Mostrando entradas con la etiqueta Santiago Carrillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santiago Carrillo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Adiós, Don Santiago

Y con él se nos va una parte muy importante de la izquierda española de gran parte del siglo XX. ¿Quién nos lo iba a decir, verdad, Don Santiago?

Nacido en Gijón, en el seno de una familia obrera que traslada su residencia a Madrid al ser nombrado su padre como dirigente socialista nacional. Comienza sus estudios en un colegio del barrio obrero de Cuatro Caminos, no terminando el Bachillerato por falta de dinero para los derechos a examen. Comienza a militar desde muy joven en distintos movimientos socialistas, especialmente en las Juventudes Socialistas de España y en la UGT, comienza a colaborar como periodista en El Socialista. Se proclama la república y comienza su periplo más revolucionario. Finalmente se afilia al Partido Comunista de España ya comenzada la Guerra Civil Española.

Y aquí comienza su historia, y nuestra historia a lo largo del siglo, su participación en la Junta de Defensa de Madrid y los fusilamientos de Paracuellos del Jarama en la Guerra Civil, y su exilio final a París, dónde vive con su familia y una identidad falsa. Aquí comienzan sus movimientos dentro del Partido Comunista, sus visitas a los grandes líderes de la izquierda, y su ascenso a la secretaría general del PCE en 1960, sustituyendo a la también histórica, Dolores Ibárruri. El PCE fue, durante el franquismo, la principal fuerza de oposición al régimen franquista, desde el uso de guerrillas hasta la participación en los sindicatos verticales.

No fue sin embargo, hasta la llegada de la democracia, tras la muerte de Franco, cuando Santiago Carrillo se gana la fama de ser uno de los grandes políticos del S.XX. Su participación en la transición española fue determinante para que hoy España tenga la democracia que tiene. Sus entrevistas secretas con el entonces presidente Suárez para la legalización del PCE, renunciando a la república, sus incursiones en el país con documentación falsa y una peluca, y finalmente, la legalización del partido que llegaría en 1977. En esta nueva etapa, con el partido ya asentado en España, demostraría no ser el cruel y despiadado líder político que el franquismo había señalado, un señor con la cabeza muy bien amueblada, que se encontró con que los españoles querían la vuelta del Partido Comunista, y sin embargo, recelaban del mismo. Así, los resultados electorales no dejaban lugar a dudas, y tras las debacles de 1979 y 1982, decide dimitir como Secretario General del PCE, dando paso a Gerardo Iglesias. En 1985, se decide la expulsión del PCE de Carrillo, y el partido comunista jamás volvería a ser lo que fue.

Fumador empedernido, no dejó de fumar hasta el final y no se lo llevó un cáncer de pulmón, se lo llevó una plácida siesta, horas después de comentar, con los suyos la dimisión de Esperanza Aguirre, y es que a los 97 años, su cabeza funcionaba a pleno rendimiento, sin la más mínima laguna. Político incansable, cuando le llegó el retiro, tuvo la ocurrente idea de hacerse ver escribiendo artículos de opinión, libros y participar en tertulias radiofónicas, y así es como llegó a nosotros, dándonos su siempre acertada visión política de la vida, claro, desde el punto de vista de un socialista, y esto, los militantes jóvenes es algo que debemos agradecer.
Ahora, meses después de que falleciese su gran rival político, Manuel Fraga, dicen que ambos, uno como dirigente comunista y el otro como ministro de Franco, serán juzgados en el juicio final, claro que, Carrillo no creía en Dios y pensaba que mientras uno vive hace cosas, pero una vez te mueres, desapareces y la gente te olvida. A ver en qué queda la cosa.

Hasta siempre, ¡camarada!