movida en Villa Gordi, que así vamos a llamar al piso que comparto en el centro de Madrid con Gordi y La Niña. Aunque ¿deberíamos seguir llamándolo Villa Gordi o cada vez más Villa Niña? Ni una cosa ni la otra, el rey de la cocina sigo siendo yo, pero La Niña ha mostrado ya tras casi medio año con nosotros sus rarezas, y es rara de cojones, digo yo, ¿no?

A mi no me gusta hablar en este blog ni de mi vida privada ni de política, sin embargo de la vida de mis compañeros de piso no me importa hacerlo, ya lo sabéis. Pues bien, La Niña sigue cocinando con su mini sartén, su olla con tapa a juego, sus cubiertos Disney, su cuchara de remover fucsia, su esponja para lavar los utensilios de cocina que después guarda en su habitación y su alimentación basada en queso, queso y queso. Pero a mi esto me da igual, y supongo que a vosotros más.

Tras el calentón que tuvo La Niña cuando se atascó la lavadora, en esta ocasión le ha tocado al módem aunque días antes había habido ya un calentón con la chica. Pero hay luchas internas de las que yo, siempre en mi mundo no me entero, y sigo viendo a Gordi asustado, cohibido, malhumorado, indignado. Lo noto raro. Pobre, con lo feliz que él era en su mundo de ensueño futbolístico y sofá, hasta que llegó La Niña, con sus rarezas. Entre ellas, destaca que es friolera, dice, y estudia siempre con un collarín y una bolsa de agua para calentar los pies, eso, y la calefacción a todo trapo, que el pobre Gordi me preguntó hace unos días, mientras sudábamos en camiseta, si yo tenía frío. Tras su pregunta retórica dejó escapar el comentario "Es que La Niña, siempre que viene a la cocina pone la calefacción casi al máximo, que cualquier día revienta la caldera, y yo no veo que este año esté haciendo tanto frío". Tendrá frío, Gordi, siempre hay que controlar un poco el consumo, ya no solo por la factura, por el uso energético o evitar pérdidas de energía innecesarias. Y siempre podemos cerrar nuestros radiadores al gusto. Si es que hay soluciones intermedias siempre, todo es hablarlo, y si hay que hablar las cosas, para eso tenemos a La Niña, gran oradora.

Pues bien, la semana pasada llegué a casa y la conexión a internet daba un problema, que no conectaba, vamos, que la ADSL no iba ni de coña. Así que, seguí los pasos básicos, reiniciar el ordenador y buscar la solución de problemas de conexión de Windows, apagar el módem y volverlo a encender, y comprobar que todos los cables estaban conectados. Finalmente, como los pasos uno, dos, tres y cuatro no dieron resultado, realicé el último y normalmente definitivo, darle un golpe al ordenador. Pero todo fue infructuoso. Yo, como realquilado fui a junto Gordi, que es el que lleva el peso del piso y el que se encarga del mantenimiento en general. Le comenté qué pasaba con la conexión a internet. Se puso en plan técnico asustado, apagó y encendió el módem, revisó los cables otra vez y solo le faltó el toque de gracia. Le recomendé que llamase a la compañía telefónica, pues todo me parecía estar correcto y muchas veces las averías vienen de fuera. Gordi llamó sin perder un segundo, y un teleoperador sudamericano le dijo que estaban trabajando en arreglar la incidencia.

Llegó La Niña, ya de mal humor (para variar), comentándonos que no había internet, que a ver qué hacía, qué cómo estudiaba, habrá que hacer algo, ¿no? Gordi no dudó en ponerle en conocimiento que ya había llamado al servicio técnico. Y La Niña se fue a su habitación, a seguir estudiando en alto, repitiendo todo lo que lee, para que la escuchemos bien. No tardó ni cinco minutos cuando apareció en el marco de mi puerta, con una mano apoyada en el mismo y la otra en su cadera. Que seguimos sin internet, que algo habrá qué hacer ¿no? Intenté decirle que el módem funcionaba correctamente, que lo más probable era que se tratase de una avería de la compañía telefónica, y que en cuanto solucionasen eso, tendríamos conexión a internet. Pues algo habrá que hacer ¿digo yo, no? A lo mejor hay que cambiar el módem ¿digo yo, no? Es cansina la niña, es doña perfección, así y ahora, y tampoco es que atienda mucho a razones. Yo, con mi carácter tranquilo, e intentando que Gordi no se cagase por los pantalones le dije que eso ya lo habíamos hecho. Me callé aquello de que podíamos ir a buscarlo directamente al almacén de módems, porque ya le había mentido lo suficiente.

Pues la avería tardó tres horas, mientras la niña fue a estudiar a la biblioteca, sufriendo, supongo por no poder estudiar leyendo en alto. La conexión vino igual que se fue, sin avisar. Gordi me había preparado una nota con el número de referencia de la incidencia, y un teléfono al que llamar en el caso de que La Niña se pusiese nerviosa y se fue a dar un paseo, a tranquilizarse.

Menos mal que no decidimos cambiar el módem, estaríamos a día de hoy todavía sin internet. Si es que tantas prisas... nena...

domingo, 25 de noviembre de 2012

El cambio necesario

Yo solo digo una cosa, si algo no funciona no hay como deshacerse de ella y cambiarla por una nueva. Y a estas reflexiones he llegado tras notar ciertos cambios en el piso. El fundamental, Gordi apenas sale de su habitación.
 
¿Está enfermo el chico? ¿enamorado quizá? ¿Se ha aburrido del salón? Y es que ha tenido que venirse a vivir al piso una chica para que le pusiese un poco las pilas al chaval. También hay que decir que la niña, que así la llamaremos porque tiene 18 años, tiene mucho carácter, o quizá le fallan las formas, o puede que haya algo ahí que todavía no he podido analizar.
 
El caso es que el pasado fin de semana encontré un pequeño charco en la cocina, al parecer, la lavadora había perdido algo de agua. Al día siguiente volví a ver otro pequeño charco, alguien había puesto la lavadora otra vez y esta perdía agua. Avisé a Gordi de que la lavadora estaba empezando a fallar, y él dijo que seguramente por poner la lavadora medio vacía. Y al día siguiente, otra lavadora, claro que el lavado en esta ocasión era de La Niña, y el que se encontró un gran charco, nuevamente fui yo, pero un pedazo charco. La lavadora permaneció encendida, como en standby toda la noche, y por la mañana, la niña volvió a poner la lavadora, para que terminase de lavar lo del día anterior. Y el charco debió ser inmenso en la cocina, porque vinieron del piso de abajo expresamente para decir que apagásemos la lavadora que se les estaba inundando su cocina.
 
A mi esto me lo contó La Niña, mientras yo cocinaba, ella hablaba con su alto tono de voz, siempre enfadada, y yo pensaba que bueno, que era comprensible cierto mosqueo cuando en 2 días no consigues poner una lavadora, y cuando sacas la ropa está empapada, claro que yo no tengo por qué aguantar la chapa de una niñata que tiene alquilada una habitación. Que le de la paliza a Gordi, pensé. Ahí fue cuando puse la cara de ¡Problemaaaaaaas! Entonces, la niña, en un nuevo ataque de ira contenida, o genio, o carácter o de lo que fuese, empezó a contarme que allí tenía mucha ropa interior y su ropa de hacer deporte, que la necesitaba, e intentó encender de nuevo la lavadora, yo, pendiente de mis croquetas, al escuchar la rueda del programa de la lavadora le dije "¡Qué haces loca, así lo vas a hacer peor! ¿No ves que si la enciendes puedes crearles un problemón a los de abajo y ya no hablamos de una gotera o una lavadora estropeada?". Recapacitó y dejó de intentarlo, aunque siguió dándome la paliza mientras ponía cara de "¿Tan importante es tu ropa?". Le dije que lo que mejor podía hacer era poner la ropa en el tendedero y esperar a que llegase Gordi, contarle lo que había y que solucionase. A los cinco minutos escucho la puerta, llegaba Gordi, y yo sabía que tendría su calvario. No duró en la cocina ni un minuto y salió para avisar al dueño del piso.
 
Desde ese momento casi reina el silencio en el piso. Gordi no ha vuelto a pisar el salón. Me llamó a la puerta de la habitación para que le avisase a La Niña de que habían desatascado las tuberías y que ya se podían utilizar, por si la veía. Ahora Gordi se pasa todo el día fuera de casa, el niño me va a coger el frío, cuando llega casi se encierra en su habitación, ya no es aquel Gordi que dormía en el salón con la barriga al aire, o roncaba como un serrucho en su siesta con la puerta de la habitación casi abierta de par en par. Gordi teme a la niña. Fijáos si la teme, que en el último puente que tuvimos en Madrid, le dije que aprovechase para montar una fiesta, y él me contestó "si hombre, con La Niña por aquí, como para montar algo". A-C-O-J-O-N-A-D-I-T-O  me lo tiene al pobre. Ya os contaré si continúa la escalada de violencia, pero todo parece que no ha hecho más que comenzar.
 
Ya lo último es que aunque La Niña y yo pensamos que es más económico para todos es que el dueño del piso cambie ya de lavadora, por una lavadora que consuma mucha menos agua, mucha menos electricidad y que tampoco están tan caras. Que Gordi ahorraría más, y se evitaría un dolor de cabeza que jamás ha tenido. Pues el dueño ha enviado a un técnico para que vea la lavadora, y un fontanero para desatascar aquello. Nada, que el buen señor disponga y que haga números, pero yo creo que solamente decir "fontanero" y las piernas tienen que empezarte a temblar ante la temible factura.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La Niña

Con todo el movimiento del verano, que si vacaciones, enfermedad, ausencia del blog y demás, se me olvidó comentar un detalle importante, un post antiguo que bien podría titularse "Con Dió, mi arma". Ha habido cambios en el piso, se ha ido el Malaguita y ha entrado una chica. Los cambios no son pocos.
 

En mitad de las vacaciones, en medio de mi agonía, recibí un mensaje de mi compañero de piso, de Gordi, en él me anunciaba que el Malaguita se iba, así de repente, casi sin avisarle, y que aún por encima, no le había dejado la llave de su habitación para enseñarla y poder alquilarla. Poco después me anunciaba que ya tenía la habitación alquilada, entraría una chica, y como dijo él, con una sonrisa de viejo verde "una niña viene para casa". No le faltaba razón.
 
Que Malaguita se fuese fue una auténtica alegría. Oiga, es que todos los que alquilan la habitación de al lado terminan siendo unos cafres, por unas cosas o por otras, y a mi, que Malaguita no tuviese ni idea de cocinar, que quemase las sartenes, que llenase el congelador de pan o que se trajese a la novia me daba un poco igual, claro que lo que no aguantaba era su música de tecno-chacho a todas horas, especialmente en horario de siesta, una música mala hasta la saciedad y que repetía una y otra vez a todo volumen. A mi, me molestaba que montase fiesta en casa, con sus amigos igual de cazurros que él, y que tuviesen la música alta de madrugada, aunque fuese en fin de semana. Pero todos esos sufrimientos se han terminado, y todo gracias a que uno de sus mejores amigos de Málaga se vino a vivir a Madrid y buscaba piso, allí disfruten de su chacho-gitaneo, y no descarto pasear por Madrid en cualquier momento y escuchar desde la calle la música, y es que la ponía a un volumen totalmente insoportable.
 
El caso es que si, llegó la niña, a la que llamaremos, la niña, o la niña del piso. No en vano, tiene 18 años recién cumplidos y es la primera vez que sale de casa. La niña es mona, aunque escasa de pechos, seria a la par que insulsa. Aporta poco, sinceramente, y también trae sus taras, no os penséis que alguien que alquile esa habitación va a ser una persona normal por el arte de birlibirloque. Llegó con su madre, un sábado, y me lo anunció por whatsapp, una moderna, que ya fue lo primero que pensé. Hablamos un rato, más que nada para darle las llaves, las instrucciones y demás. Ella se autodefinía como una chica con carácter, directa pero con gran capacidad para hablar y solucionar problemas, estudiante de publicidad. Cari, para publicista te vendes regu, que lo sepas. Aunque parece cierto. La chica es del norte, y aunque no tengo nada en contra la gente del sur, eso ya presupone cierta austeridad, seriedad y tranquilidad. Su madre nos pidió que la cuidásemos.
 
Ella trae sus cosas de serie, sus sartenes, sus cacerolas, sus platos, sus vasos, un paso atrás para empezar una conviviencia, aunque yo ya le dije que conviviencia conviviencia, teníamos la justa, coincidir en la cocina y poco más, que cada uno hacía su vida, yo por ejemplo en mi habitación y mi balcón, y Gordi en el salón. Gordi le compró una mesa que puso en el salón, y puso otra mesa en la cocina, para que la chica comiese. Al final hace caso a mi recomendación, y con tal de comer sin ver el pelo grasiento de Gordi, también se lleva la comida a su habitación. Pero la cosa, mientras nos dure la chica, que parece que no será por mucho, parece que será una estancia tranquila.
 
Para mi el gran problema ha sido el baño. Con Malaguita tenía el baño para mi solo, vivía en un limbo de felicidad, y la llegada de La Niña ha supuesto que Gordi dejase su baño y se viniese para el mío. Horror, os lo puedo asegurar, aunque eso quizá merezca un post completo totalmente escatológico.
 
Bicos Ricos

sábado, 28 de abril de 2012

El Gordo Cabrón

Creo haber anunciado ya en algún post que, en breves días tendremos en el piso a un nuevo compañero, y además, una baja, se va del piso el americano, Norman Foster, al que en su día le dedicaré su post homenaje por esa marcha tan esperada, pero hoy quiero hablaros de la traca final de Norman Foster, una traca y de las gordas. Se ha traído a pasar unos días al piso a uno que debe ser su mejor amigo, el Gordo Cabrón.

Gordo Cabrón era uno de los personajes de Austin Powers en la segunda y tercera parte de esta genial saga, se le conoce en España como Gordo Cabrón, aunque en gran parte del mundo como Fat Bastard y en hispanoamérica como Marraneo Pérfido, interpretado por el mismísimo Mike Myers, y el amigo que se ha traído Norman Foster es un calco del Gordo Cabrón, con algunos kilos menos, claro, porque si no le habría ya costado entrar en casa.

Nada más llegar dejó su tarjeta de visita. Norman no nos lo presentó, ni nos anunció su llegada, pero al día siguiente supe que algo no estaba bien en el piso porque dejó su tarjeta de visita. Una ducha mugrienta, llena de pelos y restos de haberse duchado alguien, algo nauseabundo, algo que superaba incluso al maravilloso recibimiento que me dió Norman Foster, y algo también, que debe ser común a los norteamericanos que es el desconocimiento del término y objeto conocido como "escobilla de váter". Ahí dejó su huella de identidad, en mi inodoro, algo realmente asqueroso y que mejor no entre en detalles para no remover vuestras entrañas, no quisiera provocar ningún vómito no deseado por nadie, mucho menos que me clasifiquen el blog como un blog para mayores de 18 años por su alto contenido escatológico. Salí huyendo del baño despavorido, como aquel que ha visto al diablo y pronto noté que algo no iba bien del todo, los bajos de mi pijama se habían humedecido, mis pantuflas resbalaban en las baldosas del pasillo. Me paré en seco, volví hacia el baño echándole huevos al asunto y sorprendido vi que la alfombra del baño, la que está al pie de la ducha no solo estaba mojada, húmeda, estaba calada y el suelo incluso con un ligero charco. Esto ha ocurrido los cuatro primeros días, al ver yo que aquello no tendría fin, decidí poner una de mis notas, un posit escrito con mi rotulador fucsia en la taza del váter que decía "Instrucciones de uso: Al terminar de usar, tirar de la cadena y utilizar la escobilla que está en la parte inferior derecha, gracias". No ha vuelto de dejar "chispitas" en el inodoro.

Claro, Gordo Cabrón no ha sido una visita como cualquier otra, Gordo Cabrón lleva en el piso una semana y pico, es el cuarto habitante del piso. Y solo ha dejado algo bueno su visita, que Norman Foster no para apenas en casa, ambos están todo el día fuera y llegan por la noche, esto implica que no cocinan y por lo tanto Norman Foster no se dedica a hacer montañitas ¿Qué no sabéis que son las montañitas? Bueno, esto lo explicaré mejor el próximo lunes. Gordo Cabrón fuma, fuma marihuana que entra por el balcón dejando mi habitación con un ligero aroma entre cuadra e incienso, una mezcla que me hace estar alegre todo el día, pero que no es suficiente como para quitarme el cabreo por tan incómoda visita. Pero si hay algo que no aguanto es su acento de gilipollas. Mirad que yo no tengo nada contra los norteamericanos, pero que pongan acento de estadounidenses gilipollas si que no lo aguanto, el acento guiri por excelencia muy exagerado, cantarín incluso, no lo aguanto.

No veáis las ganas que tengo de que se vaya, y por suerte, tiene los días contados, yo mientras, seguiré poniendo la cara culo que ponen las maricas malas cuando no están conformes con algo, no es que yo lo sea, pero la interpretación es lo mio, creedme.

martes, 15 de noviembre de 2011

Acordándome de los blogueros

Yo soy un bloguero de los que aportan poco, no sé dibujar, escribo muy de andar por casa y sería incapaz de desarrollar una novela que sirviese de homenaje a cualquiera de vosotros, pero si hay algo que hago de maravilla es darle al bistec y hablar de los blogueros aunque sea para mal, en este caso me he acordado de Z, y no puede quejarse, me he acordado para bien.

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Ayer me llegaba un correo de una editorial LGTB, para anunciar la puesta a la venta de una novedad, motivo por el cual también me he acordado de Zowi, otro bloguero que empieza por Z, cuando al hacer la reseña sobre el libro y película de El Padrino me recordaba, de forma puñetera que hago a veces reseñas sobre grandes novedades de la literatura. Pues bien, esta semana estoy hablando de un libro que todavía no ha salido a la venta, por si os animáis a comprarlo, o lo que sea, para que me lo paséis, claro está, que yo no tengo interés ninguno en las editoriales estas más que el placer de leer, y en algunos casos no es ni placentero, y esto me ha recordado a otro bloguero, pero como bloguero bicha que soy tampoco lo voy a nombrar.

Efectivamente, el próximo lunes 21 de noviembre sale a la venta Orgullo Z, de Juan Flahn, (el Juanfran supongo, en boca de algún chino). Claro, al citar el 21 de noviembre os habéis pensado que los vecinos de Chueca sufrirían una mutación. No, chicos, no será el fin del mundo aunque el PP gobierne España. España, Madrid, Galicia, mi pueblo, vamos, el mundo en general, pasándose Gallardón, ese alcalde que ha dejado vivir a los homosexuales a un ministerio y dejando como alcaldesa a la mismísima Ana Botella, la señora de Aznar, si, la de las peras con las peras y las manzanas con las manzanas, esta señora que tiene tanto cariño al colectivo. Pues bien, no me desviéis del tema y me hagáis un post político que íbamos bien por donde íbamos.

Entonces, yo me imagino esa historia del apocalipsis zombie en Chueca de un modo muy peculiar, que no sé si será igual a como Juan Flahn tenía en mente. 20 de noviembre, se produce la victoria electoral de la derecha en España, y acto seguido, en Chueca muchos de los vecinos comienzan a sentirse indispuestos, vamos, que se están convirtiendo en zombis. Z, nuestro querido bloguero en una visita a la capital será sorprendido en cualquier local por decenas de locazas dispuestas a arrebatarle la asexualidad a nuestro protagonista. ¿Cómo? Succionando o comiendo. Efectivamente, ¿los zombis que hacen? Pues comer, claro que, los de Chueca se dedicarían a comer rabos. Arrinconado en un local, Z comienza a pensar que perderá este don que la naturaleza le ha dado, y junto con alguna otra marica de provincia se atrincheran en un cuarto oscuro.

Ahí comienza el auténtico terror y los miles de "chuequenses" van como muertos de hambre a por sus presas. Z se ve perdido pero no sabe que, en Madrid vive el que podría ser su salvador, Pimpf que gracias a su Golden Member atraerá la atención de los zombis de Chueca. Pimpf, enseñando el Golden Member actúa como el flautista de Hamelín (sírvame la gracia de la flauta), con todos estos maricas convertidos en zombis a los que guía hacia Plaza España, lo que ignoran los zombis (si es que tienen algo en el cerebro) es que su fin está próximo, allí, ataviado con un traje de licra ajustado, una máscara de látex y una capa roja se encuentra Gordi, descalzo que acabará con todos los zombis, y sin despeinarlos ni pegarles un tiro en la frente, tan solo con el simple olor de sus pies.

Repulsivo, lo sé, pero una historia de zombis que se comen tripas también lo es, y yo tenía que tener mi protagonismo, y la única forma de acabar con unas divas homosexuales venidas a más es con un hetero más bien dejado, su antítesis.

Y ya está, ya no voy a imaginarme más cosas. Bueno, el final si queréis. Minoviescu orgulloso recoge a Pimpf Golden Member y ambos se casan, pues, Ana Botella al poco tuvo que dimitir por el enorme escándalo que se formó. Z volvió a su tierra, nuestra tierra y pasó unos maravillosos días en la playa haciendo surf, conoció a un fotógrafo que le hizo las mejores cabeceras del mundo para su blog, y Gordi, bueno, Gordi se tiró en el sofá a dormir una siesta, que digo a dormir, a roncar, con la barriga al aire, su pelo lleno de grasa y soñando, soñando en una playa del caribe rodeado de seis o siete chicas en su hamaca que ven hacia la cámara con cara de vicio, si, de estas que se relamen los labios y guiñan los ojos. Bonito, ¿verdad?

No sé si eso es lo que ha escrito Juan Flahn, si alguien compra el libro, ya me contaréis.

Bicos Ricos