Mostrando entradas con la etiqueta extranjeros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta extranjeros. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de octubre de 2013

Ese Deseo irrefrenable imposible

¡Qué poco dura la alegría en la casa del pobre! Cada vez lo tengo más claro que los astros se han conjugado para hacerme malas pasadas en la vida en general. Si el lunes os sorprendía con un super post en el que os contaba mi deseo irrefrenable con mi vecino de enfrente, mocetón dónde los hayan, hoy tengo que decir que mi gozo en un pozo (My Pleasure In a Well, para los que sois más angloparlantes). Que mi vecino de enfrente se ha mudado. Fin de la cita.
 
¡Ay, chuchis! Casi me caen lagrimones al ver cómo mi vecinito de enfrente sacaba bolsas de su casa, con la ayuda de su padre. No podía ser. Me ha durado la alegría tan solo dos meses. Mi alegría visual, el protagonista del 70% de las fotos de mi nuevo teléfono. Se ha ido y no me ha dicho nada. ¿Qué hago yo ahora? ¿Me centro en el minillaverito de mi compañero de piso? Hombre, que es monillo, pero tampoco es de mi estilo, ni tiene los brazacos que tenía mi vecino de enfrente.
¿A los brazos de quién me lanzo yo ahora desde el balcón?
Tengo que decir, que en el anterior post sobre éste posible modelo de escultura griega, me planteaba que, dada la mala suerte con mis suposiciones, proponía imaginarme que no era gay, con el fin de acertar, que lo fuese, que me viese un día al salir de su casa, que me hiciese mandase un beso por el aire, y un gesto de un abrazo, que me llamase para que fuese a su casa, me arropase con sus brazacos y terminase la historia en un bonito romance entre alguien con pocas luces pero un cuerpazo y un chico guapo, inteligente, bloguero, con aspecto de dejado (y dejado realmente), moderno, gafapasta multicultural y multidisciplinar y todos los calificativos buenos que caben en mi persona. Es que vamos, le haría un favor, aunque mejor dicho, el favor me lo habría hecho él a mi. Pues no ha sido así. Ese final feliz no lo ha habido, y sin embargo, he acertado en algo. Mi vecino... mi vecino... mi vecino sí era gay.
 
Y ahí estaba yo con mi teléfono último grito última generación, y con la mosca detrás de la oreja. Cada vez que mi vecino llegaba a casa, y me coincidía con una de esas aplicaciones del demonio encendidas, se conectaba alguien que enseñaba parte de su cuerpazo sin mostrar la cara. Cuándo se iba, se alejaba su icono, en ocasiones desaparecía. Tenía que ser él, tenía que ser él. Ayer, cuándo con los ojos borrosos veía cómo abandonaba ese piso compartido con varios guiris, en un momento, mientras esperaba que lo fuese a recoger su padre, con todos sus enseres a sus pies, mientras con una mano seguía con su toc habitual en el remolino de la frente, con la otra mano encendía su teléfono, abría las aplicaciones, y una aplicación con fondo amarillo y letras negras fue lo que llamó mi atención, la pista definitiva, por fin había acertado en una de mis predicciones, había abierto el puto Grindr, que es inconfundible (a la par que discreto) a leguas.
 
¡Ay! ¿Y ahora qué hago? ¿Qué cotilleo yo? ¿A quién le hago robados? ¿A su excompañera de piso la loca que se beneficia a un cincuentón? ¡Hombre ya!

lunes, 21 de octubre de 2013

Ese deseo irrefrenable

Irrefrenable, según la RAE que no puede ser refrenado, contenido o reprimido. Luego, así es el deseo que siento yo en ocasiones, o concretamente, cada vez que veo a mi vecino de enfrente.
Chicos, es que no lo puedo remediar, que me vuelve cardíaco, porque así os lo digo, yo a un cuerpazo y una cara agradable no les digo que no así como así, pero es que lo de este chico no es solo eso (aunque creo que todavía no me ha ni siquiera visto) es un calentón interno cada vez que entra o sale de su casa.
A mi bien sabéis que no me gusta cotillear, mucho menos en este blog hablar de mi vida privada o de política, pero ¿qué queréis?. Tú estás en tu balcón, tan tranquilo una mañana de sábado tomando el sol, y de repente aparece un chico impresionante en el barrio y encima, descubres que vive en la casa de enfrente. Ahí yo con la pata quebrá, en mi balconcito, tal cual La Ventana Indiscreta de Hitchcoock. Aquella primera vez que lo vi me quedé maravillado. Enfrente vivían dos guiris chicos y dos chicas también guiris. Esa fue mi primera conclusión.
Empecé haciéndome internamente suposiciones. Dos chicos guiris con dos chicas guiris, dos parejas. Pues no, en el piso viven solo tres personas, los dos chicos y la chica, que es un poco caballuna, pese a hacer bastante deporte. Luego, quizá alguno de los miembros de ese piso sean pareja, segunda suposición. Solo los he visto juntos el primer día, luego nunca más. Ya no creo ni que haya parejas en esa vivienda.
Que son guiris no me cabe lugar a dudas, y por ello iba a hacer un post sobre este chico, iba a titularlo "Mi vecino Guiri". Tercera conclusión erronea. No es guiri, habla un castellano perfecto, con cierto acento madrileño, o castellano, ya no podría precisar. Vale, pues me ha dado por pensar que es de Carabanchel, Carabanchel Alto. Mi vecino es deportista de élite, de hecho, todos los del piso son deportistas de élite (y la chica seguro que es lanzadora de peso). Así es, que hacen todos mucho deporte, y yo creo que la vida de este chico gira entorno al deporte, salir a correr, bicicleta, gimnasio ¿Hola, cari, y de sexo cuándo hablamos? Que se te van las energías. Lo he visto, con una equipación deportiva de un equipo madrileño, he pensado que podría tratarse de una categoría inferior de un club de la capital, de un club modesto, no os vayáis a pensar. Que el club les había puesto el pisito para que compartiesen. Conclusión errónea. La chica hace poco deporte. Lo veía bajar de un coche, todos los días, a cierta hora de la tarde, o salir a esperar un coche que le traía comida y mucha agua, muchísima agua cada dos o tres días. Normal, no se me vaya a deshidratar este chicarrón. Ahí pensé que los del club les pagaban casi todo. Conclusión errónea, ayer llamó  "papá" al del coche.
Visto mi éxito de investigador, iba a decir que tenía la esperanza de que fuese gay y de que nos diésemos un repaso mutuo, pero tras los éxitos de mis suposiciones, mejor diré que mi siguiente teoría es que mi vecino no es gay. Espero equivocarme como ha ocurrido hasta ahora.
El caso es que verlo es sentir ese deseo irrefrenable, su cara de chico bueno, de no haber roto muchos platos, su timidez, palpable en ese TOC que tiene de tocarse un pequeño rizo de su flequillo con lo que tapa la cara, o se escabulle de mi objetivo, hacen de él un chico encantador a los ojos de un simple mortal. Yo solo le cambiaría una cosa, y no, no le cambiaría su gusto por los pantaloncitos cortos, o por las camisetas de asas. Le cambiaría el peinado. Chuchi, no sé, quizá raparte, pelo muy cortito, o un rebajado por los lados. Es casi la perfección, y pese a no ser perfecto, sigo teniendo fantasías eróticas con él, y autotocamientos varios, que yo eso no lo hago con casi nadie. Y todo por no lanzarme desde el balcón a sus brazos, entre otras cosas, por no rompérselos.
¡Ah! ¿que queréis foto de él? Pues por estas cuestiones de guardar el anonimato de los vecinos buenorros, para que no tengáis vosotros también un deseo irrefrenable de levantármelo, pues solo por eso no voy a subir foto suya, aunque ya os lo digo. ¡Tengo mil robados suyos!