He vuelto, os he dejado un día sin post (tiempo más que suficiente para que os pongáis al día) y todo por el fin de semana exprés que me he pasado en Galicia, que ya iba tocando.
Desde primeros de mayo que no me pasaba por mi tierra y después de sufrir este calor insoportable de la capital, apetecía volver a casa para refrescarse un poco. Prueba superada. La temperatura en Galicia estuvo de lo más suave que se podría esperar para estas fechas de julio, un par de frentes han sido los causantes de la niebla que aparecía a horas insospechadas, algo más típico del clima de agosto. Claro, esto ha sido motivo más que suficiente para no ir a la playa, que aunque tenía ganas he pensado que lo mejor sería esperarse un par de semanas y ya en agosto poder disfrutar de lo lindo.
Ha sido un visto y no visto, ya os lo digo, llegar, beso a mi madre, cenar, charlar, ducharme, bajar a dar un paseo, liarme hasta tarde, dormir, saludar a la familia, felicitar el cumpleaños de mi madre. Café mañananero y compañía de los amigos cafeteros, ir a casa rápido a echarle una mano a esa madre cumpleañera, comer en familia, hacer la foto de mi madre soplando las velas luciendo sonrisa, minisiesta y llevármela de compras, de compras al chino que es lo que le gusta a ella (por suerte en este sentido no es nada exigente), café nuevamente con los amigos, si, café por la tarde, y también café por la noche, no os vayáis a pensar. Café y preparativos para un rodaje de cine nocturno, un video que hemos preparado para la boda inminente de una amiga que por motivos laborales tiene que casarse fuera de España. Cena con otro grupo de amigos, muchísimas risas y el café nocturno anunciado. Copas, copas y más copas. Finaliza la noche, tarde, con un buen pedal y unas cuantas calorías de más. Dormir relajadamente. Comer en familia, preparar la maleta y viaje de vuelta al infierno. Visto así podría parecer incluso estresante, sin haber hecho nada especial. Tampoco ha sido el caso. Entre medias he tenido tiempo para muchísimas cosas más, entre ellas, y de copas encontrarme con ese amigo gayer de la infancia de los que crecen contigo y ya desde muy pequeños sabes que le van a gustar las pollas más que a un tonto un lápiz, preguntarle por una novia que se casaba ese mismo día y responderte sorprendido ¿Cuál, mi novia? y responderle yo con un tono irónico... "la tuya no...".
Todo este viaje ha tenido una intencionalidad múltiple, no todo era descansar del agobio madrileño, con él también me llevé algo de ropa para que la lavase mi madre en casa y estuviese dispuesta para cuándo en un par de semanas regrese, tener todo listo y no ir tan cargado para las vacaciones que se avecinan. Otro de los motivos era planificar, en persona, esas fiestas que siempre se prepara uno en agosto, esos clásicos de los que os hablo año sí y año también, esas romerías gallegas genuinas y dónde corren litros de alcohol y alcohol para hartar.
Ahora, a descansar, que el viaje ha sido duro.



