Muchos hablan de las grandes entradas triunfales en Madrid, desde la llegada de Ana de Austria, cuarta esposa de Felipe II o aquella de Fernándo VII el deseado tras la invasión francesa, la entrada triunfal de Alfonso XII reinstaurando la monarquía, y más recientemente ya en el ámbito deportivo, la llegada de la Selección Española tras conseguir el Mundial de fútbol o la semana pasada, la Eurocopa. Anoche yo he tenido la suerte de ver otra entrada triunfal, la de los mineros españoles del carbón, la marcha negra que llegó anoche al corazón de Madrid, otra entrada de estas que se recordarán en el tiempo.
La tranquilidad de la noche, solo interrumpida por el sonido de un lejano helicóptero no hacía presagiar el apoyo que los poco más de 200 mineros que llevaban caminando desde el 22 de junio desde los distintos lugares dónde están los pozos mineros afectados por el cierre de la minería del carbón, en representación de los cientos de mineros que permanecen encerrados en las minas. Los propios mineros esperaban cierto apoyo en su entrada en la capital, de hecho, el último día de esta marcha estuvo marcado por el acogimiento que tuvieron en Aravaca y la bienvenida a la Universidad Complutense, mientras, en los tribunales se dirimía la petición de la Delegación de Gobierno de Madrid de impedir que esta marcha negra discurriese por la A6, la Autovía de la Coruña. Finalmente, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid dio la razón a los mineros permitiéndoles el paso frente al Palacio de la Moncloa. Seguían aunando apoyos, y pese a todas las previsiones, se vieron sus expectativas ampliamente superadas.
Al igual que sucediera una semana atrás la Plaza de España se encontraba cortada al tráfico, unos cuantos agentes controlando los cruces y un par de grilleras eran la primera señal de lo que venía un par de kilómetros atrás. Escoltados por seis furgonetas policiales, algo similar a lo que le ocurriera a la selección española, y protegidos por un cordón literal custodiado por los bomberos de Madrid, venían los más de 200 mineros, acompañados por una furgoneta desde dónde se cantaba el Santa Bárbara, el himno minero. En el medio de la comitiva, los mineros, con las banderas de las Comunidades de las que provenían e iluminando la marcha con los focos de sus cascos mineros. Detrás de ellos una multitud que se había sumado con pancartas apoyándolos.
Pero la calle Princesa en Madrid es solo una pequeña muestra de lo que más adelante se encontrarían. Allí, en esa calle, una pequeña sentada, vitoreados por toda la gente que esperaba a los mineros a los gritos de "Vosotros sois nuestros campeones". "Si se puede, si se puede".
Gestos emocionados de los mineros y del público que los esperaba, lágrimas en ambos bandos, puños en alto y la sensación de que algo importante estaba ocurriendo esa noche en Madrid, el germen de un pueblo que parecía estar adormecido y que cansado del pitorreo que el gobierno se trae con los españoles en general, cansados de crisis, primas de riesgo, banqueros corruptos, deudas públicas, recortes. Sin embargo, esta marcha no era una marcha anti sistema, no era una nueva oportunidad para que los del movimiento del 15M saliesen a la calle, se trata de una reivindicación de los mineros para que se mantenga durante el tiempo que el gobierno socialista y sindicatos pactaron para mantener las ayudas al sector del carbón que en 2018 tendrá que cerrar definitivamente sus puertas por decisión de la Comunidad Europea. El gobierno del PP, en su austera política, entre sus recortes recortó esas ayudas al sector minero que enviarán irrevocablemente a más de 8.000 familias al desamparo del desempleo.
Y la marcha que debía haber durado una hora y media se prolongó en 4 horas. Los mineros, mucho más cercanos al público que los jugadores de la selección española, dando muestras de agradecimiento a todos aquellos que los esperaban no pudieron ocultar su satisfacción y su sorpresa al descubrir una Plaza de España abarrotada y una Gran Vía, cortada al tráfico, también llena de gente esperándolos en un ambiente festivo que discurrió sin ningún incidente. Por la calle de Alcalá entraron los héroes y llegaron a una Puerta del Sol abarrotada donde se leyó el manifiesto en el que se agradecía a todos la compañía, el apoyo de las poblaciones por las que hicieron ese largo recorrido hasta la capital y el cariño, y dónde anunciaban el apoyo de los mineros a los maestros, a los bomberos, a los médicos, a los funcionarios, a los parados en general.
Lo de anoche no fue un sueño, lo de anoche fue algo más que un germen, la llamada marcha negra que tras 19 días de caminata llegó a Madrid despertando las voces de muchos españoles que, hartos, indignados, cansados de tanto silencio, solo necesitaron la chispa adecuada para hacer saltar a la gente a reivindicar los derechos que le son propios, los que se han ganado con el tiempo, los que se necesitan para poder vivir, ahora la pelota está del lado del gobierno.



