Irrefrenable, según la RAE que no puede ser refrenado, contenido o reprimido. Luego, así es el deseo que siento yo en ocasiones, o concretamente, cada vez que veo a mi vecino de enfrente.
Chicos, es que no lo puedo remediar, que me vuelve cardíaco, porque así os lo digo, yo a un cuerpazo y una cara agradable no les digo que no así como así, pero es que lo de este chico no es solo eso (aunque creo que todavía no me ha ni siquiera visto) es un calentón interno cada vez que entra o sale de su casa.
A mi bien sabéis que no me gusta cotillear, mucho menos en este blog hablar de mi vida privada o de política, pero ¿qué queréis?. Tú estás en tu balcón, tan tranquilo una mañana de sábado tomando el sol, y de repente aparece un chico impresionante en el barrio y encima, descubres que vive en la casa de enfrente. Ahí yo con la pata quebrá, en mi balconcito, tal cual La Ventana Indiscreta de Hitchcoock. Aquella primera vez que lo vi me quedé maravillado. Enfrente vivían dos guiris chicos y dos chicas también guiris. Esa fue mi primera conclusión.
Empecé haciéndome internamente suposiciones. Dos chicos guiris con dos chicas guiris, dos parejas. Pues no, en el piso viven solo tres personas, los dos chicos y la chica, que es un poco caballuna, pese a hacer bastante deporte. Luego, quizá alguno de los miembros de ese piso sean pareja, segunda suposición. Solo los he visto juntos el primer día, luego nunca más. Ya no creo ni que haya parejas en esa vivienda.

Visto mi éxito de investigador, iba a decir que tenía la esperanza de que fuese gay y de que nos diésemos un repaso mutuo, pero tras los éxitos de mis suposiciones, mejor diré que mi siguiente teoría es que mi vecino no es gay. Espero equivocarme como ha ocurrido hasta ahora.
El caso es que verlo es sentir ese deseo irrefrenable, su cara de chico bueno, de no haber roto muchos platos, su timidez, palpable en ese TOC que tiene de tocarse un pequeño rizo de su flequillo con lo que tapa la cara, o se escabulle de mi objetivo, hacen de él un chico encantador a los ojos de un simple mortal. Yo solo le cambiaría una cosa, y no, no le cambiaría su gusto por los pantaloncitos cortos, o por las camisetas de asas. Le cambiaría el peinado. Chuchi, no sé, quizá raparte, pelo muy cortito, o un rebajado por los lados. Es casi la perfección, y pese a no ser perfecto, sigo teniendo fantasías eróticas con él, y autotocamientos varios, que yo eso no lo hago con casi nadie. Y todo por no lanzarme desde el balcón a sus brazos, entre otras cosas, por no rompérselos.
¡Ah! ¿que queréis foto de él? Pues por estas cuestiones de guardar el anonimato de los vecinos buenorros, para que no tengáis vosotros también un deseo irrefrenable de levantármelo, pues solo por eso no voy a subir foto suya, aunque ya os lo digo. ¡Tengo mil robados suyos!
Jejejeje... ¿quien no ha deseao tener una noche loca con el vecino buenorro?.
ResponderEliminarUn abrazo chiquitín !!.
Y con cualquiera que se pase por debajo de mi balcón, jajaja, si es que no tengo remedio.
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Jijijiji... la tipica fantasía del vecino cachondo...
ResponderEliminarSalu2.
Ya, lo que no es típico es tener el vecino cachondo... ains... tremendos brazos, el tirillas de la foto no tiene nada que ver.
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Jajajaja Bueno, yo la verdad que mientras te leia, pensaba Pimpf ha cruzado la línea entre el sano voyeurismo y ya es un STALKER jajajaja
ResponderEliminarHola? Soy más que un voyeur, jajaja, tengo mil y un robados de este chico desde el balcón, con lluvia, con sol, manga larga, manga corta... jajajaja será mi único recuerdo, verás tú.
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Ay yo es que las camisetas sin mangas como que no...
ResponderEliminarPero con esos brazacos... chuchi... como para no lucirlos.
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