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miércoles, 3 de octubre de 2012

Dos visitas y un amor platónico

Yo creo que todavía no os había contado esto de lo que voy a hablar hoy, algo que me ha amargado parte de este año y me ha sumido en una tristeza de magnitudes desproporcionadas. Me he quedado sin amor platónico, así como os lo cuento. Se me ha ido.
 
A mediados de junio, recibo un whatsapp de estos que me dice "nos mudamos a Canarias, con todo el jaleo se me olvidó avisarte". Cari, gracias por avisar aunque sea tarde. El que fuera y será mi amor platónico por los siglos de los siglos, el que me acompañaba a correr cada vez que salíamos, el que me utilizaba como modelo fotográfico y con el que me pasaba horas practicando con nuestras cámaras de fotos, el que me llamaba si iba a comprar un juego para la Play, el que quedaba conmigo para tomar algo en los ratos de aburrimiento, el que disfrutaba yendo a tiendas de menaje del hogar, o me llamaba para ir a la piscina o cenar, el que hacía prácticas de defensa policial conmigo. Vamos, ese, pues que se va de Madrid y me lo dice cuando ya está allí. ¿A qué esperaba? ¿A que lo llamase para tomar un café y me sorprendiese con un "hoy no puedo que estoy en la playa"? ¿Temía mi reacción negativa? Por favor, que estamos en el siglo XXI. Lógicamente le desee una buena estancia en las islas afortunadas y le dije que en cuanto pudiese, visita al canto. Y ahí caí en mi profunda depresión. Se le echa muchísimo en falta, y aunque habían temporadas en las que apenas nos veíamos, habían otras que nos las pasábamos siempre juntos. Pensé que pronto llegaría el verano, coincidiríamos en el pueblo, en vacaciones, y volvería mentalizado a Madrid, pero se le sigue echando en falta.
 
Claro que, a veces brilla el sol, y llega un nuevo mensaje claro y directo preguntándote ¿Qué haces este jueves? ¿Te apetece tomar una coca cola conmigo? Mi novia ha quedado con sus compañeros y mientras tú yo yo podíamos tomar algo. Hombre, ya se me puso la cara de sandía, con la sonrisa de oreja a oreja. Chuchis, yo es que me ilusiono enseguida y con muy poco, que lo sepáis. Por el momento no ha trascendido más de su visita oficial, solo sé que no es para repartir leña en el Congreso, por si pensabais en esa posibilidad.
 
Y a su visita, se une la visita oficial que llega esta noche a casa. Una de mis primas, la que viene a menudo a visitarme, de miércoles a domingo, ahí es nada. Cinco días de visita, lo que supone, pasarme todo el día de ama de casa, limpiándolo todo, haciendo la compra, el polvo, ordenar, recoger ropa, eliminar rastros de la habitación eminentemete gayers, meter un colchoncito en la habitación, hacerle sitio y ver como mi habitación se llena de cosas, compras, ropa, maletas, bolsos y demás cosas. Significa salir, salir muchos días, comer fuera, hacer comida para dos, cena para dos, compartir el baño con una chica y con Gordi, significa una serie de cosas que antes hace un par de años me encantaba y ahora, ahora, despues de varios años en Madrid, y demás, se agradecen siempre las visitas, pero cada vez me apetece más disfrutar de mi vida en solitario en Madrid, y cuando digo esto, me refiero a que cada vez más me estoy volviendo un hermitaño.
 
Bicos Ricos

lunes, 1 de agosto de 2011

Golden Member

Tengo un nuevo mote entre mis amigos, Golden Member, así como os lo digo, sin mucho más que comentar. Podría zanjar el post aquí mismo, sin añadidos, pero como soy una buena persona os explicaré por qué.

Mi primer día de las vacaciones, nada más aterrizar en el pueblo y mis amigos de copas. Pasan un par de horas, y más cubatas encima. Estoy en ese momento charlando con Darío y su novia. Él se va al baño, una pequeña urgencia fisiológica. Unos minutos después voy yo, la misma urgencia. En el baño de los chicos hay cola (sin comentarios graciosos por vuestra parte, espero) quedamos Darío, yo y otro chico. Ocurrente, Darío dice que por aquello de aligerar la cola que pase con él al baño, un mano a mano en el retrete. Pimpf, consciente de compartir baño con su amor platónico comienza a ponerse nervioso, las manos a sudar. Más ocurrente todavía, Pimpf dice "¿nos hacemos unas pajillas?", con el mismo tono de humor Darío responde "pero sin mariconadas".

Y nos llega el turno,  me hago un poco el remolón, mientras Darío comienza a miccionar (que fino puedo ser cuando quiero). Me veo en el espejo y me lavo las manos, y le comento que yo al igual que Torrente, antes de tocármela me lavo las manos y Darío se hace a un lado, comenta "venga, tú también, a hacer un pis". Intento retener en mi mente aquello que estoy viendo. Bajo mi pantalón y plof, miembro fuera. Darío se aparta un poco y dice "hostias, que pollón, pedazo rabo tienes ¿no? Te lo tenías muy callado". Sigo reteniendo en mi mente la escena, e intento reaccionar a su frase, siempre con el mismo tono de humor "ya sabes que yo de mi vida privada no hablo, y menos ir presumiendo por ahí de polla". Vale, lo reconozco, en el blog no me corto un pelo. Él continúa hablando "No sabíamos nada, y mira que no parecía después de haberte visto con el bañador, que no te hace justicia, eres el miembro de oro, a mi me da no sé qué ahora hacer pis a tu lado, no soy nadie". esbocé una pequeña sonrisa mientras aguantaba una probable erección, "¿Te mola? Pues está tímida, esto no es nada". Rápidamente respondió "si, algo tímida si que es, que aún no has empezado a mear". Se me había olvidado completamente, tanta concentración en otras cosas que me cortó el rollo totalmente. "ábreme el grifo" le pedí. Intenté concentrarme y hacer fuerza, pero fue inútil. Le dije que me dejase solo, concentrándome más todavía. No fui capaz finalmente, por aquello de esa mezcla de sensaciones.

Salí del local y me donde estaban mis amigos, entre los que había un grupo de americanos y americanas. Me presentaron a las americanas, que tenían una sonrisa de oreja a oreja "my name is Jane, Golden Member?". Imaginándome de qué habían hablado les respondí "I'm Tarzan, Spanish Men, tipical spanish". Darío continuaba, hablando con su novia de mi "cosita", ella con cara de asustada, y yo ahí, ya muy crecido comencé mi recital "vaya, que ahora me van a salir amigos por todas partes, señalando con mi dedos índices a mi entrepierna, qué quereis que le haga, así soy yo, buena alimentación, calvita, barriguita, buen rabo, ¿que más se puede pedir?

martes, 3 de mayo de 2011

Derbi en la disco

Con todo este jaleo que ha sido la semana santa, y los cuatro partidos seguidos, lo raro es que no tuviese alguna anécdota que contar. Esto ocurrió en el primero de los partidos, a mediados de abril, pero he querido esperar a este último partido en el que se dirime el último de estos partidos, antes de la Supercopa de España, no para hablar de fútbol, ni del Real Madrid y el Barcelona en si mismos. Así que aprovecho para contar como viví aquel primer partido, desde luego, de una forma poco o nada habitual.

Aquella tarde quedé con mi amigo Darío y su novia para ver el fútbol, un día en el que el viento hacía presagiar que, pocos días después caería un diluvio en la capital. Los tres somos del F.C. Barcelona,  y decidimos ver el partido cerca de la Puerta del Sol, en algún sitio en el que pudiésemos comer algo mientras, y es que ellos no son de salir mucho más allá que de la zona donde viven, cositas de catetos, supongo, y cuando quedamos fuera de su barrio ven las cosas como si estuviesen de excursión. En ese bar próximo a la Puerta del Sol disfrutamos, o más bien, nos aburrimos con la primera parte de ese encuentro que parecía indicar que todo acabaría en empate. Una ensalada, unas tempuras de verduras y unos huevos rotos que la chica y yo devoramos, mientras mi Darío con mal cuerpo veía con cara de pena como nos poníamos tibios. Pensé que visto lo visto, lo mejor sería ir para casa a terminar de ver el partido, pero mi Darío tenía ganas de más. Habíamos salido de aquel bar y teníamos que buscar otro sitio para verlo.

Los sábados, la mayoría de bares por esa zona son para ir a comer, y dejarte un pastón por cuatro tapas mal puestas, y ya con el estómago lleno decidimos entrar en cualquier bar, pero estaban todos llenísimos, y conseguir una mesa era tarea complicada, ver el partido de pie no era lo que más les apetecía y deambulamos, entre sus primeras quejas de que "no sé para que salimos del local ese, ahora no encontraremos ningún otro sitio para ver el partido", yo que me apaño en cualquier lado no tenía problema, y a punto estuve de decirles que, cada uno a su casa, cuando de repente un relaciones públicas de un local nos "invitó" a unos chupitos, y a cambio de unos mojitos a precio especial, podríamos ver el partido en una discoteca. Nos lo pensamos una milésima de segundo y les preguntamos si estaríamos con música o con sonido de ambiente futbolero, la respuesta fue la B, y decidimos quedarnos.

El local muy bien decorado, muy bonita la entrada y su planta baja, en la calle del Príncipe, en pleno centro de Madrid. Y allí, las camareras de detrás de la barra, con sus escotes y zapatillas de andar por casa, los chicos de la actuación en directo, que por lo que vimos era habitual, el dj tomándose un bocata y los porteros, grandes armarios empotrados que comían pipas y comentaban las jugadas por el pinganillo, radiando el partido a los porteros, y nadie más, solamente nosotros tres. Y allí nos pedimos dos daikiris y yo, un mojito, y nos sentamos en unas pequeñas butacas, en un ambiente de lo más familiar. Al fondo, una proyección en laser verde y en el centro, una gran pantalla en la pared donde vimos el partido.

El primer gol del partido lo metió el Barcelona, nosotros, culés comedidos celebramos internamente el gol y una y cada una de las jugadas, por no saber si estábamos en terreno hostil. Claro que ese primer gol lo celebraron también allí la mayoría de los trabajadores, entonces nos relajamos. Llegaron al rato varias chicas, chicas mayorcitas con escotes imposibles y vestidos cortísimos en tacones de aguja. No, no era un puticlub, por si lo pensábais, eran chicas de la casa que bailaban solas hasta el amanecer, vamos, clientas habituales que por unas copas te animan el local, poco más, y estas si eran más hooligans del Real Madrid, aunque auténticas gritonas y catetas futboleras. Y llegó el gol del Real Madrid, a poco del final, con la celebración también de la mayoría de trabajadores. Nos quedamos extrañados, buscando una cámara oculta.

Nos cobraron las copas, a un precio que no era el de la super oferta de la entrada, y ahí fue cuando mi Darío se puso un poco chulo y habló con el encargado, nos invitaron a la primera ronda y si queríamos una segunda, al precio normal. Así que, nos salieron las dos copas a 6 euros aproximadamente. Una ganga. Y fue después cuando preguntamos por qué celebraban ambos goles... ahí nos explicaron que, tenían una apuesta, se jugaban 500 euros por el empate entre Real Madrid y Barcelona. Y así fue, y así os lo he contado.

jueves, 31 de marzo de 2011

Qué casualidad

Es una gran casualidad que si en Madrid hay tres millones y pico de habitantes y en su área metropolitana cerca de unos seis, vayan y se encuentren por la calle mi D. y mi Darío. Es decir, el hombre de mi vida y mi amor platónico, que se dice muy rápido.

A día de hoy mi D. y Darío no se conocen. D. había visto a Darío en alguna que otra foto, pero no llegaron a coincidir nunca, ni en las visitas de D. a Galicia ni aquí en Madrid, que a mi esto de que los dos hombres más importantes de mi vida se me mezclen no lo llevo nada bien. Anteayer, cuando mi D. pasaba por una céntrica calle se encontró de frente con un pedazo hombretón, uniformado y con unas botas que le hacen ser unos centímetros más alto, que dicho sea de paso, otra cosa no, pero mi Darío es tirando a bajito. Eso si, con su uniforme impone, y conociendo un poco a D., no hay que decir que le llamó la atención, porque mi Darío es guapo, pero que muy guapo, y no lo digo yo, que lo digo siempre, lo ha dicho en esta ocasión mi cari. No me ha comentado nada de si le ha saltado su radar al pasar por él, aunque dice que últimamente lo tiene algo oxidado.

Pero he querido contrastar la información que me ha dado D., no se fuese mi chico a fijar en el primer fuerza y cuerpo de seguridad del estado con el que se encuentra. Así que, ayer, en nuestro recorrido de atletas que nos gastamos Darío y yo, le pregunté directamente "¿Ha pasado por delante de ti un chico guapísimo, muy elegante y con aires de chulito mientras trabajabas ayer por la mañana?". Vale, veo que me conoceis y sabeis que la pregunta no fue esa, sirvió un sencillo "¿qué hiciste ayer?" y su respuesta "estuve trabajando todo el día, por eso no te llamé para ir a correr, primero en la calle tal de tal hora a tal hora, luego, en la calle cual". Ahí fue donde Pimpf corroboró, al más puro estilo detectivesco de Wesley Michael Romero que el cruce entre ambos se había producido, sin hacer la pregunta directamente.

Direis que es una tontería, pero yo os lo digo ya, que a mi estas casualidades me ponen los pelos como escarpias. Porque hoy han sido ellos los que se han cruzado por la calle, pero vaya usted a saber si mañana no se encuentra casualmente Billy con Angelines en la playa, porque el niño o niña que tenga mi ex-chica le tira un poco de arena a Billy encima, éste se moleste y con el genio de mi Angelines se monte la de San Quintín. O lo que es peor, que se encuentren Billy uniformado con mi D. en la cola de un teatro, y yo de un ex con un arma encima y un novio con capacidad para tirar de los pelos no me fío un pelo, bueno, porque sé que no hay mucho pelo de donde tirar, que si no. Y si quienes se encuentran son Angelines y D., no, no quiero pensar en eso, confío en que entre los 47 millones de españoles que somos ese tipo de casualidades solo se dan una entre un millón.

viernes, 18 de marzo de 2011

Nos vemos, tio!!

Creo que en mi persecución a Guillermo no habrá tregua y no dejaré escapar a mi vecino del quinto patio interior, está demasiado bueno como para dejarlo ir sin darle un repaso, he dicho.

Comenzaré esto con una mímesis, o mimesis, que para los que no lo sepan es una imitación del modo de hablar, gestos y ademanes de una persona. Si mi Guillerme vive por y para su gimnasio, o el deporte en general, que tantos datos no tengo, yo haré lo mismo que él. No lo haré, ya lo he empezado a hacer. Estando yo en mi balcón, volví a ver a Guillermo en una esquina de la calle, charlando con su amigo, el que supongo es su amigo de gimnasio, y aunque mi intención no era la de cotillear, si no buscar un buen ángulo para hacerle un robado en condiciones mientras lucía ese chandal con su sudadera de capucha gris, terminé por escuchar como decía a su amigo "nos vemos, tío". Anotada la frase.

Aunque tengo pendiente terminar aquellos posts que tenía de mi amigo Darío, que ni me recordais que la historia está sin terminar, tengo que decir que con él acostumbro a ir a correr por Madrid y es que yo por mi Darío, casi mato, pero por ver sus piernas con ese pantaloncillo corto de atleta hago lo que haga falta. Así, me he comprado unas mallas para ir a correr, ahí es nada, para salir con el frío a lucir paquete, que otra cosa no, pero las mallas llaman la atención, y lo he comprobado yendo a correr, que la gente no quita el ojo de la entrepierna. Hombre, a lo mejor no es la malla, y es lo que se intuye que hay dentro, que como sabeis, no es poco, y si no lo sabíais, lo intuís, como los transeuntes madrileños.

Así, en vista de que los días comienzan a ser más largos, y que mi Darío se aburre un montón cuando se pasa temporadas en la capital sin trabajar, hemos decidido retomar nuestro gusto por el deporte (que quien me lea se pensará que soy como Fermín Cacho) y a eso de nuestros minutos corriendo, con flexiones y abominables incluidas, que tanta falta me hacen.

Nuestra primera cita no podía empezar con mejor pie, justo al salir de casa, mientras intentaba abrir el portal aparece por allí Guillermo buscando sus llaves, cargado con dos mochilas, y yo estrenando mallas, a riesgo de sufrir cualquier percance con una erección indeseada. Un saludo de buenas tardes y ahí comienza Pimpf a hacerse el interesante, calentamiento, pero deportivo, no vayais a pensar mal. Darío me esperaba para ese recorrido que hacemos por el Templo de Debod y el Parque del Oeste, con su pantalón corto, llamando la atención de todo el mundo con su cuerpazo. Le aparecí a la hora convenida, eso si, cansadísimo solo de haber calentado. Hicimos parte de nuestro recorrido, y comenzó a llover. Mi falta de práctica en los últimos meses, la lluvia, las consecuencias de mis hábitos de "jumeteo jediondo", un retortijón que me traía por mal camino, y finalmente una granizada que cayó, hicieron que desistieramos de nuestro primer intento. Eso si, empapados. Decidimos quedar para el próximo lunes, si fuese posible, en mi despedida, comencé por imitar a mi Guillermo:

- Nos vemos, tio!! - dándole un toquecillo en la espalda.
- ¿tío?, ¿de dónde has sacado eso?- me respondió Darío.
- Lo de Madrid, que se me pega, y suerte que no te llamo tronco- por no darle más explicaciones.
Para que luego digais que no hago yo todo lo que está en mi mano para luchar contra mi propio mondongo, a mi el deporte, me transforma, me llena de vida e ilusión, y es más, de ilusiones, ya he pensado crear un club del deporte, y como no, mi primera invitación será para Guillermo. Nos vemos, tíos.