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viernes, 23 de noviembre de 2012

Una recaída

Justo en el momento que me encontraba más pletórico físicamente, va y se me complica la salud en cuestión de horas. Nada grave, no os asustéis. Nada que no me haya pasado antes, aunque esta vez con complicación.

He tenido una nueva amigdalitis y llevo ya, dejadme contar, si llevamos 11 meses del año, a una media de una cada 1,5 meses, pues unas ocho en lo que va de 2012. Y en esta ocasión ha sido tan fuerte que creí tener que acudir a urgencias porque pensaba que se me iba a cerrar la garganta, todo ello unido a un ataque de fiebre de esos que te dejan flojo. Mientras, mi madre que a kilómetros de distancia estaba una vez más preocupada y comentó que quizá fuese buena idea proponer que me operasen de las mismas. Yo, que soy muy mandado, le he dicho cuál virgen María, "hágase en mi según tu palabra", y ya tengo cita nuevamente con el otorrinolaringólogo para que esta vez, si o si me de una solución definitiva a este problema, que uno no puede estar todo el año tomándose unos pastillotes gordísimos de antibióticos, que seguro que no son nada buenos para la salud en general.

Seguimos mientras con el tratamiento inicial, de pastillas a todas horas, antiinflamatorios, antibióticos, analgésicos, todo para poder trabajar dígnamente, si es que puede ser digno tener que venir a trabajar enfermo. Cosas de la crisi. Pero mi salario no está para ese tipo de bromas macabras. También he estado dándole vueltas a cómo será la operación, al complicado post operatorio, a si la operación tendría que ser necesariamente en Madrid o si podría ser en Galicia, para tener a mi familia para que me cuide. Porque otra cosa os voy a decir. Aunque mi prima viva en Madrid y se haya ofrecido a echarme una mano estos días, aunque La Buscona muriese de ganas por ponerme una inyección, si fuese necesario, pese a estar a kilómetros de distancia,  aunque haya tenido algún ofrecimiento de alguna compañera del trabajo para ayudarme y haya recibido muchos mimos y abrazos virtuales, quién no ha faltado ni un solo momento es Fabián, que se ha comportado como un caballero, y como médico que es también me ha recomendado que ya es hora de buscarle solución a la amigdalitis crónica esta, claro, también ha aclarado que esto no es su especialidad, que lo de él son los rayos X.

Como el cuerpo no está para bromas, hemos tenido que descartar la opción de entretenimiento en cama con el sexo (lo siento Fabián). Totalmente descartado, no tengo la boca ni para meterme cosas que pudieran portar la mínima bacteria ni para meterla yo en sitios oscuros, así que he aprovechado estos días para leer un montón, y para ver mucha televisión, series, películas, programas en general y todo a la carta, que es la forma más sencilla y cómoda de ver televisión. Vamos, que me he culturizado un poco más, si cabe, y todo ello con el único afan de hacer esos post culturales que tanto os gustan. Espero ponerme bien en las próximas horas.

martes, 1 de mayo de 2012

Dejándolo

Harto de escuchar a D. quejarse sobre "mi aliento jediondo a cenicero", "mi olor a ropa jediondo", "lo bueno que sería para tus pulmones jediondos", "lo bueno que sería para tus bolsillos", "en esta casa no hay ceniceros jediondos", "ya estás otra vez con el cigarro jediondo", "tómate un caramelito", "¿te has lavado las manos? Es que huelen a tabaco jediondo", "me alegro un montón de lo de la ley del tabaco, a ver cuando lo dejas tú". Y un largo etcétera de quejas una tras otra, he decidido que ya es hora de que cambie su discurso.

Si el pasado año consiguió que presentase batalla a mi mondongo, y que este año continúe con esta batalla a muerte, este año conseguirá que deje de fumar y más después de una de sus gracias sobre mis "objetivos para el 2012", bromeando dijo que si pretendía aprender inglés, o si tenía en mente dejar de fumar. En el curso de inglés estoy progresando adecuadamente, como se diría, pero lo de dejar de fumar siempre había sido un tema más peliagudo, pese a ello me fijé una fecha, el 1 de mayo, el cumpleaños de D., un regalo perfecto y económico.

Sin embargo llegar a esta determinación no ha sido cosa solamente de la insistencia de D., mi padre ha tenido también muchísima culpa, él, exfumador reciente me rompe mucho la cabeza con el tema del tabaco. La anterior vez que estuve en Galicia me regaló una caja de parches de nicotina y me dijo que probase a hacerlo, y me lo pidió por favor, y cuando un padre te pide algo por favor, es que es algo muy importante para él. Su insistencia se debe a la preocupación que tiene por nuestra salud, y esto se debe a un reciente caso en la familia de cancer de pulmón que nos ha dejado a todos noqueados, especialmente a él, pero yo no he salido ileso de este duro golpe que me ha taladrado la mente estos últimos meses. Los ánimos de una prima que lo ha dejado recientemente han sido otro de los alicientes para llegar a esta determinación.

Así, analizado desde todos los aspectos será algo muy beneficioso para mi, en salud sobre todo, a nivel bronquios y pulmones, menos riesgo de enfermedades serias y de problemas menores respiratorios, un pastizal que seguramente me ahorre e invierta en algún que otro viajecillo con el que poder demostraros lo gafapasta ilustrado que soy, pero también un bienestar de no depender de nada más que de mi teléfono móvil, de llevar un espacio menos en el bolsillo, el de la cajetilla y el del mechero, evitarme que la gente constantemente me pida tabaco aunque, supongo seguirán viéndome cara de fumador, un aliento más fresco y unos dientes más sanos, y el olor de la ropa será tan solo por su uso pero jamás por tabaco. Estos y algunos otros motivos me han llevado hace un par de semanas a acudir a mi médico de cabecera, la doctora House, que inmediatamente me recetó unas pastillas genéricas a base de inhibidores de receptores de nicotina, lo que ya me advirtió la doctora que no son más que antidepresivos que quizá pudieran provocarme algo de insomnio, pese a ello, creo que merece la pena, sentirte más fuerte que la sensación de necesidad de nicotina, evitar síndromes de abstinencia de la misma.

Y así, sin sufrimientos innecesarios es como he querido regalarle hoy a D., pero sobre todo, regalarme a mi mismo el haber dejado de fumar. Todavía continúo con las pastillas, me queda un tiempo todavía hasta dejar el tratamiento para mayor tranquilidad, pero espero a partir de hoy empezar a decir ¡Ya soy un exfumador!

PD.: Y pese a ello, seguir respetando a los fumadores, porque dejar de fumar para ser un amargado e intolerante, pues tampoco, y seguro que agradezco de vez en cuando un lejano humo de cigarrillo sobre mi.

viernes, 4 de noviembre de 2011

¡Qué bien estoy! (y no lo digo yo)

Este post no es para echarme flores como suelo hacer, ni para que me las echéis vosotros, como tanto suelo necesitar, que va, esta vez es para contar la realidad, lo bien que estoy, y no lo digo yo, lo dice una doctora muy maja que me recomienda que deje de fumar y algo más, pero ya os lo advierto, me han cogido el día de mi revisión médica en un día muy vago.

Ayer me han llegado los resultados del reconocimiento médico que me he hecho en el trabajo, y que llevaba sin hacer unos cuantos años, entre otras cosas porque yo he sido un parado de media duración en otras épocas, y en las pocas épocas en que trabajaba no me coincidía de hacer ninguna prueba médica.

Así que allá me fui a un sitio de estos donde te hacen cincuentamil pruebas para ver si eres apto para el trabajo, por la mañana, con mi botecito de orina bajo el brazo en una bolsa opaca, para no asustar a nadie, y en ayunas, que es lo peor que te puede pasar una mañana con la excepción de que pises cualquier tipo de excremento, pero este no fue el caso. Tras esperar un rato, me llamaron para hacerme el oportuno análisis de sangre, yo, que soy muy valiente estuve viendo como pinchaba, como salía la sangre, y es que tenía que comprobar que mi sangre sigue siendo azul, como príncipe que soy. Si, lo sigue siendo, por si teníais dudas, aunque de esto no dice nada el resultado, lo tendrían anotado en mi expediente, supongo. Los resultados dicen que estoy como un roble, todo dentro de los rangos de referencia, en sus términos medios más o menos, nada de lo que asustarme, ni por el color azul. La orina tampoco ha dicho nada distinto del análisis de sangre.

Después una chica que estaba muy buena pero parecía estar tremendamente aburrida me hizo varias pruebas, primero visión, que yo creí que suspendía pues mi ojo derecho parece llevar mi carrera, la de vago, sin embargo está todo dentro de la normalidad, a tenor de los resultados, y eso que me equivoqué en alguna letra, y fui consciente de ello, pero por la pereza de no corregirme ya no le dije nada. La prueba del oído, todo bien y correcto, aunque la chica debió pensar que yo era un poco cateto cuando la hice y es que ella no me explicó bien como tenía que hacer esa "especie de juego de sonidos". Por último la única prueba que he suspendido. Yo sé que está todo correcto, la espirometría, consistente en soplar por un tubo gordísimo, y si, he dicho soplar, no succionar que quizá en eso tendría más práctica. Pues no soplé bien, y advierto otra vez que estaba vago, y la chica tampoco es que me dejase repetir la prueba, pero yo no sabía cuanto aire tenía que expulsar ni en cuanto tiempo, o si eso era igual que una prueba de alcoholemia, vamos, que me salió un soplido de mierda, prueba, no superada. A ver si voy a tener asma, o el aire de Madrid no es nada benevolente, que también podría ser.

Por último, la visita a la médico, peso, altura, todo correcto aunque recomiendan ejercicio de forma habitual, y que deje de fumar. Vamos, lo que me dice mi abuela normalmente, con la excepción de que ella sí me hincharía el hígado como si fuesen a hacer paté con él, porque, según ella, tengo que comer que estoy en los huesos. También es la única persona en el mundo que me ve así. Luego, me ha hecho cerrar los ojos, y me pide que levante los brazos, y que diga en voz alta "voy a dejar de fumar". Con una sonrisa me pide que abra los ojos y me dice que lo de cerrarlos es para ver mi equilibrio (no el emocional) y que ya de paso me mete la pullita para lo del tabaco. Le haré caso, solo tengo que buscar la fecha en la que esté más convencido, tiempo al tiempo. Y ya, donde he dado en el clavo ha sido en el tema de la tensión, que más perfecta no se puede tener. Y el electrocardiograma, perfecto. ¿Pero cómo se puede ser tan nice?

Que esté de maravilla no quiere decir que no tenga problemas, pero he ganado en tranquilidad y ver unos resultados tan buenos me hace confirmar lo que la médico me dijo "estás como un toro, ya me gustaría a mi estar como tú".

Bicos ricos

P.D.: No, no soy el de la fotografía, por si teníais dudas, es Cristiano Ronaldo, que supongo os sonará, yo sería incapaz de llevar un rosario colgado del cuello, que es una tremenda horterada.

sábado, 15 de octubre de 2011

La Doctora House

No fue una Doctora House al uso, estrictamente como el malhumorado doctor de la serie de televisión. La Doctora que me atendió el pasado jueves en esta convalecencia gastrointestinal que he padecido me recibió de forma genuina, pero me atendió de maravilla, que para eso el médico es privado.

No todas las doctoras son la Doctora Queen

En la misma clínica donde se terminaron mis problemas de oídos me esperaba la doctora House. Esperé en la sala de espera y un cuarto de hora después ya me llegó mi turno. Abrí la puerta con la cautela con que siempre se entra en una consulta médica, y la doctora con sus zapatitos de medio tacón, su bata blanca y los labios pintados de rojo comenzó a poner mala cara, o una cara rara, se reclinó sobre su asiento con los brazos apoyados en la cabeza, y mientras yo cerraba la puerta exclamaba ¡No, no no puede ser, pero qué he hecho yo para merecerme esto, mira que ya es mala suerte! ¡He debido ser muy mala en mi otra vida para merecérmelo, seguramente! ante este amable recibimiento comencé a poner cara de resignación e incredulidad. Pronto ella, al advertirlo me dijo Sientate, siéntate, y tranquilo, que no es por ti, es que acabo de ver a un paciente en la sala de espera, mientras entrabas de estos que te tienen aquí cuarenta minutos, no paran de hablar y lo peor de todo, que nunca tienen nada y vienen por aquí todas las semanas. Respiré aliviado.

Le comenté mi problema, enseguida congeniamos. Mi actuación para cortar la diarrea iba por el buen camino, ahora era cuestión de una adecuada medicación. Me recetó los medicamentos necesarios, un jarabe y unas pastillas, que, a día de hoy podría calificar de efecto placebo, pero esto lo digo dos días después. Me dijo, amablemente túmbate en la camilla, que te voy a ver la tripita. Reí con sorna, tripita, me dije yo, y le dije si, tripita si, ya verás tú. Ante lo que ella rectificó y dijo bueno, tripa.

Supuestamente tenía la tripa bastante bien, por lo que ella comentó, pero que si no metía la pulla de doctora House tampoco quedaba tranquila añadiendo. ¡Uy, lo has tenido que pasar fatal, lo digo por la mala cara que tienes, todo pálido, con esas ojeras! No te jode, y sin afeitar desde hacía una semana y media por lo menos. Luego me revisó la garganta, y comenzó a relatarme como tenía que ser la dieta blanda que tendría que seguir los próximos días, que si purés, que si nada de lácteos, que si carnes blancas, arroz, y pescado cocido. Vamos, estas cosas que revuelven el estómago a cualquiera y lo dejan con una sensación de hambre brutal. Añadió, y frutas, solamente plátano, manzana o pera. Le puse cara de extrañeza y ella me preguntó a que se debía esa cara. Le contesté que de todo si, menos pera, si no quería verme por allí mañana mismo, atendiéndome cuarenta minutos y con una diarrea todavía peor. Contestó pues, pera no, entonces, tendrás intolerancia.

Y ya está caris, como nuevo, estos cólicos tan dolorosos han remitido, y la diarrea que aún no ha desaparecido parece que tiende en el tiempo a irse. Ya estamos para otra, y esta noche para celebrarlo, un pequeño concierto.

Bicos ricos

jueves, 14 de abril de 2011

El Doctor Rino

Supongo que los que me leeis sabeis que la semana pasada he estado con un pie en la tumba, como quien dice, o mejor dicho, tumbado por una otitis externa que vino acompañada de unas anginas inflamadas, un asco, vamos. Pues bien, en mi estado de desesperación, y aprovechando que tengo seguro privado y no tengo que esperar quizá seis meses para que me atienda un especialista de la seguridad social, decidí pedir cita con el Doctor Rino, y que resultó ser la Doctora Rino.

La Doctora Rino, que no deja de ser un doctor orl, como conocemos los catetos a los otorrinolaringólogos, pronto dijo que de otitis externa nada, que eso era una otitis media, en ese momento hinché mi pecho y pensé que soy todo un superviviente de mis propias bacterias auditivas. Pero eso fue solo la conclusión, veamos el proceso en que esta señora llegó a tocarme las narices, literalmente hablando (o escribiendo).

Llegué a un sitio pensando que tenía cita allí, pues la semana anterior, en mi desesperación llamé a varios centros médicos, y no tenía claro si había pedido cita en esa clínica y pregunté en recepción. Tras repetirle varias veces mi apellido, ante la cara de asombro de la recepcionista, y recordarle que no era una cita con el alergólogo, si no con el otorrino, esta me dijo que no estaba citado, me fui y me puse de camino a otra de las clínicas a las que había llamado, no pasaron dos minutos cuando una llamada a mi móvil me dice que estoy citado a las 11 allí donde aquella recepcionista no fue capaz de decirme si tenía la cita o no.

Me senté en la salita de espera y cuando no habían pasado ni cinco minutos llegó mi turno. En la consulta me esperaba una doctora Rino guapa y mulata, a la que le faltaba un merengue sonando de fondo y que parecía como desganada al hablar, pronto me di cuenta que era su actitud caribeña, pero que a la hora de pegarme un repaso, lo hizo, y bien. Le conté mi problema, y se lo tuve que repetir, no sé si porque no le interesaba, o porque estaba pensando en otra cosa aparte de mis anginas y mi otitis hasta ese momento, externa. Pronto me pidió que me sentase en el sillón de los horrores, y con su linterna con forma de embudo exploró mis oídos, y pronto dijo "esto es una otitis media". Me preguntó si fumaba, y le respondí que si, y con cara de pocos amigos me dijo "¿Cuanto sigarrillo al día?", yo, como hablando para el cuello de mi camisa le dije la cantidad. Volvió a ver los oídos. Y ya sacó de una estantería una especie de casco de minero con una bombilla y un tubo muy fino, me vió primero las anginas, y luego dijo que me iba a tocar un poco más las narices, y eso hizo, en una maniobra de lo más desagradable metió el pequeño tubo con luz por mis fosas nasales para adentro, en lo que ella dijo "va a ser algo desagradable, pero te tengo que ver las cuerdas vocales, así que primero di aaaaaaa y respira, y luego di iiiiiiii y respira otra vez". Y Pimpf otra cosa no, pero obediente cuando una pedazo médico que está buenísima que te está hurgando la nariz con una bombilla pues un rato. Un rato de obediente. Y mientras yo me la imaginaba con la lengua de fuera, como haciendo una operación delicada, dice "tienes el tabique nasal desviado, lo que hace que tengas taponada la nariz por el catarro y esto hace que el oído no te ventile lo suficiente". Yastá.

Y ahí vi la luz con la doctora Rino, y entendí todos mis males auditivos, nada de tímpanos perforados (que también aunque mínimamente y lo normal según ella), y comenzó a hacer cienes de anotaciones en el papelito que me dió para que me tomase mi medicación. Añadió, "las anginas, mientras no te impidan muchas veces ir a trabajar y no te provoquen fiebre, procuraremos echarles cuidarlas, y buscar una vacunación antes que una intervención", y ya me empezó a relatar, paso por paso mi medicación: primero terminar con mi tratamiento de anginas, pudiendo compaginar este con lo que ella me iba a recetar, segundo, un protector estomacal, tercero un antiistamínico similar a las pastillas del doctor Andreu para problemas de rinitis, cuarto un antiinflamatorio, pero muy potente, por la cara de susto que se llevó la farmacéutica, y quinto, y no por ello menos importante, un par de lavados nasales a diario, para que el oído respire también como tiene que ser. Y ya está.

Esta mañana me he levantado y he hecho un planning de las pastillas que me tengo que tomar al día y con los días anotados, y con mi zumo me he zampado tres comprimidos de nada y una cápsula, que en lugar de un joven y vigoroso bloguero, parezco más del club de la "ruleta rusa de pastillas con los abuelitos" de Makinavaja. Ahora estoy en el trabajo, escribiendo estas letras, pero creo que algo de efecto empiezan a hacer, las letras comienzan a bailar con sones caribeños, y el muñeco que tengo al lado del monitor me está invitando a bailar una bachata. Yo creo que debo descansar más.

Bicos Ricos

jueves, 7 de abril de 2011

Fabián, ¡Vuelve ya!

Os he contado que así de repente, como quien no quiere la cosa me ha salido una otitis externa del copón, un dolor de oídos de estos que hacen época en los que deseas que el médico te enchufe, si hace falta algo de morfina, pero que te pase el dolor. Al día siguiente me levanté con el oído mejorando, ya sin dolor, pero con una amigdalitis de estas también de campoeonato, por si fuese poco lo del oído. Yo he pensado en la teoría de los alfileres, y es que esto de estar en las listas y tener enemigos políticos, o mismamente, esto de ser mister blogosfera, pues, en lugar de salirme amantes, van y me salen detractores. Claro que hoy os quería hablar un poco sobre amantes, en concreto sobre mi Fabián, mi novio imaginario.

Habreis echado en falta a mi novio imaginario estos días, y, sabedores como sois de que él es médico, os habreis preguntado que por qué no me ha atendido ahora que estoy moribundo. El viernes, cuando yo me iba camino a Galicia, él estaba cogiendo un avión a los Estados Unidos, tenía un congreso médico de estos que hacen de vez en cuando, en la Universidad de Harvard, y es que mi Fabián no se queda solo en ser médico y yastá, siempre está al día de todo lo que se cuece en la medicina. El lunes por la noche, cuando me puse mal, lo primero que hice fue llamarle, que siempre el consejo de un experto es lo mejor, y me dijo que fuese a urgencias, al día siguiente, por la mañana tenía un mensaje suyo, que me decía "¡Espero que estés mejor, guapo!, quiero verte pronto y abrazarte". Me subió la moral, pero mis anginas empeoraron. No quise molestarlo demasiado estos días.

Ayer por la mañana llegaba por fin a Madrid, estaba deseando verlo, y al poco de despertar vi un nuevo mensaje suyo "amor, ¿como van esas anginas? Te tengo una sorpresa". ¿una sorpresa? Y tanto que fue una sorpresa, salí al balcón y estaba allí con una pequeña cesta de desayuno para los dos. Estuvo conmigo toda la mañana, me preparó la comida, y me hizo compañía un rato, luego se fue a su casa a ducharse y descansar un poco. Ha venido a última hora de la tarde, a ver al Barcelona conmigo y a hacerme más compañía. Estaba deseando que viniese, porque estar con las anginas mal, ya he estado aquí en Madrid, pero junto con una otitis y con fiebre, y con el cuerpo destrozado es la primera vez. Echo de menos las gripes en Galicia, con mi madre tomándome la temperatura, trayéndome un "zumo que tiene vitaminas", con la cena, enviándome a la ducha y arreglándome la cama o cambiándome las sábanas después de haber sudado con la fiebre. Estos días he ido al médico, a urgencias de madrugada, a la farmacia, a la compra, y varias cosas más yo solo, por un lado he pensado que esto es un poco la vida independiente, luego también he pensado que no quiero ser tan independiente, que menos mal que tengo a mi Fabián haciéndome compañía.

martes, 5 de abril de 2011

Una otitis

Hoy pareciera que todo está al revés, y cuando debería estar ya en mi trabajo, me dispongo a tumbarme para dormir un rato porque no he pegado ojo, he tenido y tengo una otitis.

Ayer por la tarde tenía molestias en el oído, notaba como si tuviese liquido. Achaqué esto a la altitud de Madrid. Pero por la noche comenzó ese liquidillo a ser más que una molestia. No había pasado una hora, cuando ya tenía decidido que hoy iría al médico a que me viese el oído y es que además de tener una ligera pérdida de audición en ambos oídos, tengo los tímpanos perforados, según me dijo el doctor Rino una vez.

Al rato esa molestia se había convertido ya en un auténtico dolor, un dolor que no cesó hasta casi las seis de la madrugada. Claro que antes decidí que una noche con dolor de oído no la aguantaba y me decidí a ir a urgencias, que para eso tengo seguro privado. Un poco desesperado, y por lo que pudiera pasar llamé a mi D., que lógicamente estaba dormido. Y ahí me fui al centro hospitalario más cercano a mi casa. Caminando a menos de diez minutos. Allí parecía que no querían abrir, porque tras llamar al timbre se tomaron su tiempo. Cuando me abrieron, me dijeron que allí no tenían ningún doctororl, que solo tenían uno de medicina interna. Tras tomarme los datos, cubrir interminablemente las fichas, enviarme 10 minutos a la sala de espera mientras el médico se desperezaba probablemente de un sueño confortante, me atendió. Antes, la ATS-DUE que estaba por allí, me tomó la temperatura como si fuese una de las mujeres de neutrex plus oxiaction multi, con un termómetro que a mi me recordaba más a algún método para luchar contra la invasión de los ultracuerpos, un termómetro a distancia que puso sobre mi frente. Tanto moderneo, y tan lejos me tomó la temperatura que salieron 35,5º. Le pregunté, entre mis delirios por el dolor, si realmente, con esa temperatura si estaba vivo o muerto, que esa temperatura era más de alguien recién metido en una cámara frigorífica. El médico me vió el oído y dijo que estaba algo inflamado, con alguna rojez, normal, como voy a tener el oído, si no rojo, esas cosas se llevan en la sangre, y no penseis que el comentario es político, que aún delirando, sé que en este blog no se habla ni de política ni de mi vida privada. Así que me recetó unas gotas con antibiótico, un poco de ibuprofeno, y finalmente, para el dolor, nolotil.
Comenzó el periplo de buscar por Madrid centro una farmacia abierta, de guardia, o 24 horas, que ahora les llaman así que suena más moderno. Al quinto coño me he tenido que ir, caminando, entre delirios, hasta Cea Bermudez, cerquita de los teatros de Canal que me fui andando. El farmacéutico un seco, con sus cien mil medidas de seguridad, y su parsimonia a la hora de atenderme, que más que farmacéutico pareciera un funcionario. Y ya, con mis medicamentos en mano, decidí que ya estaba bien de aventuras caminando a las tres de la madrugada por Madrid, que mejor me iba a coger un taxi y estaría en casa pronto. Casi en la puerta había uno, como si me estuviese esperando. Le conté mi vida en cinco minutos, mi vida no, mi otitis, que era lo que más le preocupaba a mi vida en ese momento, y allí me dejó, cerquita de mi trabajo y mi casa.

Ya por el camino me eché las gotas en el oído, y nada más subí, tomé el resto de medicación. El dolor era insoportable. El nolotil empezó a hacer efecto una hora y media después, pero ya, a esas alturas, mi oído había comenzado a sangrar. Ahora, tengo el oído taponado, no duele ya, así que dejaré de lado el nolotil, molesta mucho, y tengo la sensación de tener un alfiler clavado entre el yunque y el martillo, también ha parado de gotear a lo bruto, así que, aprovecharé para echarme a dormir, porque eran las siete de la madrugada y yo no había pegado ojo todavía, y como suponeis, entre el sueño y esta sensación tan molesta no iré a trabajar, mientras espero vuestros comentarios compadeciéndoos de mi, pero que sepais, que yo, ni a mi mayor rival político le deseo un dolor de oídos, como mucho, de juanetes.

Bicos Ricos