La tía Cleta no se llama tía Cleta, ni Anacleta ni nada similar, aunque tiene un nombre de estos de señora mayor que es un nombre muy feo y muy llamativo, pero la llamamos también por sus últimas dos sílabas de forma cariñosa, ni tampoco es mi tía, es la tía y madrina de mi padre.
Yo me crié en un barrio de mi pueblo, distinto al que es actualmente mi residencia, desde hace ya unos cuantos años, en una casita antigua muy modesta por no decir pobre o paupérrima, con unas arañas como centollas y con unos ratones a los que "alimentábamos" con pequeñas trampas ratoneras, los veranos eran un suplicio, pues, sumado a que no siempre había suministro de agua y no por falta de pago si no por estas cuestiones del atraso económico que históricamente ha padecido Galicia, y también sumado a una plaga de hormigas que no había verano que no hiciese que tuviésemos todos los alimentos rodeados de agua y bien a cubierto. Éramos pobres, humildes y felices. Frente a mi casa había una casa de tres pisos, con muchos lujos, la de la tía Cleta que se dedicaba al alquiler de los pisos en los veranos, y vivía con su marido, y sus hijos, todos marineros en tiempos en los que ser marinero significaba tener dinero. Yo para la tía Cleta siempre fui como un nieto, el nieto que sus hijos solterones se negaron siempre a darle, y para la hija de la tía Cleta yo era "el niño" con el que experimentaba para lo que luego le vendría a ella, la maternidad, era pues, el niño de mi casa, de la casa de la tía Cleta, y de varias casas de vecinos porque yo no paraba nunca en casa y era más fácil encontrarme en la calle que en mi propia casa.
A Pimpfito le encantaba irse los viernes noche a dormir a casa de la tía Cleta, momento que algunas veces aprovechaban mis padres para salir al único pub del pueblo para gente de su edad, y casados. ¿Gente de su edad? Mis padres tendrían aproximadamente entre 22 y 25 años, no más, pero eran otros tiempos. En la casa de la tía Cleta no había muchos divertimentos para niños, pero siempre el tío Tino, su marido cada vez que volvía de una marea, aproximadamente cada seis meses le traía algo a su "nieto". Pimpfito se deshacía en abrazos y besos hacia su tío Tino. Los meses que el tío Tino no estaba, los más, la casa de la tía Cleta era muy solitaria. Pimpfito se divertía muchísimo haciendo reir a la tía Cleta, su peculiar risa, unida a esos dos dientes de oro que siempre mostraba le hacían reir sin fin. Otro de los divertimentos de Pimpf era pedir a la tía Cleta "que hiciese eso de los dientes". La tía Cleta despegaba su dentadura postiza y la movía en la boca ante la atenta mirada de un niño que era un ignorante en el mundo de los dientes.
La tía Cleta todavía vive, que a mi no me gusta hacer solamente homenajes a los personajes que ya no están entre nosotros. Está cascada, no os vayais a pensar, que con ochenta y pico años la edad y la vida dura que esta gente se ha pasado hace mucha mella. La tía Cleta se quedó viuda medio año después de abandonar yo el barrio aquel, y ya con una nieta, había dejado de ser el "niño" de la casa, pero siempre me han tenido mucho cariño. No había boda de la familia en que no me sacase a bailar los temas más casposos del mundo, aquellos de su época con el tío Tino, de cuando eran novios. Ahora pierde mucho la memoria, dice que se acuerda de mi, pero no lo sé, disimula muy bien y es cosa de familia, me reconoce, creo, pero se le olvida todo muy pronto. Dentro de poco, quizá cuando la tía Cleta recuerde cosas de hace unos años aunqeu olvide las de los últimos minutos, quizá vuelva a ser por unos días "el niño de la casa".
Bicos Ricos

