No es lo mismo cumpleaños casero que en familia, que quede claro. Así pues, este cumpleaños ha sido por decirlo de alguna manera, tranquilo y solitario.
Comenzó el viernes, con una llamada telefónica a las 9 de la noche, una prima, y una amiga suya, ambas del grupo de amigos del pueblo, habían aterrizado en Madrid, y aprovechando la noche, decidieron que nos podíamos ver. Allí quedamos, por Huertas, ese barrio que me es tan extraño aunque no me disgusta, y comenzamos una maratón de bebidas y mezclas extrañas. A las 12 en punto de la noche, el grupo de chicas que estaban conmigo, comenzaron a cantar el cumpleaños feliz. Esto ya no hace falta que lo diga, pero yo estaba elegantísimo, y cuando en el pub pusieron la canción del "cumpleaños feliz" y me levanté para dar las gracias a todo el mundo, en ese momento me sentí una auténtica diva, o petarda, si queréis. Me hicieron un pequeño regalo improvisado, que es más de lo que esperaba y me hicieron pasar una noche buena, en pleno mes de octubre.
El día de cumpleaños, propiamente dicho fue el sábado, y me levanté como era de esperar con algo de resaca, pero me dispuse a hacer la compra para la semana, a poner una lavadora y a ordenar un poco la habitación. Estaba solo en el piso, ni Gordi ni Norman Foster, que me abandonaron a mi suerte en una fecha tan señalada y a saber a donde se fueron el fin de semana. Así, sin plan, sin amigos, sin familia, me dispuse a agradecer por sms y facebook las miles de felicitaciones, que ya os lo digo, no fueron pocas, también algunas por teléfono, las más importantes. Y decidí que, lo mejor dadas las perspectivas serían pasarme el sábado en casa, cocinando. Y ahí estuve en la cocina toda la tarde, preparando un cocido "madrileño" por llamarlo de alguna forma, o pobre como lo llamaríamos en Galicia, una crema de calabacín, que, está mal que yo lo diga pero salió buenísima, para variar, y luego ya, entre facebook y algo de lectura, me puse a hacer la cena.
Finalicé como me había dispuesto el día, solo y haciéndome un autobotellón, esa modalidad de botellón que tanto practico y que consiste en ponerse delante del ordenador y con un par de cubatas (o lo que sea) pillarse una cogorza soberana, con la tranquilidad de tener la casa para mi solo y el baño cerca por si habían compliaciones. Ni una cosa ni la otra, ni ocmplicaciones ni nada. Eran las cuatro de la mañana, y un sábado, en casa sin sueño, viendo alguna película, terminé la noche tomándome un café y unas galletas, sin vela esta vez y a dormir, el próximo año será mejor, estoy convencido.
En cualquier caso, agradecer a los blogueros que se han acordado de una o de otra forma de esta fecha, pero, para vosotros (y para mi gloria) el post de mañana.
Bicos Ricos


