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sábado, 24 de septiembre de 2011

Mikaël

Me he ventilado en un tiempo considerable Mikaël, obra del autor danés Herman Bang. Mikaël (1906) podría ser considerada como la primera o una de las primeras novelas homosexuales de la historia, pero desde ya advierto, aquí no todo es lo que parece, y no me refiero a la imagen que tiene la portada de Mikaël.

Mikaël es un joven aprendiz del ya maduro pintor Claude Zoret a quien éste reconoce como "hijo adoptivo". Una relación entre un joven al que le gusta demasiado la vida de lujos y excesos parisina de finales del siglo XIX y un pintor con aires de grandeza y genialidad, una genialidad que siempre le fue puesta en entredicho. La princesa Zamikof acude a Zoret para que éste le haga un retrato que el artista es casi incapaz de realizar, aunque la verdadera intención de la aristócrata no es otra que hacerse con la fortuna de Zoret. Visto que con el pintor no lo consigue atrapa en sus redes a Mikaël. Mikaël pronto comenzará a apartarse del que fue su tutor, mentor, mecenas, padre adoptivo y en definitiva, la persona que se lo ha dado todo, su amor incluido. Mikaël vende una obra que le regaló el pintor y más adelante unos bocetos que éste guardaba. Zoret comienza a ser consciente de que está perdiendo a Mikaël y cae en una especie de locura transitoria que no hace más que devolverle la genialidad de otros tiempos. Sin tiempo apenas para disfrutar de su nuevo momento de gloria cae enfermo. En su lecho de muerte solicita ver a Mikaël pero el joven ya no está para el pintor.

La importancia de esta novela está en que fue llevada al cine en dos ocasiones, ambas en cine mudo, allá por 1916 y 1924. Está ambientada en el mundo aristocrático parisino, entre pintores, escritores, críticos de arte, princesas, ministros, condes y demás ralea y tienes que leerla teniendo en mente las películas mudas porque es complicada de leer, por simple en la mayoría de sus páginas, simple, demasiado simple y muy "rococó". Es difícil meterse dentro de la historia, y yo solo he encontrado una frase inteligente en toda la novela "veía aumentado como aquel que ve a través de las lágrimas". Pero la mayor parte de la obra se la pasa diciendo lo pálidos que son los rostros de los personajes y como estos se "llenan de rubor" o "se tiñó de colorado" o "sus mejillas enrojecieron". También te imaginas a un Mikaël al que le faltan un par de veranos, no en vano es muy común leer "el joven estaba apoyado en la barandilla con la mirada perdida" o "Mikaël veía hacia el infinito sin escuchar a su maestro". Todo muy romántico, muy propio de finales del XIX.

Es una novela homosexual, si, aunque podría no serlo pues trata de forma muy fina el tema al tratarlo de "hijo adoptivo", como hacían en la antigua Roma. Sin embargo, lo que es totalmente cierto es que es una novela de amor, un amor desmedido del maestro hacia el aprendiz pese a que éste le haya abandonado por una mujer. Un joven Mikaël enamorado perdidamente de una belleza rusa por la que también pierde la cabeza. Charles Switt, uno de los personajes que rodean a Zoret también siente auténtico amor por el maestro Zoret. Narra también alguna aventura de algún aristócrata que ve como pierde a su mujer en manos de otro de estos pijos redomados que se paseaban por Versalles. Y quizá no es tanto amor, si no una de las claves que menciona cuando llevas muy avanzada la novela, NECESIDAD. Esa es quizá otra de las claves del libro, una dualidad amor-necesidad difícil de llevar. Por lo tanto, cuando uno piensa en las relaciones en la novela puede pensarse que en lugar de amor hay necesidad.

Ya sabéis, podéis adentraros en la novela clásica gay con este libro que publica la editorial Egales y que podeis encontrar en la librería Berkana, y si, también se puede hacer una compra online.