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lunes, 9 de julio de 2012

Clases de puré de patata

Dice D. que la anécdota no es graciosa pero a mi me lo parece, porque no es normal a estas alturas de la película el dar una clase de cómo preparar un puré de patata de sobre, y he aquí mis dotes de Elena Santonja y mis gracietas de Carlos Arguiñano, pero sin meterme nada, claro. Cuando empecé con aquel curso acelerado de como preparar un puré de patata de sobre pensé instintivamente en el blog, sabía que tenía un post y me acordé de las ReZetas de Zeta, ese genial bloguero que es más discontinuo que el Guadiana, claro, había nacido una estrella gastronómica, y de este blog a crear un restaurante y aparecer en las Guías Michelín hay un breve paso.

Hasta hoy apenas os había hablado del Malaguita, mi compañero de piso que es de un pueblecito de Málaga y de ahí el nombre que me he currado, aunque en casa oficialmente les llamamos a él y a su novia "Los Quillos" también algo muy elaborado como podéis ver. Malaguita tenía hambre y descubrió por casualidad los purés de patata clásicos de toda la vida, los de Maggi (te quiere ayudar) y ahí se compró dos cajas, una de puré de patata clásico, y como no tenía mucha idea, otra de puré de patata con leche, y ahí estaba, en la cocina absorto en la lectura del modo de empleo de estos copos mágicos. Lo vi cogiendo una cazuela y ya me temí lo peor, no había hecho nunca un puré de patata. En realidad no había cocinado nada más complicado en su vida que un bocata de jamón y queso, pero ahí apareció Pimpf, siempre dispuesto a ayudar le dijo "¡Pero qué haces, animal!".

Malaguita contestó con un sencillo "yo que ze, illo, que hamá he hessho nada deto, que dise aquí que tiene leshe, y yo la leshe no la veo por ninguna parte, que inventos estos". Pimpf, comprensivo (dentro de todo lo que se pueda comprender a alguien que habla andaluz muy cerrado), y temeroso de cualquier tipo de accidente en la cocina, recordando sus primeros tiempos fuera de casa, se decidió a echarle una mano. "¿Es para ti solo, para una ración?". Efectivamente, iba a ayudarle a preparar una simple ración de puré de patata.

Los ingredientes son muy sencillos, un sobre de puré de patata Maggi con leche, una pizca de sal y un poco de mantequilla. La forma más sencilla de prepararla es echar en un tazón amplio un poco de agua, al gusto, calculando más o menos la cantidad que se va a comer, se le echa la pizca de sal, al gusto también y se remueve hasta diluir bien la sal. Se mete la taza en el microondas un par de minutos, hasta que hierva el agua, siempre dependiendo del tipo de microondas. Se saca la taza con cuidado de no quemarse y se vierte parte del contenido del sobre en el agua hasta casi cubrir todo el agua. Se cubre todo con el agua y se mezcla en su interior la mantequilla. Cuando los copos se hayan empapado bien, se remueve hasta alcanzar la consistencia necesaria y deshaciendo los grumos. Ya se puede disfrutar de un buen puré de patata listo para acompañar cualquier plato por elaborado que sea. El puré de patata de sobre hace un buen maridaje, dentro de lo cutre, con cualquier vino tinto, y ya para gente más glamurosa, como escuché en cierta ocasión a unas chicas muy pijas que compraban Don Simón para hacer calimochos en un botellón, con un buen lambrusco siempre se le da un toque más chic a una cena. ¿Veis? Nunca es tarde para aprender que si lo ves con buenos ojos, hasta el vino ese con gaseosa puede ser maravilloso.

Lo gracioso de la anécdota en si no es que alguien no sepa preparar un puré de patata de sobre, a cualquiera le puede pasar, a mi lo que me ha sorprendido es que Malaguita, con lo joven que es, y aunque lleva ya unos meses fuera de casa se haya querido enfrentar el solo a preparar este tipo de recetas. No sé qué será lo siguiente. ¿Calentar unas albóndigas de lata en el microondas? Por si acaso ya le advertiré que antes de calentarlas tiene que sacarlas de la lata.

Bicos Ricos

miércoles, 6 de junio de 2012

Criadillas japonesas

Se dice que la nueva cocina, esa cocina tan moderna a la que estamos tan poco acostumbrados los españoles, se caracteriza por ser platos muy nutritivos, con sabores indescriptibles, presentados en amplios platos, muy adornados y pocas cantidades, ah, claro y unos nombres imposibles y rimbombantes, todo lo contrario a lo que son los furanchos de los cuales me considero fan, pues aquello de comida barata, también con sabores indescriptibles y en gran cantidad y que es realmente lo que se lleva y triunfa en España.
 
Sin embargo, los japoneses que siempre van un paso por delante, en esta ocasión se han quedado en el punto de la alta cocina, y el amigo y artista Mao Sugiyama nos deleita con un plato de genitales marinados con finas hierbas y cremoso de champiñones con tropezones. El japonés Mao Sugiyama ofrecía hace unos meses sus genitales para cocinarlos al gusto de los comensales, a un módico precio. Meses después ofrece este menú a cinco comensales que pagaron por probar sus testículos, pene y escroto al módico precio de 250 dólares el plato, un precio irrisorio teniendo en cuenta el producto ofrecido. Se apuntaron a través de la red cinco personas para probar el menú, sin embargo uno de ellos falló, en declaraciones alegó que a él no le gustaban los champiñones y mucho menos el perejil. Así pues, el club de los cinco pagó lo estipulado y se fueron a casa tan contentos, no sé si con el estómago lleno, pero desde luego sin problemas con la justicia pues el canibalismo no está penado en el país nipón.

Yo, que soy un bloguero tan majo, no he podido reprimirme a la hora de criticar este tipo de actividades, por muy artista que sea el Sr. Mao. Y no es que tenga yo reparos en que alguien se corte sus genitales y los sirva, mucho menos que lo haga por dinero, que en tiempos de crisis ya se sabe, cualquier opción (dentro de la legalidad) es buena para ganar dinero, es incluso algo más digno que llevar por ahí un cartelito de "Vendo Oro". Mi crítica va hacia el plato en si mismo. ¿Rabo con perejil y champiñones? ¿Se puede ser más simple? ¿A la plancha? ¿cocido? Es que el acompañamiento, me lo váis a permitir es de lo más cutre que he visto, y no es nada novedoso, Arguiñano, mismamente decora todos sus platos con unas hojas de perejil, ¡Rico Rico!, que diría el cocinero guipuzcoano. No sé, me esperaba algo más. Aunque, lo pienso un poco y se me revuelven las entrañas, ¿y si ha hecho con sus testículos algo similar al sushi? ¿Criadillas crudas? Puaj. A lo que iba, yo me esperaba algo más contundente, un acompañamiento de una menestra, o unas patatas fritas, o como en portugal, eso mismo y un arroz y ensalada (mística, claro).

Con lo que me he quedado sorprendido es por eso del gusto por los platos estos de delicattessen, de poca cantidad, me he imaginado el producto interior bruto japonés y me parece a mi que no da para mucho. ¿Para cuántas raciones calculáis? Para estas cosas es siempre mejor el producto gallego, pero de toda la vida, con denominación de origen, ternera gallega, rabo gallego, eso si que da para un plato de genitales en caldeirada, si me apuráis, e incluso con lo que sobra, podéis hacer unas rebanadas acompañadas de una buena salsa para hacer un bocata para la noche. Bueno, no sé en vuestro caso, yo hablo por lo mío.

En cualquier caso ya sabéis lo que dice el refranero de todo esto, a buen bocado, buen grito; porque a nadie le amarga un dulce, y la barriga a dios alaba, con carne encerrada, carne capada. Si es que con aceite de bellota sale el pelo hasta en las pelotas, y de lo bien que sabe, todo os cabe, porque de lo que se come se cría, así que, dónde veáis la olla no metáis la.... lo dicho ¡Qué os den morcilla!