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viernes, 23 de noviembre de 2012

Una recaída

Justo en el momento que me encontraba más pletórico físicamente, va y se me complica la salud en cuestión de horas. Nada grave, no os asustéis. Nada que no me haya pasado antes, aunque esta vez con complicación.

He tenido una nueva amigdalitis y llevo ya, dejadme contar, si llevamos 11 meses del año, a una media de una cada 1,5 meses, pues unas ocho en lo que va de 2012. Y en esta ocasión ha sido tan fuerte que creí tener que acudir a urgencias porque pensaba que se me iba a cerrar la garganta, todo ello unido a un ataque de fiebre de esos que te dejan flojo. Mientras, mi madre que a kilómetros de distancia estaba una vez más preocupada y comentó que quizá fuese buena idea proponer que me operasen de las mismas. Yo, que soy muy mandado, le he dicho cuál virgen María, "hágase en mi según tu palabra", y ya tengo cita nuevamente con el otorrinolaringólogo para que esta vez, si o si me de una solución definitiva a este problema, que uno no puede estar todo el año tomándose unos pastillotes gordísimos de antibióticos, que seguro que no son nada buenos para la salud en general.

Seguimos mientras con el tratamiento inicial, de pastillas a todas horas, antiinflamatorios, antibióticos, analgésicos, todo para poder trabajar dígnamente, si es que puede ser digno tener que venir a trabajar enfermo. Cosas de la crisi. Pero mi salario no está para ese tipo de bromas macabras. También he estado dándole vueltas a cómo será la operación, al complicado post operatorio, a si la operación tendría que ser necesariamente en Madrid o si podría ser en Galicia, para tener a mi familia para que me cuide. Porque otra cosa os voy a decir. Aunque mi prima viva en Madrid y se haya ofrecido a echarme una mano estos días, aunque La Buscona muriese de ganas por ponerme una inyección, si fuese necesario, pese a estar a kilómetros de distancia,  aunque haya tenido algún ofrecimiento de alguna compañera del trabajo para ayudarme y haya recibido muchos mimos y abrazos virtuales, quién no ha faltado ni un solo momento es Fabián, que se ha comportado como un caballero, y como médico que es también me ha recomendado que ya es hora de buscarle solución a la amigdalitis crónica esta, claro, también ha aclarado que esto no es su especialidad, que lo de él son los rayos X.

Como el cuerpo no está para bromas, hemos tenido que descartar la opción de entretenimiento en cama con el sexo (lo siento Fabián). Totalmente descartado, no tengo la boca ni para meterme cosas que pudieran portar la mínima bacteria ni para meterla yo en sitios oscuros, así que he aprovechado estos días para leer un montón, y para ver mucha televisión, series, películas, programas en general y todo a la carta, que es la forma más sencilla y cómoda de ver televisión. Vamos, que me he culturizado un poco más, si cabe, y todo ello con el único afan de hacer esos post culturales que tanto os gustan. Espero ponerme bien en las próximas horas.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Fabián, ¡aquí estoy, cari!

Jamás había estado tanto tiempo separado de Fabián, ese novio imaginario que tengo y que la mayoría de vosotros ya conoceréis. Si, el médico, de una familia adinerada de Avilés. El mismo que se fue con sus padres a pasar unos días de verano y que no ha vuelto hasta esta semana a la capital, o al menos eso me ha dicho. Y yo tengo ya la mosca detrás de la oreja.

Yo recuerdo empezar a ponerme mal, con subidas de fiebre nocturnas que me dejaban hecho un trapo. ¿A quién acudir? Vaya, por las mañanas me acordaba que tenía un novio imaginario que me habría hecho mucha falta en mi casa en Galicia, para decirle, "Fabián, agonizo", y que él me diese la medicación oportuna, que me pusiese paños de agua fresca en la frente, que me diese cucharada a cucharada a comer una sopa jedionda de fideos con pollo y que me trajese el zumo a la cama. Pues si, para eso quería yo un novio imaginario. ¿Y qué me encuentro? Pues que llamo a Fabián y no me coge el teléfono. Mi suegra, que me dice que Fabián está haciendo surf un día, otro día practicando barranquismo, otro día al cine. ¿al cine? ¿Con quién? Con un amigo. Esta señora, esta suegra lo que es es una auténtica bruja, quiere apartarme de mi novio imaginario, y eso que ella es una suegra imaginaria.

Ambos volvíamos a Madrid el día 27 de agosto. Pues estamos ya a mediados de septiembre y no lo he visto. Lo he llamado a la clínica privada donde gana millones imaginarios y me han dicho que se había cogido una baja por un problema lumbar. Así que me he ido hasta su casa, que es cerca de la mía, y allí no estaba. Lo he llamado unas cuantas veces y no me ha contestado, o me ha colgado. ¿A que me ha salido un golfo imaginario? A ver si se ha aburrido de mi, que podría ser otra opción, como hacía mucho que no escribía en este blog sobre él.

El caso es que esta semana lo he vuelto a llamar insistentemente, y una voz femenina ha salido del otro lado del hilo telefónico ¿a estas alturas se puede utilizar la palabra "hilo"? Bueno, o de las ondas telefónicas, que a los efectos es lo mismo. El acento era asturiano también, imaginario, y me dice muy amablemente "ahora Fabián no se puede poner, soy su hermana que está unos días aquí en Madrid cuidándolo de su lumbalgia, ya te llama él en cuanto esté un poco mejor".

Ay, y mi Fabián imaginario agonizando, tumbado en cama boca abajo (y no quiero malpensar), ni excitarme solo de pensarlo. Yo lo que quiero es que su hermana se vaya para Avilés, y ahora que yo estoy recuperado, cuidar mucho de mi novio imaginario, porque a este paso, mi Fabián va a desaparecer antes que mi paga extraordinaria de navidad.

Bicos Ricos

viernes, 14 de septiembre de 2012

Un alta voluntaria y necesaria

Sé que muchos de vosotros os habéis estado preguntando por mi estado de salud. Muchos no, muchísimos, o bueno, para ser sinceros, alguno de vosotros se lo ha preguntado. Estoy bien.

Hace casi un mes comencé a tener problemas de garganta y acompañado ello con unas décimas de fiebre, una fiebre que cada día crecía un poco más. Una semana después estaba en el médico, que me recetó un antibiótico para alérgicos a la penicilina. Yo no soy alérgico a nada que se conozca. El medicamento se ve que no funcionó, y a los pocos días las fiebres volvieron. Estuve una semana en reposo en Galicia y volví a Madrid.

La vuelta a la capital fue horrible, con el cuerpo todavía dolorido por todos lados. No esperé mucho para pedir cita al otorrinolaringólogo, que no me pudo recetar más que unas pastillas para la fiebre y los dolores en general, pidiéndome unos análisis de sangre y un exudado faríngeo. Pasó otra semana y vuestro Pimpf continuaba con la fiebre y las molestias en general. Así que, acudí a urgencias. Allí me vieron con un poco más de detenimiento, más análisis de sangre, análisis de orina, unas placas en los pulmones. Casi todo correcto, excepto una pequeña infección de orina que fue lo que me tuvo tumbado durante casi un mes. El tratamiento, un nuevo antibiótico y la libertad de disponer al gusto de cualquier medicamento a mano para el dolor y la fiebre. Pasados seis días, fiebre e infección fuera. Solo quedaba la recuperación del cuerpo macerado. Y ha sido pasar este último fin de semana y ya como nuevo.

La recuperación ha sido total, al punto de que ya he vuelto a correr. Algo muy light. Tenía ganas de lucir mis piernas morenas por Madrid con mi pantaloncito corto de atleta. Tampoco tenía el físico para una gran maratón, y así fue como ayer hice el peor registro corriendo de la historia. Prometo ir poniéndome al día, en lo físico y en lo bloguero. Que no se diga que abandono todo. Eso si, la salud casi lo primero, porque finalmente, en toda mi convalecencia, no me he cogido ninguna baja médica. Si es que yo con tal de no dar gastos excesivos a Rajoy..., lo que sea.

martes, 4 de septiembre de 2012

Blog de baja

No, no os asustéis demasiado por el titular. El blog no cierra definitivamente, tan solo estará cerrado mientras vuestro gurú de la blogosfera se encuentre de baja o lo que es lo mismo, mientras no recupere el ritmo de trabajo normal y la forma física necesaria para escribir esos post que tanto os gustan, y los que no os gustan tanto también.

Como ya dije hace unos post he estado agonizando duramente con unas fiebres un tanto sospechosas que me han tenido tumbado parte de las vacaciones y parte de mi vuelta a la capital. Para que os quedéis más tranquilos ya os lo digo, han dado con la dolencia y ahora es cuestión de recuperarse. Yo no sé si estar así, medio de baja hará que se me agudice el ingenio de la mala leche, que probablemente por descargar me saldrán unos cuantos post políticos o si por el contrario, al final de esta baja necesitaré unas buenas vacaciones para recuperar el tiempo perdido.

Lo que si os aseguro es que aprovecharé este tiempo en que apenas escriba para ir poniéndome al día con vuestros blogs, que se ve que habéis tenido mucho tiempo libre y muchas ganas.

En breve nos vemos por aquí.

martes, 28 de agosto de 2012

Tres funerales y casi cuatro

Se terminan las vacaciones y comienza la nueva temporada bloguera. ¿Cargados de energías? Para nada, más cansado si cabe que cuando me fui. Pero ahora os cuento en qué he invertido gran parte de mi tiempo de descanso aunque el título del post lo resume bastante bien, entre funerales y casi el cuarto, el mío y es que he estado enfermo gran parte del tiempo, para no contarlo.

En las tres semanas que he estado en Galicia he tenido que ir a tres funerales más o menos cercanos de familiares y el de un chico del barrio dónde me crié. Tres pérdidas insustituibles, dos enfermedades crónicas de esas muy malas que terminan con uno independientemente de tu edad y un suicidio. Claro que a mi lo que más me ha preocupado ha sido el casi cuarto funeral, mi enfermedad, una infección de garganta como jamás había padecido, unas fiebres que me han tenido tumbado más de una semana y de las que todavía no me he recuperado, así tengo el cuerpo sin fuerza alguna y todavía dolorido. La fiebre ha remitido hace cuatro días pero tengo los globos oculares que me estallan y una apatía generalizada no sé si fruto de la medicación pero estoy sin apenas apetito, con el estómago revuelto, dolor de garganta todavía y el cuello lleno de pequeños gánglios que probablemente hayan salido por la infección.

Así estoy, hecho un trapo y pidiendo cita ya en Madrid para el especialista, a darle un poco de gasto a la mutualidad, y es que váis a pensar que soy un pupas, pero con el nuevo decreto que se sacó de la manga el PP en verano, ahora funcionario que se encuentre mal un día y no trabaje tiene un descuento en su salario del 50% a no ser que lo justifique con una visita a su médico y yo no estoy como para hacer regalos al estado. Antes, cuando estaba en la privada y me encontraba mal el empresario lo primero que te decía es que te fueses para casa a recuperarte sin perder nada del salario y es que en muchos casos convenía que te fueses para casa antes de que contagiases de cualquier cosa al resto de tus compañeros, aquí, con el todo vale contra los funcionarios ya no es suficiente que estés agonizando, al menos si no te ve un médico. Yo como decía ya he pedido cita para el especialista, que no vaya a ser que esto no se haya curado bien del todo y vayamos a tener una desgracia y os quedéis sin mis geniales post, al menos una temporada más, como ha sucedido este mes de agosto, en el que, aunque hubiese querido, no tenía el cuerpo ni para escribir una línea.

No os penséis que comienzo la temporada hablando de política, que bien sabéis que en este blog si hay algo de lo que no se habla es de mi vida privada o de política, otra cosa es que os haya tenido que contar las desventuras que me han ocurrido a lo largo de estas tres semanas en forma de penas. Claro, mañana ya prometo un post más divertido, porque las vacaciones además de cama y reposo han dejado también mucha fiesta y alguna que otra situación divertida.

PD.: Y no, no hemos hablado de boda porque no ha habido ninguna y en el horizonte no parece que ningún amigo tenga en mente pasar por la vicaría, por suerte.

viernes, 14 de octubre de 2011

Mi puta madre naturaleza

Vaya por delante (las aclaraciones primero) que este post no está escrito para Observatorio Gay Granatense (enseguida lo entenderéis), y ya puestos a aclarar, también os digo que este post no es ni de política ni de mi vida privada, pues a estas alturas excuso ya decir que en este blog no se habla ni de una cosa ni de lo otro, normalmente. Sirva también este primer párrafo para excusarme por el exabrupto este del titular, que bien podría ser censurado desde vuestros trabajos. Es un post sobre la salud, y no sobre la pública, sobre la mía, concretamente.

Llevo desde el pasado lunes por la tarde sufriendo lo indecible, pero más concretamente desde el martes. Primero una ligera diarrea, que se convirtió en una gran diarrea y ya no daré más detalles por no herir los sentimientos de Christian, que podría estar aquí contando pequeñas batallas de lo que yo denomino "cuando haces pop ya no hay stop". Le acompañó, la tarde del martes una ligera fiebre, que al final de la noche se había convertido ya en unos 39,6º, momento en que comencé a preocuparme porque aquello no bajaba (la fiebre, que os lo hay que explicar todo). Así que me fui para cama, consciente de que esa noche del Pilar no saldría de casa para mi desgracia, pero que quizá al día siguiente podría ir al desfile militar, por cotillear. La fiebre mantenía su pulso y me decidí a darme una ducha fresca-templada, algo que en cocina bien podría considerarse una deconstrucción del cuerpo humano, pero que con fiebre sienta de maravilla, y acto seguido, a cama otra vez con una toalla empapada para ponérmela en la cabeza y los brazos que me ardían aunque yo, moría de frío. Bajó la temperatura en casi un grado.

Como soy muy patriota, o muy cotilla, no quise estropearle a ningún médico el día del Pilar y no fui al médico, aunque me levanté con 38º. Decidí que mi interés en ver soldaditos al natural era superior a mi patriotismo que solo siento cuando España juega el Mundial de fútbol o cosas similares, o cuando España va a Eurovisión. Y fui sufriendo, por la patria, por la patria y por la pata abajo, como quien dice, con unos cólicos intestinales brutales, temiendo un fatal desenlace en medio del paseo de la Castellana. No hizo falta, superé la prueba con mucho valor. Una llamada de D. me medio alegró la mañana porque agonizar solo en Madrid está muy mal, que lo sepais. Recibí muchos ánimos también de mis amigos y familiares, allá por donde se pone el sol en España, el Oeste, que es donde está Galicia, concretamente el Noroeste. Y sudando ríos de lo que fuese, volví a casa con unas fotos de unso soldados impresionantes, y aunque por un lado me parecieron pocos (no los impresionantes si no los soldados en general), pues, en caso de conflicto serio a ver a donde íbamos... a cuántas cabras más tipo Perejil podríamos defender, por otro lado me parecieron un montón, y no deja de ser dinero público, pero esto parece ya otro post que nada tiene que ver. Me he imaginado desfilando a los funcionarios de la Administración, tomándonos nuestro café por la Castellana, sentados en despachos llevados a caballo mientras escribimos con una mano al ordenador y con la otra saludando al respetable... no sé si nos aplaudirían como a la Guardia Civil, supongo que no, y también hacemos una labor esencial (y tomamos los mismos cafés, o menos, y no vamos atemorizando a la gente de provincias, que esa es otra, o si, porque los de Hacienda...). Debí delirar esa mañana, ya sabéis, cosas de la fiebre.

El jueves ya no fui a trabajar, aunque estaba mejor, pero con el cuerpo muy débil, tras la continua fiebre del día anterior, y hoy viernes, pues tampoco he ido, que no era cuestión de contagiar a nadie este virus que ayer, la doctora me dijo que tenía, pero eso es cuestión ya de otro post, que este está quedando muy largo.

Bicos Ricos

jueves, 14 de abril de 2011

El Doctor Rino

Supongo que los que me leeis sabeis que la semana pasada he estado con un pie en la tumba, como quien dice, o mejor dicho, tumbado por una otitis externa que vino acompañada de unas anginas inflamadas, un asco, vamos. Pues bien, en mi estado de desesperación, y aprovechando que tengo seguro privado y no tengo que esperar quizá seis meses para que me atienda un especialista de la seguridad social, decidí pedir cita con el Doctor Rino, y que resultó ser la Doctora Rino.

La Doctora Rino, que no deja de ser un doctor orl, como conocemos los catetos a los otorrinolaringólogos, pronto dijo que de otitis externa nada, que eso era una otitis media, en ese momento hinché mi pecho y pensé que soy todo un superviviente de mis propias bacterias auditivas. Pero eso fue solo la conclusión, veamos el proceso en que esta señora llegó a tocarme las narices, literalmente hablando (o escribiendo).

Llegué a un sitio pensando que tenía cita allí, pues la semana anterior, en mi desesperación llamé a varios centros médicos, y no tenía claro si había pedido cita en esa clínica y pregunté en recepción. Tras repetirle varias veces mi apellido, ante la cara de asombro de la recepcionista, y recordarle que no era una cita con el alergólogo, si no con el otorrino, esta me dijo que no estaba citado, me fui y me puse de camino a otra de las clínicas a las que había llamado, no pasaron dos minutos cuando una llamada a mi móvil me dice que estoy citado a las 11 allí donde aquella recepcionista no fue capaz de decirme si tenía la cita o no.

Me senté en la salita de espera y cuando no habían pasado ni cinco minutos llegó mi turno. En la consulta me esperaba una doctora Rino guapa y mulata, a la que le faltaba un merengue sonando de fondo y que parecía como desganada al hablar, pronto me di cuenta que era su actitud caribeña, pero que a la hora de pegarme un repaso, lo hizo, y bien. Le conté mi problema, y se lo tuve que repetir, no sé si porque no le interesaba, o porque estaba pensando en otra cosa aparte de mis anginas y mi otitis hasta ese momento, externa. Pronto me pidió que me sentase en el sillón de los horrores, y con su linterna con forma de embudo exploró mis oídos, y pronto dijo "esto es una otitis media". Me preguntó si fumaba, y le respondí que si, y con cara de pocos amigos me dijo "¿Cuanto sigarrillo al día?", yo, como hablando para el cuello de mi camisa le dije la cantidad. Volvió a ver los oídos. Y ya sacó de una estantería una especie de casco de minero con una bombilla y un tubo muy fino, me vió primero las anginas, y luego dijo que me iba a tocar un poco más las narices, y eso hizo, en una maniobra de lo más desagradable metió el pequeño tubo con luz por mis fosas nasales para adentro, en lo que ella dijo "va a ser algo desagradable, pero te tengo que ver las cuerdas vocales, así que primero di aaaaaaa y respira, y luego di iiiiiiii y respira otra vez". Y Pimpf otra cosa no, pero obediente cuando una pedazo médico que está buenísima que te está hurgando la nariz con una bombilla pues un rato. Un rato de obediente. Y mientras yo me la imaginaba con la lengua de fuera, como haciendo una operación delicada, dice "tienes el tabique nasal desviado, lo que hace que tengas taponada la nariz por el catarro y esto hace que el oído no te ventile lo suficiente". Yastá.

Y ahí vi la luz con la doctora Rino, y entendí todos mis males auditivos, nada de tímpanos perforados (que también aunque mínimamente y lo normal según ella), y comenzó a hacer cienes de anotaciones en el papelito que me dió para que me tomase mi medicación. Añadió, "las anginas, mientras no te impidan muchas veces ir a trabajar y no te provoquen fiebre, procuraremos echarles cuidarlas, y buscar una vacunación antes que una intervención", y ya me empezó a relatar, paso por paso mi medicación: primero terminar con mi tratamiento de anginas, pudiendo compaginar este con lo que ella me iba a recetar, segundo, un protector estomacal, tercero un antiistamínico similar a las pastillas del doctor Andreu para problemas de rinitis, cuarto un antiinflamatorio, pero muy potente, por la cara de susto que se llevó la farmacéutica, y quinto, y no por ello menos importante, un par de lavados nasales a diario, para que el oído respire también como tiene que ser. Y ya está.

Esta mañana me he levantado y he hecho un planning de las pastillas que me tengo que tomar al día y con los días anotados, y con mi zumo me he zampado tres comprimidos de nada y una cápsula, que en lugar de un joven y vigoroso bloguero, parezco más del club de la "ruleta rusa de pastillas con los abuelitos" de Makinavaja. Ahora estoy en el trabajo, escribiendo estas letras, pero creo que algo de efecto empiezan a hacer, las letras comienzan a bailar con sones caribeños, y el muñeco que tengo al lado del monitor me está invitando a bailar una bachata. Yo creo que debo descansar más.

Bicos Ricos