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domingo, 24 de marzo de 2013

El crimen de Chantada

Continuo rescatando de la crónica negra aquellos crímenes que estremecieron España en su momento, tras el éxito de la narración del crimen que en 1958 cometió Jarabo. En esta ocasión nos vamos a Galicia, un múltiple crimen que ocurrió hace 24 años y que es difícil de olvidar.

Como una pesadilla se recuerda en Galicia un suceso que ocurrió el 8 de un mes de marzo, como en el que estamos ahora, pero en el año 1989, unos acontecimientos espeluznantes en una masacre tan excepcional que si no fuera porque los fallecidos tienen nombre, bien podría haber servido para un guión de una película de un serial killer de esos tipo Viernes 13, pero su escenario, Surribas, una pequeña aldea en el ayuntamiento de Chantada, en la provincia de Lugo. Un balance de siete fallecidos, seis heridos y la muerte del propio Paulino Fernández, el autor de esta masacre.

Paulino Fernández tenía aquel 8 de marzo 64 años, estaba casado y no tenía hijos, su mujer tenía escasa movilidad y estaba ciega. Llevaba meses tratando la compra de unos terrenos con unos familiares suyos que estaban en el extranjero, sin embargo, la compra de esos terrenos no iba todo lo bien que él quisiera, en el catastro no aparecían a su nombre. Esto fue dando vueltas en la cabeza de Paulino, quien dicen tenía en la mente que sus vecinos querían apropiarse de ellas. Aquella mañana, Paulino fue al centro del pueblo, a Chantada, se pasó por el despacho del entonces alcalde del municipio, que también era abogado de profesión, Sergio Vázquez. Después fue a comer a casa de su hermano y sobre las tres y media de la tarde volvió a su casa, cogió un cuchillo de matar cerdos y un hacha y se dirigió al alpendre en el que estaba su vecino José Gamallo, de 37 años, clavándole el cuchillo en el vientre y en el pecho. Volvió a su casa, llevó el ganado a sus tierras en Quinzán. En una finca próxima se encontró con unos vecinos que estaban labrando un terreno, José Lago García de 59 años, su esposa Celsa Sanmartín Ledo de 63 años que estaban acompañados por su hermana Aurora Sanmartín Ledo y por el dueño de la finca, Maximino Saa Sánchez, de 72 años, cuñado de los anteriores. Allí la emprendió con ellos, matando a Maximino, Aurora y a José. Celsa conseguiría escapar después de ser atacada intentando buscar auxilio y pidiendo ayuda, sin embargo, Paulino le dio alcance, terminando también con su vida en un camino hacia Adá, otra pequeña aldea de Chantada. Mientras mataba a Celsa, un vecino que pasaba por allí, alertado intentó apaciguarlo y detenerlo, Rogelio Cuñarro, de 57 años, terminó herido de gravedad y no pudo hacer ya nada por Celsa. 

Decició volver a Surribas, su aldea, y por el camino se encontró a Avelina Moure Soengas de 67 años, que iba a Surribas con intención de alertar a los vecinos del horror que estaba sucediendo, Paulino lo impidió, dejándola también a mitad de camino sin vida. También se encontró en el mismo camino con Emilio Ramos, de 76 años, al que dio muerte, bien con el hacha o el cuchillo de matar cerdos y con Amadora Vázquez Pereira. Las heridas de esta última no terminaron al instante con su vida, fallecería 20 días después en un hospital a causa de las mismas. Se dirigió entonces a casa de Milagros Saá, sus vecinos, golpeó la puerta de la casa, y cuando su hijo Francisco Quintana abrió la puerta, sin mediar palabra recibió una cuchillada en el pecho, siguió hasta la cocina encontrándose allí a Milagros y a su nuera. Logró herir a Milagros, aunque no consiguió rematarla, en ese momento entró en la casa otro vecino y entre todos lograron sacarle el cuchillo de las manos.

Paulino consiguió escapar entonces de sus vecinos refugiándose en su casa. A los pocos minutos, los vecinos horrorizados vieron salir fuego de la casa. Dos de ellos se acercaron hasta allí, Manuel Fernández y Raúl López que intentaron entrar en la casa y sofocar el incendio. Allí mantuvieron una conversación con Paulino, que les preguntó si sabían lo que había hecho, sin mediar explicaciones, Paulino golpeó con un machete en la cabeza a Manuel Fernández, los vecinos salieron de la casa y dejaron que el fuego la consumiese. Poco después comenzaron a llegar las patrullas de la Guardia Civil, y horas después aparecía entre los escombros el cadáver carbonizado del propio Paulino Fernández tumbado en su cama.

Ocho fallecidos en el suceso de Chantada, y seis heridos fueron el triste balance de estos sucesos que conmocionaron a Galicia por aquellos días, en su aldea, Surribas quedan apenas ya seis vecinos que recuerdan horrorizados aquellos hechos, hablando lo menos posible de lo que allí sucedió, lo mismo que sucede con los vecinos de Adá. El hermano de Paulino decía que su hermano no regía bien, que había algo en su cabeza que no funcionaba y que se vio alterado por esos problemas con las tierras y la compraventa, que pensaba que sus vecinos querían quitárselas, el alcalde de Chantada que acudió horas después a la zona recuerda con espanto las imágenes que vió, muchísima sangre y cuerpos desperdigados por doquier entre los lamentos de los vecinos heridos.

Estas cosas ocurren en la Galicia profunda y rural, y no hace muchos años de ello, pasando a ser una de esas historias negras que con el tiempo parecen haberse olvidado.

viernes, 8 de marzo de 2013

El crimen del indiano de Las Meanas

En Avilés, esa tierra natal de mi novio imaginario Fabián, hay un parque conocido como Las Meanas. Lo que hoy es un lugar de paseo, a principios del siglo pasado era un lugar de paso al que acudían personas para mantener sexo cuándo no tenían lugar para estas cosas, lo que hoy conocemos como un lugar de cruising.
 
Aquel 31 de agosto de 1910, a las cinco de la mañana, un obrero que pasaba por Las Meanas se encontró un cadaver de alguien que parecía tener todos los síntomas de haber sido estrangulado, con los dedos todavía rígidos intentando repeler un ataque. Entre las posesiones que llevaba el cadaver habían unas cerillas, un llavero con seis llaves pequeñas, un silbato grande de metal, unas gafas con montura de oro, unas hojas impresas con unas coplas, dos navajas cortaplumas, la llave de una habitación, una chaqueta con botones de oro y un cinturón con hevilla de plata y con las iniciales en oro, y en una especie de riñonera, una carta de crédito por valor de 35.000 pesetas de la época, expedida a familias importantes de Avilés.
 
Pronto se supo quién era la víctima. Se trataba de Manuel García, natural de Soto del Barco una localidad próxima a Avilés. Manuel García era un indiano que no hacía más de un par de semanas que había vuelto de Cuba con una gran fortuna. Se supo que la víctima estaba hospedada en una fonda, la Fonda de la Ferrocarrilana, en Avilés, aunque el dueño de la pensión en un primer momento negó que estuviese allí la víctima. Utilizando la llave que había sido encontrada en el cadaver, constataron que precisamente abría una de las seis habitaciones de dicha fonda. Entonces el hospedero comenzó a recordar, efectivamente, era cliente.
 
Diversos testigos, según recogía La Voz de Avilés, decían que Manuel García era un "misógino, refractario al trato con mujeres, un tanto dominado por hábitos contrarios a la naturaleza", que había sido visto durante esos días por la zona de las meanas, dónde acudían tanto parejas heterosexuales, homosexuales, o prostitutas y algún que otro chapero. También había acudido desde su llegada a España, casa de citas próxima a aquel lugar, regentada por un tal Jesús Gutierrez, que ejercía de "madame" de este lugar dónde solamente había prostitución masculina. Jesús Gutiérrez declararía que la noche del crimen, se extrañó porque Manuel García no acudiese a su negocio. Otros testigos informaban que esa misma noche había sido visto con un tipo con aspecto de marinero de unos diecisiete a dieciocho años que utilizaba boina, pero que nadie lo conocía.
 
Sus hermanas afirmaban que era un excéntrico que gozaba viéndolas a ellas, que era un hombre dado a malas costumbres propias de un degenerado. De hecho, la mayoría de impresiones que se sacan por la prensa del momento eran más en la dirección de recalcar la aberración de aquella homosexualidad que de interesarse por el verdadero culplable del crimen. Un sereno incluso dijo que una mujer alta vestida totalmente de lugo había estado buscando por allí a un joven o a una joven, sin especificar realmente su sexo. ¿Algo relacionado con el crimen?
 
Quizá nunca sepamos quién fue el autor del crimen, quizá las autoridades no se esmeraron demasiado por averiguarlo, quizá, la muerte de un homosexual que estaba mal visto ya no solo por hacer proposiciones sexuales a hombres si no a chicos en ocasiones muy jóvenes no tuviese necesidad de ser resuelto. El caso es que la mañana antes de ser asesinado, Manuel García fue visto también amenazando a un joven de una familia adinerada, exigiéndole cierta cantidad de dinero a cambio del silencio por algo, probablemente una homosexualidad en el armario de aquella época. Quizá ese joven se tomase la justicia por su mano y acabase con la vida del indiano, quizá el joven con aspecto de marinero era el mismo al que había amenazado esa misma mañana y el mismo autor del crimen. Quizá el hecho de ser alguien adinerado hizo que se silenciase este asunto.
 
Un crimen quizá homófobo con mezclas de chantaje jamás resuelto, en definitiva, un crimen perfecto.

domingo, 3 de marzo de 2013

Jarabo (IV y final)

Lo que empezó como un post sobre una efeméride cualquiera del 10 de febrero, coincidente con el día que se hizo pública la sentencia a muerte del asesino Jarabo de finales de los años 50 en España, terminó siendo un tema apasionante, lleno de documentación por internet que me abrió la posibilidad de hacer varios post, porque sobre este crimen había mucha tinta por escribir, el primer capítulo era sobre la personalidad y vida de Jarabo, y las circunstancias que llevaron a Jarabo a realizar tales crímenes. El segundo capítulo era la ejecución del crimen en si mismo, de los cuatro asesinatos, y el tercero explicando las horas posteriores al crimen, los errores de Jarabo, detención y juicio. Hoy toca la ejecución de la sentencia, otro aspecto escabroso de su biografía.
 
Las cuatro penas de muerte a las que fue condenado Jarabo iban a ser ejecutadas por el método del garrote vil, ese instrumento español con el que a lo largo de los siglos se dió muerte a muchísimas personas. La importancia de esta ejecución fue que abrió el debate sobre la idoneidad de este método para ejecutar a las personas, aunque en España aún se utilizaría en más ocasiones hasta la abolición definitiva de la pena de muerte.
 
El 3 de julio de 1959 fue la víspera de la ejecución, Jarabo la pasó en una celda-capilla situada en un semisótano de la prisión de Carabanchel en la que había un pequeño ventanuco que permitía entrar un sencillo rayo de sol. Jarabo pasó las últimas horas acompañado de dos sacerdotes, uno jesuita y el otro el capellán de la prisión, también le acompañaba su abogado defensor, Ferrer Sama. Por la tarde, el abogado quiso aliviar los últimos momentos de Jarabo y fue a una tienda a la que solía acudir Jarabo para comprarle una botella de whisky y unos cigarrillos María Guerrero. Los carceleros solo permitieron a Jarabo probar un tapón de whisky pero los cigarrillos le fueron denegados.
 
A la hora de la cena, uno de los redactores de la sentencia de muerte salió apesadumbrado de la prisión al ver cómo introducían en prisión el ataúd que horas después se llevaría a Jarabo. Se quedaron por la noche en la celda su abogado defensor y Jarabo, hablando de varios temas, entre ellos la religión, dios y el perdón de los pecados, a estas alturas, Jarabo estaba ya arrepentido de lo que había hecho, pero pensaba que era muy tarde ya para pedir perdón a Dios para su salvación eterna. A las cinco de la madrugada, Jarabo presentó síntomas de diarrea y después escuchó una misa, arrodillado, se confesó y comulgó. Al terminar la misa accedieron a darle un vaso de whisky y uno de los habanos que le había comprado su abogado defensor. La ejecución estaba fijada para las seis de la mañana, pero los funcionarios de prisiones tardaron un poco en aparecer a buscarlo, alargando más si cabe su agonía. Cuando aparecieron, le intentaron colocar a Jarabo un pañuelo negro sobre los ojos, pero éste se negó a ponerlo, tuvo que convencerlo su abogado defensor para que mejor no viese lo que había detrás de la ejecución, ni las personas que allí estaban. Jarabo agradeció a su abogado todos los servicios prestados y que no pudo llegar a pagarle, y se lo llevaron a la sala de ejecuciones. La sala de ejecuciones era pequeña y tenía una gran viga de madera y una silla dónde sentarían al condenado, el garrote era móvil. Sentaron a Jarabo y el verdugo, un extremeño delgado y débil al que habían dado una botella de vino antes de la ejecución para que no se arrepintiese antes de tiempo de su labor comenzó a ejecutar la sentencia. Lo que se suponía una ejecución casi instantánea y sin apenas dolor se convirtió en una auténtica agonía. Jarabo que era un tipo corpulento, con un cuello fuerte, y su verdugo tan débil y bajo los efectos del alcohol tardó más de lo necesario en realizar la operación y en lugar de un simple click se convirtió en una lenta agonía de 15 minutos.
 
Cuándo se certificó la muerte de Jarabo, lo metieron en un ataúd y se llevaron su cuerpo sin vida al cementerio de La Almudena, dónde permanece enterrado a día de hoy. Fueron muchas las voces que tras la muerte de Jarabo sugerían que todo había sido un montaje, que realmente Jarabo no había muerto, y que se había preparado una forma de librar al asesino de la pena de muerte, dadas las amistades importantes que su familia tenía. A la llegada al cementerio, un comisario hizo abrir el ataúd para que unos cuántos incrédulos diesen fe de que aquel cadaver era el de nuestro Jarabo.
 
Como ya mencioné en alguna ocasión, el suceso de Jarabo puede verse en uno de los capítulos de la serie española La Huella del Crimen, interpretado magistralmente por Sancho Gracia y dirigido por Juan Antonio Bardem. Yo recomiendo este capítulo, y en general cualquier otro sobre esta brillante serie sobre la crónica negra de España.

domingo, 24 de febrero de 2013

Jarabo (III)

Viene de Jarabo (I) y Jarabo (II).

Jarabo, tras asesinar a Félix López Robledo en la tienda Jusfer la mañana del 21 de julio de 1958, se dirigió trajeado a una tintorería de la calle Orense 49 de la que era cliente asiduo. Llegó y pidió al dueño dos favores, el primero una corbata, pues la suya se había manchado y la segunda, que le guardase un maletín dónde estaban las armas del crimen,  añadiendo que volvería por allí para llevar un par de trajes.

Cuándo Jarabo estaba en la tintotería ya había sido descubierto el cadáver de Félix López, que había alertado a la policía de su ausencia. Jarabo volvió a las dos del mediodía tal y como había prometido, pidió su maletín, y de él sacó dos trajes, uno para planchar y otro, gris claro para lavar, éste último con manchas oscuras, unas manchas que estaba claro eran de sangre. Dijo que las manchas se debían a una pelea que había tenido con unos americanos en uno de los locales que frecuentaba del centro de Madrid. La curiosidad sobre lo que contenía aquel maletín y la sangre alertaron al lavandero.

Jarabo ya con dinero en sus bolsillos como no había tenido en meses fue a recoger un traje que había empeñado, y se pasó el resto del día de juerga, comió con un amigo venezolano y tuvieron una larga sobremesa de alcohol. A esa hora eran descubiertos también los cadáveres de Emilio Fernández, Amparo Alonso y su criada Paulina Ramos en la calle Lope de Rueda. Jarabo continuó con su juerga por todo Madrid, en distintos locales. El día 22 de de julio, a las siete de la mañana, Jarabo aparecía en el Bar Azul, situado en la calle San Bernardo 40, muy próximo a la Calle Antonio Grilo también conocida por tristes sucesos y muy próximo todo a mi lugar de trabajo, y a la zona dónde vivo. Allí Jarabo conoció a dos mujeres, Juana Aguado, soltera de 45 años y Amparo Pérez también soltera de 21, con las que pretendía terminar su particular fiesta montándose un trío con las dos mujeres, a las que convenció y con las cuales recorrió parte de Madrid, buscando habitación para tres por distintas pensiones del centro de Madrid.

La noticia del cuadruple crimen había ya recorrido todos los lugares de la ciudad, en prensa aparecían fotos de los asesinados y esto puso en alerta al dueño de la lavandería que acudió rápido a una comisaría para denunciar que un cliente suyo había llevado allí un traje ensangrentado, con la sospecha de que quizá pudiese ser del mismo crimen. Estaba en lo cierto. Acompañó la policía al dueño de la lavandería a su local, para comprobar el traje lleno de sangre y el contenido del maletín, que albergaba dentro las armas del crimen. Jarabo había dicho que se pasaría por allí a recoger el traje a las dos del mediodía. Cansado y resignado de no encontrar habitación, Jarabo ordenó a un taxista que lo acercase hasta la calle Orense 49, a recoger el traje, iba acompañado aún con las dos chicas. Entró en la lavandería y un policía se acercó al taxi para cerciorarse de la identidad de Jarabo, el taxista pensaba que se trataba de un médico, el doctor Valmaseda como mostraba una de sus identidades falsas, sin embargo una de las chicas dijo que era "un tal Morris". En la lavandería esperaban dos policías más que apuntando a Jarabo, el cual ofreció alguna resistencia, terminaron deteniendo a nuestro asesino.

Poco después sería juzgado ante una gran expectación. En la puerta de los juzgados numerosas fans del asesino elegante. El juicio duró 8 días y 14 sesiones, con una sala siempre abarrotada, y tras el juicio fue condenado a cuatro penas de muerte por cuatro robos con homicidio, dos delitos de tenencia ilícita de armas, otro por uso de identidad falsa y otra por falsificación de documentos. Los crímenes fueron considerados con los agravantes de alevosía, nocturnidad y premeditación, y los de las mujeres también por desprecio del sexo. En el juicio Jarabo se mostró como era él, un auténtico español elegante y un poco charlatán, contando versiones poco creíbles sobre los hechos.

Solo quedaba aplicar la pena de muerte...

lunes, 3 de diciembre de 2012

Los Lunes, día del Espectador. Complices

Me habían encargado hace un tiempo que bajase una película de temática homosexual, o inicialmente homosexual, cine francés del fino, sin llegar a los niveles del genial André Techiné. Su título, cómplices, su trama... de su trama ya me encargo yo de destriparla, sin contar nada que haga que la película os pierda el interés.

La película, y de ahí la importancia de no descubrir nada, es policíaca y parte de la aparición en un margen de un río del cadaver de un joven. De la investigación se hacen cargo Hervé y Karine dos agentes de la gendarmería francesa que poco a poco van desgranando el ovillo. El cadaver del río se trata de Vincent, un joven que se ganaba la vida con la prostitución masculina. Vincent mantiene una relación con una joven, Rebecca, desaparecida en el momento en que se encuentra el cadáver, de los pasos que los policías dan y de sus vivencias particulares durante la investigación contadas a modo de dos historias. Mediante flashbacks nos va mostrando los últimos días de la vida de Vince, su círculo de amistades, su novia, la iniciación de ésta a la prostitución de la mano de Vincent y todo para un final dónde se despejan una y cada una de las incógnitas con que parte la historia, y todo ello aderezado con la apacible vida de los policías en un mundo de soledad y que intentarán enmendar sus errores en la vida según van aprendiendo del caso.

La he visto en versión original subtitulada, del francés  que le da un toque más romántico a la película, como todo lo que toca el cine del pais galo, con sus pausas en el ritmo en el momento exacto, el típico cigarrillo que te hace pensar a ti también a la vez que notas salir el humo de la pantalla, un cine dónde los olores se perciben a través de la pantalla, los sentimientos son más fuertes, los paisajes más fríos o más cálidos, más azules, más verdes, dónde se viven los veranos cómo si fuese tu último verano, dónde los inviernos se hacen más acogedores, un cine que te teletransporta. Claro que no os vayáis que soy un gafapasta ilustrado de estos que van de puretas que prefieren ver las pelídulas en versión original subtitulada, aunque esto será tema de un "no puedo". Pero pese a todo ello, la película tampoco destaca por nada en especial, excepto lo imberbe y guapo que es el joven Vincent, o la historia que te atrapa y desde el primer minuto te estás preguntando como pudo ser la muerte del chapero. No es un peliculón, es de los que entretienen y entrelazan dos historias, pasado y presente, que convergen en el final.

Temáticas secundarias pueden ser las familias disgregadas, sin padres y la paternidad en si misma, los celos y la desconfianza, las perversiones lujuriosas, el sexo de pago y alto standing, la iniciación a la prostitución, la facilidad y el peligro del sexo por internet. Son temas varios que son tratados en forma de pinceladas, o en ocasiones de brochazos. Como era un encargo, aproveché para verla y después hacer hueco en el disco duro porque quién me pidió que la bajase jamás se interesó por si lo había hecho o no, tampoco es que fuese un peliculón. Ya lo digo, entretenido en tal caso el film de Fréderíc Mermoud.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Cornada mortal

Y vino el PP y tras seis años sin retransmisiones taurinas por televisión, consigue ofrecernos una corrida de toros en horario de máxima protección infantil, para indignación de la izquierda, de antitaurinos, de defensores de los animales o de los niños, de ecologistas en general y de muchos parlamentarios catalanes, y para alegría y gozo de toreros, ganaderos, empresarios taurinos, apoderados, la derecha y los más españolistas que nadie.

Y es que España somos un país de cabecicubos, un país de empecinados en tocar las pelotas en general. Cuando muchos de los problemas se solucionarían como en Francia, Portugal u otros paises sudamericanos, sin que la corrida de toros signifique una lenta agonía del animal, y lo que es mejor, sin la muerte del animal ni derramamiento de sangre, en España, que somos siempre lo más, aquí si el toro no muere no hay corrida, y si el encierro no se retransmite por televisión somos unos antiespañolistas que vamos en contra de nuestras tradiciones españolas y cuidado no te tilden de rojo, comunista, antipatriota, estalinista y cubano o venezolano. ¡Lo que hay que ver!

Precisamente ese es el problema, lo que hay que ver. Las corridas de toros se borraron de la parrilla televisiva a raíz del manual de estilo de TVE por el cual en horario de máxima protección infantil se prohibía cualquier escena violenta con animales. Asi fue como se aprovechó esta circunstancia para impedir que entre las 17 y las 20 horas por la semana se reforzaba esta protección infantil. Llegan los nuevos, los más españoles que nadie y cambian ese manual de estilo de TVE, y donde decía Digo, ahora dice Diego, o al revés, pero según TVE y la mesa del toro (formada por gente del mundillo taurino), un festejo así debe ponerse a disposición de los aficcionados taurinos. ¿Hola?

Por su parte, desde el Consejo Asesor de RTVE en Cataluña solicitaron la desconexión de la señal de TVE durante la retransmisión de la corrida de toros de Valladolid al estar las corridas prohibidas en territorio catalán. Lógicamente llevaban las de perder, en primer lugar por ser catalanes, pedir algo y esperar que el estado se lo conceda, y en segundo lugar, por ser la petición contra la "fiesta nacional". ¡Hombre ya! Pues a tragar como todo el mundo. Ya les han dicho que pueden prohibir las corridas, pero no podrán impedir que lleguen a Cataluña imágenes de una retransmisión de toros, que se vayan olvidando. Todo por recordar un poco lo empecinados que podemos llegar a ser los españoles y demostrar lo tocapelotas que somos aquellos que no queremos toros.

Soy un defensor de la labor del torero, de su arte, de la estética taurina, de poder disfrutar a la vista de uno de los animales más fieros y preciosos que hay y sin embargo soy antitaurino, soy contrario a cualquier tipo de maltrato animal, por eso soy de los que abogan (aunque lo considere algo innecesaria la fiesta) por la solución de los toros limpios dónde no termine la corrida con la muerte del animal o con el animal torturado. Llamadme rojo, antitaurino, antiespañol, proestalinista y leninista, comunista, antisistema, antisocial y todo lo que queráis, incluso llamadme gallego pues tengo entendido que, Galicia es una de las comunidades autónomas con menos aficción taurina hay, con la excepción de los toros de la Peregrina en la única plaza de toros de Galicia, en Pontevedra (allí dónde D. Mariano Rajoy siempre ha disfrutado de unos buenos habanos) o del aprovechamiento del Coliseo de A Coruña para la fiesta taurina de María Pita. Pero estas rabietas protaurinas sin sentido me parecen otra niñería más de estas que tiene el Partido Popular. ¿He dicho ya que llevo puesta una camiseta roja hoy? ¿Es necesario que mis hijos o yo mismo tengamos que ver algo así? ¿con el dinero de todos los españoles? Anda Guapa!