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viernes, 18 de octubre de 2013

La teoría de la tortilla

Pues bien, mis queridos blogueros. Creo que ya comenté en una ocasión, hace mil años, en este blog. Cuándo muchos de vosotros todavía no habíais nacido bloguerísticamente hablando, que soy alérgico a la tortilla de patata, o algo así. Su olor me provoca nauseas, así como os lo digo. Ya, ya sé que soy un caso muy excepcional en el planeta, que lo más seguro es que no conozcáis a nadie en una tesitura tal, y lo más probable, es que al igual que la bisexualidad, cuándo alguien os diga que no puede con la tortilla de patata le diréis que realmente no existe.
Si es que solo verla....
Pues bien, este simil entre la tortilla de patata y la bisexualidad es genial. Otra de mis aportaciones socio-culturales, otra de mis teorías que tanto implementan vuestros conocimientos. Muchas veces me preguntan ¿Pero qué te gustan más, los hombres o las mujeres? ¿Pero te gustan de verdad las mujeres? ¿Solamente te gustan los hombres y lo de las mujeres es de tapadillo? Las preguntas de siempre, chuchis. Me gustan ambos. Pues bien, con la tortilla ocurre algo similar. ¿Me gusta el huevo? Si, chuchis, lo como cocido, alguna vez frito, incluso en una apañada tortilla francesa, sola o mezclada con cualquier otro ingrediente. ¿Me gusta la patata? Efectivamente, me encanta la patata, cocida, frita, asada, guisada, en puré, y de mil formas. ¿Te gusta la cebolla? Bueno, caris, la cebolla si, me gusta que esté bien picada, me gusta tostada, me la como incluso cruda en medio de una ensalada (también si está bien picada), me gusta también asada. ¿Y si te gusta todo eso cómo es que no te gusta la tortilla de patata? Pues no lo sé, será la mezcla, respondía yo hasta no hace mucho tiempo, y no es que no me guste, que esto podría ser un simple capricho, es que su olor me hace vomitar. Sobre este punto debo aclarar que no todas me hacen vomitar, la gran mayoría de ellas me provocan las nauseas, con la excepción de la que hace mi madre e incluso puedo añadir que de pequeño la comía. Curiosidades de la vida.
Pues bien, yo que soy un chico de ciencias, inteligente, guapo, masculino y sobre todo humilde, he decidido aplicar mis conocimientos del medio (que no son pocos) para buscar una explicación biológica de por qué no puedo con la tortilla de patata. Así que, comencé mi labor investigadora, por una casualidad de estas de la vida, como le ocurrió en su día a Newton cuándo le cayó la manzana y le inspiró la teoría de la ley de la gravedad. Le estaba yo preguntando por el embarazo de mi cuñada a mi madre, y las nauseas que la pobre está padeciendo. Entonces ella me contó que sus embarazos en ese sentido fueron regulares, que tanto en el embarazo mío como en el de mi hermano le pilló cierta intolerancia a la leche, y sobre todo a su olor, que era oler un poco e irse al retrete a vomitarlo todo. Siguió relatando "en el embarazo de tu hermano también le pillé manía a una pasta dentífrica en concreto de cierta marca, que jamás ha vuelto a utilizar", y añadió, "y en el tuyo no podía soportar la tortilla de patata, también su olor me hacía vomitar y eso que me encantaba".
¡Eureka! Pensé yo. Tenía la auténtica clave del por qué no me gusta la tortilla. Ella la ha vuelto a comer, y yo, llegado un día dejé de comerla. No sé si algún día recuperaré este gusto en el paladar, pero ahora solo me queda para implementar mi teoría que alguien, científico, biólogo, dietista, endocrino o lo que haga falta, consiga explicarme el punto de unión entre las cosas que una madre aborrece durante el embarazo y las consecuencias futuras en el feto. Eso si, mi madre no ha perdido ocasión de echarme a mi la culpa "¿Ves?, por tu culpa me quedé yo sin comer tortilla unos cuántos meses"

domingo, 30 de septiembre de 2012

No puedo con... Las procesiones

Por el titular os pensaréis que soy un rojo sin piedad que no respeta la doctrina católica. Pues no seáis mal pensados, chuchis, que nada de eso, bien sabéis que yo soy católico, y practicante, cuando puedo incluso, un amante de la plasticidad del arte de la imaginería española y de ese oscuro costumbrismo que acompaña a todas las procesiones, no solo las de semana santa, no solo las grandes procesiones del sur de España o las más austeras de Castilla. También aquellas rurales, que tanto abundan por Galicia, o las más especiales, como la de los ataúdes de Santa Marta de Ribarteme.
Yo lo que odio realmente son las procesiones de calle. Especialmente a la gente que va muy lenta, odio a los paseadores oficiales y libro de culpa a aquellas personas que por cuestiones de salud no pueden caminar más rápido. Quizá sea yo, que camino demasiado deprisa, que muchas veces me autoimpongo una mayor velocidad, una ganancia de tiempo, pero es que la gente en general es muy lenta, la gente se para por cualquier cosa, la gente ocupa toda una acera y no se cortan un pelo, la gente no vigila su retaguardia, jamás. Así luego los carteras hacen sus agostos. La gente es muy despistada.
No hay día que no me suceda. Y yo que soy buen conductor tengo en mente la educación vial, los intermitentes, las líneas continuas, los biciclistas en paralelo, y todas estas cosas de tráfico, como peatón también las aplico. Los veo a lo lejos, comienzo a acelerar, mi intención clara, adelantarlos. Deben notar el sonido del viento y se van escorando justo hacia la esquina de la acera que intento ocupar. Me cierran el paso. No puedo con ellos. Freno en seco, para evitar el encontronazo, vuelven otra vez al centro de la acera, intento un nuevo adelantamiento por la misma zona, y vuelven a escorarse. Claro, así es imposible.
Y luego están las familias, los grupos de amigos. Los que ocupan toda una acera, también, como los ciclistas van en paralelo. Son increíbles. ¿No saben que hay una ordenanza de Álvarez del Manzano prohibiendo que la gente se pare en mitad de una acera o que ocupen en linea la misma? No me faltan las ganas de empujar a propósito a alguno de ellos, atacando siempre por el flanco más débil, claro está, el niño o la niña, que no para de moverse.
Diréis que soy un cagaprisas y que si no tengo necesidad de correr, que para qué ir a prisa. Pues porque me gusta, porque gano tiempo, porque no tengo todo el día para pasear, y aunque esté paseando, que he tenido mis días, siempre soy respetuoso con el medio. Y luego siempre están los listillos que vienen en bicicleta fuera del carril bici y te intentan atropellar... a tí, que eres el rey de la velocidad de las aceras.

sábado, 22 de septiembre de 2012

No puedo con... "Chayanne"

Hoy estreno sección para los sábados, el título es bastante claro, No puedo con... pues con quién o con lo que sea, hay cosas que son superiores a mis fuerzas, y como son muchísimas, tengo post de "No Puedo Con" para no cerrar el blog nunca, y es que en el fondo, estoy hecho de odio y de rencor, aunque parezca un chico muy bueno. Preparaos, que también os puede tocar a vosotros.


En esta ocasión y para empezar la sección vamos a darle un pequeño repaso a Chayanne. Elmer Figueroa, que así se hace llamar este "cantante, bailarín y actor" nació hace ya algún tiempo en Puerto Rico, desde pequeño sus padres lo metieron en el mundo de la música y con 2 años ya estaba vendiendo discos (no sé si no puedo con él o con los padres que nos hicieron esto). Se hizo actor de telenovelas, participó en alguna que otra serie y hizo su papel más importante en Baila Conmigo, en papel protagonista con Vanessa Williams, un peliculón, vamos, si no lo habéis visto ya sabéis, por las tardes en TVE os lo pueden poner, a las adolescentes les encanta. Y es que si encandila por algo Chayanne, desde siempre es por sus bailes, si su biografía ya lo dice, bailarín.

Su carrera musical comienza en 1984, año desde el que viene torturándonos con sus canciones machaconas. Claro que, por suerte para nosotros su mayor éxito no llegó hasta 1999, "Salomé", y luego vino aquel "Torero" y otras canciones igual de deplorables, todas muy bailables eso si, cosa que no es mala aunque a mi ese estilo musical no me guste. El problema de estas canciones bailables es que Chayanne las baila. ¿Las baila? Joder, que dicen que es un gran bailarín. Pues a mi, sinceramente, y para que veáis el cariño que le tengo yo a Chayanne ya os digo que me parece un orangután siguiendo unos pasos de libro que su profesor de baile le enseñó, pero que los hace a lo bruto, sin que ni tan siquiera quede la cosa estética, y es que cari, un buen físico, como el que tú tienes lo hace todo, bailas bien, cantas bien, actuas bien, sonries bien, cagas bien, y hasta seguro que eres majo. Si solo le falta mientras baila, repetir en alto "un, dos, tres, brazo estirado, un dos y vuelta". ¿Se puede ser más artificial? Vale, si, pero los labios y los pechos de Carmen de Mairena no cuentan.

No quiero maltrataros más, bueno, un poco si, solo decir, que se dice que está preparando una gira mundial con un cantante mexicano y con Marc Anthony. ¿Sigo? Espero no haber jodido vuestro plácido sábado.

Bicos Ricos