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martes, 28 de agosto de 2012

Tres funerales y casi cuatro

Se terminan las vacaciones y comienza la nueva temporada bloguera. ¿Cargados de energías? Para nada, más cansado si cabe que cuando me fui. Pero ahora os cuento en qué he invertido gran parte de mi tiempo de descanso aunque el título del post lo resume bastante bien, entre funerales y casi el cuarto, el mío y es que he estado enfermo gran parte del tiempo, para no contarlo.

En las tres semanas que he estado en Galicia he tenido que ir a tres funerales más o menos cercanos de familiares y el de un chico del barrio dónde me crié. Tres pérdidas insustituibles, dos enfermedades crónicas de esas muy malas que terminan con uno independientemente de tu edad y un suicidio. Claro que a mi lo que más me ha preocupado ha sido el casi cuarto funeral, mi enfermedad, una infección de garganta como jamás había padecido, unas fiebres que me han tenido tumbado más de una semana y de las que todavía no me he recuperado, así tengo el cuerpo sin fuerza alguna y todavía dolorido. La fiebre ha remitido hace cuatro días pero tengo los globos oculares que me estallan y una apatía generalizada no sé si fruto de la medicación pero estoy sin apenas apetito, con el estómago revuelto, dolor de garganta todavía y el cuello lleno de pequeños gánglios que probablemente hayan salido por la infección.

Así estoy, hecho un trapo y pidiendo cita ya en Madrid para el especialista, a darle un poco de gasto a la mutualidad, y es que váis a pensar que soy un pupas, pero con el nuevo decreto que se sacó de la manga el PP en verano, ahora funcionario que se encuentre mal un día y no trabaje tiene un descuento en su salario del 50% a no ser que lo justifique con una visita a su médico y yo no estoy como para hacer regalos al estado. Antes, cuando estaba en la privada y me encontraba mal el empresario lo primero que te decía es que te fueses para casa a recuperarte sin perder nada del salario y es que en muchos casos convenía que te fueses para casa antes de que contagiases de cualquier cosa al resto de tus compañeros, aquí, con el todo vale contra los funcionarios ya no es suficiente que estés agonizando, al menos si no te ve un médico. Yo como decía ya he pedido cita para el especialista, que no vaya a ser que esto no se haya curado bien del todo y vayamos a tener una desgracia y os quedéis sin mis geniales post, al menos una temporada más, como ha sucedido este mes de agosto, en el que, aunque hubiese querido, no tenía el cuerpo ni para escribir una línea.

No os penséis que comienzo la temporada hablando de política, que bien sabéis que en este blog si hay algo de lo que no se habla es de mi vida privada o de política, otra cosa es que os haya tenido que contar las desventuras que me han ocurrido a lo largo de estas tres semanas en forma de penas. Claro, mañana ya prometo un post más divertido, porque las vacaciones además de cama y reposo han dejado también mucha fiesta y alguna que otra situación divertida.

PD.: Y no, no hemos hablado de boda porque no ha habido ninguna y en el horizonte no parece que ningún amigo tenga en mente pasar por la vicaría, por suerte.

martes, 1 de mayo de 2012

Dejándolo

Harto de escuchar a D. quejarse sobre "mi aliento jediondo a cenicero", "mi olor a ropa jediondo", "lo bueno que sería para tus pulmones jediondos", "lo bueno que sería para tus bolsillos", "en esta casa no hay ceniceros jediondos", "ya estás otra vez con el cigarro jediondo", "tómate un caramelito", "¿te has lavado las manos? Es que huelen a tabaco jediondo", "me alegro un montón de lo de la ley del tabaco, a ver cuando lo dejas tú". Y un largo etcétera de quejas una tras otra, he decidido que ya es hora de que cambie su discurso.

Si el pasado año consiguió que presentase batalla a mi mondongo, y que este año continúe con esta batalla a muerte, este año conseguirá que deje de fumar y más después de una de sus gracias sobre mis "objetivos para el 2012", bromeando dijo que si pretendía aprender inglés, o si tenía en mente dejar de fumar. En el curso de inglés estoy progresando adecuadamente, como se diría, pero lo de dejar de fumar siempre había sido un tema más peliagudo, pese a ello me fijé una fecha, el 1 de mayo, el cumpleaños de D., un regalo perfecto y económico.

Sin embargo llegar a esta determinación no ha sido cosa solamente de la insistencia de D., mi padre ha tenido también muchísima culpa, él, exfumador reciente me rompe mucho la cabeza con el tema del tabaco. La anterior vez que estuve en Galicia me regaló una caja de parches de nicotina y me dijo que probase a hacerlo, y me lo pidió por favor, y cuando un padre te pide algo por favor, es que es algo muy importante para él. Su insistencia se debe a la preocupación que tiene por nuestra salud, y esto se debe a un reciente caso en la familia de cancer de pulmón que nos ha dejado a todos noqueados, especialmente a él, pero yo no he salido ileso de este duro golpe que me ha taladrado la mente estos últimos meses. Los ánimos de una prima que lo ha dejado recientemente han sido otro de los alicientes para llegar a esta determinación.

Así, analizado desde todos los aspectos será algo muy beneficioso para mi, en salud sobre todo, a nivel bronquios y pulmones, menos riesgo de enfermedades serias y de problemas menores respiratorios, un pastizal que seguramente me ahorre e invierta en algún que otro viajecillo con el que poder demostraros lo gafapasta ilustrado que soy, pero también un bienestar de no depender de nada más que de mi teléfono móvil, de llevar un espacio menos en el bolsillo, el de la cajetilla y el del mechero, evitarme que la gente constantemente me pida tabaco aunque, supongo seguirán viéndome cara de fumador, un aliento más fresco y unos dientes más sanos, y el olor de la ropa será tan solo por su uso pero jamás por tabaco. Estos y algunos otros motivos me han llevado hace un par de semanas a acudir a mi médico de cabecera, la doctora House, que inmediatamente me recetó unas pastillas genéricas a base de inhibidores de receptores de nicotina, lo que ya me advirtió la doctora que no son más que antidepresivos que quizá pudieran provocarme algo de insomnio, pese a ello, creo que merece la pena, sentirte más fuerte que la sensación de necesidad de nicotina, evitar síndromes de abstinencia de la misma.

Y así, sin sufrimientos innecesarios es como he querido regalarle hoy a D., pero sobre todo, regalarme a mi mismo el haber dejado de fumar. Todavía continúo con las pastillas, me queda un tiempo todavía hasta dejar el tratamiento para mayor tranquilidad, pero espero a partir de hoy empezar a decir ¡Ya soy un exfumador!

PD.: Y pese a ello, seguir respetando a los fumadores, porque dejar de fumar para ser un amargado e intolerante, pues tampoco, y seguro que agradezco de vez en cuando un lejano humo de cigarrillo sobre mi.

viernes, 4 de noviembre de 2011

¡Qué bien estoy! (y no lo digo yo)

Este post no es para echarme flores como suelo hacer, ni para que me las echéis vosotros, como tanto suelo necesitar, que va, esta vez es para contar la realidad, lo bien que estoy, y no lo digo yo, lo dice una doctora muy maja que me recomienda que deje de fumar y algo más, pero ya os lo advierto, me han cogido el día de mi revisión médica en un día muy vago.

Ayer me han llegado los resultados del reconocimiento médico que me he hecho en el trabajo, y que llevaba sin hacer unos cuantos años, entre otras cosas porque yo he sido un parado de media duración en otras épocas, y en las pocas épocas en que trabajaba no me coincidía de hacer ninguna prueba médica.

Así que allá me fui a un sitio de estos donde te hacen cincuentamil pruebas para ver si eres apto para el trabajo, por la mañana, con mi botecito de orina bajo el brazo en una bolsa opaca, para no asustar a nadie, y en ayunas, que es lo peor que te puede pasar una mañana con la excepción de que pises cualquier tipo de excremento, pero este no fue el caso. Tras esperar un rato, me llamaron para hacerme el oportuno análisis de sangre, yo, que soy muy valiente estuve viendo como pinchaba, como salía la sangre, y es que tenía que comprobar que mi sangre sigue siendo azul, como príncipe que soy. Si, lo sigue siendo, por si teníais dudas, aunque de esto no dice nada el resultado, lo tendrían anotado en mi expediente, supongo. Los resultados dicen que estoy como un roble, todo dentro de los rangos de referencia, en sus términos medios más o menos, nada de lo que asustarme, ni por el color azul. La orina tampoco ha dicho nada distinto del análisis de sangre.

Después una chica que estaba muy buena pero parecía estar tremendamente aburrida me hizo varias pruebas, primero visión, que yo creí que suspendía pues mi ojo derecho parece llevar mi carrera, la de vago, sin embargo está todo dentro de la normalidad, a tenor de los resultados, y eso que me equivoqué en alguna letra, y fui consciente de ello, pero por la pereza de no corregirme ya no le dije nada. La prueba del oído, todo bien y correcto, aunque la chica debió pensar que yo era un poco cateto cuando la hice y es que ella no me explicó bien como tenía que hacer esa "especie de juego de sonidos". Por último la única prueba que he suspendido. Yo sé que está todo correcto, la espirometría, consistente en soplar por un tubo gordísimo, y si, he dicho soplar, no succionar que quizá en eso tendría más práctica. Pues no soplé bien, y advierto otra vez que estaba vago, y la chica tampoco es que me dejase repetir la prueba, pero yo no sabía cuanto aire tenía que expulsar ni en cuanto tiempo, o si eso era igual que una prueba de alcoholemia, vamos, que me salió un soplido de mierda, prueba, no superada. A ver si voy a tener asma, o el aire de Madrid no es nada benevolente, que también podría ser.

Por último, la visita a la médico, peso, altura, todo correcto aunque recomiendan ejercicio de forma habitual, y que deje de fumar. Vamos, lo que me dice mi abuela normalmente, con la excepción de que ella sí me hincharía el hígado como si fuesen a hacer paté con él, porque, según ella, tengo que comer que estoy en los huesos. También es la única persona en el mundo que me ve así. Luego, me ha hecho cerrar los ojos, y me pide que levante los brazos, y que diga en voz alta "voy a dejar de fumar". Con una sonrisa me pide que abra los ojos y me dice que lo de cerrarlos es para ver mi equilibrio (no el emocional) y que ya de paso me mete la pullita para lo del tabaco. Le haré caso, solo tengo que buscar la fecha en la que esté más convencido, tiempo al tiempo. Y ya, donde he dado en el clavo ha sido en el tema de la tensión, que más perfecta no se puede tener. Y el electrocardiograma, perfecto. ¿Pero cómo se puede ser tan nice?

Que esté de maravilla no quiere decir que no tenga problemas, pero he ganado en tranquilidad y ver unos resultados tan buenos me hace confirmar lo que la médico me dijo "estás como un toro, ya me gustaría a mi estar como tú".

Bicos ricos

P.D.: No, no soy el de la fotografía, por si teníais dudas, es Cristiano Ronaldo, que supongo os sonará, yo sería incapaz de llevar un rosario colgado del cuello, que es una tremenda horterada.

sábado, 15 de octubre de 2011

La Doctora House

No fue una Doctora House al uso, estrictamente como el malhumorado doctor de la serie de televisión. La Doctora que me atendió el pasado jueves en esta convalecencia gastrointestinal que he padecido me recibió de forma genuina, pero me atendió de maravilla, que para eso el médico es privado.

No todas las doctoras son la Doctora Queen

En la misma clínica donde se terminaron mis problemas de oídos me esperaba la doctora House. Esperé en la sala de espera y un cuarto de hora después ya me llegó mi turno. Abrí la puerta con la cautela con que siempre se entra en una consulta médica, y la doctora con sus zapatitos de medio tacón, su bata blanca y los labios pintados de rojo comenzó a poner mala cara, o una cara rara, se reclinó sobre su asiento con los brazos apoyados en la cabeza, y mientras yo cerraba la puerta exclamaba ¡No, no no puede ser, pero qué he hecho yo para merecerme esto, mira que ya es mala suerte! ¡He debido ser muy mala en mi otra vida para merecérmelo, seguramente! ante este amable recibimiento comencé a poner cara de resignación e incredulidad. Pronto ella, al advertirlo me dijo Sientate, siéntate, y tranquilo, que no es por ti, es que acabo de ver a un paciente en la sala de espera, mientras entrabas de estos que te tienen aquí cuarenta minutos, no paran de hablar y lo peor de todo, que nunca tienen nada y vienen por aquí todas las semanas. Respiré aliviado.

Le comenté mi problema, enseguida congeniamos. Mi actuación para cortar la diarrea iba por el buen camino, ahora era cuestión de una adecuada medicación. Me recetó los medicamentos necesarios, un jarabe y unas pastillas, que, a día de hoy podría calificar de efecto placebo, pero esto lo digo dos días después. Me dijo, amablemente túmbate en la camilla, que te voy a ver la tripita. Reí con sorna, tripita, me dije yo, y le dije si, tripita si, ya verás tú. Ante lo que ella rectificó y dijo bueno, tripa.

Supuestamente tenía la tripa bastante bien, por lo que ella comentó, pero que si no metía la pulla de doctora House tampoco quedaba tranquila añadiendo. ¡Uy, lo has tenido que pasar fatal, lo digo por la mala cara que tienes, todo pálido, con esas ojeras! No te jode, y sin afeitar desde hacía una semana y media por lo menos. Luego me revisó la garganta, y comenzó a relatarme como tenía que ser la dieta blanda que tendría que seguir los próximos días, que si purés, que si nada de lácteos, que si carnes blancas, arroz, y pescado cocido. Vamos, estas cosas que revuelven el estómago a cualquiera y lo dejan con una sensación de hambre brutal. Añadió, y frutas, solamente plátano, manzana o pera. Le puse cara de extrañeza y ella me preguntó a que se debía esa cara. Le contesté que de todo si, menos pera, si no quería verme por allí mañana mismo, atendiéndome cuarenta minutos y con una diarrea todavía peor. Contestó pues, pera no, entonces, tendrás intolerancia.

Y ya está caris, como nuevo, estos cólicos tan dolorosos han remitido, y la diarrea que aún no ha desaparecido parece que tiende en el tiempo a irse. Ya estamos para otra, y esta noche para celebrarlo, un pequeño concierto.

Bicos ricos

viernes, 14 de octubre de 2011

Mi puta madre naturaleza

Vaya por delante (las aclaraciones primero) que este post no está escrito para Observatorio Gay Granatense (enseguida lo entenderéis), y ya puestos a aclarar, también os digo que este post no es ni de política ni de mi vida privada, pues a estas alturas excuso ya decir que en este blog no se habla ni de una cosa ni de lo otro, normalmente. Sirva también este primer párrafo para excusarme por el exabrupto este del titular, que bien podría ser censurado desde vuestros trabajos. Es un post sobre la salud, y no sobre la pública, sobre la mía, concretamente.

Llevo desde el pasado lunes por la tarde sufriendo lo indecible, pero más concretamente desde el martes. Primero una ligera diarrea, que se convirtió en una gran diarrea y ya no daré más detalles por no herir los sentimientos de Christian, que podría estar aquí contando pequeñas batallas de lo que yo denomino "cuando haces pop ya no hay stop". Le acompañó, la tarde del martes una ligera fiebre, que al final de la noche se había convertido ya en unos 39,6º, momento en que comencé a preocuparme porque aquello no bajaba (la fiebre, que os lo hay que explicar todo). Así que me fui para cama, consciente de que esa noche del Pilar no saldría de casa para mi desgracia, pero que quizá al día siguiente podría ir al desfile militar, por cotillear. La fiebre mantenía su pulso y me decidí a darme una ducha fresca-templada, algo que en cocina bien podría considerarse una deconstrucción del cuerpo humano, pero que con fiebre sienta de maravilla, y acto seguido, a cama otra vez con una toalla empapada para ponérmela en la cabeza y los brazos que me ardían aunque yo, moría de frío. Bajó la temperatura en casi un grado.

Como soy muy patriota, o muy cotilla, no quise estropearle a ningún médico el día del Pilar y no fui al médico, aunque me levanté con 38º. Decidí que mi interés en ver soldaditos al natural era superior a mi patriotismo que solo siento cuando España juega el Mundial de fútbol o cosas similares, o cuando España va a Eurovisión. Y fui sufriendo, por la patria, por la patria y por la pata abajo, como quien dice, con unos cólicos intestinales brutales, temiendo un fatal desenlace en medio del paseo de la Castellana. No hizo falta, superé la prueba con mucho valor. Una llamada de D. me medio alegró la mañana porque agonizar solo en Madrid está muy mal, que lo sepais. Recibí muchos ánimos también de mis amigos y familiares, allá por donde se pone el sol en España, el Oeste, que es donde está Galicia, concretamente el Noroeste. Y sudando ríos de lo que fuese, volví a casa con unas fotos de unso soldados impresionantes, y aunque por un lado me parecieron pocos (no los impresionantes si no los soldados en general), pues, en caso de conflicto serio a ver a donde íbamos... a cuántas cabras más tipo Perejil podríamos defender, por otro lado me parecieron un montón, y no deja de ser dinero público, pero esto parece ya otro post que nada tiene que ver. Me he imaginado desfilando a los funcionarios de la Administración, tomándonos nuestro café por la Castellana, sentados en despachos llevados a caballo mientras escribimos con una mano al ordenador y con la otra saludando al respetable... no sé si nos aplaudirían como a la Guardia Civil, supongo que no, y también hacemos una labor esencial (y tomamos los mismos cafés, o menos, y no vamos atemorizando a la gente de provincias, que esa es otra, o si, porque los de Hacienda...). Debí delirar esa mañana, ya sabéis, cosas de la fiebre.

El jueves ya no fui a trabajar, aunque estaba mejor, pero con el cuerpo muy débil, tras la continua fiebre del día anterior, y hoy viernes, pues tampoco he ido, que no era cuestión de contagiar a nadie este virus que ayer, la doctora me dijo que tenía, pero eso es cuestión ya de otro post, que este está quedando muy largo.

Bicos Ricos

martes, 20 de septiembre de 2011

No more hair, please ( o pelillos a la mar)

ADVERTENCIA: Este post, por su alto contenido explícito puede herir la sensibilidad del lector

Mi nuevo compañero de piso, Norman Foster es un descuidado y por decirlo de alguna forma, lo más fina que pueda, un puto guarro de mierda. Lo siento académicos si os ha parecido vulgar la forma de definirlo. Ahora explicaré por qué y seguro que vosotros añadís algún que otro epíteto y me habré quedado corto.

Pronto, hablando con él las dos veces que hemos conversado me di cuenta que la pesadilla no había hecho más que comenzar. Después de dejarle claro que el aceite y demás cosas no eran compartidas, con algunas excepciones que le dije, después de ver como deja toda la cocina hecha un cisco y que no la recoje hasta a veces un día después, ha llegado el momento de que pase a la acción, eso pensaba yo.

Una de las características de Norman Foster es su pelo y lo descuidado que lo tiene, algo que también descubrí en aquel post sobre un pequeño problema que tuvimos con la cafetera. Aquello era solo el comienzo. Los primeros días comencé a ver una pequeña mata de pelo en la válvula de la ducha, poca cosa, la recogí con papel higiénico y la tiré a la papelera. Al día siguiente más cantidad de pelo, repetí la operación. Al tercer día decidí pasar a la acción, porque no es por nada, pero este chico se nos queda calvo si se descuida, y yo terminaré recogiéndolo todo, así que cogí un guante de latex de esos que se utilizan para fistear exploraciones médicas, recogí la nueva mata de pelo y se lo dejé al lado de su bote de champú, para que viese que me molestaba y que quizá el champú le estaba provocando tal caída de cabello. Pasaron días y no volví a ver ningún pelo. La última semana volvió otra vez a descuidarse, y yo a repetir el proceso. Pensé que quizá aquello no iba a funcionar, porque ni compraba champú nuevo, ni recogía eso que tanto asco me da retirarlo, así que, como bicha que soy, algo que siempre he dicho, he tenido que pasar a una doble acción, al plan B, puesto que si no te das por aludido de una forma tan sutil como ver tus pelos al lado del bote de champú todas las mañanas, quizá haya algo que falle, así que, el método infalible he tenido que probar, los pósits.

Efectivamente, mi sorpresa esta mañana al ir al baño fue encontrarme aquello más taponado que nunca, coger un nuevo guante de látex y un pedazo de papel higiénico en el que depositarlo. Ir rápido a mi habitación y con un rotulador rosa fucsia escribir, con ayuda de un traductor de estos de inglés:

"Please, no more hair in the shower. Thanks"

Y sigilosamente dejar la nota al lado de sus gafas, en el lavabo.
Por la tarde, cuando volví en el baño no había ningún pelo, no había ninguna nota, ni estaban las gafas, no he visto a mi compañero de piso, que es muy silencioso, pero creo, o por lo menos espero que haya aprendido la lección, y sino, tendré que utilizar el plan C.

Bicos Ricos

P.D.: ¿Y cómo sé que no son míos? Muy sencillo, al terminar de ducharme siempre le paso un agua a la bañera, y porque yo en mi cuerpo no tengo ningún pelo tan largo, y mucho menos en la cabeza, donde además, lo tengo escaso y corto.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Cuando haces Pop (Post Escatológico)

Aclaración: ESTE POST ES UN POST EN DIFERIDO, OCURRIÓ HACE UNOS CUANTOS MESES PERO QUERÍA COMPARTIR CON VOSOTROS UN MOMENTO TAN SUMAMENTE ÍNTIMO, QUE SEPAIS QUE ESTOY BIEN.

Desde hace unos días estoy que no cago, bueno, que digo, todo lo contrario, estoy que no paro, y es que una vez haces pop ya no hay stop, como rezaba aquel anuncio de ¿patatas?

Creo recordar que Thiago ya tenía este retrete...
Es la segunda vez en al menos cuatro meses que agarro un virus de estos que te atacan al estómago y cuyas consecuencias son directamente el cierre del píloro ante alimentos sólidos o al menos su semicierre y todos los permisos del mundo para los líquidos que a su paso por el intestino no se encuentran con ningún tipo de freno y tal cual entran, así salen. Esto viene normalmente acompañado con náuseas, pero tranquilos, no estoy embarazado, aunque mi barriga indique lo contrario, yo no soy de los que tienen embarazos con facilidad y mucho menos ganas de vomitar. Aunque si muy ligeras, pero por el momento no me han vencido estas, soy incapaz de expulsar por vía oral nada, por que lo mío es mío. Otra cosa es ya por vía rectal, un suplicio.



Estar enganchado al retrete es de lo peor que te puede pasar, y me verán ojiplaticos los estreñidos, un suplicio que no dura nada, desde que te sientas en la taza a menos de un minuto que ya te has levantado. Todo comenzó hace unos días, cuando a las dos de la madrugada, ya en brazos de morfeo un pequeño retortijón hizo que me despertase y volviese a caer fulminado en mi sueño, pero al que le siguió un retortijón mayor, con el correspondiente movimiento de tripas. ¡Cari, no veas que mal se pasa! Al baño directo.

El día siguiente fue un auténtico suplicio, pues al terminar de vaciar todo lo vaciable, de haberse limpiado las tripas, éstas no tenían suficiente y volvieron a tocar diana, pero en cualquier momento. Una tarde más o menos tranquila, y en tu mente el pensamiento de que esa pequeña diarrea no va a poder contigo, y que la has vencido. Nada más lejos de la realidad. Si hay algo peor que una diarrea común, es una diarrea común después de haberte comido unas lentejas un día antes, y es que las flatulencias están ahí, recordándote quien son a cada instante. Y a la hora de expulsarlas te lo piensas, y mucho, nunca en el trabajo, nunca en un lugar que no sea el estrictamente íntimo. Primero llega el relámpago, y con cuidado relajas el esfínter, sin problema. Después otro relámpago, relajas otra vez y ¡ohh, sorpresa! al relámpago le acompaña un trueno, un trueno líquido que te hace ir corriendo al retrete nuevamente. Y el proceso se repite algunas veces más, y calculas, si tu diarrea está en su peor momento, al igual que cuando hay tormenta, se cuenta el tiempo entre el relámpago y el trueno.

Hoy ya tras no haber probado bocado en todo el día de ayer, ni en lo que va del de hoy, puedo respirar tranquilo, aunque con cuidado, no vaya a ser, equipado con un Aquarius por si las moscas y así nos evitamos una deshidratación totalmente innecesaria, y es que como dije ya al principio, una vez empiezas no paras, y cuando haces pop, ya no hay stop.

Bicos Ricos

jueves, 7 de abril de 2011

Fabián, ¡Vuelve ya!

Os he contado que así de repente, como quien no quiere la cosa me ha salido una otitis externa del copón, un dolor de oídos de estos que hacen época en los que deseas que el médico te enchufe, si hace falta algo de morfina, pero que te pase el dolor. Al día siguiente me levanté con el oído mejorando, ya sin dolor, pero con una amigdalitis de estas también de campoeonato, por si fuese poco lo del oído. Yo he pensado en la teoría de los alfileres, y es que esto de estar en las listas y tener enemigos políticos, o mismamente, esto de ser mister blogosfera, pues, en lugar de salirme amantes, van y me salen detractores. Claro que hoy os quería hablar un poco sobre amantes, en concreto sobre mi Fabián, mi novio imaginario.

Habreis echado en falta a mi novio imaginario estos días, y, sabedores como sois de que él es médico, os habreis preguntado que por qué no me ha atendido ahora que estoy moribundo. El viernes, cuando yo me iba camino a Galicia, él estaba cogiendo un avión a los Estados Unidos, tenía un congreso médico de estos que hacen de vez en cuando, en la Universidad de Harvard, y es que mi Fabián no se queda solo en ser médico y yastá, siempre está al día de todo lo que se cuece en la medicina. El lunes por la noche, cuando me puse mal, lo primero que hice fue llamarle, que siempre el consejo de un experto es lo mejor, y me dijo que fuese a urgencias, al día siguiente, por la mañana tenía un mensaje suyo, que me decía "¡Espero que estés mejor, guapo!, quiero verte pronto y abrazarte". Me subió la moral, pero mis anginas empeoraron. No quise molestarlo demasiado estos días.

Ayer por la mañana llegaba por fin a Madrid, estaba deseando verlo, y al poco de despertar vi un nuevo mensaje suyo "amor, ¿como van esas anginas? Te tengo una sorpresa". ¿una sorpresa? Y tanto que fue una sorpresa, salí al balcón y estaba allí con una pequeña cesta de desayuno para los dos. Estuvo conmigo toda la mañana, me preparó la comida, y me hizo compañía un rato, luego se fue a su casa a ducharse y descansar un poco. Ha venido a última hora de la tarde, a ver al Barcelona conmigo y a hacerme más compañía. Estaba deseando que viniese, porque estar con las anginas mal, ya he estado aquí en Madrid, pero junto con una otitis y con fiebre, y con el cuerpo destrozado es la primera vez. Echo de menos las gripes en Galicia, con mi madre tomándome la temperatura, trayéndome un "zumo que tiene vitaminas", con la cena, enviándome a la ducha y arreglándome la cama o cambiándome las sábanas después de haber sudado con la fiebre. Estos días he ido al médico, a urgencias de madrugada, a la farmacia, a la compra, y varias cosas más yo solo, por un lado he pensado que esto es un poco la vida independiente, luego también he pensado que no quiero ser tan independiente, que menos mal que tengo a mi Fabián haciéndome compañía.

martes, 5 de abril de 2011

Una otitis

Hoy pareciera que todo está al revés, y cuando debería estar ya en mi trabajo, me dispongo a tumbarme para dormir un rato porque no he pegado ojo, he tenido y tengo una otitis.

Ayer por la tarde tenía molestias en el oído, notaba como si tuviese liquido. Achaqué esto a la altitud de Madrid. Pero por la noche comenzó ese liquidillo a ser más que una molestia. No había pasado una hora, cuando ya tenía decidido que hoy iría al médico a que me viese el oído y es que además de tener una ligera pérdida de audición en ambos oídos, tengo los tímpanos perforados, según me dijo el doctor Rino una vez.

Al rato esa molestia se había convertido ya en un auténtico dolor, un dolor que no cesó hasta casi las seis de la madrugada. Claro que antes decidí que una noche con dolor de oído no la aguantaba y me decidí a ir a urgencias, que para eso tengo seguro privado. Un poco desesperado, y por lo que pudiera pasar llamé a mi D., que lógicamente estaba dormido. Y ahí me fui al centro hospitalario más cercano a mi casa. Caminando a menos de diez minutos. Allí parecía que no querían abrir, porque tras llamar al timbre se tomaron su tiempo. Cuando me abrieron, me dijeron que allí no tenían ningún doctororl, que solo tenían uno de medicina interna. Tras tomarme los datos, cubrir interminablemente las fichas, enviarme 10 minutos a la sala de espera mientras el médico se desperezaba probablemente de un sueño confortante, me atendió. Antes, la ATS-DUE que estaba por allí, me tomó la temperatura como si fuese una de las mujeres de neutrex plus oxiaction multi, con un termómetro que a mi me recordaba más a algún método para luchar contra la invasión de los ultracuerpos, un termómetro a distancia que puso sobre mi frente. Tanto moderneo, y tan lejos me tomó la temperatura que salieron 35,5º. Le pregunté, entre mis delirios por el dolor, si realmente, con esa temperatura si estaba vivo o muerto, que esa temperatura era más de alguien recién metido en una cámara frigorífica. El médico me vió el oído y dijo que estaba algo inflamado, con alguna rojez, normal, como voy a tener el oído, si no rojo, esas cosas se llevan en la sangre, y no penseis que el comentario es político, que aún delirando, sé que en este blog no se habla ni de política ni de mi vida privada. Así que me recetó unas gotas con antibiótico, un poco de ibuprofeno, y finalmente, para el dolor, nolotil.
Comenzó el periplo de buscar por Madrid centro una farmacia abierta, de guardia, o 24 horas, que ahora les llaman así que suena más moderno. Al quinto coño me he tenido que ir, caminando, entre delirios, hasta Cea Bermudez, cerquita de los teatros de Canal que me fui andando. El farmacéutico un seco, con sus cien mil medidas de seguridad, y su parsimonia a la hora de atenderme, que más que farmacéutico pareciera un funcionario. Y ya, con mis medicamentos en mano, decidí que ya estaba bien de aventuras caminando a las tres de la madrugada por Madrid, que mejor me iba a coger un taxi y estaría en casa pronto. Casi en la puerta había uno, como si me estuviese esperando. Le conté mi vida en cinco minutos, mi vida no, mi otitis, que era lo que más le preocupaba a mi vida en ese momento, y allí me dejó, cerquita de mi trabajo y mi casa.

Ya por el camino me eché las gotas en el oído, y nada más subí, tomé el resto de medicación. El dolor era insoportable. El nolotil empezó a hacer efecto una hora y media después, pero ya, a esas alturas, mi oído había comenzado a sangrar. Ahora, tengo el oído taponado, no duele ya, así que dejaré de lado el nolotil, molesta mucho, y tengo la sensación de tener un alfiler clavado entre el yunque y el martillo, también ha parado de gotear a lo bruto, así que, aprovecharé para echarme a dormir, porque eran las siete de la madrugada y yo no había pegado ojo todavía, y como suponeis, entre el sueño y esta sensación tan molesta no iré a trabajar, mientras espero vuestros comentarios compadeciéndoos de mi, pero que sepais, que yo, ni a mi mayor rival político le deseo un dolor de oídos, como mucho, de juanetes.

Bicos Ricos